Bolívar empresario

Rafael Uzcátegui
Las crisis son, también, oportunidades. Entre las posibilidades de superación se encuentra la historiográfica, para poder contar la historia que verdaderamente ocurrió. Entre otros aportes, el trabajo de investigación de Antonio Herrera-Vaillant nos ayuda a continuar conociendo al Simón Bolívar real, de carne y hueso, diferente al personaje construido por el gomecismo, y continuado por otros, para la génesis del Estado moderno en nuestro país.

En su libro “Bolívar empresario” (Ariel, 2014), Herrera-Vaillant nos recuerda una faceta del “padre de la patria” mucho más desconocida que otras: La del Bolívar acaudalado, administrador de una considerable fortuna, incluso hasta sus últimos días. En el texto, prologado por Pedro Nikken, se afirma que los padres de Bolívar le heredaron la segunda mayor fortuna de la Venezuela colonial, superada únicamente por la del Marqués del Toro, que según cálculos del autor serían equivalentes a 63 millones de dólares al día de hoy. Simón heredó esa fortuna bajo la modalidad del “mayorazgo”, iniciada en 1505, que obligaba a mantener vinculado un conjunto de bienes, a fin de no diseminar el patrimonio de una familia y preservar su poder económico. Las condiciones del mayorazgo lo obligaban a cumplir una serie de normas éticas y morales, como la de casarse con una dama de igual condición social. “Muy posiblemente -sugiere el autor- las exigencias del mayorazgo en cuestión también explican, al menos parcialmente, su renuencia a contraer nuevas nupcias a otros niveles sociales”.

Entre 1814 y 1821 sus propiedades fueron confiscadas por el Tribunal de Secuestros creado por los realistas. No obstante, seis días después de la batalla de Carabobo Bolívar se ocupa de recuperar su patrimonio perdido. Herrera-Vaillant escribe, sin embargo, cómo durante la gesta independentista Simón pudo contar con los recursos personales suficientes para una vida alejada de las privaciones. Lejos de morir en la miseria, “con una camisa prestada” como se asegura, Bolívar fallece siendo “un hombre básicamente rico, con problemas de liquidez”, y que “La familia cercana del Libertador continuó disfrutando de una holgada posición económica después de su muerte”.

 

“Canalla más cobarde, brutal y miserable. Bolívar es el verdadero Soulouque”. Las opiniones de Carlos Marx sobre el personaje histórico determinaron décadas de alejamiento marxista del bolivarianismo, hasta que Hugo Chávez los amalgamó. Ahora todos los izquierdistas autoritarios sufren de delirios sobre el Chimborazo.

 

Bolívar seguirá siendo “el Libertador”, con todas sus luces. Lo que hay que revisar son los mitos creados a partir de proyecciones erróneas, que nos condenan a repetirnos incesantemente como comedia. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

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