Ellos y nosotros: Resistencia antiextractiva en México

xochiRafael Uzcátegui

En el reciente encuentro de la Red Antimilitarista Latinoamericana y del Caribe (RAMALC) realizado en la ciudad de México, en el contexto del primer aniversario de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, tuvimos la suerte de formar parte de la delegación venezolana. Si bien el centro del encuentro eran las discusiones sobre las estrategias desde la no violencia para abordar el miedo, la protección y la comunicación desde los movimientos sociales autónomos, el primer día la delegación de 30 personas, provenientes de 9 países del continente, pudimos visitar dos comunidades indígenas en resistencia contra proyectos de construcción de grandes infraestructuras destinadas a proyectos extractivos: Huitzizilapan y Xochicuautla, en el municipio de Lerma, estado de México.

Las comunidades Otomí nos recibieron para relatarnos cómo sus tierras ancestrales, de una belleza insondable, están siendo entregadas por el Estado a la empresa privada para la construcción de la autopista Toluca-Naucalpan, que atravesará el corazón de los bosques, que rodean el llamado Cerro Sagrado del Agua, habitados desde el origen de los tiempos por sus antepasados.

Mientras las abuelas, madres y líderes comunitarios nos agasajaban con cocidos preparados con alimentos cultivados por ellos en la tierra que nos rodeaba, enrolados en las deliciosas tortillas de maíz, nos fueron relatando el proceso de expoliación progresivo que ha promocionado el Estado mexicano, y ahora vorazmente su presidente Peña Nieto. Los venezolanos establecíamos las analogías con lo que ha venido sucediendo dentro del llamado “proceso bolivariano”, las cuales compartíamos durante todo el trayecto con bolivianos y ecuatorianos, victimas del mismo afán extractivista maquillado con barniz “progresista”.

En principio las estratagemas jurídicas para cambiar el uso de los suelos, para permitir el desarrollo de infraestructura que la comunidad teme que terminará por desplazarlos, al edificar en esos parajes verde intenso condominios y fábricas de diverso tipo. Seguidamente, la promesa oficial que los proyectos beneficiarán a las comunidades, desincorporando las instituciones públicas de la región para transferirlas al capital privado. Por último la cooptación de las organizaciones comunitarias mediante prebendas de diferente tipo –nos hablaron de la repartición de televisores de plasma y tablets- para que dividir los liderazgos de base entre los que apoyan las inversiones y los que no.

Sin embargo, como nos despidieron con sus consignas “la tierra no se vende, se ama y se defiende”, sectores de la comunidad han venido oponiéndose a que el concreto y el cemento sustituya la naturaleza, y con ello sus usos y costumbres tradicionales.

En el caso de Xochicoautla, han instalado desde comienzos de este año un campamento de resistencia, luego de 9 años de movilizaciones que han dejado en los últimos dos años 22 líderes comunitarios detenidos. En el proceso, han tejido lazos de solidaridad horizontal con otras luchas, toda una enseñanza para los venezolanos, y se preparaban para participar en la marcha en el DF en el primer aniversario de los sucesos de Ayotzinapa: “Ellos podían ser cualquiera de nosotros, ellos iban a ser maestros para gente como nosotros”. (Publicado en Tal Cual)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s