Autoritarismo comunal

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Rafael Uzcátegui

Quienes hemos promovido durante muchos años la necesidad de la participación, libre y autónoma, de la gente en los asuntos públicos quisiéramos que la cosa fuera en serio. Que no fuera una simple consigna o un invento del burócrata universitario de turno. Lamentablemente, quienes hemos visto de cerca la experiencia concreta de mesas técnicas, círculos bolivarianos, consejos comunales y comunas, para no recordar las organizaciones militarizadas creadas desde el Poder, hemos pasado de la expectativa al escepticismo sobre lo “participativo” y “protagónico” de la democracia promovida por el bolivarianismo.

Luego de los resultados de las elecciones del pasado 6 de diciembre, donde la opción oficialista perdió por más de 2 millones de votos la mayoría de la cual se ufanaba todo el tiempo, el gobierno de Maduro ha iniciado una huida hacia adelante lanzando con pirotecnia y propaganda una figura llamada “Parlamento Comunal”. Si bien esta figura aparece en la Ley de Comunas aprobada en el 2010, fue escaso –por no decir nulo- su desarrollo en los siguientes 5 años. La razón era que las instancias de las cuales dependía, las Comunas, fueron perdiendo impulso proporcionalmente a la disminución de la bonanza petrolera y el festín populista. Tanto ellas, como los propios Consejos Comunales, fueron creados por decreto y no por que hayan surgido, de abajo hacia arriba, por la brega de las iniciativas populares. Como lo demuestra la experiencia concreta, y no los delirios de mercadotecnia, ambas instancias fueron discriminatorias y estatizantes desde sus inicios, dividiendo y enfrentando las libres organizaciones que efectivamente existían en el tejido social vernáculo.

Para quienes optamos por la creación de mayores y mejores mecanismos de democracia directa no es fácil reconocer públicamente el timo del “parlamentarismo comunal”. Tampoco decir que lo que se vende como más incluyente que la democracia representativa es su contrario: más centralismo autoritario. Vaya usted a saber, porque nosotros no, cuándo y cómo fueron electos los 200 “diputados comunales” que el madurismo exhibe como non-plus-ultra del consejismo revolucionario en acción. Bajo las órdenes de Cabello se cumplen, dicho en términos clásicos, los sueños de la reacción: Vaciar de contenido y banalizar los conceptos socialistas que representaban líneas de fuga para el quietismo dominante.

El comunalismo madurista es un remedo simplón de las ideas febriles sobre dictadura del proletariado que protagonizaron durante mucho tiempo la razón izquierdista. Para sus teóricos, de aire acondicionado y escritorio, las comunas bolivarianas son islas donde todos comulgan, sin protestar, el catecismo del socialismo del siglo XXI. Cuarteles para el control biopolítico y disciplinador de la población, donde los uniformes verde oliva son sustituidos por las franelas rojas con la mirada panóptica del Galactico. Con Chávez eran una amenaza. Con Maduro, un chiste. (Publicado en Tal Cual)

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