Inmolación

Rafael Uzcátegui

Desde su inauguración he sido un usuario diario del Bus Caracas. En un comienzo, el servicio era bueno: Las estaciones y unidades limpias y en buen estado –eran nuevas- y la frecuencia constante y eficiente. 4 años después la situación ha cambiado. La demanda es mayor y el sistema, en cualquier hora del día, está congestionado. Los buses tardan mayor tiempo, pues hay menos unidades en funcionamiento, con la ausencia de la limpieza de antes y algunas con puertas que no abren, sin las pantallas de televisión o sin aire acondicionado. En las paradas abundan los amigos de lo ajeno. El progresivo deterioro ha contagiado a los usuarios, que ingresan por cualquier parte, o los autos particulares y motociclistas, que ya no respetan el canal exclusivo de circulación El Bus Caracas no es lo que fue en sus primeros tiempos. Sin embargo, si usted pregunta los responsables de la mengua serán siempre otros, la guerra económica, la derecha o el imperialismo. Ante las protestas de los usuarios, la gerencia de Bus Caracas insiste en mantenerse en la misma dirección. El problema no es que el precio del transporte sea subsidiado, pudiera ser gratuito, sino que su gerencia no hace nada por detener la degradación del servicio. El Bus Caracas, sin embargo, es una metáfora de la Venezuela actual, una oda a la definición de locura de Albert Einstein: hacer la misma cosa, una y otra vez, esperando obtener resultados diferentes.

El madurismo, el chavismo burocratizado realmente existente, no es que sea menos capaz o más bruto que el resto de los venezolanos. Han decidido, conscientemente, sustituir la complejidad por una explicación esquemática y reducida de la realidad. Por ello han desechado la racionalidad política, buscar alianzas y acuerdos para revertir los problemas cuya no solución le están restando popularidad, por la inmolación. Nuestra hipótesis es que esta inmolación posee una doble dimensión: Religiosa y estratégica. En la primera, el convencimiento de ser herederos de algo llamado “revolución bolivariana”, la cual no funciona por la incredulidad y ataques de los herejes, por lo que los percances son entendidos como una prueba de fe, y como tal el sacrificio es recompensado por la vida eterna (de la “revolución”). Lo segundo. El chavismo hegemónico sabe que tiene sus días contados, pero espera que ante el advenimiento del demonio, “la derecha”, la gente se arrepienta y clame por su vuelta al redil. Como las arcas estatales han sido saqueadas y los recursos energéticos hipotecados por varias generaciones, lo que venga después apele a la receta clásica del ajuste estructural en tiempos de vacas flacas. Y de nuevo, el chavismo retorne para salvarnos de nosotros mismos.

Con un político usted puede negociar en base a la lógica costos-beneficios. Con un sectario, o con soldado, no hay diálogo posible. Cuando alguien expresa que está “del lado correcto de la historia” está desintegrando la posibilidad del consenso democrático. Ojalá que los fanáticos, alucinados y autosuficientes estuvieran en un solo lado. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

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