Árbol de fruta podrida

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Rafael Uzcátegui

Usted piense en Donald Trump y, habiendo nacido en este lado del mundo, instintivamente siente que hay muchas cosas mal con quien intenta ser el candidato del Partido Republicano para las próximas elecciones en Estados Unidos. Sin embargo, las proyecciones sugieren que, de ser así, obtendría alrededor del 20 por ciento del voto latino en noviembre 2016 que, si bien es bajo para el promedio histórico obtenido por los contrincantes de los demócratas, no deja de ser significativo que 3 millones de oriundos al sur del Río Grande voten por quien promete construir un muro que separe la tierra del Tío Sam del resto del continente.

Quienes desean alejar a los latinos indecisos del voto por Trump, divulgan una serie de argumentos más cercanos a lo racional, el bolsillo, que de la parte emocional, el orgullo de ser parte de la “raza cósmica”. Jorge Ramos detalló para The New York Times que deportar 11 millones de latinos, centro de las promesas electorales del empresario, costaría alrededor de 300 millones de dólares a los contribuyentes, como lo calculó la organización American Action Forum. El número de agentes de la “migra” deberían aumentar de 4.884 a 90.582 funcionarios, teniendo que aumentar las camas disponibles en los centros de detención, de 34.000 que existen hoy a 348.831 plazas. Y el gobierno tendría que contratar muchos abogados migratorios, pasando de 1.430 a 32.445. para quien piense que esta expansión haría crecer la economía se equivoca. Ramos es enfático que cumplir dicha promesa, que parece apasiona a multitudes, sería un desastre. “En dos años se perderían 10.3 millones de puestos de trabajo y se reduciría el crecimiento económico anual en un billón de dólares”. Según las cuentas, un hipotético gobierno de Donald Trump, para cumplir su palabra, debería deportar a más de 15.000 personas diarias durante 24 meses seguidos, imágenes que no se verían nada bien en redes sociales.

¿Por qué tantos latinos están dispuestos a votar por alguien como Trump? Rubén Navarrete, desde el Washington Post, hace una lista de razones: No hay empatía con Hillary Clinton; Hartazgo por la política habitual y preferencia por un outsider; Veteranos de las Fuerzas Armadas Norteamericanas que desean política de mano dura ante amenazas exteriores a EEUU; Piensan que las ofensas contra inmigrantes ilegales no son contra ellos; Atraídos por decisión de Trump en rechazar contribuciones de mecenas a la candidatura republicana por exigir, a cambio, favores políticos; Les gusta la propuesta de imponer moratoria a la entrada de musulmanes al país. Navarrete insiste en que los latinos en Estados Unidos, a pesar de la visión folklorista construida, “no conforman un grupo monolítico ni unidimensional”.

Otros confían en que Trump no ganaría jamás elecciones presidenciales, pero lamentan que se haya convertido en un actor político con el que habrá que lidiar en el futuro inmediato. Penosamente, y lo sabemos los venezolanos por experiencia propia, azuzar las llamas del resentimiento continúa cosechando votos. Un árbol, no obstante, de fruta podrida. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

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