Los gritos del silencio

Rafael Uzcátegui

Entre otras razones, la hegemonía que construyó el bolivarianismo en Venezuela durante varios fue posible por el incondicional apoyo de un sector importante de la intelectualidad internacional de izquierda. Luego de la debacle del Muro de Berlín, las neuronas progresistas pasaron a tener fe -en el sentido más religioso del término- en que el zurdo de Sabaneta era la prueba viviente de los dislates de Francis Fukuyama y su teoría del fin de la historia tras lo que sentenciaba como la derrota de la razón revolucionaria.

El apoyo de esta intelectualidad tuvo infinidad de motivos, algunos cándidos y de buena voluntad, otros, por razones menos luminosas. Los primeros fueron rectificando por el camino, cuando el peso de las evidencias demostraba que la retórica bolivariana no se correspondía con sus acciones concretas. Un ejemplo de estos, entre otros, son Noam Chomsky, Manuel Castells, Clifton Ross, Heinz Dieterich. Los segundos, no sólo se mantuvieron, sino que asumieron el papel de atacar la crítica de sus pares.

Entre estos dos bloques, sin embargo, existe en América Latina un sector, que considero cuantitativamente tan importante, de personas que creyeron, apoyaron públicamente, pero que ante las pruebas del desastre han optado por el silencio. En privado, la mayoría reconoce las perversiones y degradaciones múltiples hoy simbolizadas por la gestión de Nicolás Maduro, pero no tienen la entereza de escribir dos líneas para expresar abiertamente sus dilemas y preocupaciones. Las causas son diversas. Una de ellas, como me comenta Marc Saint-Upery es fingir que nada ha pasado y depositar una fe transmutada en otras latitudes, como Grecia o el Kurdistán Sirio donde, esta vez sí, se estaría arrinconando a la dominación y el capitalismo. Otra, en mi opinión, es el no reconocimiento que sus deseos y recetas estaban desintonizadas con la realidad, no solo para desconocer que sus contrarios estaban más cerca de lo correcto, sino porque los dogmas omniabarcantes del positivismo del siglo pasado, de donde surgen las ideologías revolucionarias en todas sus vertientes, no entienden de rectificaciones.

Una de las consecuencias de este mutis, para decirlo en los términos pedestres de los “camaritas”, es que el silencio actual de la izquierda internacional sobre lo que pasa en Venezuela abandona sus demandas de democracia y justicia social a los apetitos de las concepciones más conservadoras de la política -la derecha-. La afonía del progresismo para reconocer que se equivocaron sobre el bolivarianismo, y que sus consecuencias fácticas para los sectores populares son peores que las del neoliberalismo, están dejando sin referentes a la actual indignación dentro de la región venezolana. No es que nos importe que la etiqueta “izquierda” naufrague a la par del titanic madurista. Lo que nos preocupa es que los valores que supuestamente representa (libertad, igualdad y fraternidad como se resumió alguna vez) representen bien poco en los días por venir. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

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