Más dinero para lo militar, menos para lo social

noakRafael Uzcátegui

El análisis de la ley de presupuesto 2014, aprobada en octubre pasado por la Asamblea Nacional y ejecutado en la actualidad, nos permite visualizar las jerarquizaciones y énfasis de las políticas públicas en el año que transcurre.  Un primer dato lo constituye la lista de las diez principales instituciones que más reciben dinero en el 2014. En orden de mayor a menor son: Finanzas, Relaciones Interiores Justicia y Paz, Educación, Trabajo y Seguridad Social, Defensa, Educación Universitaria, Salud, Consejo Federal de Gobierno, Transporte Terrestre y Energía Eléctrica. Este ranking, con relación al del 2013, tuvo pocas variaciones. Trabajo pasó del 5 al 4 lugar y Educación universitaria del 7 al 6.

El total del presupuesto de gastos para el 2014 es de Bs. 552.632.553.461, significando un aumento neto de  Bs 156.225.805.274 respecto al del año pasado, cuando el total fue de Bs 396.406.748.187. Esta diferencia es diferente si calculamos la depreciación del poder adquisitivo como consecuencia de la inflación. Si le sumamos al monto del 2013 la cifra de inflación calculada por el Banco Central de Venezuela, que fue de 56%, el resultante sería Bs. 618.394.527.171, por lo que en vez de aumentar disminuyó en Bs. 65.761.973.710

A pesar que discursivamente el Ejecutivo Nacional insiste en el área social, los datos reflejan que existe más preponderancia en el sector militar que en la mayoría de las instituciones que deben garantizar estos derechos. El Ministerio de Defensa ejecuta una partida de Bs. 35.042.404.376, mientras que otras instituciones reciben un monto mucho menor. Calculemos las proporciones para este 2014: Defensa recibió 5.3 veces más dinero que el Ministerio de Alimentación; las Fuerzas Armadas recibieron 7.6 más presupuesto que el Ministerio del Ambiente; Los militares recibieron 8.6 veces más dinero que el Ministerio de Agricultura y Tierra; El despacho castrense recibió 10.7 veces más recursos que el Ministerio de Vivienda. Sin embargo, los abismos más grandes es con otras instituciones. A los militares durante el 2014 les fue asignado 20 veces más presupuesto que al Ministerio de Cultura, 22.3 veces más dinero que al Ministerio de Deportes, 43.7 veces más que el Ministerio de Juventud y 44.2 veces el presupuesto del Ministerio de la Mujer. Según la Ley de Presupuesto 2013 las Fuerzas Armadas están compuestas por 146.786 personas, mientras que según el Censo 2011 la población indígena del país está conformada por 725.128 personas. A pesar de esto, los militares para el 2014 recibieron 166.8 veces más dinero que la partida presupuestaria para los pueblos originarios.

El pasado 14 de abril, a propósito del Día Mundial de Acción contra el Gasto Militar, el experto de la ONU Alfred de Zayas opinó que “Toda democracia debe involucrar a la sociedad civil en el proceso de establecer los presupuestos y todos los sectores sociales deben ser consultados para determinar las prioridades reales de la población”. El énfasis presupuestario destinado a las Fuerzas Armadas en el país confirma el proceso de militarización entre nosotros.  (Publicado en el Diario 2001)

Venezuela y gasto militar

noakColumna de Provea para el Correo del Caroní redactada por Rafael Uzcátegui

 

Hoy 15 de abril se celebra, alrededor del mundo, el Día Mundial de Acción contra el Gasto Militar, iniciativa coordinada por la Oficina Internacional de la Paz y apoyada por la Internacional de Resistentes a la Guerra, la red antimilitarista más antigua del mundo, con sede en Londres. En la región diferentes iniciativas y organizaciones circulan un pronunciamiento en donde exigen que los países latinoamericanos no gasten más dinero en juguetes de guerra “y hace que las gigantescas sumas de dinero que van al gasto militar no puedan ser usadas para el gasto social, tan necesario en nuestra región”. Si bien los fenómenos de golpes de Estado continúan siendo una realidad entre nosotros, los antimilitaristas recordaron que el mayor destino de las importaciones de armas es la represión interna “en particular contra comunidades indígenas en defensa de sus tierras y en lucha contra proyectos extractivistas, como también contra movimientos sociales, que casi como un fenómeno generalizado son fuertemente criminalizados”.

 

Venezuela tiene mucho que decir en el tema, pues en el año 2012 fue el país de América Latina que liderizó las importaciones de material bélico según las cifras disponibles en el Instituto de Investigaciones por la Paz de Estocolmo (Sipri). Durante el año pasado el país importó armamento por una cantidad de 643 millones de dólares, un 6.8% más que lo gastado un año antes, cuando pagó 602 millones de dólares por las armas adquiridas en el 2011. El 63.7% de las armas compradas el año pasado fueron adquiridas a Rusia (410 millones de dólares), 17.8% a China y un 8.5% a España. Otros montos menores fueron negociados con Ucrania, Holanda, Alemania y Suiza. Comparando el monto global con la Ley de Presupuesto 2013, el gobierno venezolano gastó más dinero en compra de armas que en instituciones que afirma son sus abanderadas en las políticas sociales, como el Ministerio de Comunas y Protección Social, Agricultura y Tierras, así como Vivienda y Hábitat. De hecho, la carrera armamentista endógena gastó 3 veces más en armas que en el Ministerio del Servicio Penitenciario, 3.5 veces más en equipo bélico que lo destinado a deportes y cultura, 9.3 veces más en armamento que lo destinado al ministerio de mujeres y 19.6 veces más en instrumentos para la guerra que lo destinado para el ministerio de pueblos indígenas.

 

Cuando hacen falta inversiones en infinitas áreas, como en la repotenciación tecnológica de las Empresas Básicas para la generación de empleo digno, el gobierno venezolano invierte sumas generosas en armas, beneficiando a intermediarios y los llamados “perros de la guerra”, mientras paralelamente habla sobre la necesidad del desarme de la población. Esta no es la única paradoja de la voluntad humanista y de cultura de paz del gobierno bolivariano. En junio del 2005 Venezuela adquirió 100.000 fusiles de asalto Kalashnikov AK-103 (una variante del clásico AK-47) a la Federación Rusa en una transacción por valor de 54 millones de dólares. Según las notas de prensa el objetivo era introducir dicho fusil de asalto “como arma de uso común en la Fuerza Armada Nacional”. La orden de compra incluyó accesorios: 74 millones de cartuchos calibre 7,62×39 mm, 2 mil juegos de repuestos, 50 juegos de calibradores, 2 mil manuales de empleo y 5 simuladores unificados para entrenamiento de tiro con el fusil. El negocio, además, incluía la transferencia de tecnología con lo que Venezuela se convertirá en el único país fabricante de AK-47 y sus variantes en la región. El seguimiento del convenio ha sido difícil por la opacidad de las informaciones. En un informe realizado en el año 2006, Amnistía Internacional calificó a los fusiles Ak como “la máquina de matar preferida en el mundo”.

 

La carrera armamentista del Estado venezolano no es una tendencia nueva. Un estudio de la ONG venezolana “Laboratorio de Paz”, basada en las cifras del Sipri, demuestra que entre los años 1980 y 2010 Venezuela se posicionó cómodamente en el segundo puesto, detrás de Chile, como el país de la región que más compró armamento gastando, durante esas tres décadas, un monto de 6.934 millones de dólares. De esta cantidad casi el 50% del monto total fue para adquirir aviones de combate (3.472 millones de dólares), seguida por barcos (1.727 millones de dólares) y los misiles (676 millones de dólares). Un dato interesante es que entre los años 1980 y 2010 no fueron los Estados Unidos, como comúnmente se cree, quienes más exportaron armas a la región, vendiendo en total 8.891 millones de dólares. En primer lugar, con un monto mayor se ubica la actual Federación Rusa quien vendió 9.272 millones de dólares a los países de la región. Precisamente son los rusos quienes liderizan la actual exportación de armas a nuestro país, rodeados de una incomprensible aura de país “antiimperialista”.

 

Vzla: La comedia del desarme

Rafael Uzcátegui

En días pasados medios estatales difundieron la noticia acerca del 60% de avance de la fábrica de AK-103, una variante de la familia Kalashnikov, como parte de los convenios celebrados conla Federación Rusa. Como se recordará, en el mes de junio del 2005 compramos 100.000 fusiles similares al gobierno de Putin, en una transacción por 54 millones de dólares. El negocio incluía transferencia tecnológica para que seamos el único fabricante de AK en la región. En consecuencia, recientemente se anunció que estaremos muy pronto en capacidad de maquilar 25 mil Kalashnikov y 60 millones de cartuchos al año. Uno agradece que la cifra no sea mayor debido al gasto en propaganda oficial, en donde una serie de figuras públicas, solicitan que Venezuela sea un “territorio libre de armas”. No se que pensarán Winston Vallenilla, Mimi Lazo y Juan Manuel Laguardia, entre otros, de ser protagonistas de una campaña institucional que promueve el esquizofrénico desarme de los civiles legitimando la voraz carrera armamentista del Estado. Yo, me sentiría como un tonto útil.

En aquel 2005 el arribo de las primeras Ak fue acompañado de una campaña propagandística que aseguraba que los fusiles de marras eran, nada mas y nada menos, “antiimperialistas”. Así lo aseguraban el centenar de franelas verdes estampadas, repartidas entre la muchachada asidua a los conciertos de Manu Chao. Lamenté no haber conseguido alguna para enseñársela a activistas como Cristina Dunaeva, una brasilera-rusa muy activa en la denuncia de las masacres del imperialismo de su país en la invasión a Chechenia, conflicto que entre los años 1994 y 2009 ocasionó 35.000 muertos entre su población civil, un altísimo porcentaje por balas de Kalashnikov. Recientemente Amnistía Internacional lanzó una acción urgente para impedir que los rusos sigan exportando armas a Siria, las mismas que ahora mismo están masacrando a niños, niñas y mujeres embarazadas.

Los mayores complacidos por esta comedia son los perros de la guerra, orbitando alrededor de la fábrica estatal rusa de armas Rosoboronexport. Por clientes tan generosos como Venezuela, en la última década los tovarich han superado holgadamente a Estados Unidos como exportadores de armas a la región. Y precisamente es el gobierno que tiene una pomposa “Comisión Presidencial para el Desarme” su mayor comprador. Solamente entre los años 2000 y 2009 les compramos armas por 2.068 millones de dólares. En el 2011 encabezamos la lista de mayores compradores latinos, adquiriendo a Rusia armamento por 257 millones de dólares.

Las organizaciones populares del país debemos movilizarnos contra esta carrera armamentista, por un verdadero desarme y por la desmilitarización de Venezuela como precondición necesaria para la disminución de la violencia. @fanzinero (Tal Cual, 25.06.12)

Desarme, Kalashnikov y DDHH

Rafael Uzcátegui

El pasado 13 de junio, se informó al país que la fábrica de fusiles Kalashnikov Ak-103 en Venezuela, uno de las dimensiones de los acuerdos económicos con Rusia, presentaba un adelanto del 60%, según fue difundido por la agencia estatal de noticias tras declaraciones del coronel de la aviación Carlos Cortizo Fernández. El modelo AK-103 que se fabricará en el país según tecnología rusa es una variante del AK-47, y según informó Fernández en Venezuela será denominado “Catatumbo”, del cual serán fabricados 25 mil fusiles y 60 millones de cartuchos al año. Este anuncio profundiza la tendencia venezolana de alta erogación en armamento de los últimos años y contradice el discurso oficial acerca de la promoción de políticas de desarme. La existencia de una carrera armamentista en el país constituye, además, una potencial violación de derechos humanos.

Gastos militares contra gastos sociales. Según los datos del Instituto de Investigaciones para la Paz de Estocolmo, SIPRI por sus siglas en inglés, durante el año 2011 Venezuela fue el país de América Latina que más dinero gastó en armamentos, una cifra de 560 millones al año, seguido por Chile (323 millones de dólares) y Brasil (266 millones de dólares). Por otra parte cuando se realiza el análisis del presupuesto 2012, el Ministerio dela Defensaes la cuarta institución que más recibe dinero para su funcionamiento, una cifra de 4.953.261.652 Bs, muy por encima de la mayoría de ministerios que deberían garantizar los derechos sociales. Por ejemplo las Fuerzas Armadas recibieron 17 veces más que lo destinado al Ministerio de Cultura, 32 veces más que lo destinado a la Juventud, 53 veces más que lo destinado a la Mujer y 113 veces más que lo destinado al Ministerio de Pueblos Indígenas. Un ejecutivo preocupado por las necesidades de las mayorías desfavorecidas debería priorizar el gasto en salud, vivienda, educación y trabajo por encima de la compra de equipos para la guerra.

Desarme y derechos humanos. Según el informe de Amnistía Internacional para la campaña “Armas bajo control”, el fusil Kalashnikov, nombre dado a los fusiles de la familia AK, es el “arma para matar preferida en el mundo”. Citamos: “Se calcula que existen entre 50 y 70 millones de ellos repartidos a lo largo y ancho de los cinco continentes. Soldados, combatientes y miembros de bandas los utilizan cada día para causar un sufrimiento inmensurable en muchos países. La proliferación de estas armas continúa, sin que los gobiernos pongan apenas restricciones para evitar que caigan en manos irresponsables y constituyan una amenaza para la vida y la seguridad de millones de personas. Hoy más que nunca, el rifle Kalashnikov se ha convertido en el arma preferida por muchos ejércitos, milicias, bandas armadas, cuerpos de seguridad, rebeldes y otros actores privados que violan derechos humanos fundamentales y operan al margen de los parámetros del Derecho Internacional Humanitario establecido por las Convenciones de Ginebra y otras leyes internacionales”. El alto gasto en la adquisición y fabricación de armamentos es una negación en los hechos del discurso propagandístico acerca de la promoción de políticas de desarme en el país. Hay que resaltar que esta fábrica de AK en Venezuela es la única de Latinoamérica.

Socialismo y militarización. La progresiva militarización del país antagoniza con la supuesta construcción de un proyecto socialista de tipo humanista en el país. Entre los años 2000 y 2009 Rusia ha sido, por encima de Estados Unidos, el mayor país vendedor de armas a Latinoamérica, siendo precisamente Venezuela su mayor comprador, por una cifra de 2.068 millones de dólares. El gobierno ha justificado estas adquisiciones sugiriendo que, al no ser de Estados Unidos, este armamento sería de naturaleza “benigna” y “antiimperialista”. Sin embargo el armamento fabricado por las compañías estatales rusas es responsable de miles de muertes de civiles en conflictos desarrollados en el mundo entero. Un ejemplo lo constituye la invasión Rusa a Chechenia, realizada entre los años 1994 y 2009, las cuales ocasionaron alrededor de 35.000 muertos entre la población civil, un alto porcentaje como producto de los disparos de kalashnikov. Ante la inexistencia de conflictos armados reales contra otros países, ¿Cuál será el destino de los 25 mil fusiles y 60 millones de cartuchos que fabricaremos al año?, ¿el tráfico de armas internacional?, ¿la represión contra las protestas en el país?

Las organizaciones sociales y populares del país debemos cuestionar el desarrollo de la carrera armamentista, la progresiva militarización del país y la perniciosa definición de la “defensa de la soberanía” basada en la forma de pensar castrense. La mayor desestabilización vivida en Venezuela es la existencia de altos índices de pobreza y exclusión, y la injusta distribución de la riqueza generadora de todas las violencias. Por ello hay que exigir más y mejor gasto para el disfrute de los derechos humanos, y ningún bolívar más en artefactos para la guerra.  (Correo del Caroní, 18.06.12)

Armándonos para el desarme

Rafael Uzcátegui

En los pasados dos años, como director de Ultimas Noticias, Eleazar Díaz Rangel utilizó las cifras del Instituto Internacional de Investigaciones de Paz de Estocolmo (SIPRI) para intentar desmontar las acusaciones sobre el alto gasto en armamentos del país: “Venezuela ha disminuido sensiblemente la carrera armamentista en los últimos años, a diferencia de la imagen que difunden los medios de comunicación”, afirmó el veterano periodista, palabras que fueron extensamente divulgadas por el sistema de medios estatales. Sin embargo, la lectura que hace Rangel del informe anual más respetado sobre transferencia de armas en el mundo es bastante sesgada, por decir lo menos.

El pasado 17 de abril el SIPRI actualizó su base datos, lanzamiento público previo a la difusión de su Informe Anual 2012, previsto en el mes de junio. En esta base datos, legitimada por Rangel y el MINCI, Venezuela aparece en la lista de los 20 principales compradores de armas durante el 2011, encabezando el ranking por América Latina. Nuestro país se ubica en el puesto 17, subiendo 10 puestos respecto a su posición en el año 2010, cuando figuró en el lugar 27. El total de compra de armas registrado para Venezuela en el 2011 fue de 560 millones de dólares. El país latinoamericano que se ubicó en la segunda posición fue Chile, en el puesto 23, con 323 millones de dólares, seguido por Brasil en el puesto 28, con 266 millones de dólares. Los tres países que encabezaron el ranking mundial fueron India (3582 millones de dólares), Australia (1749 millones de dólares) y Pakistán (1675 millones de dólares). Colombia, un país que tanto preocupa a Rangel, se ubicó en el puesto 40 de la lista

Los principales vendedores de armas a Venezuela durante el año 2011 fueron Rusia (257 millones de dólares), España (196 millones de dólares) y Holanda (50 millones de dólares). Según los datos del SIPRI compramos barcos por 196 millones de dólares, vehículos armados por 115 millones de dólares y Sistemas de Defensa Aérea por 106 millones de dólares.

Sin embargo hay que aclarar que la alta erogación en artefactos militares para la muerte ha sido una constante del Estado venezolano. Analizando las cifras del SIPRI entre los años 1980 y 2010 nos encontramos con que Venezuela es el segundo país de la región, después de Chile, que más había adquirido armamentos, por un total de 6.934 millones de dólares.

¿Cuántas casas y hospitales se pudieron haber construido con 560 millones de dólares?, ¿Cuáles son las razones para este constante –y alto- gasto en armamentos?, ¿Es posible hablar de “desarme” en un país que lidera regionalmente la compra de armas a nivel mundial? Según un informe del 2008 de nuestra embajada en USA, este shopping se justificaba por la necesidad de disuadir un ataque norteamericano desde Colombia. ¿Se piensa lo mismo ahora, cuando Chávez y Santos son tan “buenos amigos”? @fanzinero (Tal Cual 30.04.12)