Nodos & Redes: Carlos Andrés Pérez: Musa punk criolla

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Rafael Uzcátegui

Cuenta la leyenda del punk-hardcore norteamericano que a mediados de los 90´s Joe “Shithead” Keithley, vocalista de la banda canadiense D.O.A. preguntó al público durante un concierto: “¿Quién fue la persona que hizo por el punk rock en los años 80 más que nadie? Y no estamos hablando de Jello Biafra o John Lydon”. Ante la ausencia de respuestas de una muchedumbre expectante, respondió “¡Fue Ronald Reagan! Todo el mundo se metió en bandas punk por su causa”. Efectivamente, Ronald Reagan, presidente de los Estados Unidos entre los años 1981 a 1989, unió a toda la camada vociferante del underground del norte del Rio Grande en contra de un enemigo común: Un gobernante de la línea dura, promotor del recorte de políticas sociales y aumentos de beneficios para el sistema financiero y autodeclarado baluarte de la lucha anticomunista –o cualquier cosa que se le asemejara-. La política del antiguo actor de la Warner Brothers, conocida como “Reaganomics”, inspiró la ira de muchas de las agrupaciones punk-hardcore de la región, como Dead Kennedys, Bad Religion, Bad Brains, The Minutemen, Wasted Youth, D.R.I.,  Direct Control, D.O.A; les colocaba nombre a otras, como Reagan Youth o protagonizaba los artes de portadas de discos y avisos de conciertos.

Del otro lado del océano, una homóloga de Reagan generaba el mismo efecto entre los peliparados de colores. Margaret Thatcher, primer ministro del Reino Unido casi durante los mismos años de presidencia de Reagan, fue la musa que sustituyó rápidamente a la Reina tras el manifiesto fundacional provocador “God save the queen” de los Sex Pistols. No obstante, el rechazo que provocaba la figura de la “dama de hierro” sobrepasó las fronteras del punk y alcanzó otros géneros. Morrisey, Elvis Costello, Sinnead o Connor, The Specials, The English Beat, Paul Weller y The Jam se unieron al sindicato anti-Thatcher promovido por bandas de 3 acordes como Varukers, Crass, The Larks, Poison Girls, The Exploited, Chaos UK, Anti-Pasti o los sugerentes desde la propia entrada Thatcher On Acid. La animadversión era tanta que luego de la noticia de su muerte, en abril de 2013, el ex cantante de The Smiths declaró “Sólo los sentimentales que no sufrieron bajo su mandato recordarán con cariño a Thatcher (…) Pero la mayor parte de la clase obrera británica hace tiempo que la olvidó”.

Una inspiración que vino de Rubio

A comienzos de la década de los 90´s todos los males de Venezuela se personificaron en la figura de Carlos Andrés Pérez (CAP), quien ganó un segundo período presidencial en el año 1989 vendiendo la ilusión de regresar al país a la época de las llamadas “vacas gordas”, cuando los altos ingresos petroleros de mediados y finales de los 70´s promovieron en el país altos niveles de consumo –y endeudamiento público-. El “gocho”, como popularmente se le conocía, defraudó rápidamente a propios y extraños promoviendo un paquete de medidas de austeridad junto a un programa de ajustes estructurales que incluyeron el aumento de la gasolina. La indignación popular provocó una ola de manifestaciones que se inmortalizaron como “El Caracazo”, dejando una cantidad desconocida de personas asesinadas por el ejército y la suspensión de las garantías constitucionales, con lo que el foco de la indignación se colocó sobre el primer mandatario.

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Contracultura hoy: Diques y olas

Rafael Uzcátegui

Una valoración entusiasta de la contracultura apuntaría que la misma es el reverso histórico de la propia cultura, un movimiento pendular perdido en el tiempo cuya esencia son valores, discursos, símbolos y prácticas sociales opuestas a los valores dominantes en una sociedad dada en un momento determinado. El hombre, rebelde por naturaleza –en palabras de Camus- o andante volcán dormido –recientemente para Holloway- en esta dinámica de tensión con los poderes fácticos, ha forzado al orden a la innovación permanente para no ser sobrepasada por sus antagonistas e incorporarlos en la gestión sistémica de una cultura ampliada y enriquecida por los vanguardistas. Como fenómeno dinámico y sincrético, es la cultura en mayúsculas la que se transforma y es forzada a ser más tolerante, abierta y diversa tras la digestión de los incordios de sus transgresores.

Los adelantos en las tecnologías de la información y la ebullición de las llamadas redes sociales, en cuya génesis se encuentran la colaboración y la descentralización, parecen ubicarnos en una época privilegiada. El viejo sueño de una comunidad global, sin fronteras ni banderas, parece estar al alcance de un e-mail. Las redes digitales han demostrado que la inexistencia de centros y la cooperación sin mando por objetivos comunes son un motor poderoso para potenciar el altruismo en los seres humanos. El desarrollo de programas de autoedición, amables y accesibles, en software libre cuyas mejoras dependen de los aportes de sus propios usuarios y usuarias, han democratizado como nunca antes la posibilidad de desarrollar vocaciones para el cine, la fotografía, la expresión plástica, el periodismo  y la literatura. Los proyectos colaborativos, los colectivos efímeros y los proyectos basados en la afinidad han suplantado a curadores y críticos de arte para la sintonía con las audiencias.

Sin embargo, todas estas posibilidades están siendo maniatadas por esa imagen invertida de la sociedad en el que las relaciones entre mercancías han sustituido las relaciones entre las personas. Cuando pensamos en contracultura nos asalta la imagen fija de las expresiones que caracterizaron las décadas de los 60, 70 y 80. Durante los últimos veinte años hemos sido testigos del espectáculo reiterativo de la vieja contracultura convertida en cultura oficial. Las Olimpíadas del 2012 oficializaron lo que predecían los Crass hace 30 años y han venido anunciando las vitrinas en los últimos años: La muerte del punk, el clímax de la contestación a los valores establecidos en los 80´s. El sustrato de la contestación contracultural en años anteriores –la abolición de la familia nuclear patriarcal, la edificación de subculturas ante la dominación de la cultura de masas, el hedonismo y la automarginación críticas del trabajo asalariado- han sido superadas por la reconfiguración de una economía informatizada de alcance global. La propia diversidad es combustible para el marketing. Y las subculturas, momificadas y convenientemente delimitadas, motores de la sociedad de consumo: A más identidades más mercados.

Los diques a la contracultura no se limitan a la repetición del antiguo gesto rupturista hasta el vacío de contenido y su infantilización esteticista. Los antiguos iconoclastas han superado la crisis de los 40 creyendo ser fieles a sí mismos incorporando en sus sitios de trabajo, del Estado o el mercado, un pálido reflejo de sus días adolescentes. Es así como los antiguos beatniks o punks hoy incorporan a los anuncios de marketing y campañas publicitarias la ornamentación Do It Yourself y la psicodelia que en algún momento amenazó con destruir, desde los cimientos, las instituciones de las que ahora forman parte. En el caso de América Latina la crisis generacional se homologa desde la diestra, en tiempos en que la izquierda regional se retuerce entre el bostezo y el autoritarismo. El recambio burocrático ocurrido en los países cuyos gobiernos se autodenominan “progresistas” han ensanchado el abanico de subsidios clientelares. Es así como el Ministerio de Cultura ecuatoriano financia fanzines en Quito o su homólogo venezolano paga clases de malabarismo y conciertos punks para la muchachada. Los viejos íconos reciclados para legitimar nuevas gobernabilidades y mostrar, en los anuncios de propaganda, un falso árbol genealógico: Hasta ayer el rock, en todas sus variantes, era alienación capitalista para los partidos de izquierda de la familia leninista-sudamericana.

Toda crisis es una oportunidad. La emergencia de la interconectividad instantánea abre infinitas posibilidades para la manipulación y ensamble de formatos analógicos y digitales, en una territorialidad en que la escasez y la precariedad continuarán motorizando huidas hacia adelante y la experimentación de nuevos lenguajes. Por suerte, el ser humano siempre tendrá la capacidad de trascenderse a sí mismo y rebelarse contra los poderes que limitan su realización. La transgresión y la ruptura, tanto en política como en arte, seguirán estando en el horizonte, y como olas seguirán conduciendo nuestras islas, con volcanes dormidos, por el mar de la satisfacción de nuestros deseos y necesidades. 

Sarri Sarri, una distribuidora alternativa en Santiago de Chile

Durante el pasado mes de noviembre, cuando tuve la suerte de estar unos días en Santiago, tuve la oportunidad de visitar a Sarri Sarri, una tienda de material independiente ubicada en el centro de la ciudad. Allí me atendió gentilmente Natalia, con quien pude conversar, cambiar cosas y traer algunos regalos. Esta entrevista salió de aquella ocasión, grabada y editada sencillamente con lo que trae la Flip video. Su sitio web aqui

10 mangos del árbol contracultural

Rafael Uzcátegui

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Para Albert Camus un rebelde es un hombre –o mujer- que dice “no”. Según el autor de “La peste”, en el acto de negación nace, confusamente, una toma de conciencia, la invocación de un valor, una adhesión a una parte de sí mismo y de los otros. Para John Holloway en cambio, un rebelde es alguien que grita, un leco que rechaza la resignación porque intuye que las cosas podrían ser de otra manera. Un chillido que evidencia la tensión entre el indicativo (lo que es) y el subjuntivo (lo que puede ser). En nuestro acercamiento a la contracultura haremos una afirmación audaz: un inconforme es un individuo que bosteza.

Hilemos una mínima sabana conceptual para abrigarnos. Cultura es aquello que una comunidad humana ha creado y lo que ha sido gracias a esa creación; lo que ha producido en todos los dominios donde ejerce su creatividad y el conjunto de rasgos que, a lo largo de ese proceso, han llegado a modelar su identidad y a distinguirlo de otras. Contracultura, repitiendo la noción expresada por el sociólogo español Manuel Castells “es el intento deliberado de vivir de acuerdo con normas diferentes y hasta cierto punto contradictorias de las aplicadas institucionalmente por la sociedad y de oponerse a esas instituciones basándose en principios y creencias alternativos”. Una serie de pautas, valores y comportamientos comúnmente aceptados –la cultura- versus el antagonismo de otros que se le oponen –la contracultura-. Entre estos extremos, consenso y oposición, existe un término medio: la subcultura, un grupo que acepta ser parte de la institucionalidad proponiendo códigos y normas que le son propias, y que lo diferencian del resto.
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Maniática: Clip de video del tema “Poder” (¿1994?)

El vertiginoso desarrollo de las tecnología internautica ha permitido la difusión, como nunca antes, de la música que anteriormente circulaba entre el círculo de los entendidos. En You Tube, un montón de gente crea clips de video de bandas, armando imágenes a la manera de un diaporama, lo que le ha permitido a muchas agrupaciones musicales tener algo bastante parecido a un video, a un costo irrisorio.  

Maniatica fue una banda española de mediados de los 90´s, gustoza del anarquismo y de un montón de causas tan perdidas como imprescindibles. Alguien les hizo un video, de un bonito tema, que alguna vez escuchamos hasta que el cassette literalmente se desintegró entre los engranajes del reproductor de cintas de la época.