Feminismo oximorón

Rafael Uzcátegui

Uno puede entender las expectativas que puede generar cualquier liderazgo o proceso político, pero otra cosa muy diferente es la invención de identidades políticas para apuntalar y legitimar el ejercicio del poder de dicho movimiento. La idea de un “feminismo boliviariano” es un concepto vacío, no por su falta de contenido, sino especialmente por la ausencia de referentes previos que uno pueda identificar como genealogía de dicha idea.

Simón Bolívar pudo haber sido cualquier cosa menos un feminista. Y si “lo privado es público” como insisten las camaradas, su vida personal no era diferente a las ideas sociales imperantes en su época sobre el papel de la mujer. Bolívar, que ni era pobre ni falleció “con camisa prestada” como insisten algunos, heredó una cuantiosa fortuna familiar bajo la modalidad del “mayorazgo” que, entre otros compromisos, lo obligaban a contraer nupcias sólo con damas de su misma condición social. Cada vez que usted escuche el mito de “La Libertadora de El Libertador”, Manuelita Sáenz, sepa que se está haciendo apología de una relación que por razones de clase evitaba formalizarse. Y para que no haya equívocos mi valoración es la del lado del macho. Si usted quiere opinar que la quiteña es pionera del feminismo en la región, está en todo su derecho, pero estaría negando lo mismo que precisamente desea resaltar. En vez de asumir el apellido de casada en el inexistente matrimonio, debería sostener su teorización alrededor del “feminismo saenzcista”.

Si los antecedentes históricos del feminismo bolivariano son irreales, las consecuencias prácticas del ejercicio del poder del chavismo realmente existente son nefastas para cualquier idea que se tenga sobre la emancipación de género. Y esto es una natiral consecuencia de un proyecto político machista, patriarcal y militarista como lo es el Socialismo del Siglo XXI. Nunca como antes se había negado, en las diferentes dimensiones, la posibilidad que la mujer real pudiera decidir sobre sí misma, en el intento del ejercicio pleno de su autonomía, sobre su cuerpo, sus afectos, sus posibilidades de desarrollo como persona. Algunos de estos dramas han sido reunidos en el reciente informe “Mujeres al límite. El peso de la emergencia humanitaria” –que puede localizarse por internet- realizado por organizaciones que, y no es casualidad, no se identifican como feministas bolivarianas. De esta manera AVESA, Mujeres en Línea, CEPAZ, y FREYA compilaron los datos disponibles sobre situación de la alimentación, salud, integridad personal, trafico y trata de personas, acceso a la justicia y discriminación de poblaciones LGBTI y mújeres indígenas con una mirada de género y derechos humanos. Al revisar los datos, escuchar los testimonios y vincularlo con lo que se ve y padece en la calle, uno llega a la conclusión que si como conceptualización teórica es dudosa, como activismo de calle el feminismo bolivariano es sencillamente inexistente. Si de verdad hubiera radicalidad y principios en quienes se identifican así, fuera público y visible el cuestionamiento a, por decir sólo una dimensión, la manera inhumana y denigrante que las mujeres están dando a luz en los centros públicos de salud. No sé si Eva Golinger se identifica con el rótulo, lo que si tengo certeza es que cuando estaba embarazada no tuvo su parto en la revolución bolivariana que tanto defiende sino en el imperio vil que mucho cuestiona. @fanzinero

 

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