El ombligo ilustrado

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Rafael Uzcátegui

Como quizás algunos de ustedes saben, trabajo desde hace tiempo en una de las organizaciones más reconocidas y antiguas de derechos humanos del país. Siendo el escenario internacional el privilegiado para pasar mensajes a un gobierno negado al diálogo, hemos promovido y participado en articulaciones y alianzas subregionales, regionales y mundiales. Lo paradójico es que mientras estas alianzas se fortalecían por todo el planeta, especialmente después del fallecimiento de Hugo Chávez, con quienes menos hemos podido trabajar ha sido con las organizaciones hermanas de aquí al lado, de Colombia. Cada vez que los cruzábamos teníamos que explicarles, de diversas maneras, ni que pertenecíamos a la “ultraderecha” ni que cuestionar los abusos de poder de los gobiernos bolivarianos no nos hacía, automáticamente, furibundos pro-Uribistas. Chismorreos hay en todos los vecindarios, pero creímos que explicarlo una vez en un terreno de valores compartidos era suficiente. No bastó la segunda, ni las siguientes. Para estos hermanos la versión que valía era la de Telesur, no la de nosotros. Tiramos la toalla cuando ante el cierre de la frontera colombo-venezolana una propuesta de acción conjunta tuvo como respuesta el silencio. Meses después, de la boca de una abogada bogotana, entendí –aunque no justifiqué- las razones. En dos platos me dijo: Para las organizaciones sociales colombianas su prioridad es el “Proceso de Paz” y cualquier cosa que pueda debilitarlo, será descartado. Bonito resumen: Cualquier decisión u opinión que tomaban en el plano internacional se hacía en función de su propia agenda interna, aunque eso significara la omisión, el desconocimiento o el prejuicio. Valga la redundancia: Los defensores de derechos humanos también somos humanos, demasiado humanos.

Todo lo anterior viene a cuento por las opiniones, destempladas y frívolas, que gran parte de los influenciadores del país vienen expresando por el triunfo del “No” en el Referéndum realizado en torno al acuerdo de paz. Para quienes nos ha irritado las opiniones superficiales sobre nuestro país que la intelectualidad internacional he hecho durante década y media, deberíamos internalizar las lecciones aprendidas amargamente: 1) Las situaciones que involucran a millones de personas son más complejas que cualquier reduccionismo y 2) Debemos aprender lo que tienen que decir al respecto los propios colombianos, no venir a darles lecciones –y menos morales- desde fuera.

La paz después de los ríos Arauca y Catatumbo es un asunto que nos concierte a todos. Debemos apostar por lo mejor para nuestros vecinos, y que sean ellos quienes de manera democrática puedan construir una Colombia inclusiva para todos. Aunque no guste también para los miembros y simpatizantes de la lucha armada. Por ahora este proyecto de paz no ha convencido a la mayoría, los que votaron en contra y los que se abstuvieron, por lo que siempre habrá manera de mejorar lo hecho hasta ahora. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

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