Veneco 30: Especial de punk y hardcore maraco

En momentos en que el Zulia es castigado, sin clemencia, por la corrupción y la ineficacia de la dictadura, nos lanzamos este Veneco especial.

Playlist

1) Primero Venezuela: “Hasta cuando”
2) Trauma: “Guardia Nazional”
3) Convicción Hardcore: “Vamos mi gente”
4) Baigón: “Policías, militares y demás basura”
5) La Naranja Mecánica: “Vive”
6) KAFC: “Me niego a morir”
7) Aires de Rebelión: “Sangre en las corridas”
8) Doña Maldad: “Todos saben, creen, todos pueden”
9) Sistema Diez: “Rio de antorchas”
10) ODIO: “Somos más”
11) GAS: “Experto cobarde”
12) Frente de Ira: “Identidad”
13) Mustang 78: “Motorpunk”
14) Cinco Minutos Más: “No queda más”

La paradoja colombiana de la paz

Rafael Uzcátegui

Recientemente tuve la suerte de escuchar a Rodrigo Uprimny, fundador de la ONG Dejusticia y miembro del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas, haciendo un resumen magistral sobre la evolución del llamado acuerdo de paz en Colombia, y haciendo algunas reflexiones sobre su futuro a raíz de la victoria del candidato Iván Duque a la presidencia colombiana. Aquello ocurrió en el taller global de Investigación Acción promovido por Dejusticia, bajo el sugerente título “Reimaginar el futuro del movimiento de derechos humanos”, en el cual activistas de una docena de países del sur global tuvimos la oportunidad de reflexionar desde el eje cafetero del país.

Me tomé la libertad de grabar y transcribir parte de aquella intervención, útil para opinar sobre el tema en el contexto venezolano, proclive a opinar sobre lo humano y lo divino con los lentes estrechos de la polaridad chavismo/antichavismo.

“Tuvimos en Colombia una guerra de 50 años con costos humanitarios tremendos, 6 millones de desplazados, con excepción de Guatemala, con más desaparecidos que todas las dictaduras de América Latina, una cantidad enorme de personas asesinadas y secuestradas. Además, la violencia relacionada con el conflicto armado, las otras violencias, las que vienen de las economías criminales, narcotráfico, explotación ilegal minas.

No era el acuerdo que iba a revolucionar a Colombia, pero tampoco era el acuerdo que simplemente acababa la guerra. Era un acuerdo que acababa la guerra, las FARC se desmovilizaban y se transformaban en un actor político con un mecanismo de verificación para que eso ocurriera, como efectivamente ocurrió. Lo segundo era que enfrentaba las violaciones de DDHH con un sistema de justicia transicional que es único, de lo que yo conozco, en el mundo.

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Cuando la providencia sale al paso

Rafael Uzcátegui

En la década de los 80´s, en las postrimerías de los años de vacas gordas, los venezolanos que no podían ir a Miami se iban de shopping a Cúcuta. En mi caso, la relación con el Norte de Santander provenía de la ascendencia andina. Comprar en Almacenes Ley o Tía, dormir en hoteles con aire acondicionado y, en general, caminar por calles de un un país ajeno fue lo más cercano a Disneylandia que tuvo mi generación clase media provinciana de infantes venecos. El bolívar era un Gulliver frente al peso colombiano y quienes lo llevábamos para gastar cruzando el Puente Internacional Simón Bolívar, eramos literalmente dioses. Para los venezolanos, pero especialmente para los habitantes del lado colombiano, esto siempre iba a ser así. Nadie se podía imaginar que dos décadas después los papeles se intercambiarían. Y tan dramáticamente.

La explosión de la debacle económica ha generado que la diáspora sea la última de las crisis que los gobiernos de la región deban afrontar. Los venezolanos en Colombia se han convertido en la principal corriente migratoria del hermano país en toda su historia. Los que tienen con qué, aterrizan en el aeropuerto internacional El Dorado, de Bogotá. Para el resto, el principal punto de entrada, el 48% del total, es por Cúcuta. En la ciudad hacen lo que sea para ganarse unos pesos, algunos con la ilusión de continuar más adentro su búsqueda de un futuro. Si desean viajar a otra ciudad, deben sellar su pasaporte en migración Colombia mostrando un pasaje. En la urbe con mayor desempleo de Colombia, los venezolanos son limpia vidrios, venden agua en los semáforos y ofrecen en la calle cualquier producto traído del otro lado.

Una de esas tardes calurosas del Norte de Santander, José David Caña Pérez, sacerdote de la parroquia San Pedro Apostol de La Parada, escuchaba con atención el llamado del Papa Francisco sobre la misericordia con los migrantes alrededor del mundo. Su figura, morena y generosa, se puso manos a la obra. Junto a sus parroquianos comenzó a montar una olla de sopa para 100 comensales, que comenzó a ser repartida a las familias de venezolanos que cruzaban el puente con intenciones de quedarse. Aquel improvisado comedor popular rápidamente se divulgó entre quienes sus miles de bolívares, ahorrados con sacrificio, se diluían en unos pocos pesos. La demanda, y las preocupaciones del padre Cañas, crecieron como la espuma de una Cerveza Cristal recién servida en el agobiante calor cucuteño. Aquella nueva responsabilidad lo agobió al punto de tomar la decisión de cerrar el comedor. Días antes de bajar la santamaría, mientras José David decidía cómo informar la clausura, escuchó a una chiquita de 8 años expresar frente al plato de comida “¡Gracias Dios mío por no dejarnos morir”. Con su acento, el padre preguntó: “Mamita, ¿Qué le pasó?”. La niña le contó que tenía 4 días viajando por tierra desde el centro de Venezuela. Que no habían comido nada durante el trayecto, pero tenían la esperanza que si llegaban a la frontera la iglesia les iba a dar de comer. Con lágrimas en los ojos, que se repiten que cada vez que lo recuerda, José David Caña Pérez decidió que no podía dejar de ayudar a los venezolanos, aunque la vida se le fuera en ello.

Sin embargo, la vida le ha sido generosa, y el padre David se lo atribuye al poder benefactor de lo que hoy se llama “Casa de Paso Divina Providencia”, que cada día reparte casi dos mil platos de comida a los migrantes venezolanos, priorizando por niños, mujeres embarazadas y abuelos. Un equipo de 70 voluntarios, de los cuales 25 son venezolanos, administran la obra caritativa cuyos costos al mes son de 100 millones de pesos –casi 35 mil dólares-, incluyendo los 400 mil pesos del alquiler de esa casa con un patio tan amplio que permite que los comensales puedan estar cómodamente sentados. Ese comedor funciona en base a donaciones, que no han parado de llegar. Incluyendo la de sus feligreses que aumentan mes a mes sus contribuciones. Desde que las hacen sus propios negocios han mejorado, y se lo atribuyen a la Casa.

Cuando estuvimos de visita en el comedor, observando las colas de ancianos y niños que esperaban su turno, el padre Cañas nos decía que con 1 dólar se le daba “desayuno y almuerzo a un hermano venezolano”. Lo mínimo que podíamos hacer, le prometimos, era intentar que la diáspora venezolana colaborara. Por eso este texto.

Los aportes económicos para apoyar la Casa de Paso Divina Providencia se pueden consignar en la Cuenta de Ahorros Bancolombia: 08865722720,a nombre de la Diócesis de Cúcuta, NIT 890500597.

En caso que soliciten información adicional para donaciones desde el extranjero:
Código Swift: COLOCOBM (en caso que le pidan 11 dígitos indicar que se agreguen tres X, es decir, queda COLOCOBMXXX).
A nombre de Diócesis de Cúcuta NIT: 890500597-1
Dirección: Av. 1 27 131 San Rafael
E-mail: diocesisdecucuta@gmail.com
En caso que soliciten la dirección de Bancolombia: Cl. 4 #3-24, Cúcuta, Norte de Santander
@fanzinero

La renuncia

Rafael Uzcátegui

Me puedo equivocar, pero hasta el momento en que esto se escribe las evidencias sugieren que Nicolás Maduro será proclamado la noche del 20 de mayo como presidente por un período de 6 años. Ya en octubre de 2016, cuando se tomó la decisión de postergar los procesos electorales en curso (Referendo Revocatorio y Elecciones Regionales), fui parte de los que opinó que el gobierno había tomado la decisión –tras la experiencia de diciembre de 2015-, de no convocar elecciones hasta que tuviera la garantía de ganarlas, aunque no contara con los votos.

Las elecciones realizadas bajo la Constituyente han dinamitado la confianza en un sector importante de la ciudadanía sobre la capacidad del voto para expresar la opinión del soberano sobre los rumbos del país. Las candidaturas opositoras no pudieron revertir esta opinión. Tampoco plantearon una estrategia adicional al deseo del aluvión de votos, que convirtiera la materialización del fraude en una crisis de legitimidad para el nuevo gobierno.

¿Cómo enfrentar el repliegue, la desazón y la depresión del 21 de mayo? Proponiendo un camino presente en la Constitución. El artículo 233 de la Carta Magna expresa: “Serán faltas absolutas del Presidente o Presidenta de la República: la muerte, su renuncia, la destitución decretada por sentencia del Tribunal Supremo de Justicia, la incapacidad física o mental permanente certificada por una junta médica designada por el Tribunal Supremo de Justicia y con aprobación de la Asamblea Nacional, el abandono del cargo, declarado éste por la Asamblea Nacional, así como la revocatoria popular de su mandato. Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreto dentro de los treinta días consecutivos siguientes”.  Un movimiento amplio e incluyente de la sociedad exigiendo la renuncia de Maduro es la manera para que en corto plazo haya elecciones y la voz del pueblo sea escuchada.

Un movimiento nacional por la renuncia de Maduro podría enfrentar la matriz de opinión que, ante la ausencia de otros mecanismos de resolución del conflicto, están apostando por salidas insurreccionales con la participación de miembros de las Fuerzas Armadas, locales o extranjeras. Y esto no es comentarios de los políticos más estridentes, sino que ha venido ganando terreno en los sectores populares. Hay piensa que es una propuesta más prágmática de la renuncia. No obstante, es una declaración de impotencia para quien la enarbola. Es reconocer que no puede hacer nada para influir en los destinos del país. Y en nuestra opinión hay muchísimo por hacer, en vez de esperar a militares salvadores de cualquier nacionalidad. @fanzinero (Escrito para Tal Cual el 16.05.18)