Venezuela: El juego de cartas bajo la mesa

Rafael Uzcátegui
Especial para La Silla Vacía (Colombia)

Juan Guaidó ha repetido que para solucionar la crisis venezolana “Todos los escenarios estaban sobre la mesa”. A raíz de la vinculación de sus asesores en la fallida incursión armada por la costa uno de ellos, J.J. Rendón, declaró que esa frase finalizaba con “…y debajo de la mesa también”. El incidente parece aumentar la crisis de representación del actual presidente de la Asamblea Nacional. Para superarla debe recomponer su autoridad y vinculación con todos los sectores democráticos del país.

El conflicto venezolano ha alcanzado un nivel de gravedad tal que la conmoción amenaza con erosionar definitivamente la figura de Juan Guaidó, luego de la vinculación inicial de funcionarios de su entorno con un ex boina verde norteamericano, Jordan Goudreau, que liderizó un fallido hecho insurreccional en las costas del país. La supervivencia de Guaidó no depende únicamente de su capacidad para reconstruir lo que de por sí era una frágil alianza de partidos políticos para promover la transición a la democracia, sino también su vinculación con la sociedad civil del país, que hoy debate la conveniencia o no de desmarcarse de quien ha sido designado “Presidente Interino” por la Asamblea Nacional.

Ante las dramáticas circunstancias actuales el argumento de “no dar armas a Maduro” está debilitándose como contención para inhibir la crítica pública legítima y argumentada al liderazgo opositor

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Cuarentena y separación

Rafael Uzcátegui

A estas alturas, espero, no hay que extenderse demasiado para sostener que estamos ante una emergencia que ha paralizado al mundo, desbordando la capacidad hospitalaria en países que parecían tener un sistema de atención blindado, comprometiendo los presupuestos nacionales y generando en la población todos los miedos imaginables debido a los umbrales de desconocimiento sobre el Covid-19. En el caso venezolano Nicolás Maduro y su equipo han dado un tipo de respuesta que, en este texto, no vamos a comentar en sus aspectos específicamente sanitarios (su eficacia en cuanto la prevención, preparación, contención y tratamiento), sino en su dimensión exclusivamente política.

Lo primero que queremos afirmar es que ante el Covid-19, salvo la Cuarentena y la petición de financiamiento del FMI, en su abordaje el gobierno no está tomando medidas extraordinarias, es decir, decisiones que antes no haya implementado. Lejos de entender la gravedad de la situación y convocar a todos los sectores para una respuesta como país a la enfermedad, mediante una suerte de gobierno de unidad nacional frente al Covid-19, su actuación ha repetido patrones de comportamiento existentes previo a la pandemia: Su capacidad de actuación militar, el control territorial a partir del FAES y los “colectivos”, la represión al disentimiento público, un desequilibrio entre la atención a Caracas con respecto al resto de las regiones, la opacidad informativa y la imposición de una narrativa divulgada a través de canales de comunicación hegemónicos. Todo bajo la conducción de una cúpula ligada al PSUV.

Un ejemplo de la jerarquización de las consideraciones políticas sobre las técnicas ha sido la ausencia del ministro de salud Carlos Alvarado en la vocería oficial. Esta omisión no es casual, y forma parte de un modelo de gobernabilidad que ha subestimado permanentemente el conocimiento, priorizando la fidelidad política y la obediencia cuartelaria. Sin embargo, la altura que demanda una crisis como la actual obligaría, según el sentido común, a reunir a la mayor experticia posible repartida en todos los sectores de la sociedad.

los países que lograron concertar y articular un plan entre la diversidad de sectores, a pesar de la premura y las zonas grises sobre el propio virus, no solamente van a tener mejores resultados, sino que saldrán fortalecidos como país de la crisis.

Una segunda idea, vinculada a la anterior, es que la Cuarentena -de nuevo, obviando sus connotaciones sanitarias- constituye el modelo soñado de dominación del chavismo en el poder, el cenit en su estrategia de separación de los individuos y la neutralización de sus capacidades autonómicas de actuación. La pérdida del espacio público, donde las personas se encuentran y se convierten en ciudadanos al acordar medidas para el disfrute común, tiene en la reclusión en la esfera “privada” del hogar la culminación de un mecanismo de opresión basado en la imposibilidad de las personas para la actuación colectiva. Es por esto que la respuesta al Coronavirus es la continuación, por otros medios, de la guerra del Estado chavista contra la sociedad. Y es por eso, además, que no pide el soporte de sus fuerzas vivas a una respuesta concertada a la epidemia. No es lo mismo el decreto de una Cuarentena bajo una democracia, por más imperfecta que sea, que bajo un gobierno dictatorial que usa todo lo que esté a su alcance para su propia perpetuidad. Por si no hemos caído en cuenta, las circunstancias actuales inhiben lo que eran nuestras dos herramientas de resistencia al autoritarismo: La movilización social y la atención de la comunidad internacional. La denuncia, lo último, se hace cuesta arriba por las limitaciones a la verificación de hechos y la amenaza constante de un retraimiento total por el colapso -o censura- de las redes sociales.

En la “Cuarentena social” hay actores que se fortalecerán aun más. El primero de ellos son las Fuerzas Armadas, tanto por su control del espacio territorial como por la gestión y ejecución actual de los recursos. El segundo son las organizaciones paramilitares, los “Colectivos”, que están realizando labores de patrullaje y control en diferentes partes del país y que luego del fin del estado de alarma decretado por Maduro, cuando sea que esto ocurra, se encontraran en una situación más ventajosa en torno al ejercicio del poder, como ellos lo entienden, que antes del 5 de marzo, cuando se supone que arribó el “paciente cero” a Venezuela. Un tercer sector será el propio entorno de Maduro, en litigio con otras facciones del chavismo y, por último, el sector productivo con vínculos o acuerdos con Miraflores.

Si las iniciativas actuales priorizan la invisibilidad sobre la propia contención es altamente probable que nunca sepamos el verdadero impacto del Coronavirus en nuestro país: cantidad de pruebas de despistaje aplicadas, la cantidad de personas afectadas y, finalmente, la cifra de fallecidos. Los diferentes voceros oficiales repetirán que se han tomado las medidas 1) adecuadas y 2) a tiempo, por lo que insistirán que en Venezuela el impacto del Covid-19 será menor que en otros países o similar al promedio regional. Para los peores escenarios ya viene construyendo una narrativa para responsabilizar a las sanciones financieras internacionales y lo que califica como sus aliados internos. Esta es una de las razones del porque hacen pública, entre todas las gestiones realizadas para conseguir recursos, únicamente las comunicaciones al FMI. Salvo que la crisis sea de una magnitud tal que se le escape de las manos, un escenario tan indeseado como poco probable en mi entender, la autoridad de Maduro puede salir curtida de la situación y algunas de las medidas que hoy lucen excepcionales puedan normalizarse con el paso de las semanas.

Como venezolano en aislamiento voluntario deseo profundamente que las medidas tomadas por las autoridades posean el máximo nivel de eficacia posible para contener la enfermedad. Si es más o menos estaría por verse. Pero si de algo estamos seguros, desde ya, es que los países que lograron concertar y articular un plan entre la diversidad de sectores, a pesar de la premura y las zonas grises sobre el propio virus, no solamente van a tener mejores resultados, sino que saldrán fortalecidos como país de la crisis.

(*) Sociólogo y Coordinador General de Provea

2020: ¿Año de hibernación para los venezolanos?

Rafael Uzcátegui (*)

En días recientes participamos en un ejercicio de reflexión sobre el contexto venezolano que tenía como objetivo proyectar posibles escenarios de ocurrencia. Entendiendo que todo ejercicio predictivo desde las ciencias sociales, especialmente para nuestro país, puede ser tan confiable como una consulta de quiromancia, nos atrevemos a compartir los apuntes personales que llevamos a dicha sesión.

Tendencias del año 2019:

Maduro 2020 es diferente a Maduro 2013. Su modelo de gobernabilidad se encuentra en proceso de transformación como respuesta al contexto político y económico adverso, su propia degradación ideológica y sus confrontaciones internas. Es un error continuar su interpretación como una continuación inercial de los días de Hugo Chávez.

Posibilidades de emprendimiento dependen de la iniciativa privada. El Estado, disminuida sus potencialidades financieras de promover empleo y desarrollo, se focalizará en sus capacidades regulatorias. Precarización de la situación de los empleados públicos.

Flexibilización económica por parte del gobierno para el uso de divisas e importación. Actores económicos privados tradicionales aprovecharán oportunidad de negocios, aparición de nuevos actores que redibujarán el panorama de empresas en el país. En contraposición, dicha flexibilización agudizará confrontación entre los sectores democráticos.

Año de ineludibles elecciones parlamentarias. Maduro se prepara intentando recomponer su menguada base electoral y desestimulando participación en contra. Oposición aún sin estrategia.

Liderazgo de Juan Guaidó continúa descendiendo en popularidad, aunque continúa siendo el político, tanto entre el oficialismo como de oposición, mejor valorado en las encuestas.

Crisis de representación y legitimidad de la oposición apenas está comenzando. Continuarán los enfrentamientos internos, denuncias de corrupción, tensiones sobre el inminente escenario electoral, redes sociales copadas por debate entre “radicales” y “moderados”, G-4 y otros.

Dolarización de la economía generará un nuevo tipo de exclusión dentro de la discriminación estructural del país. Quienes tengan acceso a divisas deben esforzarse para “pensar fuera de la caja -dolarizada-“ para no perder conexión con la Venezuela que dependen de ingresos en bolívares y los subsidios estatales.

Crisis migratoria continuará, pero incorporando una dimensión pendular_ venezolanos que intentan aprovechar dolarización de la economía nacional trayendo lo ahorrado de su trabajo fuera.

Elecciones en Estados Unidos y conflictos regionales, más la permanencia de una situación que parece no tener salida a corto plazo, ocasiona la perdida de protagonismo internacional de la crisis venezolana

Débiles coordinaciones sociales para el rescate de la democracia. Gremios y sociedad civil sin vocería propia en el conflicto.

Cierre de los canales pacíficos de resolución del conflicto genera condiciones para aventuras insurreccionales. Se minimiza la posibilidad de una intervención armada internacional.

Año cero de la resistencia: Situación de pesimismo generalizado y refugio de los ciudadanos en su vida privada y en las estrategias de supervivencia.

Escenarios del año 2019

Año “hibernación”. Mantener y dosificar recursos propios a la espera de acontecimientos que hagan, de nuevo, viable el cambio político.

En política: Año signado por las elecciones parlamentaria. Posibles reaperturas de mecanismos de diálogo.

En economía: Flexibilización financiera genera expectativas en sectores económicos, emprendimientos en este contexto suman para intenciones de simulación de “normalización” del gobierno y estimula fenómeno pendular de la migración.

En lo social: Internalización de posibilidad de cambio a mediano plazo, sustituyendo la percepción de “inmediatez”, modificará la estrategia de las organizaciones sociales. Pesimismo, adaptación y apatía en el resto de la población. Episodios insurreccionales.

A nivel internacional: Gobierno aprende, de la asesoría cubana, cómo trabajar con el sistema de Naciones Unidas, para ralentizar y obstaculizar mecanismos internacionales de protección a los derechos humanos. Expectativas sobre fallo en la Corte Penal Internacional en su examen preliminar a Venezuela. Proceso electoral en EEUU influirá en la política de sanciones. Si Maduro lograra, mediante un proceso fraudulento, ganar las elecciones parlamentarias, erosionará el apoyo internacional a la oposición.

(*) Sociólogo y Coordinador General de Provea

Lo que uno hace es el discurso

Rafael Uzcátegui

En el sugerente texto “Se la narrativa. Cómo cambiar la narrativa podría revolucionar el activismo en derechos humanos”, Krizna Gómez y Thomas Coombes dan algunas ideas para enfrentar la retórica populista, que desde Estados Unidos pasando por Turquia, India, Rusia y Venezuela, está haciendo retroceder a los valores que le daban sustento a la dignidad humana. Si bien su reflexión esta focalizada a los activistas de ONG, los planteamientos pueden ser de utilidad para todo el actual movimiento democrático venezolano, ante la ausencia de una promesa de futuro que sea más atractiva y seductora para las mayorías que los delirios emanados desde el bolivarianismo. En una conceptualización que comparto, entienden a los populismos como aquellos procesos políticos con dos componentes fundamentales: Su antipluralidad, promoviendo la discriminación como cemento de construcción para su base de apoyo, y en segundo término, basan su actuación en una supuesta confrontación contra unas “élites” definidas por el líder carismático, responsables de todo lo malo que sucede en el país.

¿Cómo se enfrentan a los populistas? En primer lugar, comprendiendo sus estrategias. Gómez y Coombes las han agrupado en tres tipos principales: Controversia, crisis y conflicto. “Los populistas prosperan en la controversia -afirman- porque es en tales entornos donde exageran su importancia: una mano firme en medio de la confusión y las proyecciones inciertas sobre el futuro. Además, al promover la confusión en la imaginación del público, distraen la atención sobre el propio incumplimiento de sus promesas”. La crisis, real o inventada -aseguran-, real es un mecanismo de cohesión de sus seguidores detrás de la autoridad incontestable del caudillo, funcional a la derogación de derechos y persecución a la disidencia. Por último, sobre el conflicto, apuntan: “Los populistas modelan su identidad como una oposición a algo o alguien”. A diferencia de los autoritarismos y dictaduras del pasado, que aspiraban a la eliminación física de sus adversarios, los populistas modernos necesitan la existencia de ese “otro”, en cuyo antagonismo se justificarán las medidas excepcionales -que terminan por convertirse en permanentes- para perpetuarse en el poder.

Para enfrentar narrativamente estas estrategias proponen responder a cada uno con un valor opuesto: la controversia con la cultura, la crisis con la cooperación y la reconstrucción de la comunidad al fomento del conflicto. En vez de reaccionar automáticamente a los mensajes populistas, aconsejan crear sus propios marcos de mensajes alternativos, pues la refutación en sus mismos términos, por ejemplo “los defensores de derechos humanos no son imperialistas”, significa reforzar el concepto mismo de ser manejado por intereses foráneos, dejando la sospecha en el aire, precisamente el objetivo de las salas situacionales populistas.

¿Cómo se construyen este tipo de mensajes? Para iniciar entendiendo el componente lógico y subjetivo de las personas: “Los seres humanos entienden el mundo que los rodea a través de una combinación de pensamiento emocional y racional, pero la ciencia del cerebro nos muestra cada vez más que el pensamiento emocional subconsciente es el más dominante de los dos, incluso en dominios racionales como la ley (…) Si pensamos que estamos usando un lenguaje neutral, científico o legal, nuestras palabras pueden ser interpretadas por otros de la manera que nosotros no esperamos”.

Seguidamente explican los componentes de la vocería pública, que deben tomarse en cuenta para la elaboración de un contradiscurso al populismo: Historias, narrativas y marcos. Las historias serían cómo se cuenta un momento o evento específico. Cuando se repiten, las historias comienzan a formar una narrativa consistente. Por su parte, una narrativa sería “La forma en que los eventos o historias se conectan y presentan para formar una nueva creencia, una comprensión de “sentido común” de lo que está sucediendo”. Finalmente, un marco serían las “Palabras, imágenes, metáforas u otros desencadenantes que hacen a la audiencia interpretar una historia a través de una cierta narrativa”. Cuando las personas encuentran nuevas ideas, información, historias o experiencias, los interpretan usando los marcos narrativos existentes que esos estímulos activan en su cerebro. Estos marcos se encuentran en las mentes de nuestra audiencia si los activamos consciente o inadvertidamente. Como el estratega político Frank Luntz escribe: “Puedes tener el mejor mensaje del mundo, pero la persona que lo recibe siempre lo entenderá a través del prisma de sus propias emociones, preconceptos, prejuicios y creencias preexistentes”.

Como lo dejan suficientemente claro en el documento, no se sugiere que formular un lenguaje políticamente correcto, o conseguir eslóganes viralizables, transformará mágicamente la realidad: “Mostrar es mucho más poderoso que contar. Lo que uno hace es la narrativa, lo que uno dice es simplemente el intento de enmarcarlo”, indican. ¿El movimiento por la democracia en Venezuela está prefigurando, aquí y ahora, el modelo de sociedad que desea para el futuro? La fragmentación y luchas intestinas actuales sugieren lo contrario. Los gremios y organizaciones de la sociedad civil pudiéramos comenzar a revertir la separación, la principal victoria de la dictadura madurista, si comenzamos a ejercitarnos en la reconstrucción del sentido de pertenencia a la comunidad “Venezuela”, la promoción incesante de la cooperación y las experiencias culturales compartidas pudieran comenzar a sanar las fisuras que el daño antropológico ha creado en el tejido asociativo que posibilita una actuación política, en sentido amplio, común por el cambio.

Sociólogo y Coordinador General de Provea

El daño antropológico a los venezolanos

Rafael Uzcátegui (*)

Los amigos jesuitas ligados al Centro Gumilla, en la búsqueda de una categoría que pueda sintetizar la situación actual de los venezolanos, han utilizado “daño antropológico” para describir la profundidad de su deterioro. La frase no es original, pues ha sido desarrollada en Cuba para precisar la profundidad de la intervención estatal en las relaciones sociales y la psiquis de sus habitantes.

Raúl Fornet-Betancourt afirma que hay un daño antropológico cuando además del deterioro en los órdenes social, político y cultural existe, fundamentalmente, un daño a la condición humana como tal. Una lectora de nombre Nora publicó, en la columna de opinión del periódico uruguayo El País, que “Se habla de daño antropológico cuando la persona deja de sentir aprecio por su propia vida, cuando pierde la conciencia de sí misma como obrera de su destino y se abandona a los dictámenes con que la someten fuerzas de dominación obligándola a hacer y pensar de una manera dirigida. Más aún, cuando se la obliga a dejar de pensar”. Por su parte, cavilando sobre su propia experiencia, Dagoberto Valdés Hernández lo ejemplifica como el cubano al que le han bloqueado una gran parcela de su libertad interior y que ve sistemáticamente suplantada su responsabilidad individual por el paternalismo de Estado, transformándose en un perpetuo adolescente cívico. “Sufre un bloqueo -asegura-, el peor de todos, que es el embargo de proyectos de vida independiente sin los que se desmigaja el alma humana y se fomenta un desaliento existencial”. Por su parte Francisco Javier Muller citando el libro de Luis Aguilar León, “Cuba y su futuro”, agrupa 6 tipos de daños antropológicos específicos: 1) El servilismo, 2) El miedo a la represión, 3) El miedo al cambio, 4) La falta de voluntad política y de responsabilidad cívica, 5) La desesperanza, el desarraigo y el exilio dentro del país (insilio) y 6) La crisis ética.

En su adaptación a nuestro contexto los pensadores del Gumilla han orbitado en torno a la implosión del proyecto de vida de la mayoría de los venezolanos, de cómo su manera de ser, estar y proyectarse en el territorio se ha trastocado irreversiblemente para mal.

Sobre este asunto la diferencia entre Chávez y Maduro es que el primero focalizó la extensión del daño a sus adversarios, instaurando la discriminación como política de Estado, mientras el segundo “socializó” el daño antropológico a toda la población, incluyendo a sus propios seguidores. Y esto lo descubren amargamente la quinta oleada migratoria compuesta por funcionarios y militantes del chavismo, o funcionarias como Alejandra Benitez tuiteando sobre la evaporación de sus sueños como consecuencia del aislamiento internacional de la dictadura. El resto del país, la mayoría, ha enterrado sus ensoñaciones en las profundidades del congelador.

No solamente los destinos individuales han sido trastocados, sino la propia imagen que los venezolanos tenían de sí mismos, su identidad, los referentes que le daban sentido como país. El chavismo demolió la historia, colocando en su lugar no el “hombre nuevo” sino una gran desolación. Conversando con Margarita López Maya concluíamos que una tarea urgente, de tantas pendientes, es la reconstrucción de la memoria -en mayúsculas y minúsculas- para intentar verter contenido en ese gran signo de interrogación de cuál será el imaginario de los venezolanos de la transición. A falta de una narrativa, poder comenzar el trabajo desde los márgenes, con tres imaginarios que, aun con todo lo que ha pasado, pudieran convocar a los nacidos en esta ribera del Arauca tricolor: La memoria deportiva, la memoria gastronómica y la memoria musical.

A diferencia de los topos del Arco Minero, apenas estamos excavando en la superficie de la extensión y profundidad de la ruptura de nuestro tejido asociativo. Pero la contemplación y el discernimiento deberán ir aparejados de la propuesta y la acción. A pesar del retroceso del pensamiento académico y el exilio de la mayoría de los intelectuales. Y con todo el debilitamiento de la sociedad civil y la casi desaparición de los hilos subterráneos de apoyo mutuo.

(*) Coordinador General de Provea

Eficacia y legitimidad en el asalto a la Asamblea Nacional

Rafael Uzcátegui (*)

Los recientes hechos ocurridos alrededor de la Asamblea Nacional pueden leerse como parte de los ataques del gobierno de Nicolás Maduro contra los actores sociales independientes del país, bajo la estrategia que César Rodríguez y Krizna Gómez describieron en su texto “Encarar el desafio populista” (https://www.dejusticia.org/wp-content/uploads/2018/04/Encarar-el-desaf%C3%ADo-populista-WEB.pdf): el socavamiento de dos de sus pilares de actuación fundamentales: Su eficacia y legitimidad.

Estos dos investigadores han documentado los ataques contra los defensores de derechos humanos en diferentes partes del mundo bajo gobiernos y movimientos populistas, encontrando patrones similares para países como Estados Unidos, Hungría, Rusia, Filipinas, India y Venezuela, que no pudieran agruparse bajo la –cada vez más caduca- perspectiva izquierda versus derecha: “los gobiernos populistas han estado aprendiendo entre sí –afirman- hasta el punto que se han realizado ataques iguales en países de distintas regiones”.

Efectivamente, un actor político o social basa sus actuaciones en el logro de objetivos, la eficacia, y la valoración del resto de los actores y sus bases de apoyo, la legitimidad. En el caso de la Asamblea Nacional conformada mayoritariamente por la oposición, en la erosión de estos dos aspectos se pudieran resumir los ataques que comenzaron el propio mes de diciembre de 2015, hasta el cénit del pasado 5 de enero de 2020. Y esto ha sido así por el poderosos mensaje que se transmitió aquel diciembre: por primera vez de manera indiscutible, los antagonistas al bolivarianismo se transformaron, con dos millones de votos de margen, en mayoría electoral y social del país. El 11 de diciembre Venezuela experimentó la sensación que era cuestión de tiempo, mediante los mecanismos de participación político-electoral que seguían, de promover un cambio en el país. Esto alentó a Nicolás Maduro al abandono de la simulación democrática y transformar a su gobierno en una dictadura del siglo XXI. Revertir lo que había pasado, a toda costa, no sólo tenía el componente simbólico y político del ejercicio del poder de manera omnímoda. Como está previsto en la Constitución, aprobada por el propio Hugo Chávez en 1999, cualquier contrato con un tercero debe contar con la aprobación de la mayoría parlamentaria. La profundización de la emergencia humanitaria compleja y las sanciones individuales y financieras contra Venezuela resintieron la imposibilidad de conseguir nuevos financiamientos debido a este veto.

El primer gran ataque contra la eficacia de la Asamblea Nacional fue la calificación de “en desacato” por parte del controlado Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), a pesar de las gestiones formales de los diputados, relativas a los parlamentarios de Amazonas, para dejar de ser calificados de esa manera. Luego vino el ahogo presupuestario, los constantes asedios de fuerzas del chavismo –tanto los grupos de civiles armados como de fuerzas policiales y militares- a los días de sesiones, la neutralización de los parlamentarios más carismáticos mediante la persecución y el exilio, el bloqueo informativo por parte de la hegemonía comunicacional estatal. las reiteradas decisiones adversas sobre su actuación, el hecho legislativo propiamente dicho, por parte del TSJ y, finalmente, la creación irregular de un órgano paralelo, la Asamblea Nacional Constituyente, sacrificando con ella el último valor simbólico positivo que le quedaba al chavismo: La Carta Magna de 1999. Paralelamente se desplegaron los frentes de ataque a su legitimidad, tanto como poder institucional independiente como a sus integrantes. La primera fue el retiro en masa de los parlamentarios oficialistas, dando contenido a la versión que sólo representaba a un sector del país y cuyas líneas de actuación eran decididas en otro lado del mundo. Seguidamente por una paciente generación de condiciones para que diputados, con o sin resistencia, se incorporaran a la fabulosa maquinaria de corrupción y enriquecimiento súbito creado por el chavismo realmente existente, para luego ser debidamente ventilado en la opinión pública. También debemos incluir los esfuerzos oficiales en agrandar las contradicciones internas de la oposición, que han incluido la utilización de bots para sobrerepresentar matrices de opinión en redes sociales.

Este escenario contó con un ingrediente adicional luego de la fraudulenta elección presidencial de mayo de 2018 y la transformación de Nicolás Maduro, el 10 de enero de 2019, en un presidente de facto. Juan Guaidó logró recomponer la crisis de representatividad –aunque fuera circunstancialmente- de los sectores opositores, tanto a nivel internacional como local. El apoyo de una cincuentena de países y las multitudinarias movilizaciones simultáneas en más de 25 lugares de Venezuela durante enero y febrero de 2019, focalizaron los esfuerzos en dinamitar la eficacia y la legitimidad del propio Guaidó. Otra discusión es que tanto sumaron sus propios errores e improvisaciones para materializar el anunciado “cese de la usurpación”, lo cierto es que su figura no sólo unificó durante los primeros meses del año pasado a la mayoría de las bases democráticas del país sino que también personalizaron los ataques del autoritarismo.

Al intentar cuestionar su figura como presidente de la Asamblea Nacional –que genera más apoyos internacionales e institucionales que la de “presidente encargado”, aunque una sea consecuencia de la otra-, Maduro intenta implosionar su legitimidad. Al imponer una junta directiva sin él, que simule ser de oposición y sea cercana a los deseos de Miraflores, su eficacia. Por otra parte, siguiendo el razonamiento en términos de eficacia y legitimidad, los autoritarios pueden pagar un alto costo político a cortísimo plazo matizado luego por la liberación de presos políticos y, especialmente, por decisiones que anuncien la realización de elecciones parlamentarias, en un momento en que ha aumentado la desconfianza ciudadana en la posibilidad de una solución institucional a la crisis venezolana.

La existencia de tres Asambleas Nacionales, contando la Constituyente, ha variado el escenario sociopolítico en momentos de gran incertidumbre, donde la única certeza es el agravamiento de la crisis económica y la salida forzada de los venezolanos que no puedan participar en el naciente espectro dolarizado del país. A todos los gremios nos tocará pensar como ser más eficaces y legítimos en estas circunstancias, especialmente al liderazgo político, donde las decisiones y estrategias sean consecuencia del mayor de los consensos y consultas posible. Cómo enfrentar a una dictadura ha sido un aprendizaje de todos, y aunque todavía estemos encontrando el camino para ser más eficaces, la ausencia de victorias parciales o totales no harán mella de nuestra legitimidad, todo lo contrario.

Un comentario final con una alegoría histórica. ¿Tenía sentido, en julio del año 2000 en el Perú bajo dictadura, dedicar los mismos esfuerzos para cuestionar la figura de Alejandro Toledo y la de Alberto Fujimori? ¿Era eficaz -para quien deseaba regresar a la democracia- el atacar la convocatoria de la movilización de los “Cuatro Suyos” ese mes, liderizada por quien luego sería presidente del Perú, debido a que no se tenía la identidad política “toledista”? En ese contexto, de autoritarismo extremo, graves violaciones a los derechos humanos y ausencia de instituciones al servicio de la ciudadanía, ¿era pertinente en ese preciso momento –aunque una bola de cristal nos revelara el destino del economista y político peruano- la consigna “Ni Fujimori ni Toledo”?

(*) Coordinador General de Provea

Rafael Iribarren: “Ser de izquierda o no serlo no pasa por definirse frente a Chávez”

Iribarren

A propósito del reciente y lamentable fallecimiento de Rafael Iribarren, desempolvamos la entrevista que le realizamos en el año 2003 cuando intentamos sondear las opiniones de intelectuales de izquierda independiente. En esa época la composición de la “izquierda crítica” es muy diferente a lo que es hoy, tiempos en que muchos avalaban el proyecto bolivariano y otros eran funcionales a lo que se llamó Coordinadora Democrática”. Iribarren no se identificaba en ninguno de estos bandos. Que la tierra le sea leve.

“SER DE IZQUIERDA O NO SERLO NO PASA POR DEFINIRSE FRENTE A CHÁVEZ”

Rafael Iribarren se define a sí mismo como un sobreviviente. Su filiación a la disidencia no es un asunto nuevo. Dirigente estudiantil y presidente del Centro de Estudiantes de Arquitectura ucevista en tres oportunidades, sus primeras filiaciones con la teología de la liberación lo hacen encabezar un movimiento de izquierda cristiana dentro del Partido Socialcristiano COPEI. “Fuimos nosotros quienes trajimos a Camilo Torres a Venezuela editando sus mensajes. Tuvimos tres conferencias con él”. En 1975 bajo la acusación de “comunista” es expulsado de la tolda verde. Luego forma el GAR (Grupo de Acción Revolucionario) junto a Domingo Alberto Rangel, un grupo marxista-leninista. “Nosotros le dimos al país el primer alcalde de izquierda electo, en Juan Griego, Margarita. El Culi Cesar González. Teníamos un trabajo fuerte en Carabobo, en el Pedagógico”. Luego de una década de activismo, Iribarren tiene una participación fugaz de 6 semanas en el segundo mandato de Caldera. Luego de estar en el vientre del Poder, se da cuenta de la imposibilidad de un cambio desde adentro. Actualmente forma parte de un grupo de opinión pronta a editar una publicación periódica de reflexión política. 

– ¿Qué implicaciones desde el punto de vista político y económico va a tener para Venezuela el desenvolvimiento del conflicto Irak-Estados Unidos? 

– En la guerra de Irak queda Chávez desnudo desde el punto ideológico y político. Hablo de ambivalencias y contradicciones profundas. Realmente Chávez no implica una gestión nacionalista y mucho menos antiimperialista. Su confrontación con sectores empresariales o aquellos que el ha llamado la oligarquía, que son algunos sectores del empresariado nacional, corresponde con su estrategia de abrir el país y favorecer la desnacionalización del capital y de los activos nacionales. El caso más emblemático fue el de la Electricidad de Caracas una empresa delictualmente gestionada desde hace muchos años. A partir de estas condiciones fue objeto de una oferta pública nacional que permitió que una transnacional se apropiara de ella con el beneplácito y apoyo del gobierno de Chávez. El salió felicitando y presentando ese hecho como una demostración de que realmente el sector capital internacional venía a Venezuela, etc. Ese capital transnacional no ha tenido en Venezuela ningún problema y la posición de Chávez ha sido simplemente declarativa, lo cual tiene un sentido político, pero es contrastante con la concreción de sus políticas. Los intereses norteamericanos nunca han estado en riesgo con Chávez, ni lo van a estar. ¿Qué pasa con Irak?. Chávez fue el primer jefe de estado que visitó a Sadam Hussein. Y aun cuando se haya pretendido que el petróleo no es un arma política, realmente lo es. La reconstrucción de la OPEP tuvo una acción evidentemente política y se inscribió en la perspectiva que supuestamente correspondía a la multipolaridad mundial, de la creación del nuevo polo para lo cual tuvo una captación de unos Estados absolutamente reaccionarios y retrógrados que no tenían absolutamente nada que ver con la revolución ni nada que se le pareciera. El estuvo allá, cosa que no fue ni mala ni buena pero que podía ser interesante. Pero a la hora de la chiquitica cuando se le pone contra la pared resulta que él no pasa de un cuestionamiento de la guerra, de una denuncia de lo que esta pasando. Incluso menos contundente que la de Chirac, la de Putin y la de muchos otros jefes de Estado. Pero paralelalemente no sólo se le sigue dando combustible a Estados Unidos sino que se hace un esfuerzo inmenso en elevar la capacidad petrolera cuyo cliente, cuyo comprador fundamentalmente, es los Estados Unidos. Incluso frente a una reticencia de los volúmenes de compra del petróleo, que querían hacer para los efectos de sus reservas estratégicas, Venezuela recurrió a negociaciones con empresas que intermediarias que tenían que recibir la autorización del gobierno norteamericano para comprar ese petróleo destinado a las reservas estratégicas de los Estados Unidos. ¿Qué significa eso?. Bueno que a pesar de la supuesta vinculación e identificación de Chávez con Hussein, nosotros estuvimos alimentando la maquinaria de guerra con nuestro combustible.

La palabra militancia hay que revisarla, eso de formar parte de una estructura para formar cuadros ya no sirve. Lo importante ahora es la formación de redes.

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