Lecciones aprendidas sobre discusiones en redes sociales (A propósito de un intercambio con Jeudiel Martínez)

Rafael Uzcátegui

Las redes sociales como twitter son conversaciones permanentes en una arena pública, donde hay posibilidades múltiples de interacción. La desmoralización como consecuencia de lo que pretende ser un segundo período presidencial de Nicolás Maduro, pero también por la crisis de representatividad tras la derrota en la rebelión popular del año 2017 ha intoxicado el nivel de las conversaciones en la red del pajarito. Por esta razón comparto las lecciones que he aprendido sobre el debate en plazas digitales, por si son de utilidad a cualquier interesado. Pero también como registro público tras la desnaturalización de un intercambio reciente que tuve, cuyo interlocutor prefirió abandonar la discusión para divulgar una curiosa versión sobre la argumentación mutua y sobre mi persona.

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Este fue el tuit que inició el intercambio, del pasado 18 de noviembre. Contextualizo. Jeudiel Martínez es una persona que conozco de mis días de estudiante de Sociología, finales de los 90´s y comienzos del 2000. Con el inicio del bolivarianismo en el poder, cada uno tomó un rumbo diferente. No tuve mayor contacto con él, hasta que comencé a leer algunos textos recientes donde cuestionaba al chavismo. Su tuit me llegó por el RT de una cuenta que sigo.

En su tuit JM plantea el dilema de las identidades políticas cuyo prefijo es el “anti”: La simplificación del conflicto en dos mundos, internamente coherentes, de supuestos valores irreconciliables. Aunque nunca me he identificado con la identidad política “antichavista”, sugerir que todos los que se nombran de esa manera (hoy una mayoría del país, por cierto), tengan esa visión de las clases populares es una generalización falsa y tramposa, pero consecuencia de una lógica de polarización, de deshumanización del contrario, que no es exclusiva del “antichavismo”, sino que ha sido transformada en política del Estado desde 1999 hasta la fecha. Aunque son actitudes igualmente reprochables, no se puede colocar en el mismo plano de responsabilidad al “antichavismo” al “antiescualidismo”, que es política oficial, ejecutada con recursos públicos y ha generado múltiples violaciones de DDHH. Esta era la idea principal en mi respuesta: Como característica del populismo boliviariano, la antipluralidad (Como lo plantea Cesar Garavito y Krizna Gómez desde Colombia), el chavismo promovió, también, esta visión simplificadora y maniquea del conflicto. Como ejemplo concreto coloqué el sitio web http://www.antiescualidos.com, cuyo nombre lo dice todo, creado a partir del golpe de Estado del año 2002, y (sin decirlo, pero como referencia que esperaba él entendiera), JM había participado.

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En su respuesta JM obvia mi argumento y recurre a una estrategema típica, y lamentablemente recurrente, en redes sociales: No discutir el contenido, el mensaje concreto, intentando atacar al mensajero, en este caso colocandolo en minusvalía, personal e intelectual: “Ademas, estas completamente fuera de tu liga”. Además del trato informal “Lito” (un sobrenombre familiar) y “chamo”.

Una lección aprendida, como dijo alguna vez un presentador de televisión cuyo nombre no quiero acordarme, es “en un debate público quien se molesta pierde”. Twitter es como una discusión entre dos, o mas, personas, con un montón de gente escuchándola. O se intenta convencer al interlocutor de lo contrario en lo que esté equivocado, o sencillamente se usa la conversación para exponer y remarcar al auditorio las ideas que te interesen. La segunda lección de oro, no siempre fácil, es obviar los ataques personales y adjetivos descalificativos, y continuar centrado en los argumentos.  Por tanto insistí: La lógica polarizante no es patrimonio de la “oposición”, sino también del chavismo en el poder, cuya responsabilidad en sus consecuencias negativas es mucho mayor. La idea entonces fue: En el 2002 un sitio web en el que participabas promovió, en su forma y fondo, la criminalización de todo lo que disentía del chavismo bajo la categoría criminalizante “escuálidos”. Esa categoría fue defendida en su tiempo por JM, a raíz de un debate público sobre la creación de un Centro de Medios Independientes (Indymedia) en Venezuela, alrededor del año 2003, que finalmente terminó siendo gestionado, sin independencia editorial, por personas que en aquel momento hacían vida alrededor de los llamados “Medios Comunitarios y Alternativos”, agrupados en lo que se llamó ANMCLA, defensores,y financiados directa e indirectamente, por el gobierno. “Antiescualidos” decía ser lo contrario de los medios privados de comunicación, por lo que se promocionaba como un medio “gestionado colectivamente”. Por aquellos días Antiescualidos.com publicó una lista de personas a las que calificaba de “escuálidos”, cosa que recuerdo perfectamente por que yo era uno de los nombrados, junto a mi sitio de trabajo en aquel entonces. Y esa singular práctica, bajo el amparo del nuevo Estado bolivariano.

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JM refuta tangencialmente el argumento anterior: “Yo no publiqué ninguna lista”, insistiendo en el peor adjetivo descalificativo para un ucevista izquierdista de los 80´s: “Policía”. Otra estrategia retórica que hay que eludir es la sugerencia que uno no tiene razón y que cualquier conversación al respecto es una pérdida de tiempo. Sobre el argumento inicial, la promoción de la polarización desde el Estado y la criminalización de la disidencia, JM sugiere que fue algo que ocurrió “después”, que en sus inicios no estaba, y de cuya lógica el no habría participado, sino que emergió en tiempo de desnaturalización del proyecto cuando él ya no formaba parte de él.

Mi respuesta apelaba a un hecho: En los inicios del “proceso”, cuando se estaban generando los cimientos de lo que sería después, en su papel de intelectual orgánico al servicio del gobierno bolivariano en el año 2002, argumentó públicamente, también por vías digitales, que hablar de “escuálido” -un término promovido desde el pináculo del poder contra sus contrarios, era similar a hablar de “fascista”. Por tanto el nombre Antiescualidos no era criminalizador ni discriminatorio, sino que tenía un valor político similar a decir “Antifascista”. La lógica subyacente, por tanto, sería: Si los escuálidos son fascistas, gestionar una web donde se publiquen sus nombres, apellidos y sitios de trabajo era una suerte de “justicia popular y revolucionaria”.

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La respuesta de JM no tiene desperdicio. Tras ser presa de la lógica política que se ayudó a crear y consolidar, la victimización, la descalificación personal (maldito policía) en base a una supuesta minusvalía intelectual: “pequeño contrahecho”, no tener talento, sin capacidad de tener una idea. En una proyección subconciente, publicar listas para que la “justicia popular” actúe, insinua que mi trabajo sería marcar a personas para ser agredidas, me imagino, por la “turba antichavista” a la cual alimento y pertenezco.

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Como la respuesta hablaba más de quien la escribía que a quien estaba dirigida, mi último tuit era una reflexión, para quienes estuvieran leyendo, sobre la autocrítica de quienes ayudaron a crear y consolidar las prácticas políticas del chavismo en el poder, que incluso terminaron devorando a sus propios hijos. Me despedí cordialmente -lo cortes no quita lo valiente-, JM no respondió, y di el intercambio por concluido.

Mes y medio después, por una lista de WhatsApp, conozco un texto que por otras redes sociales JM ha difundido sobre este intercambio, sin aludir a la discusión en sí, y haciendo una valoración que pretende generar animadversión sobre mi persona. Cito el texto completo. Saquen ustedes sus propias valoraciones:

“Contaré una anécdota que no es personal. Dos en realidad. Es sobre el resentimiento venezolano. Si, es bastante de mal gusto hablar en primera persona pero encontrarán que, en este caso, se justifica:

Allá en 2014 trabajaba en el ministerio de las comunas y fui despedido por Iturriza, entonces ministro. Luego averigué que me habían botado por ser “escuálido como Erik del Búfalo”. En ese momento la crisis apenas empezaba y la cosa no me afectó mucho, en realidad quería dejar de trabajar para el estado y el salario era tan bajo que tenía tiempo haciéndolo solo para que mi madre tuviera el seguro -aunque el bono alimentario ayudaba. Pero no era un buen trabajo así que todo bien. Uno sabe que, para los chavistas, uno no puede ser otra cosa que un antichavista, un escuálido. No se que piensan mis pocos amigos chavistas pero estoy seguro que deben pensar algo así, gente como la de Misión Verdad debe estar honestamente convencida de que a uno le paga la USAID. Para otros solo es un anticomunista más.

Entonces eso debería ser todo ¿no?: escuálido y anticomunista. Pues no.

Ya me había pasado en 2001-2002 que, cuando estábamos movilizados contra el golpe, gente del Partido Bandera Roja había empezado a decir que trabajaba para la policia politica, entonces llamada Disip. Algunos creyeron eso pero pasó. Ahora bien, tras diez años de producir abundante literatura contra el gobierno debería quedar claro que uno no es chavista. Es imposible leer mis publicaciones y creer eso. Pero hay quien de alguna forma lo cree.

Hace poco Rafael Uzcategui, de Provea, promovió un pequeño linchamiento en twitter acusandome de que, allá en 2002-2003, trabajé en una web llamada “antiescualidos”. Básicamente escribí pocos artículos , todos sobre la radicalización hacia la derecha de la clase media. Era un muchacho así que no eran buenos pero si correctos en la perspectiva. Para la gente que empezó a atacar en el twitter era obvio que, claro, yo era chavista, que el gobierno me mantiene. Tan obvio como lo era para los profesores de sociologia que se convencieron de que yo era agente de la policia politica. Les parecía lo más razonable del mundo. Obviamente no le respondí a Uzcategui de buena manera pero lo chistoso es que, siendo un hombre políticamente correcto, todos los años de “disidencia” con el chavismo no valían nada: ¿porque no reconoces lo que hiciste?. Supongo que quería que me humillara o pidiera perdón algo así.

Lo importante es ambos, el ministro y el activista de derechos humanos, son gente que se cree buena. Ellos son los buenos de la partida, tribunales vivientes: no es que toman posición ante cosas, tienen todo su pequeño “sistema del juicio”.

Obviamente mi situación es mucho más sencilla que la de otras personas.

Y eso es muy complejo porque, ciertamente, lo que pasó en estos años no puede pasar en vano. El golpe, el paro, las nacionalizaciones, la constituyente, han sido catástrofes localizadas. ¿como no vamos a reclamar responsabilidades?.

Si creo que se le puede increpar a alguien por haber apoyado algunos de estos desastres ¿pero es realmente una culpa?…podemos culparlos como deberían serlo los corruptos o los miembros de bandas armadas ¿de verdad es un mérito nunca haber sido chavista o jamás haber “traicionado la revolución”?.

Por todo lo que ha pasado en estos años deberían haber consecuencias, castigos incluido. ¿pero es realmente un crimen haber sido chavista o lo contrario? ¿de verdad puede ser lo mismo Giordani, que causó un Chernobyl económico, que la viejita del barrio o el tonto sin esperanza que siempre creyó en el gobierno? (aunque hubiera algo vil en esa creencia). ¿puede ser igual la dirigencia de la MUD que la gente que, honestamente, siempre rechazó a Chávez y siempre entendió lo que realmente era?.

No se malentienda. En estos años la gente común se ha corrompido, ha cometido crímenes: ha robado, linchado, celebrado los atropellos, se ha hecho vil y fanática..¿pero de verdad podemos hacer un Gulag para todos los que tuvieron algo que ver con esta desastre?.

Es necesario distinguir a los que merecen condenas de los que no incluso si no hay condiciones de demostrar las culpas y asignar el castigo. Para otros, que no son criminales, son necesarias sanciones personales y colectivas que no son castigos pero que hacen una diferencia…

¿pero como?.¿ como si la gente no distingue la venganza del castigo?, si no distinguen el crimen de la posición politica. En la debacle uno ve a algunos que prefieren que los que están en el poder no salgan nunca de él (pase lo que pase) y a otros que más que cambio quieren venganza….esa es de las tantas cosas que hace tan sombrío al futuro.

Pero, si no lo es, es con gente que distinga venganza de castigo, el crimen de las elecciones políticas, el castigo de la sanción, que no diga generalidades sobre reconciliación o venganza (ambas son reactivas e indiferenciadas, una puro temor la otra puro odio) y si es posible que emerja gente así, podemos estar seguros, no será de los chavistas ni de sus antónimos»

Jeudiel Martínez