Vodka piche

Rafael Uzcátegui

El madurismo, el chavismo burocratizado realmente existente, a pesar de los señalamientos de narcotráfico continúa -hasta el momento en que esto se escribe- tratando a Donald Trump con manos de seda. Analistas opinan que Miraflores está a la expectativa de la reunión entre el mandatario estadounidense y ruso, por lo que los tovarich han sugerido a Caracas silencio hasta que las cartas se pongan sobre la mesa.

Usted y yo podemos especular sobre las razones por las cuales este país tropical sea, en las actuales circunstancias, tema de conversación en dicha cumbre presidencial. Por ahora nos referiremos a hechos concretos. Hoy, el negocio de exportación de armamento ruso a Venezuela.

Según el último informe del Instituto de Investigaciones de Paz de Estocolmo (SIPRI por sus siglas en inglés), entre los años 2012 a 2016 Venezuela es el único país latinoamericano en el ranking mundial de los 20 mayores importadores de armas. Tomando sólo los años de gobierno de Nicolás Maduro, 2013 a 2016, a pesar de la crisis se ha gastado 1.535 millones de dólares en armamento, 75% proveniente de Moscú. En estos años el país ha sido su quinto mejor comprador, detrás de India, Vietnam, China y Argelia, en un monto de 1119 millones de dólares.

Sobre el último informe de SIPRI Aude Fleurant, analista franco-canadiense del ente, consultado por El País declaró: “Venezuela se mantuvo como el principal importador latinoamericano, pero lo redujo -en el 2016- un 17% únicamente porque su economía ha colapsado”. Durante la administración Maduro los sistemas de defensa antiaérea se han llevado 630 millones de dólares, seguidos por: Misiles (338 millones $), Vehículos blindados (268 millones $), Aeronaves (187 millones $), Artillería (65 millones $), Barcos (42 millones $) y motores (5 millones $).

En abril de 2015, cuando la crisis económica del país se había mostrado en su esplendor, la periodista Tatiana Rusakovah preguntaba abiertamente “¿Continuará Maduro comprando armamento ruso?”: “Los problemas de la economía venezolana –afirmaba- ponen en duda la capacidad de este país latinoamericano de sufragar estas compras. Considerando que la cooperación técnica militar no es un ámbito únicamente económico, sino también político, las partes podrían acordar la apertura de una línea de crédito (como ya sucedió en vida de Hugo Chávez), o bien desarrollar un sistema más flexible para el pago de este tipo de producción”. ¿No les genera curiosidad la frase “sistemas de pago flexibles”?

El gobierno de Maduro, devenido en dictadura moderna, intenta llegar al 2018 para organizar un simulacro de elecciones y mantenerse en el poder. Parece hoy apostar que la aleación Trump-Putin vuelva a poner el viento a su favor. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

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