Viaje a El Amparo



El Amparo es un olvidado y lejano pueblo que bordea el Rio Arauca en el estado Apure, besando la frontera con Colombia. De hecho, el municipio Páez, al que pertenece el poblado, representa el 15%  de la extensión geográfica de la frontera entre los dos países. En Guasdualito, la población más cercana y 6 veces más grande, se encuentra una sede de Pdvsa. Pero El Amparo no le hace honor a su nombre. La carencia de servicios básicos y de empleo para sus habitantes, aunado al control territorial que ejercen diferentes grupos armados lo convierte literalmente en un pueblo sin ley. Si los venezolanos y venezolanas tenemos noción de que existe un pueblo con ese nombre, es por el triste honor de haber sido escenario de una masacre perpetrada por un comando militar y policial, en el cual 15 campesinos fueron asesinados y presentados a la opinión pública como guerrilleros. El próximo 29 de octubre se celebra el 20 aniversario de la Masacre de El Amparo.

 

Aquel montaje gubernamental se deshizo tras el testimonio de dos personas que sobrevivieron a la emboscada. Wilmer Pinilla y Jose Augusto Arias no tienen vocación de héroes, pero su determinación en difundir la verdad puso a prueba su dignidad y los ha marcado de por vida. Ellos aún permanecen en el pueblo, paradójicamente el lugar del mundo dónde se sienten más seguros. Su breve exilio en México les recordó la soledad en la que viven los seres humanos, por ello, desean quedarse y morir en la comunidad en la que son conocidos… y queridos.

 

Después de 20 años los familiares aún lloran a sus muertos. Lo que más les duele, el peso que les oprime cotidianamente el pecho, no es la exigua indemnización que les pagó el gobierno venezolano, las viviendas malhechas de zinc que les entregó Blanca Ibañez, ni que los autores materiales e intelectuales gocen de una escandalosa impunidad y altos cargos en la administración pública. Si algo desean con fervor cada una de las madres, hermanas, primos e hijos de aquellos 14 asesinados es que puedan descansar en paz como pescadores, libres de la sombra que los asocia al bandolerismo y el cobro de vacunas.

 

En esa frontera la pobreza ha congelado en el tiempo el pueblo de 8.000 habitantes. Si algún lugar de Venezuela la impunidad ha hecho para sí un pedazo de tierra, si una esquina del país puede evidenciar cuánto hemos avanzado en materia de justicia social es, precisamente ese perdida comunidad llamada El Amparo.