Heisler, in memoriam

heisler vaamonde

Rafael Uzcátegui

Los días previos de la amenaza Constituyente ocurrieron dos situaciones relativas al movimiento LGBTI bolivariano. La primera de ellas fue la difusión de la campaña de la candidata #65 por el sector “Estudiantil-público”, la activista trans Rummie Quintero. El detalle es que el flyer oficial tenía su nombre anterior en letras grandes, Rigoberto, lo que en ese contexto no sólo es una ofensa, sino una negación de lo que se pretende reivindicar. Un activista queer chileno-paraguayo me comentó “Es la historia de las trans. Por estar, están con cualquiera”. Si no existiera el precedente Tamara Adrián, uno intentaría comprender ese tipo de concesiones.

Ojalá el segundo evento hubiera sido tan anecdótico. El 23 de julio se difundió, en medio de las noticias sobre las movilizaciones y represiones, que uno de los activistas LGBTI más conocidos del oficialismo había fallecido en el Hospital Vargas por falta de insumos médicos. Se trató de Heisler Vaamonde, quien desde las filas del PPT se catapultó como uno de los primeros activistas gay reconocidos del chavismo, promotor del “Bloque Unido de Liberación Homosexual”. Heisler fue un personaje tan interesante como controversial. Si bien introdujo otros temas dentro de la discusión de la comunidad gay endógena y alentó las primeras marchas del orgullo gay en Caracas, su afinidad a un movimiento construido en la discriminación de lo diferente, que paradoja, lo puso en el centro de polémicas que buscaban la negación del otro. De los ataques a los “gays escuálidos” hubo bastante, pero el que personalmente más recuerdo fue uno en el que me involucré. En plena campaña xenofóbica oficial cuando la expulsión de decenas de colombianos por la frontera, el oficialismo posicionó una etiqueta al uso. En su Facebook Vaamonde escribió una perla: “#YoApoyoElCierreDeLaFrontera y si se puede, que queden del lado de allá todx colombianx parásito y lo que nos ha traído han sido usos y costumbres propias de sus relaciones aberrantes tras largo tiempo de guerra en su territorio… esa cultura nos está haciendo daño y debemos salvaguardar nuestra identidad nacional cuidando qué nos enseñan los extranjeros”.

Relataron los medios que cerca de las 5 de la madrugada del domingo 23, las provisiones de oxígeno en el Hospital Vargas se agotaron, produciendo el fallecimiento de Vaamonde de 38 años quien tenía una infección respiratoria y era paciente VIH. La revolución que defendió tan apasionadamente no pudo garantizar su tratamiento de salud.

Leí alguna vez que uno tenía que cuidar más a sus contrarios que a sus amigos, porque si no ¿con quién se va a discutir? Que la tierra le sea leve a Heisler Vaamonde. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)