Somos el 70

Rafael Uzcátegui

Lo que sucede en Venezuela es el perfeccionamiento de un modelo de dominación que apareció en el año 90 con Alberto Fujimori en el Perú. Personalidades carismáticas que, en un contexto de deudas sociales acumuladas e instituciones débiles, tergiversan los mecanismos de la democracia para mantenerse, irregular e indefinidamente, en el poder. Los académicos han intentado crear categorías que la expliquen, pero a falta de una mejor denominación, comprensible para el ciudadano de a pié, la ausencia de democracia se entiende como dictadura, una adecuada a los tiempos que corren.

Algunos de sus rasgos, como la cooptación del poder judicial o el control sobre el arbitro electoral se pueden conseguir en gobiernos de diferente signo ideológico (Bolivia y Honduras, por ejemplo), pero reiteramos que es el experimento venezolano donde el autoritarismo experimenta en nuevos terrenos.

Tras haberse convertido en una fábrica de pobreza, el gobierno de Nicolás Maduro sabe que su popularidad no podrá remontar la cuesta que alguna vez conquistó Hugo Chávez. Si tomamos el dato de las dos últimas elecciones, bajo la Constituyente, tenemos que la votación del bolivarianismo realmente existente se ha estancado en un porcentaje alrededor del 30%. La estrategia consecuente es, ante la imposibilidad de aumentar el caudal electoral, reducir la del resto a una cifra menor. El meollo del fraude es impedir que los electores del resto de la oferta lleguen hasta las urnas, inhabilitando candidaturas, dividiendo y enfrentando las coaliciones opositoras, erosionando la confianza en el mecanismo electoral, amenazando con represalias.

Mientras el madurismo socializa la sospecha entre sus contrarios gobierna para mantener incólume su 30%. Durante el 2018 se gobernará sólo para un tercio de la población, mientras el restante sufre los embates de la discriminación como política de Estado. El chavismo, ese movimiento que anunció revolucionar la democracia, finalmente consiguió trampearla para mantener los privilegios del poder.

El resto, para quienes somos el 70%, es poder descifrar correctamente las simulaciones y estrategias del autoritarismo para construir un movimiento democrático e inclusivo, con sus mecanismos de deliberación para canalizar las diferencias y ser lo suficientemente prefigurativos para construir una avanzada de la Venezuela que queremos.

Javier Torres, de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos del Perú, explicó durante su visita al país que la actitud de los partidos políticos cambió cuando se descubrió que el proyecto fujimorista intentaba, contra toda lógica racional política, mantenerse a largo plazo. Para quienes creyeron que era suficiente con esperar a las elecciones presidenciales de 2018 para promover un cambio en el Ejecutivo, la dictadura total constituyente ha derrumbado sus ilusiones. El año que viene nos toca pelear o doblegarnos definitivamente. Tenemos estos días de fin de año para pensarlo. Felices días en familia. @fanzinero

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