Fluctuación y democracias

maxresdefault

Rafael Uzcátegui

La política, en la mayoría de los sitios, asume recorridos pendulares. Para bien y para mal, la insatisfacción con la gestión gubernamental, la disipación de las expectativas y las decepciones varias se castigan con el voto. Y de manera irracional. Y es que no podría ser de otra manera. La política en tiempos de la sociedad del espectáculo y la crisis de las ideologías modernas apela más a los sentimientos que a programas sesudamente redactados. Y es desde la subjetividad, también, que se responde a las promesas incumplidas desde las instituciones.
Por eso hoy la mentada “soberanía popular”, volátil, influenciable y de corta memoria, está en la acera de enfrente del lugar en el que se reclamaba en el pasado, ayer mismo si la conserjería estatal ha sido excesivamente ineficaz. De allí que el principio de alternabilidad sea tan inherente como inevitable en las democracias, dichas en plural. Es desde la mitología revolucionaria que quienes se consideran predestinados por la historia, en mayúscula, se vean a sí mismos eternamente ubicados en un puesto de poder. Los delirios han sido el caldo de cultivo para todos los totalitarismos.

No tengo la suficiente información para opinar que tan bien o que tan mal, para la sociedad argentina, significa el triunfo de Mauricio Macri en las presidenciales. Sin embargo, lo que postulo como suficientemente claro es que la década “progresista” latinoamericana está languideciendo.
En primer lugar, lo que puede ayudar a explicar el fin de la hegemonía política del kirchnerismo, la desaceleración, y en otros casos -como el propio país gaucho-, la abierta crisis económica producto de la baja de los precios de las materias primas extractivas en el mercado internacional, permiten un margen de maniobra cada vez menor para los populismos. Para el museo de las paradojas quedará cómo los autoritarismos neosocialistas pudieron ser por la generosa inyección de recursos del capitalismo global. Amor con hambre no dura.

En segundo término se encuentra el derrumbe progresivo de los símbolos que daban sustento al imaginario progresista, siendo las conversaciones Estados Unidos – Cuba el símil de lo que para Europa significó la implosión del Muro de Berlín. Añadiría la propia crisis del relato omniabarcante de las ideologías, combustible de la retórica post-stalinista cuyos últimos coletazos fueron en tierras de la llamada “raza cósmica”.
Añadiríamos el hecho que en tiempos de redes sociales y flujos de información la estrategia de polarización política y autosuficiencia autoritaria no cuenta con la invisibilidad de décadas anteriores. Súmele la ineficacia, corrupción, crecimiento de mafias de toda índole al amparo de la fidelidad política. El coctel es letal para quienes monopolizaron la franquicia de “lo popular” y se veían a sí mismos como piezas insustituibles para la felicidad humana.

No es superchería ni ilusión sobre una supuesta “primavera suramericana”. Es, simplemente, agotamiento. Después de diez años de hegemonía, la gente quiere otra cosa. Afortunadamente. @fanzinero

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s