Berta Cáceres y Arco Minero del Orinoco

Rafael Uzcátegui (*)

Al cumplirse el primer aniversario del asesinato de la activista hondureña Berta Cáceres Provea y Laboratorio de Paz emitimos un comunicado, que cito en extenso:

“Este 02 de marzo de 2017 se cumple el primer aniversario del asesinato de la activista medioambiental e indígena hondureña Berta Cáceres. Como se recordará, Cáceres mantenía una lucha de resistencia a los proyectos inconsultos que afectan a las comunidades indígenas de su país. Este contexto de ausencia de garantías del ejercicio de derechos que acompañan el avance del modelo de desarrollo extractivista en Honduras y en el resto de América Latina, incluyendo la República Bolivariana de Venezuela, crea condiciones para acciones que vulneran derechos fundamentales entre ellos el territorio, el ambiente y la vida y garantizan impunidad para los responsables.

Las decisiones unilaterales, e impositivas, así como la violación al derecho a la demarcación, a los estudios de impacto ambiental y cultural, el acceso a la información, la actuación de buena fe, la consulta previa libre e informada y el consentimiento previo de este modelo de desarrollo, que generaron las condiciones para el asesinato de Berta Cáceres y otros activistas en Honduras, se repiten en Venezuela

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Nodos & Redes: El Salvador: Democracia de base contra la minería

El pasado 29 de marzo de 2015 un municipio salvadoreño realizó un singular ejercicio de consulta y participación democrática desde las bases. En Nueva Trinidad, a 94 kilómetros de El Salvador y con una población aproximada de 2.103 habitantes repartidos en 46,33 kilómetro cuadrados, ese domingo se realizó una “consulta popular” para determinar si la comunidad estaba de acuerdo con permitir o prohibir proyectos mineros en la localidad.

Según los datos del Ministerio de Economía, en El Salvador se encuentran activas actualmente 23 licencias para la exploración de posibles minas de oro y otros metales, repartidas en las zonas montañosas de los departamentos de Santa Ana, Chalatenango, Morazán, San Miguel, La Unión y Cabañas. La posibilidad de negocios extractivos en el país es de tal magnitud que el Estado salvadoreño litiga una demanda de 301 millones de dólares impuesta por la internacional minera Pacific Rim/Oceana Gold ante el tribunal del Centro Internacional de Arreglos Relativos a Inversiones (Ciadi), ente del Banco Mundial. Sin embargo, debido al impacto social y ambiental como consecuencia del desarrollo de estos proyectos, diferentes iniciativas y organizaciones populares se han movilizado para exigir detener la apertura de minas en sus territorios.

En el caso de Nueva Trinidad la petición de la consulta popular se realizó tras la coordinación de activistas comunitarios locales con la Mesa Nacional frente a la Minería Metálica, quienes conjuntamente solicitaron una ordenanza municipal que declarara al municipio como “territorio libre de minería”. Ya otras dos localidades habían realizado una elección similar: San Isidro Labrador y San José Las Flores, quienes ya negaron oficial, e institucionalmente, la minería en sus municipios. En Nueva Trinidad participaron en total 812 personas, un importante 61,85% de su padrón electoral. Los resultados fueron: 804 votos en contra de los proyectos extractivos, 2 votos nulos, 2 inutilizados y 4 a favor de la minería. Pudo más la identidad local, el sentido de pertenencia y la conciencia ecológicas que las promesas de “desarrollo”, “empleo” y “prosperidad” que ofertaron a los habitantes los operadores mineros.

El mapa de conflictos sociales actuales en América Latina coloca a las resistencias contra proyectos de megaminería y extractivismo de primero en la lista del causal de movilizaciones

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Allá y aquí: Resistencia al extractivismo

Rafael Uzcátegui

El río Missouri es la corriente de agua más grande de Estados Unidos, y para millones de personas, incluyendo varias de las comunidades indígenas que aún sobreviven en reservas, es su principal fuente de acceso al agua potable. El gobierno del país ha decidido construir el oleoducto Dakota Access, valorado en 3.7 mil millones de dólares, el cual cruzaría el río 800 metros por encima de la toma de agua de la reserva siux Standing Rock, en Dakota del Norte. Los indígenas siux iniciaron un proceso judicial contra la obra, alegando que el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos otorgó permisos para el proyecto sin evaluar de forma adecuada sus posibles consecuencias tanto para la calidad del agua como en los lugares sagrados de las indígenas. También argumentan que no se realizó ningún proceso de Consulta Previa, Libre e Informada con los integrantes de la tribu.

Los Sioux de Standing Rock instalaron, a comienzos de abril de 2006, el primer campamento de resistencia y lo llamaron “Piedra Sagrada”. Rápidamente se convirtieron en cuatro campamentos, con más de 1.000 personas en vigilia permanente, la mayoría de ellas pertenecientes a pueblos originarios de Estados Unidos y Canadá. “El agua es vida” es la consigna de esta lucha pacífica contra el oleoducto que se construye para el transporte de crudo desde los yacimientos petroleros de Bakken, en Dakota del Norte, hasta Illinois. Cuando las máquinas excavadoras profanaron cementerios y otros sitios sagrados, decenas de indígenas se enfrentaron a la policía. Según un reporte de Amnistía Internacional del pasado 24 de agosto, 29 manifestantes habían sido detenidos en las últimas semanas. Días después la ONG emitía una acción urgente para pedir a las autoridades respetar el ejercicio del derecho a la manifestación pacífica en Dakota del Norte: “El gobierno de Estados Unidos está obligado por el derecho internacional de respetar, proteger y cumplir los derechos humanos de los indígenas, como el derecho a la libertad de expresión y de reunión. Es el legítimo derecho de las personas a expresar pacíficamente su opinión -dice la comunicación-. “Las reuniones públicas no deben ser consideradas como el ‘enemigo'”. La organización lamentaba que las autoridades hayan cortado el paso por la carretera, impidiendo que nuevas personas se sumaran a la protesta pacífica si así lo deseaban.

El reclamo de no haber sido consultados sobre el proyecto, realizado por los indígenas norteamericanos, los hermana con sus pares venezolanos, a quienes tampoco les preguntaron su opinión sobre el proyecto denominado “Arco Minero del Orinoco”

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Gamelote “ecosocialista”

Rafael Uzcátegui

La contraparte a lo que el pre-bolivarianismo cuestionó en los 90´s como “meritocracia” ha sido el voluntarismo ideológico, que en nuestros predios ha tenido consecuencias que todos y todas estamos sufriendo en los actuales momentos. Personas que sólo por su adherencia al partido de gobierno, y no por su experiencia en el tema, tomaron decisiones en cargos de importancia cuyas consecuencias afectaron a muchas personas. El menosprecio al conocimiento terminó afectando principalmente al proyecto que apoyaban, que en buena parte fue sostenido no por un cambio real de paradigmas sino por la abundancia de recursos económicos proveniente de la llamada “década de los commodities”.

Lo anterior viene a cuento por la defensa, no sorprendente a estas alturas, que varios próceres del bolivarianismo vienen realizando del proyecto Arco Minero del Orinoco. Entre el abanico se encuentra Jorge Arreaza, donde las notas de prensa lo muestran de gira por el estado Bolívar, transformando comunidades indígenas en pueblos mineros, todo en nombre de un curioso “ecosocialismo”. Ni Arreaza, ni el resto del coro, tienen idea de cuáles serán las consecuencias concretas del proyecto por la sencilla razón que no se ha hecho el Estudio de Impacto Ambiental (EIA), una de las condiciones que pone la Constitución para la promoción de iniciativas de tal envergadura. Todas las ofertas sobre minería ecológica y bombardeos humanitarios, a falta de la información técnica y los estudios de campo, son simplemente gamelote.

Un proyecto minero que intervendrá el 12% del territorio venezolano tendrá secuelas previsibles de diverso tipo. Al desarrollarse en las riberas del Orinoco, la primera cuestión a determinar sería el impacto en los recursos hídricos y en la erosión de suelos. El abanico de impactos suma y sigue: La calidad del aire,  vida silvestre y biodiversidad. No podemos olvidar las consecuencias sociales, la posible erosión en la forma de vida de las comunidades originarias, el desplazamiento y migración de personas, la perdida de acceso al agua potable y medios de subsistencia, secuelas sobre la salud pública y lugares sagrados, bienes históricos y sitios de interés cultural. Por último el aporte estimado al cambio climático del emprendimiento.

Un último detalle sobre el EIA. Un combustible que ha encendido la conflictividad regional en las multitudes opuestas al extractivismo ha sido que el diagnóstico haya sido realizado por instituciones que no generan confianza a la sociedad: Las empresas mineras o el propio gobierno, ambos interesados en que el negocio marche como miel sobre hojuelas. En el caso venezolano el EIA debería realizarse por un tercero respetado por el conjunto: Las universidades, por ejemplo.

No sabemos si la majadería podría ser considerada alguna vez un derecho. Lo que por ahora es cierto es que la ignorancia de unos puede poner en riesgo el derecho de todos a tener una Venezuela en el futuro que no se parezca a una gran cantera a cielo abierto. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

Previa, libre e informada: El derecho a la consulta

consulta

Rafael Uzcátegui

El pasado 9 de agosto, a propósito de celebrarse el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, tres organizaciones sociales del país recordamos la efeméride haciendo énfasis en el apoyo al derecho a la consulta previa de las comunidades originarias. De esta manera el Grupo de Trabajo de Asuntos Indígenas (GTAI) de la Universidad de Los Andes, Laboratorio de Paz y Provea presentamos el documental “Extractivismo en Venezuela: Las venas siguen abiertas” y un informe sobre la situación de este derecho, a la par de contar con los valiosos testimonios de líderes indígenas del estado Bolívar y Zulia.
Recordemos que el derecho a la consulta previa es la obligación que tiene el Estado de preguntar primero la opinión de los pueblos originarios antes de realizar proyectos económicos o actividades militares en territorios indígenas.

El informe describe todo el amplio marco normativo internacional que moldea este derecho. Por ejemplo el Sistema Universal de Protección de las Naciones Unidas posee dos instrumentos legales principales: 1) El Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre Pueblos Indígenas y Tribales de 1989 y 2) La Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas de las Naciones Unidas, adoptada por la Asamblea General en septiembre de 2007. Por su parte el Sistema Regional de protección en Derechos Humanos, dependiente de la Organización de Estados Americanos (OEA), cuenta con los siguientes mecanismos: Jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Informes temáticos e informes de país de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Declaración Americana de los Derechos de los Pueblos Indígenas. Además, se hace referencia a la experiencia que poseen otros países de la región en la realización de consulta previa, de la cual se pudiesen extraer las enseñanzas necesarias.
En la parte nacional la propia Constitución es absolutamente clara cuando establece, en su artículo 120 que el aprovechamiento de los recursos de los hábitats indígenas “está sujeto a previa información y consulta a las comunidades indígenas respectivas”. Los artículos 53 al 61 del Capítulo VI de la Ley Orgánica de Pueblos y Comunidades Indígenas refuerzan esta garantía.

Lo que está haciendo Jorge Arreaza y su grupo de asesores en materia indígena en el estado Bolívar no se asemeja, ni de lejos, a lo que está establecido en la Carta Magna y en los pactos internacionales en materia de derechos indígenas. Arreaza está realizando asambleas informativas para transformar comunidades indígenas en pueblos mineros, y darle a esas reuniones de pocas horas la calificación de “consultas”

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Extractivismo en Venezuela: Las venas siguen abiertas

Audiovisual donde se describe qué es el extractivismo y el impacto que ha tenido esta actividad en la economía venezolana, con testimonios de líderes indígenas, biólogos y activistas en la defensa de los derechos de los pueblos originarios. Se expone como caso emblemático el proyecto del Arco Minero del Orinoco. Producido por Provea, el Grupo de Trabajo de Asuntos Indígenas de la ULA y el Laboratorio de Paz. Realizado por Juan Pablo Núñez

Vuelta de la mitad del mundo

Rafael Uzcátegui

Tuvimos la suerte de formar parte de un proyecto de “diplomacia ciudadana” en el que, por una semana, pudimos visitar organizaciones en Quito para intercambiar desafíos, retos y preocupaciones, mediante un mecanismo de diálogo Sur-Sur entre emprendimientos de la sociedad civil. Fueron 20 vertiginosas reuniones con académicos, organizaciones indígenas, de diversidad sexual, derechos humanos, libertad de expresión y redes de mujeres, más dos reuniones públicas sobre la situación venezolana.

Correa y Maduro están emparejados por ser parte del llamado “giro a la izquierda” del continente, bajo gobiernos autocalificados como progresistas. Sin embargo, las diferencias son menos conocidas que las similitudes. La primera de ellas es que a pesar que la llamada “Revolución Ciudadana” orbita en torno a la figura presidencial, el culto a la personalidad no ha alcanzado las dimensiones grotescas del bolivarianismo. En el recorrido de 40 minutos desde el nuevo Aeropuerto Internacional Antonio José de Sucre, en los suburbios de Tababela, a la capital no vimos, ni de ida ni de vuelta, ninguna imagen del guayaquileño líder de “Alianza País”. Tampoco durante nuestra estancia en la ciudad salvo, claro está, en los medios de comunicación controlados por el Estado. Los edificios de Quito están adornados por el logo multicolor de “Ecuador ama la vida”, a través del cual el país intenta posicionarse regionalmente como marca. Pero nada que ver con las gigantografías orwellianas a las que estamos tristemente acostumbrados los venezolanos. Una segunda diferencia es la relación de Correa con las Fuerzas Armadas, de tensión y distanciamiento, nada que ver con el pasticho “cívico-militar” endógeno. Además los intereses de clase que refleja el gobierno ecuatoriano, como dirían mis amigos marxistas, son los de la tecno-burocracia académica, bilingüe y de sectores medios de la población. A pesar de algunos intentos, y esta es la última diferencia, el partido Alianza País no pudo cooptar a toda la izquierda ni a los movimientos sociales. Por ello, hay dos oposiciones a Correa, una ligada a estos últimos. La otra a los sectores políticos conservadores desplazados del poder.

Las analogías están allí. Un férreo y aceitado aparato propagandístico que ha logrado construir su hegemonía comunicacional y promover leyes draconianas para limitar la libre expresión. Ausencias de contrapesos que han permitido enriquecimientos súbitos en 24 horas. Criminalización de toda protesta y disidencia. Y por último, un presidencialismo soberbio y sordo que ha ocasionado que el “rechazo a la prepotencia” haya sido la frase que más escuchamos durante nuestra visita. Algunos nos hablaron de la “venezolanización” del Ecuador, cuando la inflación alcanza el 7% y la crisis asoma sus narices. “Estamos a 3 o 4 años atrás de ustedes” nos dijeron. “Ojalá no lleguen ni a la mitad de nuestros problemas”, respondimos. Todos creen que ante su baja popularidad, Correa salga del poder en 2017. En esto también nos parecemos. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)