OLP: Zona de guerra

cota905Rafael Uzcátegui
Cuando se visita a las comunidades afectadas por el denominado “Operativo de Liberación del Pueblo” (OLP) se constata que entre las ejecuciones extrajudiciales, las detenciones indiscriminadas, los allanamientos sin orden judicial, los desahucios y el robo y saqueo de las viviendas por parte de los funcionarios policiales y militares otra víctima se asoma: El de la capacidad autonómica de organización por parte de los sectores populares.

A pesar de la extensión y profundidad de la afectación, porque hay que decirlo con todas sus letras: La OLP es una política de criminalización de la pobreza, el nivel de intervención del tejido asociativo por parte del Estado ha impedido una respuesta organizativa desde la gran cantidad de familias víctimas del abuso de poder. Tras década y media de cooptación, institucionalización y fragmentación de los territorios, la capacidad asociativa y solidaria ha retrocedido a niveles anteriores a la década de los 80´s en los barrios de las principales urbes. Como han reflexionado otros, la política progresista de carácter asistencialista, entre nosotros las misiones, ha tenido como un objetivo colateral el llegar a los espacios donde los gobiernos anteriores difícilmente llegaban, extendiendo la labor oficial al incorporar a los beneficiarios a la lógica gubernamental. De esta manera, las misiones quebraron las iniciativas organizativas independientes y las sustituyeron, progresivamente, por figuras apéndices del Ejecutivo. La estatización de la vida cotidiana en las comunidades edificó un tipo de solidaridad vertical, con las vocerías del poder, pero rompió las redes de relaciones comunitarias horizontales que habían sido cimentadas durante años. El resultado es la orfandad. Como hemos atestiguado en las visitas a las zonas víctimas de la OLP, como la Cota 905 en la capital, lo que impera es el individualismo estéril, la reclusión de la gente a sus cotos privados, la insolidaridad y el miedo. En muchos de los casos las personas que se han atrevido a denunciar han sido llamadas a capítulo por las redes del chantaje y la manipulación institucional. La gente humilde se encuentra en medio de los flujos de circulación de capitales, en zona minada por los trapicheos a todo nivel, protagonizados por las bandas de antisociales protegidos por la autoridad, los funcionarios policiales y militares así como por los corruptos de cuello rojo, para quienes la pobreza se ha convertido en una franquicia de alto rendimiento.

No importa en qué lugar del espectro ideológico ubiquemos a Hugo Chávez. Lo cierto es que OLP mediante, Nicolás Maduro se encuentra posicionado bastante a su derecha. Palabras más, palabras menos, la OLP es una estrategia de intervención de guerra. La racionalidad militar imperante ha abandonado cualquier alusión materialista dialéctica y ha vuelto al redil de clase al que pertenece: Conservarse a sí misma, haciendo gala del espíritu de cuerpo, en los mayores puestos de control posible. El gran dilema para cualquier proceso de transición futuro se encontrará en el nivel de impunidad necesario para que los uniformados dejen fluir las transacciones democráticas de los civiles, en el necesario inicio de la desmilitarización de la sociedad venezolana. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

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