Un César Vallejo para Caracas

vallejo

Cada vez que estoy en Lima, ciudad desde la que escribo este artículo, se me renuevan las esperanzas por una Caracas humana y amable con sus habitantes. El terror que los caraqueños sienten cuando tienen que caminar a las 7 de la noche rumbo a sus casas, a la salida del trabajo, es el mismo que limeños, hace apenas 25 años atrás, sentían cuando caminaban por su ciudad ante la incertidumbre de ser víctimas de un ataque de Sendero Luminoso. Eran días de hiperinflación, en el que debían hacer largas colas para conseguir alimentos, y la pobreza e inseguridad habían hecho de la capital el escenario de actuación de “las pirañitas”, pandillas de niños y niñas que, en enjambre, asaltaban a los transeúntes. En ese tiempo Lima era, en el mejor de los casos, la escala previa y obligatoria para llegar a Machu Picchu.

Hoy la situación es diferente. Por una mezcla de atractivos y circunstancias, la capital peruana se ha convertido en el destino de moda en América Latina, esperando recibir para el año 2016 la cantidad de 5 millones de turistas. El disfrute del derecho a la ciudad, desde los días de Alan García y Abimael Guzmán, es palpable para sus habitantes, quienes cuentan con calles cada vez más limpias, seguridad para disfrutar del espacio público e ingresos salariales que permiten, con un solo ingreso, disfrutar las noches y los fines de semana en compañía de la familia. Y esto no ocurre solamente en los exclusivos barrios de Miraflores y Barranco. La prosperidad irradia hacia otras zonas residenciales como Lince, Jesús María o San Isidro.

Incluso en el centro de la ciudad, cuyos monumentos y edificios históricos pueden ser disfrutados en horario nocturno, como evidencia la cantidad de familias que pasean tranquilamente por la Plaza San Martín bajo el cobijo de la noche.

Por supuesto que hay problemas sin resolver, como los cinturones de pobreza o las deudas pendientes en la mejora del transporte público, pero con todos los limeños y limeñas con los que hemos conversado, gente de a pie, miran con confianza y esperanza su futuro.

Y tienen elementos: El país se ha convertido en uno de ingreso medio y en los últimos años los índices de crecimiento han sido positivos. Como un mal recuerdo han quedado los días del “Chino”, el terrorismo y el alto costo de la vida. Y cada vez que pueden, un fin de semana o un día feriado, salen en masa a disfrutar de su ciudad, la cual ofrece un abanico de alternativas culturales y de esparcimiento para todos los bolsillos.

Como demuestra la experiencia peruana, los cambios en las ciudades no son de un día para otro, pero con la voluntad colectiva necesaria, en pocos años pueden experimentarse notables mejorías. Lima es un espejo donde podemos mirarnos y aprender: Como superar las trabas del autoritarismo, la corrupción e ineficacia gubernamental para darnos una vida que merezca ser vivida. Caracas no tiene un César Vallejo, pero lo tendrá: En Lima está lloviendo / el agua sucia de un dolor / ¡que mortífero! está lloviendo / de la gotera de tu amor. (Publicado en Tal Cual)

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