Yo no olvido al año viejo

Rafael Uzcátegui

2017 es, según muchos indicadores, el peor año vivido desde que el modelo de dominación bolivariano llegó al poder. El gobierno ha aceitado la cadena de montaje de su fábrica de pobreza y exclusión, el mayor índice de inflación desde que se llevan estadísticas en el país, la privatización del derecho a la salud por la vía de los hechos y la reducción de la cantidad de alimentos consumidos, en un escenario en que el hombre, la mujer y los niños, se están convirtiendo en lobos para el hombre.

Con todo y lo anterior, empero, considero que en el 2017 ha surgido un nuevo tipo de ciudadanía en el país, cosa que pudo verse –y que hizo posible además- el ciclo de protestas que ocurrieron entre abril y julio. Si bien el chavismo logró intervenir el tejido asociativo de base que hubiera permitido mayores respuestas colectivas y cooperativas a la crisis, desde sus cotos privados los venezolanos han tenido gestos que nos han recordado que no ha desaparecido, del todo, lo mejor de nosotros. Quienes estuvimos 4 meses en la calle tuvimos el privilegio de ser testigos de innumerables gestos de desprendimiento y de solidaridad, entre los de a pié, con los que luchaban. Precisamente ha sido esa experiencia sobre el asfalto, bajo el humo de las lacrimógenas, la que ha formado políticamente a muchos venezolanos, que hoy tienen –equivocada o no, ese es otro asunto- su propia opinión sobre lo que sucede a nuestro alrededor. Para decirlo de otra manera: Atrás quedó la “masa”, en el peor sentido del término, que podía ser direccionada con un mensaje en televisión o una consigna, como por ejemplo vimos bastante en el año 2002. Hoy la gente ha tomado postura y la plantea de todas las maneras que sabe. Cualquier político que crea que un tuit o un periscope es suficiente para proponer una estrategia, obviando los espacios de deliberación físicos necesarios en cualquier cosa que usted califique como “política”, estará condenado a la soledad.

Otra cosa que agradeceré al 2017 es el fin del chantaje unitario, ese que excusaba los desafueros de la oposición y demonizaba a cualquier cosa que criticara alguna de sus contradicciones. Una cosa es la sintonía en los objetivos, de parte de un amplio espectro de posiciones políticas, y otra es la homogeneización impuesta y la autocensura “para no dar armas al enemigo”. La única manera de recuperar la democracia, disculpen que seamos tan repetitivos, es mediante un movimiento que funcione democráticamente. La falta de apoyo electoral debe entenderse, entre otras cosas, como un hartazgo de los liderazgos caciquiles inamovibles.

Por último, querido año que languideces, te agradeceré que ante la adversidad las personas y personajes hayan mostrado su verdadero rostro, su talón de aquiles. Los autoritarismos, ojalá fuera tan sencillo, no se encuentran en un solo lado. Quienes se ufanaban de ser próceres de la moral y luz revolucionaria le han dado la espalda a las mayorías que tanto decían defender y, como decía el viejo Domingo Alberto, se han apoltronado en el banquete de los privilegios del poder.

La historia es sinuosa, pero siembre seremos los barros formados por los lodos de la experiencia propia. Madurar, individual y colectivamente, es doloroso, pues nunca se aprende por vivencia ajena. 2017, gracias por hacernos crecer. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

Somos el 70

Rafael Uzcátegui

Lo que sucede en Venezuela es el perfeccionamiento de un modelo de dominación que apareció en el año 90 con Alberto Fujimori en el Perú. Personalidades carismáticas que, en un contexto de deudas sociales acumuladas e instituciones débiles, tergiversan los mecanismos de la democracia para mantenerse, irregular e indefinidamente, en el poder. Los académicos han intentado crear categorías que la expliquen, pero a falta de una mejor denominación, comprensible para el ciudadano de a pié, la ausencia de democracia se entiende como dictadura, una adecuada a los tiempos que corren.

Algunos de sus rasgos, como la cooptación del poder judicial o el control sobre el arbitro electoral se pueden conseguir en gobiernos de diferente signo ideológico (Bolivia y Honduras, por ejemplo), pero reiteramos que es el experimento venezolano donde el autoritarismo experimenta en nuevos terrenos.

Tras haberse convertido en una fábrica de pobreza, el gobierno de Nicolás Maduro sabe que su popularidad no podrá remontar la cuesta que alguna vez conquistó Hugo Chávez. Si tomamos el dato de las dos últimas elecciones, bajo la Constituyente, tenemos que la votación del bolivarianismo realmente existente se ha estancado en un porcentaje alrededor del 30%. La estrategia consecuente es, ante la imposibilidad de aumentar el caudal electoral, reducir la del resto a una cifra menor. El meollo del fraude es impedir que los electores del resto de la oferta lleguen hasta las urnas, inhabilitando candidaturas, dividiendo y enfrentando las coaliciones opositoras, erosionando la confianza en el mecanismo electoral, amenazando con represalias.

Mientras el madurismo socializa la sospecha entre sus contrarios gobierna para mantener incólume su 30%. Durante el 2018 se gobernará sólo para un tercio de la población, mientras el restante sufre los embates de la discriminación como política de Estado. El chavismo, ese movimiento que anunció revolucionar la democracia, finalmente consiguió trampearla para mantener los privilegios del poder.

El resto, para quienes somos el 70%, es poder descifrar correctamente las simulaciones y estrategias del autoritarismo para construir un movimiento democrático e inclusivo, con sus mecanismos de deliberación para canalizar las diferencias y ser lo suficientemente prefigurativos para construir una avanzada de la Venezuela que queremos.

Javier Torres, de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos del Perú, explicó durante su visita al país que la actitud de los partidos políticos cambió cuando se descubrió que el proyecto fujimorista intentaba, contra toda lógica racional política, mantenerse a largo plazo. Para quienes creyeron que era suficiente con esperar a las elecciones presidenciales de 2018 para promover un cambio en el Ejecutivo, la dictadura total constituyente ha derrumbado sus ilusiones. El año que viene nos toca pelear o doblegarnos definitivamente. Tenemos estos días de fin de año para pensarlo. Felices días en familia. @fanzinero

Mate de coca

Rafael Uzcátegui

El pasado 29 de noviembre el Tribunal Constitucional de Bolivia autorizó al presidente Evo Morales a ser candidato, de manera infinita, para su reelección a la primera magistratura del país. Cuando uno pensaba que Venezuela era campeón de los giros argumentales del museo imaginario del absurdo, el país andino aparece como competidor. Según explicó el magistrado Macario Cortez los artículos de la Carta Magna que limitan a dos los períodos consecutivos son “inaplicables”, pues la realidad imponía “declarar la aplicación preferente de los derechos políticos de la ciudadanía” por encima de la Constitución. Si fuera cierto el interés por la opinión de la soberanía popular, no se habría desechado los resultados del Referendum Constitucional del 21 de febrero de 2016, cuya pregunta sobre la aprobación del proyecto para permitir una tercera relección del Presidente fue votada “No” por un 51.3% de los votantes.

Esta decisión se tomó a pocos días de las elecciones de los magistrados de los principales tribunales del país, incluyendo el Constitucional, que en Bolivia son elegidos por voto popular. Cuando esta columna se escribe el sufragio nulo –en un país donde votar es obligatorio- se contabilizaba en 52% con el 88% de las actas verificadas. Aunque no todos coinciden en el carácter plebiscitario de los resultados, lo cierto es que el malestar por la decisión de un tribunal saliente -¿Dónde habré visto esta película antes?- generó respuesta popular en las urnas y en las calles. En varias ciudades la indignación de las multitudes coreaba “¡No somos Venezuela!”.

Esta decisión de torcer los dictados constitucionales, de una Carta Magna promovida por el propio “proceso de cambios” del país andino, reitera que los nuevos autoritarismos en la región tienen como una de sus estrategias principales el uso del sistema de administración de “justicia” para intentar darle legitimación a sus decisiones abyectas, que en última instancia persiguen la permanencia indefinida en el poder. Esta modalidad, inaugurada en el Perú de Fujimori, perfeccionada en la Venezuela de Maduro y replicada ahora en Bolivia aún no despierta las suficientes solidaridades y rechazos. Aunque la distancia entre discurso y práctica sea abismal, y los entusiasmos cada vez son menores, la pirotecnia de la retórica de los progresismos continúa confundiendo a un sector de la intelectualidad y activistas de izquierda internacional, cuyos cálculos políticos se han colocado por encima de los valores que dicen defender.
Debido al conocimiento que brinda la experiencia, el movimiento de derechos humanos del Perú ha sido incondicional con las denuncias de sus pares venezolanos. No podemos ser menos con los reclamos que se vienen haciendo desde el altiplano. Búsquese usted el sector con el que sienta más afinidad. Lo importante es que no se repita con Bolivia la situación de incomprensión, por darle un nombre elegante, que hemos sufrido los venezolanos durante tanto tiempo, y que ha contribuido a que la situación haya llegado hasta la hiperinflación, la institucionalización de la tortura, el fallecimiento de personas por fata de tratamiento médico, la crisis migratoria y la suspensión indefinida de las garantías democráticas del derecho al voto. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

La pesadilla

Rafael Uzcátegui

Iván de la Vega, profesor de la Universidad Simón Bolívar de Colombia, realizó una investigación en la que determinó que en las últimas dos décadas, que coinciden con el despliegue de la caraqueña revolución bolivariana, 900.000 venezolanos -incluyendo los que tienen doble nacionalidad- se han instalado en las tierras de Santander. El ritmo de la migración, tímido al comienzo pero acelerado en los meses que van del 2017, ha hecho que para el presidente Juan Manuel Santos Venezuela se haya convertido en su “peor pesadilla”. Y es que el titular de la Casa de Nariño tiene algo claro: Si por la artimaña que sea Maduro es electo para 6 años más, el chavismo habrá cumplido quizás la única de sus profecías: Haberse transformado en río crecido… de personas cruzando el puente internacional sobre el rio Arauca.

Sin embargo esta sangría no tiene ningún costo para Miraflores. Los expatriados son tratados en las embajadas venezolanas por el mundo, literalmente, como enemigos. No existe ninguna política pública para informar a los connacionales de sus derechos al brincar la frontera. Y hasta el Defensor Constituyente se da el lujo de afirmar, sin ningún tipo de contestación, que son más los venezolanos que entran en relación a los que salen. La crisis instalada entre nosotros, agravándose mientras escribo este texto, ha viralizado el imaginario que sólo hace falta dejar atrás Maiquetía, San Antonio, Santa Elena de Uairén o Paraguaipoa para que todo, mágicamente, comience a resolverse. Sin embargo, la realidad no es única porque la migración venezolana son muchos mundos, tanto así que comienzan a clasificarse en oleadas. La primera de ellas el éxodo empresarial y de clase acomodada. Seguidamente la de clase media, que vendió carro y apartamento para apostarle a un presente mejor. Luego los migrantes populares, que llegan a los terminales de otros países con 200 dólares en la cartera y el ánimo de trabajar en cualquier cosa. Finalmente, se dice, la última marejada son los perseguidos políticos, que en Bogotá se hicieron conocidos por la llegada de Luisa Ortega Díaz y Antonio Ledezma.
Lo cierto es que los venezolanos, por ahora sin dolientes endógenos, se esparcen por toda la región, haciendo lo que pueden para sobrevivir y sufriendo, como todas las olas migratorias, de quienes ven en el tráfico de personas una oportunidad para la extorsión. Si usted piensa que es un drama que un ingeniero de sistemas o una profesora de física limpien y sirvan mesas en una cafetería, le cuento que hay muchísimo horror que desconoce: El de 8 paisanos viviendo en un cuarto por meses, vendiendo chicles en el Transmilenio o esclavos sexuales de pranes que les prometieron casa y trabajo, y que deben prostituirse para pagar los supuestos gastos de traslado e instalación. La migración venezolana, que no es más ni menos que ninguna otra, sufrirá en carne propia los rigores del destierro y la xenofobia.

Todos conocemos alguien que se ha ido. La nostalgia debe dar paso a la indignación, pues si no hay cambios entre nosotros los que partirán serán mucho más. Una noche extendida con su correspondiente pesadilla. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

Bodas de oro Alberto y Celia

El pasado 16 de diciembre en la Colonia Tovar nos juntamos como familia para celebrar los 50 años de matrimonio de Alberto y Ana Celia. Se renovaron los votos, se compartieron anillos, se hizo la bendición de los recuerdos y luego compartimos una copa de vino y una deliciosa cena. Todo en un pueblo que a pesar de la crisis, sigue conservando lo mejor de sí para mostrarlo a los visitantes. Medio siglo de amor en todas sus dimensiones, ejemplo de vida para todos nosotros.

Sudaca: La recopilación definitiva de rock latino

Sudaca

Cuando comenzamos el proyecto Humano Derecho Radio sabíamos que el rock latinoamericano tendría un lugar destacado en la programación. Al comenzar a recopilar canciones de su edad de oro nos dimos cuenta que los diferentes compilados que sacaron las compañías discográficas eran incompletos y sesgados. Por ello comenzamos a ripear nuestros propios discos y hacer un proceso de búsqueda de los referentes de casi todos los países de la región, de la década de los 80´s y 90´s, que finalmente se programaron para sonar los fines de semana en la mañana, en un segmento llamado, precisamente, “Sudaca”.

Ahora, con la excusa de las fiestas de fin de año, queremos liberar esta selección. Aquí se encuentran los exponentes más conocidos, esos que estás pensando y que no enlistamos para que no denuncien el enlace, pero también bandas más desconocidas pero igual de maravillosas, algunas calificadas como de un sólo éxito. Por citar unas pocas Trama de Perú, Pasaporte tanto de Colombia como de Argentina e Identikit del Cono Sur. En total son más de 370 canciones, etiquetadas, normalizadas y convertidas a mp3 de 128 kbps, para un total de 1 gb de música de la época más sorprendente del rock de este lado del mundo.

La portada de esta iniciativa es con Fricción, la extraordinaria banda de Richard Coleman, hoy considerada de culto en el underground porteño y que fue apadrinada por el propio Gustavo Cerati, que grabó la guitarra en el primero de sus dos discos.

El enlace para descarga es https://mega.nz/#!NaxjnCpQ!HZ7syJ8khopUdCLoQtNQ23o_ZouhzLpeHnDmBV4MS58

En Venezuela escasea de todo, pero desde Humano Derecho tenemos mucha buena música y actitud activista para compartir. Felices fiestas de fin de año.