2021: ¿El año del “cuento chino”?

Rafael Uzcátegui

Lamentablemente, el año 2021 será de malas noticias en materia económica, lo que estimulará el flujo migratorio caminante hacia nuestros países vecinos. Nicolás Maduro continuará teniendo problemas de flujo de caja, aumentados por el impacto de las sanciones, lo que continuará empequeñeciendo lo que alguna vez fue una importante red clientelar aceitada con dineros públicos. No obstante, hay que desechar la ilusión que la crisis económica puede tumbar gobiernos. Miraflores aun cuenta con cierto margen de maniobra para mantener a flote el autoritarismo. Creemos que una gran posibilidad será estimular, progresivamente, una economía de libre mercado sin libertades políticas, lo que algunos han denominado “el modelo Chino”.

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Enjambre democrático

Rafael Uzcátegui (*)
Especial para Tal Cual

El agotamiento del conflicto hace muy difícil que se repita el escenario de enero de 2019, donde una gran cantidad de venezolanos aceptaron un liderazgo y siguieron una estrategia, el mantra de tres pasos. Si la dispersión hoy es inevitable, tenemos que pensar cómo lidiar con ella para continuar con la ofensiva democrática durante el 2021, donde a todos los problemas que ya teníamos hay que sumar los del impacto del Coronavirus. Para pensar sobre este desafío proponemos la idea del “enjambre”.

En el momento en que este artículo se escribe el campo democrático venezolano se encuentra en su peor momento de división y confrontación interna. Como hemos insistido en otros textos, es precisamente esta la estrategia del autoritarismo para mantenerse en el poder: Fortalecerse en tanto sus oponentes se fragmentan y debilitan.

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“Vaca Sopa”, un libro electrónico en solidaridad con Mina Vivas

Por iniciativa de la gente amiga del Grupo Antroposabores, se ha lanzado este libro digital con el propósito de recaudar fondos para que Mina Vivas prosiga en su tratamiento de quimioterapia contra el cáncer de seno

Ya Mina pasó con éxito la intervención quirúrgica requerida, la cual fue posible de realizar gracias a la solidaria respuesta a la campaña de recaudación de fondos impulsada con tal motivo. Ahora está en un proceso que es largo y costoso, por lo cual cuanto pueda recaudarse para ayudarle en esta circunstancia es más que bienvenido. En tal coyuntura, se presenta la iniciativa de Antroposabores, donde un grupo de personas calificadas en el área gastronómica ha cedido solidariamente en favor de Mina una muestra de sus saberes culinarios en forma de este libro electrónico.

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Las parlamentarias fuera de la caja

Rafael Uzcátegui
Especial para Tal Cual

En los últimos días la discusión sobre las elecciones parlamentarias dentro de Venezuela ha subido de temperatura, amenazando con aumentar la fragmentación que ya existe dentro del campo democrático. Entendiendo que precisamente esta separación es uno de los objetivos del autoritarismo para mantenerse, las siguientes líneas intentan pensar “fuera de la caja” para ofrecer elementos adicionales que nos permitan superar, con los menores traumas posibles, un escenario donde el gobierno tiene todas las posibilidades de salir fortalecido, en tanto sus contrarios continúen debilitándose en el camino.

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8 cavilaciones ciudadanas sobre las parlamentarias

Rafael Uzcátegui
Especial para Tal Cual

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No hay que equivocarse: El principal promotor del abstencionismo en Venezuela es el gobierno de Nicolás Maduro. Al ser una minoría social y electoral, la única manera de ganar elecciones, sin realizar un fraude de los resultados -que deja evidencias y tiene un alto costo político- es desestimular a que los votos en contra sean finalmente depositados en las urnas. Esta formula ya ha sido aplicada en los dos últimos certámenes electorales y ahora está en pleno refinamiento.

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Opinión: Tu amigo Trump

Mi amigo Clifton Ross me comentó que le había costado conseguir quien publicara su traducción al español de su artículo “Your friend Trump”. Así que le brindo este modesto espacio en el blog, para que su voz sea leída por algunos o muchos venezolanos.

Clifton Ross

Imaginen mi sorpresa al escuchar que a los padres de mi amigo venezolano les gusta Trump. Yo supongo que “la distancia hace crecer el cariño” pues por muchos años Chávez tuvo el mismo efecto en mí. Y ya que estamos en aforismos trillados pero verdaderos, hablemos de “la familiaridad genera desprecio”. Esta es otra manera de decir lo mismo: las utopías, los héroes y las montañas siempre parecen más bellas de lejos.

Me tomó años, casi una década, de hecho, reconocer en Chávez todos los rasgos desagradables que siempre he visto en Trump: la flojera intelectual, la arrogancia, la “superioridad moral”, el narcisismo; el payaso que necesita atención; la admiración por dictadores y autócratas, que siempre indica hambre de poder; y la tolerancia hacia la corrupción, que muestra laxitud moral y corrupción personal. En efecto, es casi como si Chávez hubiese sido el prototipo para Trump, como si aquel fuese el molde para la persona de Donald Trump, su imagen invertida, la versión izquierdosa del hombre que hoy ocupa la Casa Blanca.

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Venezuela: Indígenas en días del chavismo

Rafael Uzcátegui
Especial para La Silla Vacía

A pesar de la propaganda, los indígenas venezolanos sufren graves retrocesos de sus derechos sociales y políticos en la Venezuela bolivariana. Quienes teóricamente son sus aliados regionales, parecen que están mirando hacia otro lado.

A mediados del año 2010 quien escribe estas líneas tuvo la oportunidad de corroborar en el terreno una denuncia sobre contaminación en territorio indígena Kariña, estado Anzoátegui. Contextualicemos. Según el Censo 2011 la población indígena venezolana, con 724.592 integrantes, representaba el 2.7% del total de la población del país. Los Kariñas, quienes habitan básicamente los estados Anzoátegui. Bolívar y Monagas constituían el 4.7% del total de población indígena, alrededor de 33.824 personas. En Anzoátegui vivía casi la mitad, unas 16.686 personas, concentradas en la Mesa de Guanipa, Municipio Pedro María Freites, en caseríos como Bajo Hondo, Mapiricure, Kashama y Tascabaña. Precisamente en este último habían ocurrido los hechos.

Desde el año 2000 los Kariñas de las comunidades Tascabaña I y Tascabaña II notaron que del río del mismo nombre empezaron a emanar torrentes de burbujas de gas metano, que con el paso del tiempo se hicieron más fuertes. Si bien los escapes gaseosos son producto de la actividad extractiva energética, no existía consenso sobre su origen. Una versión apuntaba que eran consecuencia de la exploración, durante la década de los 40, de 35 pozos en la zona cuya responsabilidad recaería en las concesionarias de la época: Exxon Mobil y Texaco. Otra sostenía que la aparición del problema era más reciente. En 1999, según, Pdvsa perforó pozos cerca de la comunidad, los cuales posteriormente fueron sellados pero que con el tiempo ocasionaron la fuga. A pesar de las denuncias ninguna autoridad se había hecho responsable. No se habían realizado los estudios de impacto ambiental que midieran la magnitud del problema ni las posibles consecuencias, tanto para el medioambiente como para la salud de los indígenas.

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¿Por qué permanece el chavismo? Una pregunta sin respuesta

Rafael Uzcátegui
Especial para Tal Cual

Es una pregunta frecuente de analistas internacionales: ¿Por qué ha aguantado tanto el chavismo en el poder? Luego de perder el apoyo popular, ser rechazado por amplios sectores de la comunidad internacional, ser objeto de sanciones financieras e individuales, disipado el soporte de buena parte de sus aliados y estar inmerso en una crisis económica que ha limitado su capacidad de actuación, las respuestas siguen siendo incompletas e insatisfactorias. Quienes intentan hallarlas, siguen enfrentando zonas grises de la realidad que no logran descifrar del todo.

Una interrogante análoga es ¿Por qué el chavismo se empeña en aferrarse en el poder? Salvo sus fanáticos opuestos a la evidencia, el “Socialismo del Siglo XXI” se ha convertido en la vergüenza del progresismo, el tema tabú de publicaciones y tertulias ñangaras, aquello de lo que ya no se habla, salvo en voz baja. El bolivarianismo no será lo que sus intelectuales creyeron en el 2002, los días de furia en que cualquier delirio teórico parecía posible. Lo que realmente se construyó son las palizas con tablas, la asfixia con bolsas de plástico y las descargas eléctricas en los párpados y en los genitales, como documentó el más reciente informe sobre Venezuela de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

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Salvar al movimiento o salvar al líder

Rafael Uzcátegui
Especial para Tal Cual

Los venezolanos no sólo hemos aprendido a convivir con la pobreza y la migración forzada, desconocida para el país petrolero de renta media que éramos, sino también a lidiar con la ausencia de democracia y la instauración de un gobierno que busca mantenerse en el poder indefinidamente. Si bien ya era un desafío el enfrentarse a un fenómeno político como el populismo bolivariano, la complejidad se elevó exponencialmente cuando decidió transformarse en una dictadura. Aunque no todo han sido desaciertos, la perplejidad de las oposiciones, para conjugarlas en plural, no ha permitido la eficacia necesaria para viabilizar el cambio político en el país.

Como se ha argumentado en otras oportunidades, desde la desaparición física de Hugo Chávez, pero especialmente a partir de diciembre del año 2015, cuando el oficialismo se transformó cuantitativamente en una minoría electoral y social, el conflicto venezolano dejó de ser ideológico y de clases. Lo que pasaremos a llamar el “campo democrático”, más por confluencia forzada que por estrategia, pasó a ser tan diverso como el país, con todos los matices que usted pueda imaginarse: Desde el chavista militante desencantado con Nicolás Maduro hasta, por llamarlo provocadoramente, el escualidismo radical originario. Todos, a su manera, abogaban por una transformación en el estado de las cosas. Y cada quien, desde su propia lógica -que uno puede compartir o no, pero esa es otra discusión- hicieron lo que estaba a su alcance para promoverla, bajo el convencimiento que era lo mejor para la nación.

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Venezuela: Un peor escenario

Rafael Uzcátegui (*)
Especial para Tal Cual

Es prematuro decidir si se participa o no en unas próximas e hipotéticas elecciones parlamentarias. Pero hay que estar absolutamente claro que, en el caso que no se haga, estaremos en una posición más precaria que la actual para alcanzar la posibilidad de una transición a la democracia.

Mientras escribo estas líneas semanales para Tal Cual, venezolanos en todas partes del país llevan más de 20 horas en colas, intentando abastecerse de gasolina para sus vehículos, luego de los anuncios realizados por Nicolás Maduro sobre la distribución del combustible iraní. En diferentes ciudades, pero también ya en Caracas, hay interrupciones recurrentes y no programadas del servicio de agua y electricidad. Bajo confinamiento, aproximadamente 11 millones de venezolanos se quedaron sin su principal fuente de entretenimiento: Directv. El aumento de la curva de contagio de casos sugiere que estamos entrando en la fase de transmisión comunitaria del Coronavirus, que según las proyecciones de la Academia de Ciencias pudiera tener un pico de entre 2.000 a 4.000 casos al día a partir de este mes de junio. Amplias franjas de la población no cuentan con ingresos suficientes para poner lo mínimo indispensable en la mesa de sus hogares, por lo que están obligados a desafiar la cuarentena para intentar percibir algún dinero adicional. La crisis de servicios básicos: agua, electricidad, gas doméstico entre otros, ocasiona que no se puedan cumplir las normas elementales de higiene y seguridad bajo pandemia. Por otra parte, el estado de alarma se utiliza para aumentar los mecanismos de control sobre los venezolanos, incrementando la censura y la persecución, acabando con los resquicios de libertad que quedaban. Mientras el resto del mundo celebrará el dejar atrás la pandemia, en Venezuela seguiremos lidiando con la ausencia de democracia, el aumento de la pobreza y el reinicio de la peor crisis migratoria de la región en las últimas décadas.

El idioma castellano parece limitado en los adjetivos que pudieran describir, en una sola palabra, la profundidad y extensión del daño antropológicos a los venezolanos. Pero si este escenario de por sí es dantesco, todavía pudiera ser mucho peor. Y para darles un ejemplo próximo y concreto, lo invito a imaginarse una Venezuela en la que el gobierno de facto controle la mayoría de la Asamblea Nacional. No la Constituyente ni el parapeto de Luis Parra, sino la legítima Asamblea Nacional que en diciembre de 2015 fue ganada por la oposición con más de dos millones de votos sobre el chavismo.

Seguramente usted, como muchos otros venezolanos, se estremece cuando escucha hablar de elecciones. Luego que Nicolás Maduro consiguió una fórmula para ganarlas siendo minoría, como ocurrió en mayo de 2018, se ha erosionado la capacidad institucional del sufragio para expresar la opinión soberana de la población. Y por otro lado, quizás se contó entre las personas que cultivó expectativas, que luego se fueron desinflando progresivamente, sobre la posibilidad que el poder legislativo sirviera de contención a la deriva dictatorial del gobierno. Estas dos dimensiones no pueden obviarse de cualquier estrategia para defender el bastión institucional que significa hoy la Asamblea Nacional para el proceso de transición a la democracia. Pero reconociendo estos desafíos también hay que reconocer que el amplio respaldo internacional que posee Juan Guaidó, como presidente interino, deriva precisamente de su rol como presidente del hemiciclo parlamentario. Sin ese piso institucional ese apoyo se reducirá significativamente. Y los partidos políticos democráticos quedarán en una situación mucho más precaria que la de ahora.
Un segundo elemento a considerar es el político-simbólico. Tras unas elecciones amañadas, Maduro obtiene más votos sobre los candidatos no oficialistas que le permita asegurarle al mundo que la mayoría alcanzada por el cambio democrático, en diciembre de 2015, fue perecedera y circunstancial. Se evaporaría así nuestro principal dato cuantitativo -tan necesarios como los apelativos principistas y morales- para argumentar que el deseo de cambio en Venezuela es masivo y extendido. Con una Asamblea Nacional a su favor la dictadura se fortalecerá, aprobando leyes a su favor, como la de la explotación intensiva del Arco Minero del Orinoco, por citar solo un caso.

Mantener la mayoría de la Asamblea Nacional no significará mantener inequívocamente el escenario actual. Haciendo una lectura en positivo la posibilidad para que el campo democrático exprese una opinión sobre la propia conducción de la oposición y si su liderazgo, tal y como está expresado el día de hoy, necesita preservarse o modificarse, continuar o corregir el rumbo.
En este momento no tengo respuestas ni propuestas de como debiera defenderse el bastión institucional democrático de la Asamblea Nacional. Lo que si estoy seguro que controlada la pandemia, realmente, el centro de la disputa política será el control del hemiciclo parlamentario, que con alta probabilidad pasará por la convocatoria a un proceso electoral, en condiciones que estarían por definirse. Estas circunstancias están por definirse, y habrá que luchar intensamente por tener algunas condiciones democráticas para la participación ciudadana. Por ahora pongamos todas las cartas sobre la mesa -no debajo de ella- para saber que nos estamos jugando, para que cualquier decisión sea tomada con absoluto conocimiento de causas y consecuencias.

(*) Sociólogo y Coordinador General de Provea

La política de reiniciar el decodificador (y esperar)

Rafael Uzcátegui (*)
Especial para Tal Cual

Ese lunes, cuando los venezolanos en cuarentena amanecimos sin Directv, el principal entretenimiento para 11 millones de nosotros, durante las primeras horas un mensaje se viralizó por los agitados foros de Whatsapp. Yo ya había tuiteado que mi madre, con sus setenta y tantos años, me había llamado transformada en un mar de lágrimas por la súbita ausencia de quien consideraba un miembro más de la familia. Y varios bienintencionados me copiaron, por privado, aquel texto. Como una tabla de salvación en aquel Titanic sobrevenido, el mensaje aseguraba que, si se desenchufa el decodificador de Directv por 5 minutos, se volvía a conectar, se esperaba por su reinicio y, listo, “tendrán nuevamente el Directv activo con todos los canales menos los locales”. Mi amigo Luis Francisco Cabezas, que es un avión para las ocurrencias, respondió en uno de los chats: “Me disculpan, pero eso es como si le rezaran una novena al decodificador, hay una decisión tomada y entrará en curso”. Obviando lo cándido, el anhelo me recordaba el voluntarismo mágico, esa particular cultura cimentada en Venezuela como consecuencia de la renta petrolera, donde se espera que, sin mayor esfuerzo -salvo desearlo con frenesí-, las cosas se resuelvan por sí solas.

Un ejemplo del voluntarismo mágico lo encontramos en la estrategia de “la mayor presión posible” que, un sector de la oposición promueve por estas fechas, a la espera que el Coronavirus haga lo que ellos no han podido. Para hablar sobre ello, nos referiremos al artículo “La gasolina y el Estado fallido en Venezuela”, que el Procurador General del gobierno interino, José Ignacio Hernández, publicó en el portal “La gran aldea”.

El propósito del texto es polemizar con quienes han planteado, bajo el escenario del Coronavirus en el país, la necesidad de un acuerdo humanitario entre las diferentes autoridades, para promover la mejor respuesta posible al impacto de la pandemia. Para desarrollar su argumento, el procurador en el exilio orbita en torno a la decisión de Nicolás Maduro de importar gasolina desde Irán. En la primera parte, describe las causas de la escasez de combustible, originadas por la destrucción de la industria petrolera en particular, y de toda la economía en general, por parte del modelo de dominación bolivariano. Lo único que agregaría sería el despido de 18.000 trabajadores petroleros a finales del año 2002, una capacidad técnica que nunca pudo ser sustituida cabalmente. Seguidamente, el texto desgrana el negocio de venta de gasolina por lo que califica correctamente como canales informales e ilícitos, lo que lleva al autor a la conclusión que “En realidad, la gasolina se importa para que las organizaciones informales e ilegales que controlan, en los hechos, la distribución, puedan seguir generando rentas”. El cuarto párrafo nos acerca al corazón del razonamiento: Sería un error pensar que “el problema de la gasolina” requiere de un pacto humanitario, que en su juicio se reduce al levantamiento de las sanciones financieras contra el país: “Si hoy se removiesen las sanciones, Venezuela seguiría siendo un Estado frágil minado con la cleptocracia y el crimen organizado”. La propuesta es revelada en el quinto párrafo: “La creación de un gobierno de emergencia nacional centrado en el Consejo de Estado”, pues “no es posible pensar en mecanismos de importación de gasolina -o de alimentos, entre otros- mientras Maduro y sus élites estén al frente a de la distribución de esos bienes”. Lo medular se deja para el cierre del texto: “La solución a la crisis venezolana, ni tiene solución fácil, ni pasa únicamente por alivios temporales y limitados, como importaciones humanitarias. Plantear como solución medidas que como mucho pueden ser solo paliativas, es una grave distorsión de la realidad. Y esa realidad es que solo la salida del régimen de Maduro puede permitir avanzar en el largo y tortuoso camino de la recuperación de Venezuela. Sin ello, Venezuela no sobrevivirá, por más gasolina que se importe”.

Si se fue tan generoso en la descripción de los condicionantes actuales de la industria de hidrocarburos en el país, uno pudiera preguntarse el porque no hubo un desarrollo similar de cómo se llegaría, en las circunstancias actuales de fragmentación, debilidad del campo democrático e imposibilidad de la acción colectiva, al “gobierno de emergencia nacional, centrado en el Consejo de Estado”. Los mal pensados ya afirman que el anterior significante vacío, el “cese de la usurpación”, estaría siendo sustituido por otro, “gobierno de emergencia nacional”. En mi opinión personal Hernández, está esperando que luego de los 5 minutos de desenchufe, el decodificador de Venezuela se reinicie y aparezca, con todos los canales además, menos el de “Maduro y sus élites”. Como respuesta al minimalismo, soluciones a las necesidades de la población hoy, Hernández contesta con el maximalismo.

En el “Marco para la transición democrática de Venezuela” el Departamento de Estado norteamericano ha establecido, casi al final, como parte de las garantías, que “El alto mando militar (Ministro del Poder Popular para la Defensa, el viceministro de la Defensa, el Comandante del Comando Estratégico Operacional (CEOFANB) y los otros comandantes) se mantiene durante la vigencia del gobierno de transición”. ¿No es este mismo Alto Mando a donde apuntan buena parte de la responsabilidad de los negocios lícitos e ilícitos del país, incluyendo el bachaqueo mayorista de la gasolina? ¿No es aquí a donde apuntan las preocupaciones del Procurador? ¿O quizás a que no sería conveniente, para el aumento de la olla de presión, que los venezolanos tuvieran acceso, largas colas mediante, a 20 litros de combustible para poderse movilizar en sus urgencias?

Al inicio de su disertación, Hernández mismo interroga: “la pandemia del coronavirus representa un alto riesgo para la debilitada sociedad civil. ¿Tiene sentido mantener las sanciones en medio de esta crisis?” Seguidamente nos dice que esta es una pregunta menor, casi baladí, pues la importante, la que debemos hacernos si somos gente, es: “cuál es la causa efectiva que impide al Estado venezolano atender la emergencia”, o más en concreto, “cuál es la causa que afecta el suministro de gasolina en Venezuela”. Esta enunciación sólo la puede hacer de esta manera, como realmente ocurre, alguien que vive fuera del país y no sufre las consecuencias reales y concretas de una Emergencia Humanitaria Compleja bajo una pandemia que ha paralizado al mundo.

Por lo que hemos conocido hasta ahora, la idea de “un gobierno de emergencia nacional” es un deseo, parte de una estrategia política sin correlato en la realidad del trabajo con gente de carne y hueso, que espera que el agravamiento de la emergencia humanitaria compleja o el impacto del Coronavirus logre por sí sólo, y sin mayor esfuerzo, el reseteo del decodificador, la conmoción necesaria para viabilizar el cambio político. Voluntarismo mágico en pasta. El problema no es sólo que esa noción instrumentalice el sufrimiento de los venezolanos, sino que abandone los principios morales que por lo menos, hasta el 3 de mayo, debían ser propios del campo democrático y no de la dictadura: Poner el bienestar de la población sobre cualquier otra consideración, en un momento de catástrofe sanitaria que ha ocasionado en pocos meses 349.000 muertos en todo el mundo, en países que tenían un sistema de salud de lejos mucho más robusto y confiable que el nuestro.

Para finalizar, un párrafo para prevenir la crítica fácil. Es imposible tener el mismo nivel de responsabilidad que un gobierno que ha instaurado una dictadura, ha expulsado de manera forzosa del país más de 4 millones de venezolanos, ha asesinado más de 400 personas en manifestaciones y, sólo en el año 2019 asesinó a 23 personas por torturas en el país. Dicho lo anterior afirmo algo adicional. Es una pena que la estrategia del “aumento de la presión” termine considerando al Coronavirus no como una epidemia, sino como una oportunidad para la conquista del poder. Sin trabajo político real de calle, fuera de redes sociales, de inclusión de las mayorías a una narrativa que resucite la esperanza y exorcise la desconfianza, sin esperar pasivamente, con el rosario en la mano, tras el reseteo del decodificador.

(*) Sociólogo y Coordinador General de Provea.

Venezuela: La crisis llegó a Caracas

Rafael Uzcátegui
Especial para La Silla Vacía

Los caraqueños, que hasta la llegada del Coronavirus, habían sido unos privilegiados, hoy saben por experiencia propia que viven en un país en crisis.

En el año 2014 ocurrió un ciclo de protestas en Venezuela, entre los meses de febrero a septiembre, que finalizaron con un lamentable saldo de 43 personas asesinadas. Para los estudiosos de la acción colectiva una de las novedades de aquellas manifestaciones fue, en un país de tradición centralista, el carácter descentralizado del movimiento. Cualitativa y cuantitativamente las concentraciones en el resto del país fueron tan importantes como las de Caracas. Y si en la capital la principal consiga era “Maduro vete ya”, en las ciudades y pueblos del interior las exigencias sociales tenían tanta importancia como las demandas de cambio político. ¿La razón? La crisis de servicios públicos y escasez de alimentos que, cruzando los límites del área metropolitana del distrito capital, venía sintiéndose con fuerza en los últimos meses.

Mientras el resto del país sufría constantes apagones del servicio eléctrico, falta de gas doméstico y escasez de agua en los hogares, Caracas era privilegiada. Tanto por razones estratégicas como propagandísticas, Nicolás Maduro se aseguraba que nada les faltara a los caraqueños. Mientras la interrupción por varias horas del servicio de transporte subterráneo, el Metro de Caracas, generaba titulares en medios nacionales e internacionales, no había quien escribiera sobre los apagones de varios días en ciudades como Maracaibo, Mérida o Barquisimeto. Generar o impedir acontecimientos en el centro neurálgico del poder en Venezuela ha sido tan efectivo que, en febrero de 2019, cuando los venezolanos de todo el país volvían a protestar luego que 50 países reconocieran a Juan Guaidó como presidente encargado del país, a Nicolás Maduro sólo le bastaba organizar una movilización en Caracas para equilibrar los titulares de las agencias internacionales a su favor: Venezuela -subrayado nuestro- marcha a favor y en contra de Maduro.

La disparidad centro-periferia ha sido tan aguda que, en el año 2019, el desplazamiento interno hacia Caracas compitió con la migración forzada a otros países. El 7 de marzo de 2019 ocurrió el primer apagón eléctrico en todo el país, que para muchos habitantes de las faldas del Cerro Avila fue su cable a tierra que vivían en un país en crisis. En Caracas la interrupción del servicio eléctrico duró 72 horas, con lo que el restablecimiento del servicio en el área metropolitana le permitió a Maduro dejar de ser noticia. Pero en el resto del país tuvieron que esperar 4 días más para encender los bombillos de sus hogares.

El Coronavirus, paradójicamente, ha permitido “socializar” la debacle. Aunque Maduro ha continuado la estrategia de privilegiar a Caracas con respecto al resto del país -por ejemplo habilitando en la ciudad el único laboratorio a nivel nacional para realizar pruebas de despistaje del Covid-19-, la crisis ha terminado por colonizar a la capital. Luego de una avería en el Sistema Tuy II, que bombea agua desde las montañas, los caraqueños padecen la misma situación del resto de los habitantes de esta ribera del Arauca tricolor. Cuando se conoció la noticia que el gobierno había comprado 86 “supercisternas” a China para abastecer de agua a las parroquias capitalinas, los chats de whatsapp reventaron de comentarios que aseguraban que la situación ha llegado para quedarse. El chavismo, que ha demolido todas las tradiciones culturales venezolanas, también ha dejado sin efecto la vieja frase que aseguraba que “Caracas es Caracas y lo demás es monte y culebra”.

El agua no es el único bien escaso en estos días, que antes había sido abundante para los caraqueños. Una segunda nivelación ha sido la de la escasez de combustible. Hasta la llegada de la pandemia, el resto del país tenía racionada la posibilidad de comprar gasolina en un país cuyo primer -y casi único- producto de exportación es el petróleo, mientras los capitalinos llenaban, a placer, su tanque de combustible por menos de dos dólares. La cuarentena le dio oportunidad al gobierno para, por la via de los hechos, reconocer que la capacidad de extracción y refinamiento de crudo por la otrora superpoderosa PDVSA, está por los suelos. De esta manera el decreto de estado de alarma impuso restricciones a la libertad de movimiento, en la letra a las personas, pero en la práctica también a los vehículos. Las calles de las ciudades lucen desiertas, no sólo por el temor al contagio sino, especialmente, por la falta de combustible. En privado, altos funcionarios del gobierno atribuyen a que la transmisión de la epidemia se ha ralentizado en Venezuela, también, por la escasez de gasolina. Hoy en Caracas caminamos la misma distancia para comprar cualquier cosa que el resto de nuestros paisanos. Para aliviar un poco la situación, en esta Venezuela Bizarra, ha sido un acontecimiento la llegada de cinco boques de Irán cargados de alrededor de millón y medio de barriles de gasolina. Si una promesa anterior se hubiera cumplido, también de los iraníes, otro gallo cantaría. Se trató del anuncio realizado por el propio Hugo Chávez, en el año 2008, de la empresa Iraní-Venezolana “Fábrica Nacional de Bicicletas” (Fanabi) para construir 100 mil ciclas por año “a precios solidarios”. Chávez, que era un avión para las ocurrencias, la bautizó “la atómica”, cuando anunció con bombos y platillos la supuesta apertura de la fábrica en el estado Cojedes. Pero al igual que la unidad constituyente más pequeña de la materia, ningún venezolano ha podido ver jamás una “atómica” en el mercado.

Finalmente, la salida del aire de Directv dejó a 13 millones de venezolanos sin su principal fuente de entretenimiento. El 19 de mayo, la empresa estadounidense AT&T, propietaria de DirecTV Venezuela, anunció el cese de operaciones en el país como consecuencia de la orden del gobierno de EEUU que prohíbe relaciones económicas con determinadas funcionarios o empresas del gobierno de Venezuela, de acuerdo con un comunicado. La prohibición exigía la exclusión de los canales nacionales Globovisión (propiedad de Raúl Gorrín) y PDVSA TV como condición para mantener la operatividad en el país. El gobierno venezolano se negó a eliminar estos canales de la oferta, de manera que AT&T decidió finalizar su actividad en el país. Caraqueños y provincianos por igual han sentido la ausencia como un duelo, la pérdida de un ser querido. La baja tarifa de suscripción, entre 1 y 2 dólares al mes por orden de las autoridades, había hecho realidad la “democratización” de la audiencia de los canales internacionales, en un contexto de hegemonía comunicacional y contenidos ideologizantes en medios públicos de dudosa calidad, que sumados todos no superan el 6% de la sintonía.

Los habitantes de la capital venezolana, hace sólo 20 años atrás la envidia de buena parte de la región, hoy deben adaptarse lo que a todas luces será su “nueva normalidad”, un “uppercut” ascendente a su autoestima. Por su fama de memoria corta, los caraqueños pudieran pensar que la rima de la canción de Ilan Chester, que alguna vez los enorgulleció, son una canción de una serie de ciencia ficción. De esas que, cuentan, pasan por Directv: “Voy de petare rumbo a la pastora / Contemplando la montaña que decora a mi ciudad / Llevando matices de la buena aurora / Con la fauna y con la flora de un antaño sin igual / Y sabe dios los pintores, las paletas, cuanta pluma del poeta / Cuantos ojos encontraron un momento de solaz”.

Venezuela, imperialismos y militarización

Rafael Uzcátegui
Especial para Revista Ila (Alemania)

La respuesta de las autoridades venezolanas a la emergencia del Covid-19 ratifica la profundidad del pensamiento militarista instalado en el país. Bajo la presión de dos imperialismos, el de Estados Unidos y Rusia, las organizaciones sociales del país continúan insistiendo en una salida pacífica, soberana y democrática del conflicto.

La relación de Estados Unidos con la Venezuela bolivariana ha sido, como lo describe el politólogo Carlos Romero, “esquizofrénica”: “Un gobierno que sataniza a EEUU pero que, al mismo tiempo, obtiene grandes beneficios comerciales de ese país: Venezuela envía 1.300.000 barriles diarios de petróleo y derivados al mercado estadounidense -41% de las ventas totales-, de donde importa bienes y servicios”. Siendo cierta la confrontación entre ambos países, agudizada desde el inicio de la presidencia de Donald Trump, la realidad refuta el mito “Estados Unidos ataca a la revolución bolivariana por su interés en apropiarse del petróleo venezolano”. De hecho la empresa Chevron participa en 4 proyectos de extracción de petróleo dentro del país bajo la modalidad de “Empresas mixtas”, creadas por Hugo Chávez en el año 2007 para atraer inversión privada internacional al sector energético, cuya actividad genera 9 de cada 10 dólares que ingresan a las finanzas del Estado. La relación está cambiando ahora, cuando la administración Trump ha asumido la política de “máxima presión sobre Maduro”, aumentando las sanciones financieras que obligarán a Chevron cerrar sus operaciones en Venezuela el próximo 1 de diciembre. La decisión intenta influir el voto latino en las próximas elecciones estadounidenses en la que Trump busca su reelección. A pesar de cierta retórica pública de funcionarios de la Casa Blanca que afirman que “Todas las opciones están sobre la mesa” para acabar con el gobierno de Nicolás Maduro, fuentes informadas dentro del país descartan la posibilidad de una intervención militar. Geoff Ramsey, miembro de la ONG progresista Oficina de Washington para América Latina (WOLA), ha declarado: “EEUU ha descartado una intervención por razones políticas, saben que sería impopular en la región porque hasta ahora el Grupo de Lima -coalición de gobiernos latinoamericanos – se ha mantenido firme en apoyar una salida pacífica. Y también sería impopular dentro de EEUU, no hay mucho apoyo doméstico para intervenciones militares en otros países luego de las experiencias de Irán y Afganistán. Y mucho menos en temporada de campaña electoral”.

No obstante, una discusión honesta sobre la injerencia imperialista en Venezuela debe incluir a Rusia. En su estrategia de construir un “mundo multipolar”, Hugo Chávez primero y Nicolás Maduro después, se han hecho alianzas con países como Irán, Corea del Norte, China, Turquía y Rusia. Este último ha invertido 17.000 millones de dólares en inversiones de petróleo y gas en Venezuela. Entre ambas naciones hay un convenio para abrir la primera fábrica de fusiles Ak-103 en América Latina, con capacidad para ensamblar 25 mil fusiles y 60 millones de cartuchos al año, y que había previsto su apertura para finales del año 2019. Hasta que en el país apareció una crisis económica, consecuencia de la caída internacionales de los precios del petróleo y gas, Venezuela lideraba regionalmente la importación de armas, según las cifras del Instituto de Investigaciones de Paz de Estocolmo (SIPRI). Su principal proveedor de armamento fue Rusia, que para el año 2012 vendió equipamiento militar por 410 millones de dólares. Entre los años 2000 al 2009 Venezuela compró al estado ruso armas por 2.068 millones de dólares. Un ejemplo de la influencia actual de Vladimir Putin lo constituye la asesoría militar que oficiales rusos realizaron a soldados venezolanos en el terreno para enfrentar el reciente intento de invasión armada por las costas del país, conocido como “Operación Gedeón”.

La participación de Estados Unidos y Rusia en la crisis venezolana ha ocasionado que algunos analistas, como Andrei Serbín de la Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales (CRIES), sostenga que el conflicto se ha transformado en una “disputa geopolítica”, a la que suma la participación de China.

TuitRuso

Covid-19 y militarismo

Venezuela posee una tradición militarista anterior a la revolución bolivariana, que fue profundizada por el triunfo electoral de Hugo Chávez a finales de 1998. Al inicio del período democrático, en 1958, los principales partidos -con exclusión del Partido Comunista- suscribieron un acuerdo de alternabilidad conocido como el “Pacto de Punto Fijo” que, entre otros objetivos, buscaba “devolver a los militares a los cuarteles”, subordinándolos a las autoridades civiles. Y aunque mantuvieron un importante protagonismo en las décadas posteriores, su beligerancia política abierta comienza en 1999, cuando la nueva Constitución les otorga el derecho al voto. La primera política social ejecutada por el chavismo, el “Plan Bolívar 2000”, fue implementada por el ejército venezolano. Militares activos, o en situación de retiro, comenzaron a dirigir ministerios, gobernaciones y alcaldías. Una lógica militar, y no de movimientos de base, fue la que organizó desde el Estado al movimiento bolivariano, con estructuras verticales, nombres y una narrativa basada en el imaginario de las Fuerzas Armadas.
En el año 2013 las expectativas que un presidente civil, Nicolás Maduro, detuviera la tendencia militarista se evaporaron rápidamente. Una de sus primeras decisiones fue permitir la participación de militares en tareas de seguridad ciudadana. En el año 2015 comenzaron los llamados “Operativos de Liberación del Pueblo” (OLP), de manera conjunta entre fuerzas militares y policiales en barrios populares, que en sus primeros cinco meses ocasionaron 245 víctimas de violación al derecho a la vida, según datos del Ministerio Público. En el año 2017 las OLP fueron sustituidas por una nueva policía, las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES), creadas para actuar en operaciones de alta letalidad (secuestros y operaciones antiterroristas), pero que en la práctica pasaron a protagonizar operativos de seguridad ciudadana similares a la OLP.

La grave situación de derechos humanos en Venezuela ha sido reflejada en el más reciente informe sobre el país del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, resultados divulgados por Michelle Bachelet. Sobre la FAES afirma: “Miles de personas han sido asesinadas en supuestos enfrentamientos con fuerzas estatales en los últimos años. Existen motivos razonables para creer que muchas de esas muertes constituyen ejecuciones extrajudiciales perpetradas por las fuerzas de seguridad, en particular las FAES”, incluyendo en sus recomendaciones: “Disuelva las FAES y establezca un mecanismo nacional imparcial e independiente para investigar las ejecuciones extrajudiciales”. En una actualización sobre la situación del país, realizada en septiembre de 2019, Bachelet se refirió al uso de tribunales militares contra civiles, cuando rechazó la sentencia de 5 años contra el sindicalista Rubén González: “La aplicación de la justicia militar para juzgar a civiles constituye una violación del derecho a un juicio justo, incluido el derecho a ser juzgado por un tribunal independiente e imparcial”.

Ante su creciente impopularidad, las Fuerzas Armadas constituyen el principal pilar de apoyo del gobierno de Nicolás Maduro, cuya gestión ha ocasionado que más de cuatro millones de venezolanos hayan abandonado el país como migrantes forzados, según datos de ACNUR. La persecución por razones políticas es particularmente hostil contra militares descontentos y el sector del bolivarianismo, denominado “chavismo crítico”, opuesto a su gobierno. Según los datos de Provea 44 de sus miembros han sufrido detenciones, hostigamiento y despidos de sus trabajos, con un caso de una persona asesinada, Alí Domínguez, el 6 de marzo de 2019. De la cifra actual de 402 presos políticos, según el Foro Penal, dos de ellos son militares que ejercieron altos cargos durante la presidencia de Hugo Chávez: Raúl Baduel y Miguel Rodríguez Torres.

La militarización existente hoy en Venezuela también se refleja en la respuesta de las autoridades al Covid-19. Más que una emergencia sanitaria, el virus está siendo enfrentado como un enemigo político y militar. Un decreto de estado de alarma ha ordenado una cuarentena desde el 13 de marzo de 2020, de manera similar al resto del mundo. Lo que es diferente es la exclusión del conocimiento médico y técnico en la respuesta, de espaldas a todos los sectores de la sociedad útiles en este momento. La vocería ha suprimido al ministro de salud, siendo asumida por la directiva del Partido Socialista Unido de Venezuela y el ministro de defensa. Para mantener al máximo el control de la información, sólo se ha habilitado a un laboratorio en todo el país para realizar pruebas de despistaje, con una capacidad diaria para un máximo de 200 pruebas. Al aprovechar la cuarentena para aumentar los mecanismos de control de la población, el gobierno ha incrementado la censura hasta el punto de criminalizar al único informe divulgado públicamente sobre posibles escenarios de contagio, realizado por la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales. En dos meses de Cuarentena dos personas han sido asesinadas por participar en manifestaciones por agua, electricidad y comida, 22 periodistas han sido detenidos por realizar su labor informativa y 11 médicos por denunciar que no tenían implementos suficientes en los hospitales.

Organizaciones sociales y populares venezolanas han insistido en una salida democrática y pacífica del conflicto, donde las personas puedan decidir, en elecciones libres, el destino del país, rechazando las injerencias tanto de Estados Unidos como de Rusia. El cierre de la posibilidad de una salida noviolenta está generando condiciones para la aparición de la violencia.

Venezuela: El juego de cartas bajo la mesa

Rafael Uzcátegui
Especial para La Silla Vacía (Colombia)

Juan Guaidó ha repetido que para solucionar la crisis venezolana “Todos los escenarios estaban sobre la mesa”. A raíz de la vinculación de sus asesores en la fallida incursión armada por la costa uno de ellos, J.J. Rendón, declaró que esa frase finalizaba con “…y debajo de la mesa también”. El incidente parece aumentar la crisis de representación del actual presidente de la Asamblea Nacional. Para superarla debe recomponer su autoridad y vinculación con todos los sectores democráticos del país.

El conflicto venezolano ha alcanzado un nivel de gravedad tal que la conmoción amenaza con erosionar definitivamente la figura de Juan Guaidó, luego de la vinculación inicial de funcionarios de su entorno con un ex boina verde norteamericano, Jordan Goudreau, que liderizó un fallido hecho insurreccional en las costas del país. La supervivencia de Guaidó no depende únicamente de su capacidad para reconstruir lo que de por sí era una frágil alianza de partidos políticos para promover la transición a la democracia, sino también su vinculación con la sociedad civil del país, que hoy debate la conveniencia o no de desmarcarse de quien ha sido designado “Presidente Interino” por la Asamblea Nacional.

Ante las dramáticas circunstancias actuales el argumento de “no dar armas a Maduro” está debilitándose como contención para inhibir la crítica pública legítima y argumentada al liderazgo opositor

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Cuarentena y separación

Rafael Uzcátegui

A estas alturas, espero, no hay que extenderse demasiado para sostener que estamos ante una emergencia que ha paralizado al mundo, desbordando la capacidad hospitalaria en países que parecían tener un sistema de atención blindado, comprometiendo los presupuestos nacionales y generando en la población todos los miedos imaginables debido a los umbrales de desconocimiento sobre el Covid-19. En el caso venezolano Nicolás Maduro y su equipo han dado un tipo de respuesta que, en este texto, no vamos a comentar en sus aspectos específicamente sanitarios (su eficacia en cuanto la prevención, preparación, contención y tratamiento), sino en su dimensión exclusivamente política.

Lo primero que queremos afirmar es que ante el Covid-19, salvo la Cuarentena y la petición de financiamiento del FMI, en su abordaje el gobierno no está tomando medidas extraordinarias, es decir, decisiones que antes no haya implementado. Lejos de entender la gravedad de la situación y convocar a todos los sectores para una respuesta como país a la enfermedad, mediante una suerte de gobierno de unidad nacional frente al Covid-19, su actuación ha repetido patrones de comportamiento existentes previo a la pandemia: Su capacidad de actuación militar, el control territorial a partir del FAES y los “colectivos”, la represión al disentimiento público, un desequilibrio entre la atención a Caracas con respecto al resto de las regiones, la opacidad informativa y la imposición de una narrativa divulgada a través de canales de comunicación hegemónicos. Todo bajo la conducción de una cúpula ligada al PSUV.

Un ejemplo de la jerarquización de las consideraciones políticas sobre las técnicas ha sido la ausencia del ministro de salud Carlos Alvarado en la vocería oficial. Esta omisión no es casual, y forma parte de un modelo de gobernabilidad que ha subestimado permanentemente el conocimiento, priorizando la fidelidad política y la obediencia cuartelaria. Sin embargo, la altura que demanda una crisis como la actual obligaría, según el sentido común, a reunir a la mayor experticia posible repartida en todos los sectores de la sociedad.

los países que lograron concertar y articular un plan entre la diversidad de sectores, a pesar de la premura y las zonas grises sobre el propio virus, no solamente van a tener mejores resultados, sino que saldrán fortalecidos como país de la crisis.

Una segunda idea, vinculada a la anterior, es que la Cuarentena -de nuevo, obviando sus connotaciones sanitarias- constituye el modelo soñado de dominación del chavismo en el poder, el cenit en su estrategia de separación de los individuos y la neutralización de sus capacidades autonómicas de actuación. La pérdida del espacio público, donde las personas se encuentran y se convierten en ciudadanos al acordar medidas para el disfrute común, tiene en la reclusión en la esfera “privada” del hogar la culminación de un mecanismo de opresión basado en la imposibilidad de las personas para la actuación colectiva. Es por esto que la respuesta al Coronavirus es la continuación, por otros medios, de la guerra del Estado chavista contra la sociedad. Y es por eso, además, que no pide el soporte de sus fuerzas vivas a una respuesta concertada a la epidemia. No es lo mismo el decreto de una Cuarentena bajo una democracia, por más imperfecta que sea, que bajo un gobierno dictatorial que usa todo lo que esté a su alcance para su propia perpetuidad. Por si no hemos caído en cuenta, las circunstancias actuales inhiben lo que eran nuestras dos herramientas de resistencia al autoritarismo: La movilización social y la atención de la comunidad internacional. La denuncia, lo último, se hace cuesta arriba por las limitaciones a la verificación de hechos y la amenaza constante de un retraimiento total por el colapso -o censura- de las redes sociales.

En la “Cuarentena social” hay actores que se fortalecerán aun más. El primero de ellos son las Fuerzas Armadas, tanto por su control del espacio territorial como por la gestión y ejecución actual de los recursos. El segundo son las organizaciones paramilitares, los “Colectivos”, que están realizando labores de patrullaje y control en diferentes partes del país y que luego del fin del estado de alarma decretado por Maduro, cuando sea que esto ocurra, se encontraran en una situación más ventajosa en torno al ejercicio del poder, como ellos lo entienden, que antes del 5 de marzo, cuando se supone que arribó el “paciente cero” a Venezuela. Un tercer sector será el propio entorno de Maduro, en litigio con otras facciones del chavismo y, por último, el sector productivo con vínculos o acuerdos con Miraflores.

Si las iniciativas actuales priorizan la invisibilidad sobre la propia contención es altamente probable que nunca sepamos el verdadero impacto del Coronavirus en nuestro país: cantidad de pruebas de despistaje aplicadas, la cantidad de personas afectadas y, finalmente, la cifra de fallecidos. Los diferentes voceros oficiales repetirán que se han tomado las medidas 1) adecuadas y 2) a tiempo, por lo que insistirán que en Venezuela el impacto del Covid-19 será menor que en otros países o similar al promedio regional. Para los peores escenarios ya viene construyendo una narrativa para responsabilizar a las sanciones financieras internacionales y lo que califica como sus aliados internos. Esta es una de las razones del porque hacen pública, entre todas las gestiones realizadas para conseguir recursos, únicamente las comunicaciones al FMI. Salvo que la crisis sea de una magnitud tal que se le escape de las manos, un escenario tan indeseado como poco probable en mi entender, la autoridad de Maduro puede salir curtida de la situación y algunas de las medidas que hoy lucen excepcionales puedan normalizarse con el paso de las semanas.

Como venezolano en aislamiento voluntario deseo profundamente que las medidas tomadas por las autoridades posean el máximo nivel de eficacia posible para contener la enfermedad. Si es más o menos estaría por verse. Pero si de algo estamos seguros, desde ya, es que los países que lograron concertar y articular un plan entre la diversidad de sectores, a pesar de la premura y las zonas grises sobre el propio virus, no solamente van a tener mejores resultados, sino que saldrán fortalecidos como país de la crisis.

(*) Sociólogo y Coordinador General de Provea

2020: ¿Año de hibernación para los venezolanos?

Rafael Uzcátegui (*)

En días recientes participamos en un ejercicio de reflexión sobre el contexto venezolano que tenía como objetivo proyectar posibles escenarios de ocurrencia. Entendiendo que todo ejercicio predictivo desde las ciencias sociales, especialmente para nuestro país, puede ser tan confiable como una consulta de quiromancia, nos atrevemos a compartir los apuntes personales que llevamos a dicha sesión.

Tendencias del año 2019:

Maduro 2020 es diferente a Maduro 2013. Su modelo de gobernabilidad se encuentra en proceso de transformación como respuesta al contexto político y económico adverso, su propia degradación ideológica y sus confrontaciones internas. Es un error continuar su interpretación como una continuación inercial de los días de Hugo Chávez.

Posibilidades de emprendimiento dependen de la iniciativa privada. El Estado, disminuida sus potencialidades financieras de promover empleo y desarrollo, se focalizará en sus capacidades regulatorias. Precarización de la situación de los empleados públicos.

Flexibilización económica por parte del gobierno para el uso de divisas e importación. Actores económicos privados tradicionales aprovecharán oportunidad de negocios, aparición de nuevos actores que redibujarán el panorama de empresas en el país. En contraposición, dicha flexibilización agudizará confrontación entre los sectores democráticos.

Año de ineludibles elecciones parlamentarias. Maduro se prepara intentando recomponer su menguada base electoral y desestimulando participación en contra. Oposición aún sin estrategia.

Liderazgo de Juan Guaidó continúa descendiendo en popularidad, aunque continúa siendo el político, tanto entre el oficialismo como de oposición, mejor valorado en las encuestas.

Crisis de representación y legitimidad de la oposición apenas está comenzando. Continuarán los enfrentamientos internos, denuncias de corrupción, tensiones sobre el inminente escenario electoral, redes sociales copadas por debate entre “radicales” y “moderados”, G-4 y otros.

Dolarización de la economía generará un nuevo tipo de exclusión dentro de la discriminación estructural del país. Quienes tengan acceso a divisas deben esforzarse para “pensar fuera de la caja -dolarizada-“ para no perder conexión con la Venezuela que dependen de ingresos en bolívares y los subsidios estatales.

Crisis migratoria continuará, pero incorporando una dimensión pendular_ venezolanos que intentan aprovechar dolarización de la economía nacional trayendo lo ahorrado de su trabajo fuera.

Elecciones en Estados Unidos y conflictos regionales, más la permanencia de una situación que parece no tener salida a corto plazo, ocasiona la perdida de protagonismo internacional de la crisis venezolana

Débiles coordinaciones sociales para el rescate de la democracia. Gremios y sociedad civil sin vocería propia en el conflicto.

Cierre de los canales pacíficos de resolución del conflicto genera condiciones para aventuras insurreccionales. Se minimiza la posibilidad de una intervención armada internacional.

Año cero de la resistencia: Situación de pesimismo generalizado y refugio de los ciudadanos en su vida privada y en las estrategias de supervivencia.

Escenarios del año 2019

Año “hibernación”. Mantener y dosificar recursos propios a la espera de acontecimientos que hagan, de nuevo, viable el cambio político.

En política: Año signado por las elecciones parlamentaria. Posibles reaperturas de mecanismos de diálogo.

En economía: Flexibilización financiera genera expectativas en sectores económicos, emprendimientos en este contexto suman para intenciones de simulación de “normalización” del gobierno y estimula fenómeno pendular de la migración.

En lo social: Internalización de posibilidad de cambio a mediano plazo, sustituyendo la percepción de “inmediatez”, modificará la estrategia de las organizaciones sociales. Pesimismo, adaptación y apatía en el resto de la población. Episodios insurreccionales.

A nivel internacional: Gobierno aprende, de la asesoría cubana, cómo trabajar con el sistema de Naciones Unidas, para ralentizar y obstaculizar mecanismos internacionales de protección a los derechos humanos. Expectativas sobre fallo en la Corte Penal Internacional en su examen preliminar a Venezuela. Proceso electoral en EEUU influirá en la política de sanciones. Si Maduro lograra, mediante un proceso fraudulento, ganar las elecciones parlamentarias, erosionará el apoyo internacional a la oposición.

(*) Sociólogo y Coordinador General de Provea

Lo que uno hace es el discurso

Rafael Uzcátegui

En el sugerente texto “Se la narrativa. Cómo cambiar la narrativa podría revolucionar el activismo en derechos humanos”, Krizna Gómez y Thomas Coombes dan algunas ideas para enfrentar la retórica populista, que desde Estados Unidos pasando por Turquia, India, Rusia y Venezuela, está haciendo retroceder a los valores que le daban sustento a la dignidad humana. Si bien su reflexión esta focalizada a los activistas de ONG, los planteamientos pueden ser de utilidad para todo el actual movimiento democrático venezolano, ante la ausencia de una promesa de futuro que sea más atractiva y seductora para las mayorías que los delirios emanados desde el bolivarianismo. En una conceptualización que comparto, entienden a los populismos como aquellos procesos políticos con dos componentes fundamentales: Su antipluralidad, promoviendo la discriminación como cemento de construcción para su base de apoyo, y en segundo término, basan su actuación en una supuesta confrontación contra unas “élites” definidas por el líder carismático, responsables de todo lo malo que sucede en el país.

¿Cómo se enfrentan a los populistas? En primer lugar, comprendiendo sus estrategias. Gómez y Coombes las han agrupado en tres tipos principales: Controversia, crisis y conflicto. “Los populistas prosperan en la controversia -afirman- porque es en tales entornos donde exageran su importancia: una mano firme en medio de la confusión y las proyecciones inciertas sobre el futuro. Además, al promover la confusión en la imaginación del público, distraen la atención sobre el propio incumplimiento de sus promesas”. La crisis, real o inventada -aseguran-, real es un mecanismo de cohesión de sus seguidores detrás de la autoridad incontestable del caudillo, funcional a la derogación de derechos y persecución a la disidencia. Por último, sobre el conflicto, apuntan: “Los populistas modelan su identidad como una oposición a algo o alguien”. A diferencia de los autoritarismos y dictaduras del pasado, que aspiraban a la eliminación física de sus adversarios, los populistas modernos necesitan la existencia de ese “otro”, en cuyo antagonismo se justificarán las medidas excepcionales -que terminan por convertirse en permanentes- para perpetuarse en el poder.

Para enfrentar narrativamente estas estrategias proponen responder a cada uno con un valor opuesto: la controversia con la cultura, la crisis con la cooperación y la reconstrucción de la comunidad al fomento del conflicto. En vez de reaccionar automáticamente a los mensajes populistas, aconsejan crear sus propios marcos de mensajes alternativos, pues la refutación en sus mismos términos, por ejemplo “los defensores de derechos humanos no son imperialistas”, significa reforzar el concepto mismo de ser manejado por intereses foráneos, dejando la sospecha en el aire, precisamente el objetivo de las salas situacionales populistas.

¿Cómo se construyen este tipo de mensajes? Para iniciar entendiendo el componente lógico y subjetivo de las personas: “Los seres humanos entienden el mundo que los rodea a través de una combinación de pensamiento emocional y racional, pero la ciencia del cerebro nos muestra cada vez más que el pensamiento emocional subconsciente es el más dominante de los dos, incluso en dominios racionales como la ley (…) Si pensamos que estamos usando un lenguaje neutral, científico o legal, nuestras palabras pueden ser interpretadas por otros de la manera que nosotros no esperamos”.

Seguidamente explican los componentes de la vocería pública, que deben tomarse en cuenta para la elaboración de un contradiscurso al populismo: Historias, narrativas y marcos. Las historias serían cómo se cuenta un momento o evento específico. Cuando se repiten, las historias comienzan a formar una narrativa consistente. Por su parte, una narrativa sería “La forma en que los eventos o historias se conectan y presentan para formar una nueva creencia, una comprensión de “sentido común” de lo que está sucediendo”. Finalmente, un marco serían las “Palabras, imágenes, metáforas u otros desencadenantes que hacen a la audiencia interpretar una historia a través de una cierta narrativa”. Cuando las personas encuentran nuevas ideas, información, historias o experiencias, los interpretan usando los marcos narrativos existentes que esos estímulos activan en su cerebro. Estos marcos se encuentran en las mentes de nuestra audiencia si los activamos consciente o inadvertidamente. Como el estratega político Frank Luntz escribe: “Puedes tener el mejor mensaje del mundo, pero la persona que lo recibe siempre lo entenderá a través del prisma de sus propias emociones, preconceptos, prejuicios y creencias preexistentes”.

Como lo dejan suficientemente claro en el documento, no se sugiere que formular un lenguaje políticamente correcto, o conseguir eslóganes viralizables, transformará mágicamente la realidad: “Mostrar es mucho más poderoso que contar. Lo que uno hace es la narrativa, lo que uno dice es simplemente el intento de enmarcarlo”, indican. ¿El movimiento por la democracia en Venezuela está prefigurando, aquí y ahora, el modelo de sociedad que desea para el futuro? La fragmentación y luchas intestinas actuales sugieren lo contrario. Los gremios y organizaciones de la sociedad civil pudiéramos comenzar a revertir la separación, la principal victoria de la dictadura madurista, si comenzamos a ejercitarnos en la reconstrucción del sentido de pertenencia a la comunidad “Venezuela”, la promoción incesante de la cooperación y las experiencias culturales compartidas pudieran comenzar a sanar las fisuras que el daño antropológico ha creado en el tejido asociativo que posibilita una actuación política, en sentido amplio, común por el cambio.

Sociólogo y Coordinador General de Provea

El daño antropológico a los venezolanos

Rafael Uzcátegui (*)

Los amigos jesuitas ligados al Centro Gumilla, en la búsqueda de una categoría que pueda sintetizar la situación actual de los venezolanos, han utilizado “daño antropológico” para describir la profundidad de su deterioro. La frase no es original, pues ha sido desarrollada en Cuba para precisar la profundidad de la intervención estatal en las relaciones sociales y la psiquis de sus habitantes.

Raúl Fornet-Betancourt afirma que hay un daño antropológico cuando además del deterioro en los órdenes social, político y cultural existe, fundamentalmente, un daño a la condición humana como tal. Una lectora de nombre Nora publicó, en la columna de opinión del periódico uruguayo El País, que “Se habla de daño antropológico cuando la persona deja de sentir aprecio por su propia vida, cuando pierde la conciencia de sí misma como obrera de su destino y se abandona a los dictámenes con que la someten fuerzas de dominación obligándola a hacer y pensar de una manera dirigida. Más aún, cuando se la obliga a dejar de pensar”. Por su parte, cavilando sobre su propia experiencia, Dagoberto Valdés Hernández lo ejemplifica como el cubano al que le han bloqueado una gran parcela de su libertad interior y que ve sistemáticamente suplantada su responsabilidad individual por el paternalismo de Estado, transformándose en un perpetuo adolescente cívico. “Sufre un bloqueo -asegura-, el peor de todos, que es el embargo de proyectos de vida independiente sin los que se desmigaja el alma humana y se fomenta un desaliento existencial”. Por su parte Francisco Javier Muller citando el libro de Luis Aguilar León, “Cuba y su futuro”, agrupa 6 tipos de daños antropológicos específicos: 1) El servilismo, 2) El miedo a la represión, 3) El miedo al cambio, 4) La falta de voluntad política y de responsabilidad cívica, 5) La desesperanza, el desarraigo y el exilio dentro del país (insilio) y 6) La crisis ética.

En su adaptación a nuestro contexto los pensadores del Gumilla han orbitado en torno a la implosión del proyecto de vida de la mayoría de los venezolanos, de cómo su manera de ser, estar y proyectarse en el territorio se ha trastocado irreversiblemente para mal.

Sobre este asunto la diferencia entre Chávez y Maduro es que el primero focalizó la extensión del daño a sus adversarios, instaurando la discriminación como política de Estado, mientras el segundo “socializó” el daño antropológico a toda la población, incluyendo a sus propios seguidores. Y esto lo descubren amargamente la quinta oleada migratoria compuesta por funcionarios y militantes del chavismo, o funcionarias como Alejandra Benitez tuiteando sobre la evaporación de sus sueños como consecuencia del aislamiento internacional de la dictadura. El resto del país, la mayoría, ha enterrado sus ensoñaciones en las profundidades del congelador.

No solamente los destinos individuales han sido trastocados, sino la propia imagen que los venezolanos tenían de sí mismos, su identidad, los referentes que le daban sentido como país. El chavismo demolió la historia, colocando en su lugar no el “hombre nuevo” sino una gran desolación. Conversando con Margarita López Maya concluíamos que una tarea urgente, de tantas pendientes, es la reconstrucción de la memoria -en mayúsculas y minúsculas- para intentar verter contenido en ese gran signo de interrogación de cuál será el imaginario de los venezolanos de la transición. A falta de una narrativa, poder comenzar el trabajo desde los márgenes, con tres imaginarios que, aun con todo lo que ha pasado, pudieran convocar a los nacidos en esta ribera del Arauca tricolor: La memoria deportiva, la memoria gastronómica y la memoria musical.

A diferencia de los topos del Arco Minero, apenas estamos excavando en la superficie de la extensión y profundidad de la ruptura de nuestro tejido asociativo. Pero la contemplación y el discernimiento deberán ir aparejados de la propuesta y la acción. A pesar del retroceso del pensamiento académico y el exilio de la mayoría de los intelectuales. Y con todo el debilitamiento de la sociedad civil y la casi desaparición de los hilos subterráneos de apoyo mutuo.

(*) Coordinador General de Provea

Eficacia y legitimidad en el asalto a la Asamblea Nacional

Rafael Uzcátegui (*)

Los recientes hechos ocurridos alrededor de la Asamblea Nacional pueden leerse como parte de los ataques del gobierno de Nicolás Maduro contra los actores sociales independientes del país, bajo la estrategia que César Rodríguez y Krizna Gómez describieron en su texto “Encarar el desafio populista” (https://www.dejusticia.org/wp-content/uploads/2018/04/Encarar-el-desaf%C3%ADo-populista-WEB.pdf): el socavamiento de dos de sus pilares de actuación fundamentales: Su eficacia y legitimidad.

Estos dos investigadores han documentado los ataques contra los defensores de derechos humanos en diferentes partes del mundo bajo gobiernos y movimientos populistas, encontrando patrones similares para países como Estados Unidos, Hungría, Rusia, Filipinas, India y Venezuela, que no pudieran agruparse bajo la –cada vez más caduca- perspectiva izquierda versus derecha: “los gobiernos populistas han estado aprendiendo entre sí –afirman- hasta el punto que se han realizado ataques iguales en países de distintas regiones”.

Efectivamente, un actor político o social basa sus actuaciones en el logro de objetivos, la eficacia, y la valoración del resto de los actores y sus bases de apoyo, la legitimidad. En el caso de la Asamblea Nacional conformada mayoritariamente por la oposición, en la erosión de estos dos aspectos se pudieran resumir los ataques que comenzaron el propio mes de diciembre de 2015, hasta el cénit del pasado 5 de enero de 2020. Y esto ha sido así por el poderosos mensaje que se transmitió aquel diciembre: por primera vez de manera indiscutible, los antagonistas al bolivarianismo se transformaron, con dos millones de votos de margen, en mayoría electoral y social del país. El 11 de diciembre Venezuela experimentó la sensación que era cuestión de tiempo, mediante los mecanismos de participación político-electoral que seguían, de promover un cambio en el país. Esto alentó a Nicolás Maduro al abandono de la simulación democrática y transformar a su gobierno en una dictadura del siglo XXI. Revertir lo que había pasado, a toda costa, no sólo tenía el componente simbólico y político del ejercicio del poder de manera omnímoda. Como está previsto en la Constitución, aprobada por el propio Hugo Chávez en 1999, cualquier contrato con un tercero debe contar con la aprobación de la mayoría parlamentaria. La profundización de la emergencia humanitaria compleja y las sanciones individuales y financieras contra Venezuela resintieron la imposibilidad de conseguir nuevos financiamientos debido a este veto.

El primer gran ataque contra la eficacia de la Asamblea Nacional fue la calificación de “en desacato” por parte del controlado Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), a pesar de las gestiones formales de los diputados, relativas a los parlamentarios de Amazonas, para dejar de ser calificados de esa manera. Luego vino el ahogo presupuestario, los constantes asedios de fuerzas del chavismo –tanto los grupos de civiles armados como de fuerzas policiales y militares- a los días de sesiones, la neutralización de los parlamentarios más carismáticos mediante la persecución y el exilio, el bloqueo informativo por parte de la hegemonía comunicacional estatal. las reiteradas decisiones adversas sobre su actuación, el hecho legislativo propiamente dicho, por parte del TSJ y, finalmente, la creación irregular de un órgano paralelo, la Asamblea Nacional Constituyente, sacrificando con ella el último valor simbólico positivo que le quedaba al chavismo: La Carta Magna de 1999. Paralelamente se desplegaron los frentes de ataque a su legitimidad, tanto como poder institucional independiente como a sus integrantes. La primera fue el retiro en masa de los parlamentarios oficialistas, dando contenido a la versión que sólo representaba a un sector del país y cuyas líneas de actuación eran decididas en otro lado del mundo. Seguidamente por una paciente generación de condiciones para que diputados, con o sin resistencia, se incorporaran a la fabulosa maquinaria de corrupción y enriquecimiento súbito creado por el chavismo realmente existente, para luego ser debidamente ventilado en la opinión pública. También debemos incluir los esfuerzos oficiales en agrandar las contradicciones internas de la oposición, que han incluido la utilización de bots para sobrerepresentar matrices de opinión en redes sociales.

Este escenario contó con un ingrediente adicional luego de la fraudulenta elección presidencial de mayo de 2018 y la transformación de Nicolás Maduro, el 10 de enero de 2019, en un presidente de facto. Juan Guaidó logró recomponer la crisis de representatividad –aunque fuera circunstancialmente- de los sectores opositores, tanto a nivel internacional como local. El apoyo de una cincuentena de países y las multitudinarias movilizaciones simultáneas en más de 25 lugares de Venezuela durante enero y febrero de 2019, focalizaron los esfuerzos en dinamitar la eficacia y la legitimidad del propio Guaidó. Otra discusión es que tanto sumaron sus propios errores e improvisaciones para materializar el anunciado “cese de la usurpación”, lo cierto es que su figura no sólo unificó durante los primeros meses del año pasado a la mayoría de las bases democráticas del país sino que también personalizaron los ataques del autoritarismo.

Al intentar cuestionar su figura como presidente de la Asamblea Nacional –que genera más apoyos internacionales e institucionales que la de “presidente encargado”, aunque una sea consecuencia de la otra-, Maduro intenta implosionar su legitimidad. Al imponer una junta directiva sin él, que simule ser de oposición y sea cercana a los deseos de Miraflores, su eficacia. Por otra parte, siguiendo el razonamiento en términos de eficacia y legitimidad, los autoritarios pueden pagar un alto costo político a cortísimo plazo matizado luego por la liberación de presos políticos y, especialmente, por decisiones que anuncien la realización de elecciones parlamentarias, en un momento en que ha aumentado la desconfianza ciudadana en la posibilidad de una solución institucional a la crisis venezolana.

La existencia de tres Asambleas Nacionales, contando la Constituyente, ha variado el escenario sociopolítico en momentos de gran incertidumbre, donde la única certeza es el agravamiento de la crisis económica y la salida forzada de los venezolanos que no puedan participar en el naciente espectro dolarizado del país. A todos los gremios nos tocará pensar como ser más eficaces y legítimos en estas circunstancias, especialmente al liderazgo político, donde las decisiones y estrategias sean consecuencia del mayor de los consensos y consultas posible. Cómo enfrentar a una dictadura ha sido un aprendizaje de todos, y aunque todavía estemos encontrando el camino para ser más eficaces, la ausencia de victorias parciales o totales no harán mella de nuestra legitimidad, todo lo contrario.

Un comentario final con una alegoría histórica. ¿Tenía sentido, en julio del año 2000 en el Perú bajo dictadura, dedicar los mismos esfuerzos para cuestionar la figura de Alejandro Toledo y la de Alberto Fujimori? ¿Era eficaz -para quien deseaba regresar a la democracia- el atacar la convocatoria de la movilización de los “Cuatro Suyos” ese mes, liderizada por quien luego sería presidente del Perú, debido a que no se tenía la identidad política “toledista”? En ese contexto, de autoritarismo extremo, graves violaciones a los derechos humanos y ausencia de instituciones al servicio de la ciudadanía, ¿era pertinente en ese preciso momento –aunque una bola de cristal nos revelara el destino del economista y político peruano- la consigna “Ni Fujimori ni Toledo”?

(*) Coordinador General de Provea

Rafael Iribarren: “Ser de izquierda o no serlo no pasa por definirse frente a Chávez”

Iribarren

A propósito del reciente y lamentable fallecimiento de Rafael Iribarren, desempolvamos la entrevista que le realizamos en el año 2003 cuando intentamos sondear las opiniones de intelectuales de izquierda independiente. En esa época la composición de la “izquierda crítica” es muy diferente a lo que es hoy, tiempos en que muchos avalaban el proyecto bolivariano y otros eran funcionales a lo que se llamó Coordinadora Democrática”. Iribarren no se identificaba en ninguno de estos bandos. Que la tierra le sea leve.

“SER DE IZQUIERDA O NO SERLO NO PASA POR DEFINIRSE FRENTE A CHÁVEZ”

Rafael Iribarren se define a sí mismo como un sobreviviente. Su filiación a la disidencia no es un asunto nuevo. Dirigente estudiantil y presidente del Centro de Estudiantes de Arquitectura ucevista en tres oportunidades, sus primeras filiaciones con la teología de la liberación lo hacen encabezar un movimiento de izquierda cristiana dentro del Partido Socialcristiano COPEI. “Fuimos nosotros quienes trajimos a Camilo Torres a Venezuela editando sus mensajes. Tuvimos tres conferencias con él”. En 1975 bajo la acusación de “comunista” es expulsado de la tolda verde. Luego forma el GAR (Grupo de Acción Revolucionario) junto a Domingo Alberto Rangel, un grupo marxista-leninista. “Nosotros le dimos al país el primer alcalde de izquierda electo, en Juan Griego, Margarita. El Culi Cesar González. Teníamos un trabajo fuerte en Carabobo, en el Pedagógico”. Luego de una década de activismo, Iribarren tiene una participación fugaz de 6 semanas en el segundo mandato de Caldera. Luego de estar en el vientre del Poder, se da cuenta de la imposibilidad de un cambio desde adentro. Actualmente forma parte de un grupo de opinión pronta a editar una publicación periódica de reflexión política. 

– ¿Qué implicaciones desde el punto de vista político y económico va a tener para Venezuela el desenvolvimiento del conflicto Irak-Estados Unidos? 

– En la guerra de Irak queda Chávez desnudo desde el punto ideológico y político. Hablo de ambivalencias y contradicciones profundas. Realmente Chávez no implica una gestión nacionalista y mucho menos antiimperialista. Su confrontación con sectores empresariales o aquellos que el ha llamado la oligarquía, que son algunos sectores del empresariado nacional, corresponde con su estrategia de abrir el país y favorecer la desnacionalización del capital y de los activos nacionales. El caso más emblemático fue el de la Electricidad de Caracas una empresa delictualmente gestionada desde hace muchos años. A partir de estas condiciones fue objeto de una oferta pública nacional que permitió que una transnacional se apropiara de ella con el beneplácito y apoyo del gobierno de Chávez. El salió felicitando y presentando ese hecho como una demostración de que realmente el sector capital internacional venía a Venezuela, etc. Ese capital transnacional no ha tenido en Venezuela ningún problema y la posición de Chávez ha sido simplemente declarativa, lo cual tiene un sentido político, pero es contrastante con la concreción de sus políticas. Los intereses norteamericanos nunca han estado en riesgo con Chávez, ni lo van a estar. ¿Qué pasa con Irak?. Chávez fue el primer jefe de estado que visitó a Sadam Hussein. Y aun cuando se haya pretendido que el petróleo no es un arma política, realmente lo es. La reconstrucción de la OPEP tuvo una acción evidentemente política y se inscribió en la perspectiva que supuestamente correspondía a la multipolaridad mundial, de la creación del nuevo polo para lo cual tuvo una captación de unos Estados absolutamente reaccionarios y retrógrados que no tenían absolutamente nada que ver con la revolución ni nada que se le pareciera. El estuvo allá, cosa que no fue ni mala ni buena pero que podía ser interesante. Pero a la hora de la chiquitica cuando se le pone contra la pared resulta que él no pasa de un cuestionamiento de la guerra, de una denuncia de lo que esta pasando. Incluso menos contundente que la de Chirac, la de Putin y la de muchos otros jefes de Estado. Pero paralelalemente no sólo se le sigue dando combustible a Estados Unidos sino que se hace un esfuerzo inmenso en elevar la capacidad petrolera cuyo cliente, cuyo comprador fundamentalmente, es los Estados Unidos. Incluso frente a una reticencia de los volúmenes de compra del petróleo, que querían hacer para los efectos de sus reservas estratégicas, Venezuela recurrió a negociaciones con empresas que intermediarias que tenían que recibir la autorización del gobierno norteamericano para comprar ese petróleo destinado a las reservas estratégicas de los Estados Unidos. ¿Qué significa eso?. Bueno que a pesar de la supuesta vinculación e identificación de Chávez con Hussein, nosotros estuvimos alimentando la maquinaria de guerra con nuestro combustible.

La palabra militancia hay que revisarla, eso de formar parte de una estructura para formar cuadros ya no sirve. Lo importante ahora es la formación de redes.

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