La hora de los hornos

Rafael Uzcátegui

El pasado viernes 09 de junio sectores del denominado “chavismo crítico” organizaron un interesante evento denominado “Encuentro de Constitucionalistas en Defensa de la Constitución de 1999: Participación y Soberanía Popular en la Asamblea Nacional Constituyente. Convocatoria, Bases Comiciales y los Referendos”. La apertura a los diferentes panelistas, que incluyó la magistral intervención del doctor español Roberto Viciano (disponible en Youtube), correspondió al doctor Jesús María Casal, quien realizó una pertinente reflexión, dado el auditorio, que quisiera compartir.

Palabras más, palabras menos, Casal expresó que si el chavismo no detenía la pretensión de imponer, de manera fraudulenta, una nueva constitución por el madurismo, aboliendo así lo mejor del legado viabilizado por Hugo Chávez, iban a estimular que la oposición pensara en una Carta Magna a su medida. Y dada la diversidad florida de opiniones dentro del espectro antichavista, el resultado podía ser cualquier cosa, menos el respeto a la progresividad de los derechos.

Lo que Casal planteó, y muchos coincidimos, es que la Constitución de 1999 -mejorable como todo producto humano- es el acuerdo de sociedad que cuenta con el mayor de los consensos, ayer por el chavismo y hoy defendida por sus antagonistas. Si el chavismo en su ala más democrática, que existe, piensa estratégicamente se daría cuenta que el Estado democrático y social de Derecho y de Justicia establecido a finales de los 90´s se ha convertido en el acuerdo compartido de reconstrucción institucional, por lo menos para los primeros años del post-madurismo. Nicolás, desesperado como está en derrotar un movimiento masivo y popular de indignación en su contra, está quemando el último baluarte que lo vinculaba efectivamente a la gestión de Hugo Chávez. Si llega el 01 de agosto con constituyentistas electos, sería el primer día de gestión de algo que abandonó el terreno chavista para ser otra cosa.

El chavismo democrático y sus satélites tendrán que decidir si su alergia a la MUD sigue siendo mayor que la apuesta por un cambio en el país. Y esto no implica que deban abandonar sus especificidades, sino entender que la única polarización que existe en la Venezuela de hoy es entre defensores de la Constitución de 1999 y defensores de la dictadura. Emitir un mensaje con claridad, que incluya las coincidencias con sectores que no son como ellos, incluso les allanará el camino para cumplir el papel que les tocará jugar en el país del mañana, en el que todos, sin distinción, debemos haber aprendido las lecciones emanadas de los últimos veinte años. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

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