Nodos & Redes: Vitola y el Pachuco eterno

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Rafael Uzcátegui

Casi al final de “El rey del barrio”, el film de 1949 protagonizado por Germán Valdez “Tin Tan” y Silvia Pinal, el hilarante gag de 5 minutos en el que el ladrón, disfrazado de profesor italiano de canto, aborda a una larguirucha y refinada alumna, justifica los 101 minutos de la película. Era la inmortalización de Fanny Kaufman, “Vitola”, quien hizo con el hermano de Don Ramón la pareja más graciosa de la época de oro del cine mexicano.

Kauffman nació en Canadá en 1924, pero antes de cumplir el primer año de edad se mudó a La Habana, Cuba, donde realizó estudios de canto y declamación para alimentar su vocación por la opera. A los 21 años se mudó a Ciudad de México, donde debutó como cantante. Sin embargo, la esbeltez y altura de su figura signó su futuro artístico: “La gente se reía de mí, no por no saber cantar sino por mis gesticulaciones”, declaró. Se cuenta que Germán Valdéz estaba dentro del público cuando se le ocurrió otra de sus genialidades: Contratar a la desgarbada y carismática soprano para su repertorio. El rey del barrio fue la primera, a la cual le siguieron Simbad el mareado (1950) Ay amor como me has puesto (1951), El vizconde de Montecristo (1954), los líos de Barba Azul (1955), El tesoro del rey Salomón (1963), Tintansón Cruzoe (1965). Luego vendrían más papeles junto a grandes como Pedro Infante, También de dolor se canta, Manolín y Shilinsky, Vivillo desde chiquillo, y Viruta y Capulina, La cigüeña distraída, para un total de 33 largometrajes.

Cantinflas vs Tin Tan

Por su parte Tin Tan actuó en 99 películas, cantidad que refleja la intensa actividad que desarrolló el cine mexicano después de 1936, cuando el film de Fernando de Fuentes “Allá en el rancho grande”, inauguró la llamada “época de oro” en el celuloide azteca. A pesar de algunas similitudes con Mario Moreno, la comicidad de Valdéz no sólo se alejaba de la simplicidad moralista que rodeaba las apariciones de Cantinflas, sino que la superaba en virtud de las cualidades artísticas de quien era un buen cantante y reconocido bailarín, en una frontera borrosa entre el gigoló y el comediante. Si Cantinflas mexicanizó el vagabundo de Chaplin, Tin Tan por su parte trajo a la capital los modos juveniles que se desarrollaban en la frontera méxico-estadounidense, a partir de su caracterización de lo “Pachuco”.

Pachuco no era expresión de la cultura del charro, sino su contrario. Eran los modos de los jóvenes que habían cruzado la frontera, rumbo al llamado sueño americano, y se encontraban en un limbo entre la marginación y la adaptación. Así, comenzaron a vestirse exageradamente, a usar un lenguaje que no era ni español ni inglés, castellanizando anglicismos, oyendo por igual el mambo y el danzón, con el twist y el blues que luego se convertiría en rock and roll, combinando la tequila y la marihuana, formando las primeras pandillas con identidad tribal.

Los pachucos generaron encono en ambos lados. Los charros los llamaban agringados, antipatriotas. Los intelectuales herederos de la revolución mexicana, como José Vasconcelos, cuestionaron duramente a Tin Tan por alienante y “pochista linguistico”.Por su parte Paula Brook esgrimía, en 1950, en una importante revista: “Es verdaderamente lamentable el género del pachuco apochado y anti-mexicano que no sólo es ordinario sino que parece complacerse en serlo”. Brook era parte de la legión de intelectuales del nacionalismo revolucionario de izquierda, donde nos imaginamos cómodamente ubicado a mucho progre oficial hoy, que pedían al titular de la Secretaría de Educación prohibir sus películas por “denigrar al país”. Sin embargo, otra comunidad salió en su defensa. El escritor Salvador Novo afirmó: “El buen señor es un efecto no una causa, de una corrupción más grave que simplemente lingüística. Nos molesta porque mientras Cantinflas es la subconsciencia de México, Tintán es su incómoda conciencia”. En sus últimas películas, Cantinflas hacía de servidor público ejemplar, mientras el pachuco no dejó de interpretar al outsider, al personaje de barrio.

El bostezo de los sectarios

Cuando Kauffman se dió cuenta que con el paso de los años su cuerpo se cansaba más y el público se reía menos, decidió dejar de ser “Vitola”. Además de sus actuaciones fuera de las pantallas grande y chica, como las giras nacionales con el espectáculo “El béisbol cómico”, en cuyo equipo “jugaron” luminarias como Cantinflas, Tin Tan, Resortes, Chabelo, Mantequilla Nápoles, El Santo, Blue Demon y todo actor y actriz emergente de la época, la larguirucha también era una defensora de los derechos de los trabajadores de su gremio, siendo la primera mujer que se unió a la Asociación Nacional de Actores (ANDA),  con el tiempo su propio hijo, Humberto Eliozondo, sería su Secretario General. Sin grandes bienes de fortuna, Vitola falleció el 21 de febrero de 2009 en un hospital de la Ciudad de México.

Si los nacionalistas de izquierda, deudores de la revolución institucionalizada mexicana, se hubieran salido con la suya, hoy estuviéramos privados del careo entre Tin Tan y Vitola, contadas entre las escenas más desternillantes e inmortales del cine azteca. “A la segura y pronta muerte que le auguro a la figura cinematográfica de Tin Tan –escribían los patriotas cooperantes de la época- ayudarán grandemente los argumentos en los que el pachuco luce sus habilidades pues no puede darse nada más incongruente, convencional y grotesco que las historias que le fabrican”. Los sectarios, afortunadamente, siempre se equivocan.

Cantinflas nunca dejó de ser parte de la cultura oficial, pero el declive del cine mexicano se llevó consigo a sus principales figuras. Sin embargo, a finales de los 80´s las bandas pilares del rock en tu idioma, en tierras de Quetzalcoatl, como Maldita Vecindad, Café Tacuba y Caifanes, recuperaron del olvido a Tin Tan y se lo presentaron a una nueva generación, que se veía en la discriminación que sufrían como tribus urbanas el mismo rechazo que ayer experimentaron los pachucos.

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