Robaron y mataron. Pero voto por ellos

KEIKO

Rafael Uzcátegui

No se aprende por experiencia ajena, pero se intenta. El reciente triunfo de la candidata Keiko Fujimori a las elecciones presidenciales del Perú deberían motivar una profunda reflexión entre nosotros. Si bien la hija de Alberto Fujimori debe medirse en una segunda vuelta al no haber alcanzado más del 50% de los votos, y finalmente perdiera contra su contendor Pedro Pablo Kuczynski, desde hace algunos años se ha convertido en una figura referencial, y de peso propio, en el escenario político del reinado de la Inca Kola. En lo que nos concierne a los venezolanos, la candidata de origen asiático es un espejo, venido del futuro, en el que nos deberíamos mirar con atención. De cómo las expectativas e ilusiones generadas por el populismo autoritario, en caso que no sean comprendidas, canalizadas y satisfechas por quienes dicen adversarlo, ocasionan que el fenómeno se aletargue por un tiempo, regresando renovado bajo nuevos rostros.

No vamos a intentar ahondar en el complejo proceso peruano, tras sufrir los deslices y traspiés subjetivos y prejuiciados de ojos ajenos para analizar el fenómeno bolivariano. Ya tendremos tiempo para aprender lo que los peruanos reflexionen sobre sí mismos. Sólo recordar los datos duros. En el año 2011 la primera vuelta, con el 31.6% de los votos, colocó en primer lugar a Ollanta Humala, mientras que el 23.5% para Fujimori. A pesar de los fantasmas que lo rodeaban, el militar retirado fue favorecido por las estrategia de “Todos contra Keiko”, que incluyó al escritor Mario Vargas Llosa, para alzarse con la presidencia en un estrecho margen, 51.4% contra 48.5%. En este 2016 la hija del polémico ex presidente se llevó el primer lugar más holgadamente con –hasta cuando se escribía este texto- 39.5% versus 21.5% de los sufragios. En un ejemplo más de cómo los extremos se apoyan mutuamente, hay quienes desde Lima sostienen que el reciente atentado del disminuido Sendero Luminoso, 10 muertos en el poblado de Hatunccasa, estaría sumando votos al predio de los Fujimori. La política latinoamericana, como sus propias sociedades, genera sorpresas. Pero en esta oportunidad nos embarga el pesimismo.

En abril del 2010 tuve la suerte de visitar Tarapoto, en el corazón de la Amazonía peruana, zona que en algún momento estuvo dominada por la guerrilla Tupac Amarú. Un taxista, que pedaleaba vigorosamente su híbrido entre vehículo y bicicleta, me dijo “El Chino robó, el Chino mató. Pero si el Chino se vuelve a lanzar yo voto por el Chino”. Enseguida enlistó las obras que los años de gobierno fujimorista habían llevado a la ciudad, que incluían la autopista por la que estábamos transitando, y de cómo las personas como él comenzaron a vivir más tranquilamente tras la derrota “del terrorismo”. Después Tarapoto, según su versión, había vuelto a ser olvidada por los gobernantes. Aquel diálogo fue generado por un mural pintado a mano, torpemente y con escasos recursos, con la frase “Keiko presidenta”. Si se concretara la profecía, intentaremos estar a la altura de la solidaridad que el movimiento de derechos humanos del Perú, como ningún otro, ha tenido con sus pares venezolanos. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

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