Historia a contrapelo

Elementos constitutivos del pueblo Barí.Rafael Uzcátegui

Algunos académicos y activistas, en otras latitudes, han planteado la necesidad de narrar una historia diferente a la difundida por los vencedores, postulando la pertinencia de contar la “historia a contrapelo”. El autor más conocido de esta idea es Walter Benjamin, quien ha reflexionado la utilidad de contraponerse a la historiografía basada en la causalidad, en la noción de progreso determinista y la concepción lineal del tiempo, que son los enfoques que priman en la historia contada en mayúsculas. Su propuesta es observar la evolución de las sociedades no como episodios lisos sino desde los conflictos, grietas y pliegues, para ubicar momentos inacabados y personajes olvidados cuyas iniciativas truncadas puedan generar constelaciones que conecten con las posibilidades del presente. De esta manera la imagen que se expresa en este tipo de narraciones es, según el filósofo alemán, “capaz de provocar asombro y reflexión. Se parecen así a las semillas que han estado encerradas bien herméticamente durante miles de años (…) han conservado hasta el día de hoy su capacidad de germinar”.

Estos episodios olvidados por los vencedores, o por los aspirantes a serlo, pueden convertirse en referentes hoy en momentos en que las ideologías, como cuerpos conceptuales de voluntarismo mágico, se encuentran en crisis. Pensando a contrapelo, en un país donde la riqueza petrolera ha sido mitificada tanto por conservadores como por (neo) guerrilleros, y los caminos de la transición deben llevarnos a un modelo de desarrollo post-extractivista, la revisión de la resistencia Barí a la instalación de las petroleras en el país puede convertirse en el hito fundacional del cuestionamiento a las supuestas bondades de ser una maquila de exportación energética. Este enfrentamiento fue sistemáticamente ocultado, no sólo por los libros sagrados de la “Gran Venezuela”, sino también por la retórica estadocéntrica de izquierda, para quienes la toma del poder y la “revolución” sería posible por la distribución clasista del maná petrolero.

Carlos Augusto Salazar, en uno de los pocos textos disponibles, divide en 3 los períodos de enfrentamiento: 1900-1930, inicio de la exploración y explotación, así como de las primeras escaramuzas; 1931-1960, intervención de las empresas y los gobiernos de Estados Unidos, Colombia y Venezuela para establecer yacimientos y doblegar el rechazo aborigen y 1961-1975, cuando los Barí buscan acuerdos con los gobiernos y las misiones religiosas, tras la victoria militar de las petroleras. A medida que se descubren, los episodios son cinematográficos. Johnny Alberto Alarcón, en un texto publicado en el boletín antropológico de la ULA, relata: “En 1924 se logra construir el ferrocarril y, además, rehicieron y construyeron varios caminos. Este campamento tuvo una duración de cuatro años hasta que fue abandonado debido a los repetidos ataques de los Barí. El campamento y los reconocimientos de la zona en lancha eran atacados por los indígenas en repetidas oportunidades”. Algunas referencias pueden conseguirse desperdigadas en la literatura costumbrista venezolana, pero el relato de este enfrentamiento es una tarea pendiente. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

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