Sermones post-estoicos

epicteto

Rafael Uzcátegui

Durante mis días de alumno en la Escuela de Sociología ucevista un puñado de estudiantes habían conformado algo que llamaban “Círculo de Estudios Post-estoicos” para increparle al mundo que la teoría social había encarnado en ellos. Soberbios, siempre en pandilla, y grandielocuentes, eran de los que no podían hablar sin repetir “ontológico”, “tautológico” “hermenéutico”, “dialéctica” y otras rimbombantes palabras cuyos ecos sonaban entre los pisos 6 y 7 del edificio de FACES. Para inmortalizar la genialidad editaban, poco y mal, una publicación de la cual sólo los elegidos tenían ejemplares. Aquellos herederos de Gramsci, Foucault y Adorno se autodenominaban de izquierda, en plena evolución a su versión bolivariana.

Con el tiempo aquella verborrea de canutillo deslumbró otros territorios, de la patota post-estoica salieron dos ministros, un director de televisión y varias firmas editadas en la Librería del Sur. De aquella lucidez salieron “La Guerra Económica” y el “Estado Comunal”, que como todos sabemos, teniendo nefastos resultados en la realidad concreta. No habría que culpar a los chapuceros, sino a la Universidad que los graduó así.

Esa misma soberbia y pirotecnia verbal post-estoica es habitual en lo que hoy constituye los pilares de apoyo del madurismo-cabellismo en el poder. Es por esto que los clones de Héctor Rodríguez desenfundan la palabra “debate” como arma, no como un razonado intercambio de ideas, sino como Sermón. El peruano Santiago Portocarrero describe el sermón como una enunciación autoritaria efectuada desde una posición que se pretende incuestionable. Lo dicho, no es abierto a la interpretación y la polémica, sino algo definitivo. No obstante, el sermón se pretende persuasivo, encubriendo la relación de autoridad sobre la que se funda, enmascarando el adoctrinamiento como si fuera la aceptación libre de afirmaciones que serían evidentes por sí mismas. Los sermones son lecturas e interpretaciones de textos sagrados, donde se concentran las verdades reveladas, que son transmitidas por los profetas que anuncian la llegada del Mesías, que entre nosotros vino a caballo desde Sabaneta de Barinas. Como diría el veterano Domingo Alberto los post-estoicos de ayer y de hoy son, en el fondo, viejitas beatas de Tovar, pero su paraíso en la tierra está poblado por demonios. Tanto nadar para morir en la orilla.

Ya que de religión hemos estado hablando Karl Popper, en un texto famoso, calificó de pecado capital la presuntuosidad de los “medianamente educados”, quienes lanzan palabras al aire profesando una sabiduría que no se posee. La receta, apunta, consiste en trivialidades aderezadas con disparates. Le preguntan al ministro de economía cómo disminuir la inflación. “Con Cataflan” responde. ¿Se sabían el chiste? @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

 

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