Por una transición con principios

Rafael Uzcátegui

Los últimos hechos ocurridos en Venezuela parecen congelar la posibilidad de un cambio político negociado a corto plazo. Sin embargo, la desesperación por lograr el cese de la usurpación no puede hipotecar los principios éticos y morales que, con mucha dificultad, se han ido incorporando en la narrativa de la ofensiva democrática en el país.

En la teoría sobre la acción colectiva, que intenta explicar por qué la gente se moviliza para exigir cambios en su entorno, se ha concluido que los agravios e injusticias sociales no son suficientes, por sí mismos, para iniciar una protesta masiva. Siguiendo la reflexión de Salvador Martí y Puig, académico de la Universidad de Girona en España sobre los movimientos sociales, para que se genere un movimiento por el cambio debe existir una conciencia de la situación, por un lado, y un discurso que interprete y comunique la relación de esa realidad injusta con las políticas emanadas por el poder de turno. Además de lo pedagógico, el discurso debe justificar, dignificar y animar a la acción colectiva. De esta manera tiene la capacidad de sacar el descontento individual del ámbito privado, donde se padece como consecuencia de una humillación, elevándolo a la dimensión pública como parte de un rechazo grupal al abuso, con lo que su expresión abierta se dignifica desde el “nosotros”. Al identificar un blanco para los agravios, el discurso también comunica las reivindicaciones y fomenta símbolos capaces de movilizar a la gente.

Snow y Benford han señalado que un movimiento social es un actor político colectivo, creador de significados con el objetivo de desafiar los discursos sociales dominantes y exponer una forma alternativa de definir e interpretar la realidad. Por ello, tan importante es la acción política concreta como la elaboración de una narrativa que lo acompañe, la legitime y la refuerce. Este discurso crea una visión compartida para todos los que confluyen en el movimiento, utilizando elementos ya existentes en la sociedad (referentes culturales y episodios históricos), así como valores y principios que antagonizan con lo negativo que representa el poder de turno.

Para Gamson y Meyer “el discurso de los movimientos sociales debe incidir sobre tres aspectos que son esenciales para la acción colectiva: la injusticia, la identidad y la eficacia. El primero permite definir a ciertas condiciones sociales como problemáticas; el segundo persigue construir una identidad, un sentido de pertenencia entre los miembros del movimiento, un “nosotros” y un “ellos” sobre los que recae la responsabilidad por las condiciones adversas que se pretenden modificar; y finalmente, también es preciso que los integrantes y simpatizantes asuman que sus acciones pueden ser eficaces para conseguir los objetivos propuestos”. Estos dos autores identifican dos tipos de discurso: La retórica del cambio y la retórica reactiva. Esta última hace hincapié en los temas de riesgo (se pierde mas de lo que se gana), la conformidad (no existe oportunidad para el cambio) y los efectos perjudiciales (la actuación para el cambio no haría sino empeorar las cosas). En cambio, la retórica del cambio resalta los temas de urgencia (la inactividad es más arriesgada que la acción), la actividad (necesidad de aprovechar la apertura de oportunidades del momento) y la posibilidad (las nuevas oportunidades contrarrestan los posibles efectos perversos).

Construyendo el sentido al movimiento

Lo anterior nos ayuda a explicar el papel de las narrativas en el conflicto venezolano. En su mejor momento el chavismo fue un movimiento social no sólo porque tenía un líder carismático como Hugo Chávez, sino porque supo construir discursivamente un imaginario que mantenía movilizados y cohesionados a sus seguidores. Si recordamos, este discurso tenía una promesa de futuro, el “socialismo del siglo XXI”, cuya definición era tan ambigua que permitía ser completado con los propios deseos y expectativas de sus seguidores. Siguiendo la lógica populista de la controversia y la separación, definió perfectamente un “ellos” y “nosotros”. Además, utilizó diferentes referentes culturales (Mr Danger, Florentino y el Diablo por citar sólo dos) que ratificaban permanentemente el sentido del movimiento y transmitían a un público amplio los valores que enarbolaban y un fuerte sentido de pertenencia a la identidad “chavista”. La evaporación del chavismo como “movimiento” fue consecuencia de la desaparición física de Hugo Chávez, por un lado, la emergencia de la crisis económica que erosionó las políticas sociales que materializaban el supuesto interés en el bienestar del pueblo así como por los reveses electorales, corrupción y represión que disminuyeron sus bases de apoyo internacional. Hoy los mitos, rituales, símbolos y la promesa de futuro del chavismo han desaparecido, por lo que Nicolás Maduro no tiene la posibilidad de movilizar a amplios sectores de la sociedad por si mismo, por la sencilla razón que no representa un movimiento, sino que encabeza un gobierno basado en la represión y el temor.

En contraste, durante muchos años la oposición tuvo como principal argumento narrativo el rechazo a todo lo que representaba el chavismo. La principal debilidad de su cuerpo discursivo es que la oposición no sustituyó el vacío dejado por el bolivarianismo con su propia promesa de futuro en la que amplias mayorías del país se sintieran identificadas. Salvo el uso del tricolor, fueron las protestas de los años 2014 y 2017 que estimularon que el ciudadano común aportara el contenido faltante al movimiento de rescate por la democracia, generando símbolos, canciones, íconos y, lamentablemente, mártires. Todos los factores comenzaron a confluir para que los esfuerzos de rescate de la institucionalidad democrática se transformaran en un movimiento. Uno que comenzó a levantar principios morales (la no discriminación, la inclusión, igualdad de oportunidades, la libertad) que daban sentido a su acción.

Como bien lo sabe el chavismo, estos principios no son estáticos y deben ratificarse permanentemente, no sólo con hechos sino también con las palabras. Lo peor que le puede pasar al movimiento democrático que se opone a la dictadura de Nicolás Maduro es que, en el plano del discurso -que como vimos es fuente permanente de legitimación, adhesión y movilización- su antagónico comience a disputarle la propiedad de los valores éticos que le dieron origen. Podemos ser ineficaces en el logro de nuestros objetivos, pero abandonar el terreno de los principios por abrazar un pragmatismo cortoplacista es, sencillamente, suicida.

El liderazgo opositor perdió una oportunidad cuando decidió boicotear la propuesta de una tregua humanitaria y sumarse a la ofensiva lanzada por el Departamento de Justicia en Estados Unidos. El mensaje de fondo de la propuesta era que, en medio de la emergencia sanitaria, el bienestar de la gente estaba por encima de cualquier otra consideración. Juan Guaidó optó por hablar de la lucha contra el narcotráfico. Lo que interpretó un importante sector de la población es que la oposición usaba al Coronavirus como una herramienta para alcanzar lo que por su propia estrategia no había logrado. Y Maduro quedó como el adalid del interés por la gente, como recuerda cada vez que puede: “Estaba dispuesto a firmar un acuerdo humanitario y la oposición no”.

De los episodios recientes el retroceso más grave en la narrativa basada en los principios lo constituye la declaración dada por JJ Rendón, en ese momento parte del “Comité de Estrategia del gobierno interino”, al Washington Post a raíz de los hechos de Macuto: “Guaidó estaba diciendo que todas las opciones estaban sobre la mesa y debajo de la mesa.  Estábamos cumpliendo ese propósito”. En lo que es un acuerdo para reducir los daños, junto a Sergio Vergara renuncia a su cargo sin explicar con claridad su vinculación con el oscuro ex boina verde norteamericano Jordan Goudreau. La respuesta del presidente de la Asamblea Nacional aumenta el desconcierto: “Agradezco y reconozco el compromiso que han demostrado con Venezuela, así como el paso que dan en el marco de la lucha que estamos librando por la Libertad y la Democracia”. Ninguna amenaza de Maduro puede dinamitar el actual movimiento democrático como el respaldo a la estrategia de jugar con cartas debajo de la mesa.

Con o sin Guaidó el esfuerzo por transitar de la dictadura a la democracia debe tener dentro de sus baluartes más preciados el apego a principios morales y éticos que sean precisamente lo contrario a lo que representa un gobierno que ha expulsado de manera forzosa a más de 4 millones de venezolanos, asesinado a más de 300 personas en manifestaciones y condena a la miseria y al ostracismo al resto. En 1998 la opción de dejar atrás a los adecos y los copeyanos, de cualquier manera, es lo que precisamente nos trajo hasta acá.

En lo personal prefiero una derrota -que siempre será circunstancial- con principios que una victoria sin ellos.

(*) Sociólogo y Coordinador General de Provea

 

Dictaduras modernas

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Rafael Uzcátegui

Una comparación entre las experiencias peruanas (Alberto Fujimori) y venezolana (Nicolás Maduro) nos permite hacer una primera caracterización sobre las dictaduras modernas en América latina:

– A diferencia de las dictaduras tradicionales, que llegaban al poder mediante un golpe de Estado militar, las dictaduras modernas llegan al poder mediante elecciones.

– Promueven un proceso de “refundación” del Estado a partir de la aprobación de una nueva Constitución.

Erosionan la independencia de los poderes, centralizando el mando en la figura del primer mandatario.

– El sistema de administración de justicia es utilizado para darle legitimidad a las decisiones arbitrarias y para la criminalización de la protesta y persecución de la disidencia.

Construyen, retórica y legislativamente, un “enemigo interno” que les permita aprobar estados excepcionales para gobernar sin contrapesos institucionales: Perú guerra al terrorismo, Venezuela guerra económica.

Militarizan el sistema de administración de justicia y utilizan los tribunales militares para enjuiciar a civiles.

– No prohíben, de manera absoluta, el ejercicio del derecho a la libertad de reunión, asociación, manifestación y libre expresión, utilizando las amenazas y agresiones selectivas, las sanciones administrativas y el uso de los tribunales para castigar la crítica y la disidencia.

– Controlan el poder electoral, erosionando su autonomía, y realizan comicios sólo cuando se generan las condiciones para obtener resultados favorables.

– Criminalizan los sistemas internacionales de protección a los derechos humanos y se retiran de la competencia de tribunales internacionales.

– Utilizan los medios públicos tanto para justificar sus actuaciones arbitrarias como para la criminalización y el desprestigio. Este control de lo que se comunica incluye mecanismos de neutralización contra los medios privados que van desde la creación de medios paralelos, la compra de medios, el hostigamiento y la imposición de medidas administrativas que al aumentar la dependencia del Estado alienta mecanismos de autocensura.

-Realizan un esfuerzo de cooptación de organizaciones sociales que son puestas a su servicio para usarlas en labores político-partidistas e, incluso, como informantes de los organismos de inteligencia.

– A diferencia de las tradicionales, las dictaduras modernas no promueven las desapariciones forzadas masivas debido al alto costo político que generarían. Por el contrario, quienes son considerados antagónicos son neutralizados de manera selectiva. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

 

Abstención bajo dictadura

Rafael Uzcátegui

Una de las demandas del mayor movimiento de protesta no violenta ocurrido en América Latina en los últimos años, con epicentro en Venezuela, era la aprobación de un cronograma electoral. Desde que se descubrió como minoría, el madurismo optó por suspender de manera indefinida el derecho al voto, por lo menos hasta que pudiera generar condiciones para obtener resultados favorables.

La oportunidad llegó, paradójicamente, con el ciclo de protestas iniciado de abril de 2017. Cuando parecía que las movilizaciones no iban a retroceder por la represión ni tampoco se iban a agotar en el corto plazo, el madurismo decidió sacrificar su último cartucho para detenerlas: Abolir la Carta Magna de 1999 y convocar a una fraudulenta Constituyente. Y aunque el chavismo sabe que retrocederá en la cantidad de gobernaciones rojas, su control de daños estaba en anunciar las regionales inmediatamente después para poder jugar con la variable abstención. Por que el chavismo, lo decimos por la calle del medio, ya no puede sumar votos propios sino intentar restar los de sus contrarios, para reducir la brecha.

A pesar del gigantesco desfalco numérico del 30 de julio, el madurismo sabía que la oposición no podría denunciar el fraude si no quería desestimular su propia base electoral para que acudiera a regionales. Por otro lado, en los cálculos se encuentra que la impostura Constituyente iba a generar un amplio sentimiendo de frustración entre la ciudadanía, la cual se debatiría entre asistir o no a la votación ante la emergencia de una situación regida por un poder absoluto y arbitrario. Así el madurismo, usando la estrategia del Aikido, canalizaría la rabia opositora para usarla contra ella.

En democracia abstenerse es una opinión cuando no hay afinidad con los candidatos en liza. En dictadura, en cambio, no hay que desaprovechar ninguna oportunidad para expresar la opinión sobre el gobierno. Pero si el gobierno se beneficia con emparejarse a la oposición gracias a la abstención, los principales estimulantes de la no votación son hoy el silencio y la contradicciones de la clase política opositora. Hay que comunicar las razones a quienes hoy dudan, diseñando mensajes que den respuestas políticas a la insatisfacción, sin crear falsas expectativas y con una estrategia clara que hable del mediano y largo plazo. Si hay algo que pueda calificarse como antipolítica es negarse a escuchar los reclamos de un importante sector de la ciudadanía que creía en ti.

Si usted que me lee esta furioso e insatisfecho, sepa que yo también lo estoy. Pero lo que no dejaré es que la dictadura utilice este enfado en mi contra. @fanzinero   (Publicado en Tal Cual)

La hora de los hornos

Rafael Uzcátegui

El pasado viernes 09 de junio sectores del denominado “chavismo crítico” organizaron un interesante evento denominado “Encuentro de Constitucionalistas en Defensa de la Constitución de 1999: Participación y Soberanía Popular en la Asamblea Nacional Constituyente. Convocatoria, Bases Comiciales y los Referendos”. La apertura a los diferentes panelistas, que incluyó la magistral intervención del doctor español Roberto Viciano (disponible en Youtube), correspondió al doctor Jesús María Casal, quien realizó una pertinente reflexión, dado el auditorio, que quisiera compartir.

Palabras más, palabras menos, Casal expresó que si el chavismo no detenía la pretensión de imponer, de manera fraudulenta, una nueva constitución por el madurismo, aboliendo así lo mejor del legado viabilizado por Hugo Chávez, iban a estimular que la oposición pensara en una Carta Magna a su medida. Y dada la diversidad florida de opiniones dentro del espectro antichavista, el resultado podía ser cualquier cosa, menos el respeto a la progresividad de los derechos.

Lo que Casal planteó, y muchos coincidimos, es que la Constitución de 1999 -mejorable como todo producto humano- es el acuerdo de sociedad que cuenta con el mayor de los consensos, ayer por el chavismo y hoy defendida por sus antagonistas. Si el chavismo en su ala más democrática, que existe, piensa estratégicamente se daría cuenta que el Estado democrático y social de Derecho y de Justicia establecido a finales de los 90´s se ha convertido en el acuerdo compartido de reconstrucción institucional, por lo menos para los primeros años del post-madurismo. Nicolás, desesperado como está en derrotar un movimiento masivo y popular de indignación en su contra, está quemando el último baluarte que lo vinculaba efectivamente a la gestión de Hugo Chávez. Si llega el 01 de agosto con constituyentistas electos, sería el primer día de gestión de algo que abandonó el terreno chavista para ser otra cosa.

El chavismo democrático y sus satélites tendrán que decidir si su alergia a la MUD sigue siendo mayor que la apuesta por un cambio en el país. Y esto no implica que deban abandonar sus especificidades, sino entender que la única polarización que existe en la Venezuela de hoy es entre defensores de la Constitución de 1999 y defensores de la dictadura. Emitir un mensaje con claridad, que incluya las coincidencias con sectores que no son como ellos, incluso les allanará el camino para cumplir el papel que les tocará jugar en el país del mañana, en el que todos, sin distinción, debemos haber aprendido las lecciones emanadas de los últimos veinte años. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

La responsabilidad internacional, hoy, en la recomposición futura del chavismo

grafico

Rafael Uzcátegui

En diciembre de 2015 los resultados de las elecciones parlamentarias colocaron al chavismo en una situación desconocida desde su primera victoria electoral, 17 años antes, cuando Hugo Chávez fue electo por primera vez presidente de la república: Ser minoría electoral. Como se puede constatar, consultando los datos del Consejo Nacional Electoral (CNE) venezolano, la línea de votación del chavismo y la línea de votación de sus opositores iban a encontrarse en algún momento. Sin embargo, pocos pronosticaron que apenas dos años después de su desaparición física, la tarjeta electoral del llamado “Comandante Supremo” iba a estar dos millones de votos por debajo de sus contrincantes.

Las elecciones presidenciales de 2012 constituyeron el mejor momento electoral del bolivarianismo. Un año después, a pesar de realizar los sufragios en medio de la consternación nacional que significó el fallecimiento del presidente Chávez, y siendo su principal mensaje de marketing electoral que el apoyo a Nicolás Maduro era un acto de fidelidad a su recuerdo, el chavismo perdió 615.428 sufragios respecto a las elecciones anteriores, obteniendo una cerrada victoria con apenas 1,7% sobre el candidato opositor Henrique Capriles Radonski. ¿Este resultado era casual o mostraba el comienzo de la pérdida de popularidad de la propuesta triunfante en las urnas desde 1998?

La opinión de los intelectuales revolucionarios y de izquierda, así como de los movimientos sociales progresistas de la región, es clave para comunicar que hay mucho chavismo después de Nicolás Maduro si deciden: 1) No inmolarse en la conservación del poder y 2) Intentar pensar en las estrategias democráticas para recuperar, en el futuro, la capacidad de hablarle a las mayorías,

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Los dos demonios

Rafael Uzcátegui

Luego de nueve meses de trabajo el 20 de septiembre de 1984 la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) entregó en Argentina su informe sobre las desapariciones ocurridas durante la dictadura. Esta investigación pasó también a conocerse como “Informe Sábato”, pues el escritor encabezó la comisión que hizo la entrega formal al presidente Raúl Alfonsín. El autor de “El Túnel” también fue responsable del prólogo de aquel libro de 490 páginas, un texto tan comentado como los resultados, pues para muchos conceptualizó la llamada “teoría de los dos demonios”: “Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países”, comenzaba aquella introducción. “A los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido”. Muchos lo entendieron como el equiparamiento de las dos fuerzas en conflicto, con lo que la izquierda regional pegó el grito en el cielo. El prólogo de Sábato fue tan polémico que fue retirado de la reimpresión del libro hecha en el 2016.

Esta discusión es importante porque un sector de la izquierda venezolana, agrupadas bajo la denominación “chavismo crítico”, han resucitado la teoría de los dos demonios para describir el actual conflicto en el país. Según, hay dos bandos armados en pugna, que estarían generando las bajas conocidas, y desde la dirigencia política opositora, “con manos manchadas de sangre”, se estarían enviando jóvenes al matadero. Lo curioso es que la teoría que fue despreciada para Argentina (sus críticos despellejaron vivo a Ernesto Sábato, y siguen después de muerto) tiene bastante resonancia hoy en quienes la rechazaron en su momento. Quienes comulgan en secreto con la calificación gubernamental sobre que las protestas venezolanas son “terroristas”, públicamente condenan las violencias, en plural, nivelando las supuestas agresiones de los manifestantes con el abuso de poder estatal.

Lo que desnuda esta “argumentación” de estos izquierdistas es su profundo sectarismo, pues la única indignación de las multitudes para ellos legítima es la que sea protagonizada por personas idénticas a ellos mismos. La Fiscal ha reconocido que la mayoría de las protestas han sido pacíficas. Y que los hechos de violencia, para el movimiento de masas en desarrollo, han sido puntuales y minoritarios. Hay tantas barricadas, molotovs, capuchas y piedras como hubo en el movimiento estudiantil chileno del 2011, donde por cierto sólo hubo un muchacho asesinado. Y nadie se atreve a calificar aquello, como lo hacen los chavismos -desde el dictatorial hasta el “crítico”-, como de ”insurgencia armada”, dando argumentos para el uso de justicia militar contra los detenidos. @fanzinero

¿Tiene la OEA un “doble rasero”?

Rafael Uzcátegui

Esto fue lo que me preguntó una periodista internacional recientemente, provocando mi reflexión al respecto. Según, hay una corriente de opinión en la región que sostiene que la OEA, debido a su proactiva actuación sobre Venezuela, posee un “doble rasero” al no tener la misma actitud sobre los problemas en otros países. La periodista nombro, citando a los opinadores, los casos de los desaparecidos en México o la actuación de los grupos paramilitares en Colombia. Le faltó Estados Unidos y Guantánamo, lugar común de los intelectuales chavistas como Luis Britto García para argumentar la supuesta docilidad de la OEA y sus organismos frente a los Estados Unidos, pero este caso también lo incluí en mi respuesta. ¿Realmente la OEA, para decirlo en criollo, la “tiene agarrada” con Venezuela?

La iniciativa de Almagro responde, por tanto, a la imposibilidad que tiene la OEA en sus diferentes mecanismos, de dialogar con las autoridades bolivarianas, así que apela a la principal herramienta disponible: La Carta Democrática Interamericana.

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Estrategia

Rafael Uzcátegui

Tras el anuncio de una fraudulenta Constituyente, el movimiento de indignación en la calle debe continuar respondiendo estratégicamente al autoritarismo. La realización de protestas mayoritariamente pacíficas, como fue reconocido por la Fiscal, evidenció dos importantes mensajes: Que la violencia tiene como origen el Estado y, dos, que el rechazo a la gestión de gobierno es mayoritario e incluye a todos los sectores de la población.

Los aciertos comunicacionales deben continuar. Cuando se estructura un mensaje, que incluye imágenes, se desea construir un significado y con ello generar una reacción prevista de antemano. Si bien hay que mantener un discurso destinado a la gente que ya se encuentra movilizada, una narrativa estratégica debe emitir también señales para quien, por las razones que sea, no se ha unido a las multitudes en movimiento.

Si entendemos que el chavismo como identidad política no va a desaparecer y que un sector -llámelo democrático, crítico o como guste- deberá incorporarse al proyecto de país futuro que está creciendo en este mismo momento, coincidiremos en que deben tenderse puentes para ganarlos a una transición. Y los primeros vínculos son discursivos. Lo táctico, en esta dirección, puede ir en dos niveles: Una retórica para inhibir y otra para sumar. La primera para aquellos destinatarios refractarios a establecer cualquier alianza con factores que no sean como ellos, pero que podrían dejar de apoyar públicamente a la dictadura, lo que es de por sí una ganancia. El segundo para quienes puedan sumarse al rechazo abierto, activo y explícito a la dictadura, aunque esto no implique incorporarse a la Mesa de la Unidad Democrática.

No estamos hablando sobre demagogia, ni de afirmar cosas en las que no se cree. El mejor ejemplo está en la defensa de la Constitución de 1999, como viene haciendo un amplio sector de la indignación. Enfatizar este aspecto y machacar que, como lo dice la propia Carta Magna, una Constituyente tiene como objetivo abolir la que existe y redactar un nuevo texto constitucional, tiene la virtud de agrandar la brecha entre quienes son fieles a Hugo Chávez y entre quienes son defensores de Nicolás Maduro. Usar a nuestro favor toda la campaña publicitaria, efectiva además, que el zurdo de Sabaneta realizó durante su primer mandato para mercadearla como la “mejor del mundo”. Y esto lo recuerda bien la gente que no le cree a ninguno de los columnistas de Tal Cual, por lo que es un “activo” semántico que está jugando contra el madurismo en los actuales minutos. Quedará en nosotros llevarlo hasta el máximo de sus posibilidades para abrir el camino para el retorno de la democracia. No es tiempo de bilis, sino de estrategias que produzcan nuevas consecuencias. @fanzinero

Elefante en la cristalería (digital)

Rafael Uzcátegui

En tiempos de redes sociales, los conflictos se basan en la creación y difusión de imágenes, que construyan o refuercen el sentido de los mensajes, bien sea por la conservación del status quo, bien sea por el cambio social. Venezuela hoy es territorio de la confrontación de dos grandes relatos: 1) Un gobierno preocupado por los más pobres asediado por acciones terroristas de una oligarquía de privilegiados y 2) Un pueblo enfrentado a un gobierno autoritario, hoy transformado en una dictadura. Al momento de cerrar esta columna la narrativa que se estaba imponiendo, y holgadamente, era la segunda.

Por su propia concepción, el gobierno bolivariano se creó como un gran aparataje burocrático que dependía, orgánica y comunicacionalmente, de un centro. Durante mucho tiempo este esquema fue eficaz, se contaba con un orador carismático -Hugo Chávez- y abundantes recursos para aceitar redes clientelares estatales. Su ausencia dejó al “Proceso” sin su mejor y único comunicador, por lo que hoy prospera el desconcierto en sus filas. Maduro es un pésimo orador. Los esfuerzos estatales para posicionarse en redes sociales tienen patas cortas. No es un problema de recursos sino de la libertad necesaria, a lo interno de su comunidad, para generar libre interacción. Como un elefante en una cristalería, los mensajes de su nodo central -Maduro-, lo que hacen es consolidar precisamente los valores del movimiento que se le opone.

Las multitudes en movimiento de indignación, a pesar de ciertos episodios puntuales, sigue siendo una acción colectiva masiva enmarcada en la no violencia. Las estrategias de protesta privilegiadas (marchas y concentraciones) han transmitido, de manera fidedigna, el carácter masivo del rechazo a la gestión de Nicolás Maduro, fortaleciendo el significado “somos mayoría”. El chavismo, a duras penas, logró una concentración en Caracas mientras el resto del país se movilizaba en su contra, falseando escandalosamente la cifra de su congregación: 3 millones para una avenida que no alberga 200 mil manifestantes. Cuando está llena, y ese 19 de abril rojo no era el caso.

Quien es mayoría y quien minoría ha sido ratificado por las imágenes. El resto de la pugna simbólica es del lado de quién está la violencia. Las fotos y videos de la señora y el hombre desnudo enfrentados, en su soledad a la tanqueta de la represión, han dado la vuelta al mundo. Su eficacia comunicacional ha sido tal que ha obligado a la dictadura a replantearse su estrategia de confrontación frontal, Plan Zamora mediante. Cada día que pasa nuevos fotogramas indelebles suman a la lucha por la democracia. Esto ha sido, precisamente, una de las virtudes de la estrategia pacífica asumida por quienes se resisten tanto a la dictadura como a abandonar la calle. @fanzinero (Tal Cual)

Venezuela: aikido y derechos humanos

El actual conflicto venezolano resulta similar al aikido, el arte marcial en el que para vencer se utiliza en su contra la fuerza del oponente. En octubre de 2016, cuando se había logrado el consenso de multitudes y la comunidad internacional para la realización de un referéndum revocatorio para dirimir la crisis, voceros de la oposición asistieron, improvisadamente, a una mesa de diálogo de la cual se levantaron con la idea de «elecciones generales adelantadas». El gobierno se benefició del error táctico de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y logró así dinamitar la confianza de sus bases de apoyo, mientras se generalizaba el sentimiento de desilusión. Meses después, para castigar a una Asamblea Nacional que aprobaba una declaración de apoyo a la aplicación de la Carta Democrática Interamericana, el gobierno formalizó el proceso de sustitución de sus competencias en dos sentencias emitidas por la Sala Constitucional del máximo tribunal del país. Aunque la neutralización del Parlamento se realizaba por la vía de los hechos desde un año antes, con escaso costo político para Miraflores, su registro formal generó una ola de rechazo que incluyó a la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz. Los partidos políticos opositores lograron recomponer la confianza, en esta oportunidad, por un traspié del chavismo, en una ola de protestas que continúa hasta el momento de escribir esta columna.

El gobierno bolivariano se ha debilitado en 2017 más como consecuencia de su soberbia ciega que por resultado de la agenda política opositora. En el plano internacional, una torpe diplomacia encabezada por Delcy Rodríguez le ha restado apoyos que hasta hace poco se debatían entre la ambigüedad y la cautela. Uruguay ha sido el caso más llamativo. A comienzos de abril, Nicolás Maduro acusó al canciller de ese país de acordar con Estados Unidos los ataques contra Venezuela, una sugerencia inaguantable para un presidente salido de las filas de la izquierda. «Si [Maduro] no rectifica, está diciendo que no tiene pruebas, y si no tiene pruebas, lo que dijo es una mentira», expresó el presidente Tabaré Vázquez. El cambio de postura de Uruguay sobre Venezuela no solo sumó al proceso de activación de la Carta Democrática, sino que despejó la ruta para iniciar acciones diplomáticas similares en el Mercosur, donde las decisiones, según los estatutos, se toman por consenso. La credibilidad del jefe de Estado caraqueño se erosiona tras cada declaración llena de fantasía. El 19 de abril, ante una concentración en apoyo a su gestión, calculó la asistencia en «tres millones de personas», en una avenida de Caracas que, repleta –lo que no ocurría ese día–, tenía capacidad para albergar no más de 200.000 personas. En 2017, las debilidades comunicacionales del gobierno parecen tener como origen la misma causa que se había diagnosticado para la oposición a finales de 2016: la ausencia de olfato para captar correctamente la realidad.

Rupturas

No obstante, la actual ola de protestas no es una simple extensión de los ciclos de movilización antichavistas de años anteriores. Luego de la peor derrota del bolivarianismo en el poder, en las elecciones parlamentarias de finales de 2015, con casi dos millones de votos por debajo de sus oponentes, el chavismo tomó la decisión de crear un modelo de gobernabilidad aún más autoritario ante la pérdida del apoyo popular. Su piedra fundacional fue la sustitución de la Constitución por una legalidad que le confería al presidente poderes absolutos, bajo el nombre «Decreto de Estado de Excepción y Emergencia Económica». Seguidamente el árbitro electoral del país, el Consejo Nacional Electoral, suspendió irregularmente la realización de un referéndum revocatorio contra el presidente y detuvo de manera indefinida las elecciones que debían realizarse en diciembre de 2016 para las 24 gobernaciones regionales. Progresivamente, fue quitando competencias a la Asamblea Nacional, a través del Tribunal Supremo de Justicia, hasta que la legitimación del proceso vía sentencias generó el descontento público de la fiscal general de la República, quien las calificó como la «ruptura del hilo constitucional» y abrió así la caja de Pandora. La aparición de fracturas dentro del bloque oficialista ha sido aprovechada por la oposición: una de las consignas más populares es las movilizaciones es «Lo dijo la fiscal, ustedes son golpistas». Y como si fuera poco, todo esto sucede teniendo como gran telón de fondo una de las peores crisis económicas que recuerden los venezolanos, con una inflación superior a 600%, escasez de alimentos y medicinas y evaporación del poder adquisitivo de los salarios, lo que genera –según las propias cifras oficiales– un porcentaje de personas en situación de pobreza mayor que la existente cuando Hugo Chávez fue elegido presidente por primera vez. Según los propios datos del gobierno, cuya rigurosidad ha sido puesta en cuestión, casi la mitad de los venezolanos se encontrarían en situación de exclusión.

Continuidades

La ola de protestas ha sido respondida por las autoridades recordando los peores patrones de abuso de poder de ciclos de movilización anteriores. Además de prohibir que las movilizaciones lleguen al centro de Caracas –sede de los poderes públicos–, se evidencia un uso desproporcionado de gases tóxicos prohibidos por la Constitución, disparos de perdigones a corta distancia, uso de armas de fuego, detenciones arbitrarias, torturas y malos tratos a detenidos, robo a manifestantes por parte de funcionarios policiales y militares, así como la violación del debido proceso para, cuando se cerraba este texto, más de 1.200 personas detenidas en todo el país por protestar, en cifras del Foro Penal Venezolano. Según los datos de Provea, 20 personas han perdido la vida en contexto de manifestaciones. Para aumentar la crispación, diputados del Partido Socialista Unido de Venezuela como Diosdado Cabello y Pedro Carreño han mostrado en televisión un folleto en el que aparecen nombres, fotografías y direcciones de líderes políticos y sociales de oposición, que según afirman habría sido distribuido a militantes del oficialismo. «El pueblo sabe dónde tiene que ir», declararon ante las cámaras.

Paramilitares “de izquierda”

La situación continúa deteriorándose tras la decisión de Maduro de activar el llamado “Plan Zamora”, una estrategia militar de ocupación del territorio que incorpora, explícitamente, la actuación de grupos de civiles armados. Se trata de lo que desde el chavismo se denomina «colectivos» y que las organizaciones de derechos humanos han definido, lisa y llanamente, como «paramilitares». Durante el primer día de actuación del Plan Zamora, el 19 de abril, en 22 de los estados donde ocurrieron movilizaciones se documentó la actuación de «colectivos» en 16 de las regiones. Los videos los muestran desplazándose en motocicletas, con el rostro cubierto con capuchas y disparando armas de fuego.

La actuación de los «colectivos», en un contexto de violencia e inseguridad ciudadana que ubica a Venezuela dentro de los países más peligrosos de la región, puede agravar su ya delicada situación en derechos humanos. La noche del 20 de abril, ocho zonas de Caracas, incluyendo algunas que eran consideradas hasta hace poco como «territorios del chavismo», protagonizaron batallas contra las autoridades, que incluyeron saqueos a establecimientos comerciales.

La crisis podría tener su salida menos traumática si Maduro y su entorno permitieran la realización de elecciones. En el aikido en que se ha convertido esta situación haría falta un elemento: la desvinculación pública de la intelectualidad izquierdista internacional que durante mucho tiempo apostó por el proyecto bolivariano. Algunos han dado el primer paso (Noam Chomsky, Raúl Zibechi, Edgardo Lander, Clifton Ross), pero muchos de quienes saben que las cosas no van bien por el país caribeño han optado por el silencio. ¿Permitirán que el peso simbólico de su opinión sea utilizado por quienes buscan llevar a Venezuela a un momento diferente de su historia? (Publicado en Nueva Sociedad)

Diplomacy and interventionism

Rafael Uzcátegui
(Translation by Johnny Graterol.
https://medium.com/@jgratero/diplomacy-and-interventionism-bc4a617cf5e1)

There are people, some of them honestly convinced of it, for whom the actions of the Organization of America States regarding Venezuela’s situation is “interventionist”, an attack on the sovereignty of the country one should reject. This opinion seems to not know the difference between the different regional agreements subscribed by nation-States, some covering several aspects regarding human rights, and the unilateral decisions taken by one government against another, that could indeed be considered interventionism in their internal affairs.
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13 tuits contra la dictadura

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Rafael Uzcátegui

El chavismo-madurismo se ha convertido en una promesa cargada de pasado. El significante “Socialismo del Siglo XX” ha perdido contenido y se ha cargado negativamente.

Hoy, la construcción de sentido bajo la palabra “Democracia”, nueva receptora de los deseos, favorece a la resistencia a la dictadura.

El último mito del bolivarianismo es haber sido víctima de un golpe de Estado en 2002, al cual están apelando en los últimos días.

La clausura de 18 estaciones del Metro de Caracas, distantes de los puntos de concentración, refleja que la indignación contra el gobierno se encuentra repartida por toda la capital.

Ante la pérdida de apoyo popular, la defensa territorial del centro de Caracas es la última trinchera simbólica del oficialismo.

A lo interno de las movilizaciones se desarrolla una inteligencia colectiva, con el acumulado de experiencias de años anteriores

Políticos se han visto obligados a incorporarse al proceso movimientista ante la amenaza de ser desbordados por la energía actual de la multitud

Junto a crisis económica, Luis Almagro se ha convertido en el segundo elemento incontrolable para las fuerzas que apostaban a la conservación del status quo

Declaración de Fiscal General reconociendo el golpe de Estado abrió la Caja de Pandora. Las demandas acumuladas e insatisfechas, en el corto plazo, serán difícilmente represadas.

El video donde el diputado Freddy Guevara rescata a manifestante de la represión ha colocado la solidaridad a lo interno de las protestas en un nuevo nivel.

“Sin represión no hay violencia”. La frase que mejor sintetizó los hechos de la última semana fue dicha por el Cardenal de Caracas, Urosa Savino.

La dictadura necesita, desesperadamente, imágenes que le permitan mostrar al mundo que los otros son más siniestros.

Las rebeliones son contagiosas, siempre lo han sido. Siempre lo serán. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

Enjambre

Rafael Uzcátegui

El 30 de noviembre de 1999 ocurrió un acontecimiento que dejó perplejos tanto al gobierno de Estados Unidos como a los partidos de izquierda. Alrededor de 40.000 personas confluyeron en Seattle para protestar contra la reunión de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Por primera vez en décadas, el Tío Sam tuvo que utilizar la fuerza militar para contener las protestas de los propios norteamericanos, que habían sobrepasado a la policía.

Aquello, que inauguró lo que después se conocería como “Movimiento Antiglobalización”, sorprendió a los ajenos por la diversidad de movimientos y tácticas que se dieron cita en la ciudad. Por primera vez sindicatos y ecologistas coincidían en una movilización, que también incluyó a periodistas independientes, ONG, anarquistas del Bloque Negro, antimilitaristas, feministas, hippies y estudiantes universitarios. Cada uno realizó la actividad con la que se sentía más a gusto: Mientras la Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO) realizó una tradicional marcha de trabajadores, la Red de Acción Directa hacía sentadas en las calles estratégicas, los infoactivistas creaban “Indymedia, mientras los anarquistas rompían vidrieras de transnacionales y los ecologistas, disfrazados de animales, desplegaban un carnaval callejero, por nombrar sólo algunas. La suma de todas ellas logró el objetivo: Atraer la atención del ciudadano común sobre el libre comercio, visibilizar su lado oscuro, protagonizar los titulares de los medios de comunicación de todo el mundo y desnudar el lado represivo del Imperio.

Aquel desbarajuste obligó a que desde la Casa Blanca se contratara un think thank, la Corporación Rand, para estudiar el fenómeno y sentar conclusiones de cómo enfrentarlo. Los investigadores John Arquilla y David Ronfeldt realizaron la investigación, que después presentaron como “El nacimiento de la guerra en red”. Entre las recomendaciones al Pentágono sentenciaron: No se puede abordar los nuevos conflictos desde una estrategia tradicional. Las redes se deben enfrentar desde otras redes. Al despliegue en las calles de Seattle lo llamaron “swarming” (enjambre), maniobra de dispersión de los focos de manifestación, para dificultar la represión. Atomizar las manifestaciones para socializar y multiplicar la capacidad de convocatoria, visibilización e impacto público en el territorio urbano. La metáfora hablaba por sí sola: A un enemigo común, atacarlo desde diferentes piquetes de aguijón para debilitarlo.

Enfrentemos a la dictadura como un enjambre. No gastemos tiempo criticando las acciones de los demás. Vamos a crear las nuestras o sumémonos a las que más nos gusten. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

Ministerio Público confirma 5 muertos en contexto de manifestaciones

Lara
Gruseny Calderón

Provea/Proiuris

Según información divulgada por el Ministerio Público, recopilada por Provea y Proiuris, hasta el día 13 de abril de 2017 habrían fallecido 5 personas en el contexto de manifestaciones. Según las notas de prensa de la Fiscalía, los casos serían:

 

  1. Jairo Johan Ortiz Bustamante

            06 de abril

            19 años

            Miranda

 

Información oficial del Ministerio Público[1]: “El hecho ocurrió el pasado 6 abril en el sector Montaña Alta, municipio Carrizal del estado Miranda. A las 10:00 de la noche del mencionado día, la víctima estaba en una manifestación realizada en el citado sector, cuando funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y de la PNB se aproximaron a la zona, donde Ortiz Bustamante recibió un disparo que le ocasionó la muerte. Posteriormente, los efectivos de la GNB detuvieron a Mata Rojas y lo pusieron a la orden del Ministerio Público.

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La deriva dictatorial de la revolución bolivariana

Rafael Uzcátegui

La misma semana en que la Organización de los Estados Americanos (OEA) discutió un informe sobre la situación de Venezuela, el Tribunal Supremo de Justicia venezolano emitió, con pocas horas de diferencia, dos sentencias aboliendo de facto la Asamblea Nacional de esa nación.

Casi al mediodía del 30 de marzo el presidente del Poder Legislativo, el diputado Julio Borges, calificó la decisión como un golpe de Estado: “Esto es una dictadura y el mundo nos tiene que ayudar a los venezolanos a prender todas las alarmas”, afirmó. El viernes, la fiscal general Luisa Ortega Díaz, durante muchos años aliada del gobierno, dijo que las sentencias representaban violaciones a la constitución que constituían una “ruptura del hilo constitucional”.

En apenas 30 días el deterioro del escenario venezolano ha alcanzado una velocidad de vértigo. En el último trimestre de 2016 se realizaron inmensas movilizaciones en varias ciudades para apoyar un referendo revocatorio contra el presidente Nicolás Maduro, pero el gobierno utilizó ardides jurídicos para impedir su realización. El pesimismo y la desilusión de los venezolanos se generalizó cuando el gobierno llamó a un diálogo con la mediación del Vaticano. El gobierno no cumplió ninguno de los acuerdos y la población volvió a sus casas, mientras la crisis de alimentos y medicinas se profundizaba.

Los sectores “progresistas”, tanto del continente como del mundo, que hasta ahora se han mantenido en silencio —cómplice en algunos casos, ignorante en la mayoría— ante la destrucción de Venezuela ha permitido, para decirlo en términos tradicionales, que la narrativa sobre la deriva de la revolución bolivariana haya sido monopolizada “por la derecha”.

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Vodka piche

Rafael Uzcátegui

El madurismo, el chavismo burocratizado realmente existente, a pesar de los señalamientos de narcotráfico continúa -hasta el momento en que esto se escribe- tratando a Donald Trump con manos de seda. Analistas opinan que Miraflores está a la expectativa de la reunión entre el mandatario estadounidense y ruso, por lo que los tovarich han sugerido a Caracas silencio hasta que las cartas se pongan sobre la mesa.

Usted y yo podemos especular sobre las razones por las cuales este país tropical sea, en las actuales circunstancias, tema de conversación en dicha cumbre presidencial. Por ahora nos referiremos a hechos concretos. Hoy, el negocio de exportación de armamento ruso a Venezuela.

Según el último informe del Instituto de Investigaciones de Paz de Estocolmo (SIPRI por sus siglas en inglés), entre los años 2012 a 2016 Venezuela es el único país latinoamericano en el ranking mundial de los 20 mayores importadores de armas. Tomando sólo los años de gobierno de Nicolás Maduro, 2013 a 2016, a pesar de la crisis se ha gastado 1.535 millones de dólares en armamento, 75% proveniente de Moscú. En estos años el país ha sido su quinto mejor comprador, detrás de India, Vietnam, China y Argelia, en un monto de 1119 millones de dólares.

Sobre el último informe de SIPRI Aude Fleurant, analista franco-canadiense del ente, consultado por El País declaró: “Venezuela se mantuvo como el principal importador latinoamericano, pero lo redujo -en el 2016- un 17% únicamente porque su economía ha colapsado”. Durante la administración Maduro los sistemas de defensa antiaérea se han llevado 630 millones de dólares, seguidos por: Misiles (338 millones $), Vehículos blindados (268 millones $), Aeronaves (187 millones $), Artillería (65 millones $), Barcos (42 millones $) y motores (5 millones $).

En abril de 2015, cuando la crisis económica del país se había mostrado en su esplendor, la periodista Tatiana Rusakovah preguntaba abiertamente “¿Continuará Maduro comprando armamento ruso?”: “Los problemas de la economía venezolana –afirmaba- ponen en duda la capacidad de este país latinoamericano de sufragar estas compras. Considerando que la cooperación técnica militar no es un ámbito únicamente económico, sino también político, las partes podrían acordar la apertura de una línea de crédito (como ya sucedió en vida de Hugo Chávez), o bien desarrollar un sistema más flexible para el pago de este tipo de producción”. ¿No les genera curiosidad la frase “sistemas de pago flexibles”?

El gobierno de Maduro, devenido en dictadura moderna, intenta llegar al 2018 para organizar un simulacro de elecciones y mantenerse en el poder. Parece hoy apostar que la aleación Trump-Putin vuelva a poner el viento a su favor. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)