Nodos y Redes: La “maldición” del canal nicaraguense

“Debemos denunciar al mundo lo que está pasando en Nicaragua”. Así se expresó hace poco el conocido poeta revolucionario Ernesto Cardenal, acerca de las contradicciones que orbitan el gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua. Una de ellas tiene que ver con la promoción de grandes inversiones de infraestructura en el país, por parte de capitales globales, que afectarán a comunidades campesinas en el país. Una de las que ha generado la resistencia y movilización de activistas y líderes populares es el rechazo a la construcción del llamado “Canal Interoceánico” en el país. Según la información disponible, este canal es una vía fluvial que conectaría el mar Caribe, el océano Atlántico con el océano Pacífico a través de Nicaragua en América Central. El Canal cubriría un área de 270 kilómetros cuadrados. La construcción se inició el 22 de diciembre de 2014, con la construcción de vías de acceso temporales, para importar los materiales de construcción que no pueden ingresar por los puertos actuales del país.

Sin embargo, para activistas ambientales y líderes campesinos esta construcción genera muchas preocupaciones. Por ejemplo el Movimiento Autónomo de Mujeres afirma que el proceso legislativo para la aprobación del proyecto sólo dura 8 días, con una discusión en plenaria de diputados de apenas 3 horas. Además, no se realizó el proceso de consultar previamente a las comunidades que serían afectadas y se estarían violentando 10 tratados ambientales internacionales suscritos por Nicaragua y la propia constitución nacional. Al respecto afirman: “La concesión entrega por 116 años derechos absolutos, a favor de un inversionista privado, sobre nuestros recursos, tierra, bosques, islas, aire, aguas superficiales y subterráneas, espacio marítimo y otros recursos adicionales que se pudieran considerar pertinentes en cualquier parte del país para llevar a cabo las obras”.

Según se calcula, la construcción de esta obra es tres veces más larga que la del canal de Panamá, por un costo estimado en 50 mil millones de dólares. La concesión para la construcción del Canal fue entregada al consorcio empresarial, con sede en Hong Kong, HKND Group.

La movilización popular en Nicaragua contra el Canal Interoceánico ratifica que una de las principales fuente de conflictos en la región es el rechazo a la construcción de grandes proyectos de infraestructura que afectan a las poblaciones

Las amenazas

La coalición de organizaciones populares que se oponen al proyecto han sostenido que más de 119 mil personas serían sometidas a desalojo forzoso como consecuencia de las obras, recibiendo a cambio un pago inferior al valor real de sus tierras. Por otro lado, 52% de la ruta afecta a territorios indígenas y afrodescendientes, con lo que se estaría violando sus derechos territoriales, participación y autodeterminación. Además, señalan la contaminación por hidrocarburos, salinización, sedimentación y turbidez del Lago Cocibolca, un importante reservorio de agua dulce. Este canal afectaría directamente 7 áreas protegidas, destruyendo según los cálculos 193 mil hectáreas de bosques. Con ello se estaría amenazando la seguridad alimentaria de los nicaragüenses, así como importantes áreas de producción de cultivos y ganadería.

La resistencia

Según el conteo realizado por las propias organizaciones populares críticas del proyecto, más de 120.000 pobladores han participado en 41 protestas; Se han recogido más de 60.000 firmas en rechazo a la concesión; De muchos lados del planeta se han remitido 10.892 cartas al presidente Daniel ortega solicitando la suspensión del proyecto. Además, 180 ciudadanos presentaron 32 recursos por inconstitucionalidad exigiendo la derogación de la ley que permite la construcción del canal. “¿De qué nos servirá ese canal si los beneficiados van a ser los más grandotes, los que tienen más plata?”, se preguntó Antonio Duarte mientras caminaba junto a cerca de 2.000 manifestantes en rechazo al proyecto.

La movilización popular en Nicaragua contra el Canal Interoceánico ratifica que una de las principales fuente de conflictos en la región es el rechazo a la construcción de grandes proyectos de infraestructura que afectan a las poblaciones. Quien fue Ministro de Cultura entre los años 1979 a 1987 durante la primera época del sandinismo, Ernesto Cardenal, ha expresado en tono religioso “Con este canal el lago de Nicaragua, que para nosotros es una gran bendición de Dios, se convertirá en una maldición”. (Publicado en Contrapunto.com. Abril 2015)

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