La muerte del conuco

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Rafael Uzcátegui

En junio de 2010 este servidor tuvo la oportunidad de visitar las comunidades kariñas del estado Anzoátegui para corroborar una denuncia sobre contaminación por gas de su principal fuente de agua. Efectivamente, emanaciones de pozos petroleros propiedad de PDVSA estaban filtrando gas metano hacia el río Tascabaña, emanaciones que estaban a la vista –y el olfato- de cualquiera. Alrededor de mil kariñas, habitantes de las comunidades Tascabaña I y II, habían sido afectados en un nivel tal que habían sido obligados a modificar su modo de vida. Como el agua estaba contaminada no podían beber de ella, pescar en el río, sembrar sus conucos en los morichales adyacentes o criar animales para el consumo. La respuesta de PDVSA era llevar hasta la comunidad las diferentes misiones sociales a cambio del silencio. La comunidad se había convertido en dependiente de los programas de ayuda estatal. Por eso, a pesar de las enfermedades, consecuencia de respirar gas 24 horas al día, no se atrevían a denunciar. Los funcionarios los habían amenazado con quitarles el agua que llevaban los camiones 2 veces a la semana, el Mercal y el ambulatorio de Barrio Adentro si abrían la boca. Sólo pude escuchar la historia de los caciques indígenas tras jurar, por este puñado de cruces, que no daría nombres de los informantes. Por mucho menos que esto el izquierdismo ha denunciado el “genocidio cultural” contra las comunidades originarias.

6 años después la situación de Tascabaña ha empeorado. Si bien el caso de los kariñas es emblemático de los problemas padecidos por los indígenas del país, ilustra su drama tras la sistemática operación de intervención gubernamental a sus usos y costumbres. La imposición de Comunas y Consejos Comunales Indígenas ha tenido la deliberada intención de desestructurar sus lazos comunitarios, neutralizar las organizaciones propias y estatizar su vida cotidiana de una manera que no soñarían los gobiernos “de derecha”. ¿No que era un gobierno “de la resistencia indígena”? Sólo en la retórica. La realidad es que la ofensiva, según la hipótesis de quien esto escribe, era doblegar el brazo de los enemigos naturales del proyecto extractivo que la globalización demanda de nuestro país, para poder promover sin obstáculos proyectos como el del Arco Minero del Orinoco, la consumación del “socialismo petrolero” anunciado por el Comandante.

Siendo esto así, el país subastado al mercado internacional como maquila energética, es un folklorismo cierta propaganda –sobrestimada ante la ausencia de políticas en cualquier dirección- sobre el estímulo de la agricultura urbana entre nosotros. Quitando los memes sobre cebollín o la “matica de acetaminofén”, el fondo es que nos enfrentamos a los mayores enemigos de cualquier atisbo de autonomía individual o colectiva, libre albedrío y justicia social. O, dicho en sus incendiarios términos, a quienes devastaron los conucos para rematar todo lo que estuviera bajo tierra. @fanzinero   (Publicado en Tal Cual)

Un comentario en “La muerte del conuco

  1. Hola Rafael, y casos como estos se repiten entre las distintas comunidades indígenas del país. Al sur, en San Fernando de Atabapo la situación es desastrosa. Con el lema de “Justicia Social” se han construído viviendas que son consideradas por los indígenas como un encierro. El principio de “consulta previa” se ha ignorado en muchos casos y en otros se transformado en “Presión previa” como lo comentas en tu post. Saludos.

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