Le Pen en Caracas

552568600245a

Rafael Uzcátegui

La intensidad del clima de xenofobia experimentado entre nosotros a raíz del inicio del llamado “Operativo de Liberación del Pueblo” recuerda, amargamente, que tras 15 años de “revolución” son escasos los cambios culturales, sociales y políticos promovidos por el universo bolivariano.
El sentimiento anti-colombiano no es un invento del “Socialismo del siglo XXI”. Cualquiera mayor de 30 años puede recordar como los comentarios despectivos, ínfulas de superioridad y deslices chauvinistas al respecto eran moneda corriente en los días de la llamada “Cuarta República”. También los procedimientos de deportación exprés que ponían a los oriundos del “hermano país” de patitas en Cúcuta o Maicao. Se suponía que la llegada de algo anunciado como “revolución” dejaría atrás estas bajas pasiones, y que los militantes del “legado” predicarían con el ejemplo haber sido fabricados con un cemento de mayor calidad que el resto de los mortales. La realidad, sin embargo, desmiente estas pretensiones.

Ejemplos abundan en las redes sociales, pero queremos citar el que nos parece más paradigmático. El pasado 21 de agosto, tras la petición televisiva de los canales estatales de difundir mensajes con la etiqueta oficial, uno de los entusiastas fue Heisler Vaamonde, quien a través de su Facebook escribió, cito literalmente: “#YoApoyoElCierreDeLaFrontera y si se puede, que queden del lado de allá todx colombianx parásito y lo que nos ha traído han sido usos y costumbres propias de su relaciones aberrantes tras largo tiempo de guerra en su territorio… esa cultura nos está haciendo daño y debemos salvaguardar nuestra identidad nacional cuidando qué nos enseñan los extranjeros”. Aunque pareciera no son los pensamientos de un extraviado seguidor de Jean-Marie Le Pen en Caracas, sino del fundador del “Movimiento Gay Revolucionario” y vocero del “Bloque Unido de Liberación Homosexual”, dos de las iniciativas que desde la diversidad sexual han apoyado al proceso bolivariano. Toda una metáfora de los días que corren que quien ha denunciado la discriminación por su orientación sexual promueva la exclusión xenofóbica con argumentos sacados del propio Opus Dei: “Usos y costumbres propias de sus relaciones aberrantes”.

El punto es que el problema no es Vaamonde sino que los movimientos sociales, que tanto se vanagloria el chavismo como su base de apoyo, muestran las costuras de haber sido creados desde el Estado sin una agenda ni una identidad propia, generada libre y autónomamente. Quien revolucione a los revolucionarios del chavismo buen revolucionador será. Y en esto coincidimos con quienes piensan que no son los gobiernos, sino las transformaciones culturales generadas por el impacto del tejido cooperativo y asociativo creado por la gente, desde abajo, los que promueven cambios duraderos en los imaginarios colectivos.

Por ahora la xenofobia anticolombiana azuzada por el gobierno de Maduro pica y se extiende. Sería interesante saber que opinan, al respecto, las iniciativas y activistas del otro lado del Puente Internacional Francisco de Paula Santander que tanto han apoyado al gobierno bolivariano.

Un comentario en “Le Pen en Caracas

  1. …según tú, no ser xenofóbico significa que debemos aceptar el descuartizamiento de personas como algo natural y que de nada debemos preocuparnos cuando un Venezolano es “entrenado” por su vecino colombiano en las artes del bachaqueo y el amedrentamiento?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s