La agonía del antiimperialismo

screen-shot-2014-12-17-at-2-47-57-pmRafael Uzcátegui

El inicio de las conversaciones diplomáticas entre los gobiernos de los Estados Unidos y Cuba generará consecuencias aún insospechadas en toda la región. Una de ellas será, a mediano plazo, el desdibujamiento del discurso anti-imperialista que ha sido central para buena partes de las izquierdas latinoamericanas. Ante la ausencia de los mecenas que, en algún momento representaron las muletas para la economía de la isla, el gobierno de los Castro han ido incorporando lógicas de mercado que para algunos recuerdan el modelo mixto Chino: Control en lo político, flexibilización en lo económico. El funcionamiento progresivo bajo las dinámicas de la oferta y la demanda, paralelamente se han acompañado de algunas aperturas en lo social que se diferencian de la asfixia que por mucho tiempo acosaban a las iniciativas independientes de los cubanos. Un ejemplo, para no citar los conocidos, es el trabajo desarrollado en La Habana por la Cátedra Libre Haydee Santamaría, un espacio de reflexión y acción para quienes no se sienten identificados con la ideología del Partido Comunista Cubano.

El objetivo de los diálogos, para el gobierno cubano, es pragmático: Acceder a los capitales e inversiones de su vecino del norte, que le permitan a la nomenklatura una transición controlada ante la inevitable desaparición física de su referente central, y con ello la permanencia en el poder a corto y mediano plazo. Se espera en la próxima Cumbre de las Américas una reunión, con foto incluida, entre Barack Obama y Raúl Castro. Para finales del 2015 se tiene prevista una visita a la isla del Secretario de Estado John Kerry, un hito antes de la propia presencia de Obama en Cuba, la foto por la que será recordado en la historia. Este camino, que incluirá otros hechos de gran significado simbólico (como la apertura de franquicias de comida rápida en el “territorio libre de América”) literalmente serán el equivalente de lo que para Europa fue la caída del Muro de Berlín. Quienes recordamos ese 1989 no olvidamos el desconcierto que invadió a la izquierda más ortodoxa tras la “Perestroika”.

Todo el vértigo subsecuente será una oportunidad para actualizar valores y postulados para el cambio social en el sentido más utópico. Sin dejar de olvidar los aportes y referentes de las epopeyas revolucionarias del pasado, afrontar honestamente todos sus recovecos oscuros, que condenaron a todos los proyectos del socialismo real a generar nuevos vectores de dominación e incumplir cada una de sus promesas. Cierto dogmatismo estéril y los autoritarismos neoestatizantes serán, por fin, ahistóricos y extemporáneos.

En nuestra opinión la visión sobre el “imperialismo” norteamericano deberá ser reemplazada por, como propusieron hace tiempo Hardt y Negri, el “imperio” descentralizado y altamente interconectado a nivel mundial. A nivel local, el impacto sobre el imaginario bolivariano dará elementos a sus tendencias más pragmáticas para hegemonizar el universo que reclama el legado de Chávez, sobre sus facciones más radicales e ideológicas, a quien la apertura cubana al capitalismo estadounidense le arrebatará el referente internacional por el cual había orbitado su actuación desde el año 2002. @fanzinero

Castells: Después de la acampada

Por Manuel Castells (La Vanguardia)

Los reprobables incidentes ante el Parlament de Catalunya, en cuyo desarrollo está por aclarar la posible provocación de policías infiltrados captados en vídeo, no pueden obviar el cuestionamiento que los indignados, con amplio apoyo social, han planteado a las instituciones políticas. Ahora parece que lo grave son las tribulaciones de los diputados y no el comportamiento de la clase política, origen de la indignación. Agresividad y violencia no sólo son actos condenables, sino también estúpidos, porque pueden deslegitimar una protesta y un debate de gran calado. Pero si hay un deseo sincero de dialogar con quienes se atreven a plantear en la calle lo que muchos piensan en su casa, hay que aislar a unos pocos energúmenos y tomar en serio un movimiento que es explícitamente no violento y que ha rechazado las agresiones. Empezando por investigar qué pasó exactamente frente al Parlament.

Tras las acampadas, el movimiento sigue bajo otras formas. Porque si entendemos que los procesos de transformación social empiezan por un cambio de mentalidad y por la pérdida del miedo, entonces los indignados del 15-M representan un cambio cualitativo en el empoderamiento de la ciudadanía en busca de una democracia real. No se trata de unos miles de jovencitas utópicas, sino de un amplio movimiento de opinión que simpatiza con sus ideas. En eso coinciden diversas encuestas.
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Manuel Castells le habla a los indignados e indignadas

Como lo dijo Camus, la única autoridad que reconozco es la de la inteligencia. Manuel Castells es uno de los sociólogos vivos que merece mi más profundo respeto, y cuyas obras iluminan lo que parece un mundo que ha dejado de ser, en buena parte, lo que era. Este video pertenece a la participación de Castells el 27.05.11 en la Plaza de Cataluña, conversando con la acampada de indignados e indignadas.


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Friedrich Hayek y Karl Popper: Contra la arrogancia científica

Karl Popper

Con Friedrich Hayek y Karl Popper podemos tener variados disensos. Del primero podemos debatir su afirmación de la ideonidad del sistema de precios para la asignación de recursos o su adherencia sobre la tutela de la libertad individual por parte de la noción originaria de la Ley. Del segundo, las confusas nebulosas que se desprenden de su teorización sobre la existencia de un “Tercer mundo”. De ambos quizás y en conformidad a la postura política en la que nos situemos, el ser pensadores orbitantes del liberalismo. Pero si en algo coincide la comunidad intelectual sobre los aportes de la pareja, ha sido la coherente argumentación que han realizado para desnudar a la actividad manufacturadora del conocimiento de uno de sus ropajes más anticientíficos: el dogmatismo.

La lógica fundacional de la Ciencia operó en un contexto de reacción metodológica y argumentativa al monopolio operado por la Religión. Contraponiéndose a la noción del Dios omnipresente y portador de una sabiduría sólo descifrable por lo divino, el hombre en labor prometeica se propone conocer la racionalidad natural del mundo físico. Las llamadas “ciencias naturales”, y posteriormente las “ciencias duras”, encuentran en el método científico una sistematización de pasos para encontrar modelos que se acerquen a la realidad. El hombre, observa la naturaleza y adquiere una serie de datos, una información que se le ofrece de forma inmediata y directa. Otros datos los obtiene con la ayuda de instrumentos que simplifican el alcance de sus sentidos. Puede, además, experimentar, provocar situaciones nuevas en relación con los procesos naturales, y al observar las respuestas, consigue otras informaciones más allá de las logradas por la mera observación. Con las nociones así obtenidas se construyen teorías que deberán ser contrastadas, sometiéndolas al control de la experimentación. “Las teorías no son un reflejo directo de la realidad; son más bien un entramado abstracto, una red de modelos; son una construcción inventada. La verdad científica es, por tanto, la correspondencia entre las realidades naturales y las teorías científicas que explican cómo son.”[1]

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El credo de Manuel Castells

castells

“Creo en la racionalidad y en la posibilidad de apelar ala razón, sin convertirla en diosa. Creo en las posibilidades de la acción social significativa y en la política transformadora, sin que nos veamos necesariamente arrastrados hacia los rápidos mortales de las utopías absolutas. Creo en el poder liberador de la identidad, sin aceptar la necesidad de su individualización o su captura por el fundamentalismo. Y propongo la hipótesis de que todas las tendencias de cambio que constituyen nuestro nuevo y confuso mundo están emparentadas y que podemos sacar sentido de su interrelación. Y, sí, creo, a pesar de una larga tradición de errores intelectuales a veces trágicos, que observar, analizar y teorizar es un modo de ayudar a construir un mundo diferente y mejor. No proporcionando las respuestas, que serán específicas para cada sociedad y las encontrarán por sí mismos los actores sociales, sino planteando algunas preguntas relevantes”.

Manuel Castells. La Era de la Información