Militarismo nuestro

A girls poses next to a tank after the military parade to commemorate the 20th anniversary Venezuelan President Hugo Chavez's failed coup attempt in Caracas

Rafael Uzcátegui

Un fantasma –otra vez- recorre Venezuela: El del militarismo. Según una extraña versión, la derrota que el autoritarismo sufrió el pasado 6 de diciembre debe agradecerse a la buena voluntad del Ministerio de la Defensa. Curiosa memoria. Precisamente al funcionario que encabezó la actuación de las Fuerzas Armadas y cuyo apellido, Padrino López, se utilizó para calificar la resolución que permite al conjunto del Ejército participar en la represión a las manifestaciones.
Que conste que esto lo dice un abstencionista: Ahora resulta que la avalancha de votos castigo, expresión popular de la insatisfacción y el descontento, pasó por el tamiz legitimador de los uniformados. La implosión de los dos últimos mitos del bolivarianismo, ser invencible en los sufragios y representar a las mayorías, pudo ser por un inusitado tic democrático de la vocería castrense.

Estamos lejos de esta conclusión. Según entendemos, el verdadero partido de gobierno no es el PSUV sino el conjunto de las Fuerzas Armadas cuyos efectivos, a la luz y a la sombra, controlan buena parte de los hilos del poder en el país. Para quien siga preguntándose porqué el heredero del legado es este y no otro, la respuesta que proponemos es: Por la fidelidad sumisa a las figuras de autoridad y la ausencia de cualquier cosa propia. Maduro es un rehén de los uniformados. No deja de tener razón aquel bromista que lo calificaba como el principal preso político del país.

Hemos dicho antes, y repetimos acá, que la transición que estamos caminando del chavismo al postchavismo tendrá que decidir, para llegar a cualquier parte, cuánta impunidad otorgará a los verdeoliva. No tanto en violaciones a los derechos humanos, que será lo de menos, sino por todo tipo de negociados y triquiñuelas. Y no lo digo con alegría, sino por sentido común. Todas las experiencias de paso de gobiernos dictatoriales o autoritarios a uno más civilistas tuvieron que saldarse, en el corto plazo, con amplias promesas de inmunidad. Con inteligencia y sutileza quedaron, para el pasado mañana, todos los retos y deudas de la llamada “justicia transicional”. Usted y yo no tenemos idea de las cifras malversadas, ni las regalías por todo tipo de tráficos por el territorio. Sólo piense que quien proyectó durante mucho tiempo la estampa del militar honrado, otro ex ministro de Defensa, fue privado de libertad por sustracción de fondos públicos. Y si bien el juicio fue amañado, según los entendidos y cercanos, los ilícitos efectivamente ocurrieron. Por esto, quien repite la versión de ataque súbito de moral y luces está participando en la previsible campaña de marketing necesaria para la transmutación. Esa misma que convirtió a los responsables de El Caracazo en “revolucionarios”.

Quienes aspiramos algo realmente diferente para el país debemos promover una profunda desmilitarización de la sociedad venezolana. Los valores del militarismo, insistimos, son antagónicos a los de una democracia auténtica. Y las jerarquías incontestables de cuartel relegarse a los museos. @fanzinero

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