El mutis de Yolanda y otros silencios

A pesar de disfrutar de unos pocos días no-laborables, y en los que debia estar lo más lejano posible de la pantalla del computador, la detención del cantante punk cubano Gorki Aguila me devolvió rápido a los malos habitos. Entre lo poco que pudimos hacer, a la expectativa del resultado del juicio que lo exculpó tras multarlo por “desobediente”, fue firmar una carta dirigida a diversos músicos de la isla (http://www.penultimosdias.com/2008/08/27/carta-abierta-a-pablo-milanes-y-otros-musicos-cubanos-a-proposito-de-la-detencion-de-gorki-aguila/) quienes participarían en un concierto al aire libre en La Habana, solicitando su solidaridad con la causa de liberar inmediatamente al punkrocker isleño. Entre los nombres que estuvieron ese 28 de agosto en el “Concierto Antiimperialista” estuvieron Pablo Milanés y Polito Ibañez, dos trovadores ampliamente conocidos en Venezuela. La iniciativa de la misiva estuvo motorizada, entre otras personas, por la poetisa Zoe Valdez, siendo diligentemente entregada a los musicos antes de su presentación al respetable. ¿Su respuesta? fue el silencio.  Ni siquiera porque un puñado de personas tuvieron el arrojo de corear gritos de “liberen a gorki” y ser golpeados por la policía ante la vista de la multitud y los propios artistas. Para Milanés y sus amigos “el mal” estaba cruzando el mar, y así lo hicieron saber en cada una de sus canciones.

Uno debería tener la capacidad de separar la obra creativa de los artistas de sus preferencias políticas, pero la frontera se desdibuja cuando su actividad legitima, de cualquier manera, la opresión contra la disidencia o cualquier minoría. ¿Es posible describir a Silvio Rodríguez como un poeta tras haber sido diputado de una dictadura?. Difìcil cuando las heridas aún supuran bajo los rayos de sol.

El que un músico sea hostigado por las letras críticas de sus canciones debería general la solidaridad automática, sea cual sea su país de origen. En La Habana o en Washington DC. Especialmente de quienes, como él, comparten el deseo de no ser restringidos ni coaccionados en su labor de creación musical. Pronto llegaron los mensajes solidarios de Miguel Bosé y Alejandro Sanz, mientras que en la Dimensión Desconocida se apalancaron los de los propios punks en todo el orbe, o de los “progres” y latinoamericanistas, como el propio Manu Chao o Enrique Bunbury, quienes de cuando en cuando insuflan en la isla su altermundismo y su buena conciencia.

Esos no fueron los únicos escandalosos silencios. Otros, más cercanos, se archivan en la enciclopedia de los valores según convenga, esa que ha generado páginas prolíficas entre nosotro/as. Memorabilia personal en la reconstrucción de afinidades políticas.

Los anarquistas cubano en el exilio han difundido su moraleja, que también nos sirve: La moraleja del denominado “caso Gorki” nos obliga a insistir en la necesidad de enfrentar al Estado cubano como un Estado más, opresor y represivo como todos, defensor de los privilegios de su clase dominante y garante del status quo, abandonando de una vez por todas esa patética excepción a la que siempre apelan las izquierdas autoritarias y los grupúsculos de solidaridad con la dictadura (que no con los cubanos de a pie), cómplices de todas las atrocidades cometidas en la Isla”.

Mucha policía poca diversión (también en Cuba)

A propósito de la detención en Cuba del cantante de la banda Punk “Porno Para Ricardo”, Gorki Aguila,  (info en http://anarcopunknoticias.blogspot.com) publico un artículo originalmente destinado para el fanzine “Ilegal y que”, coordinado por Juanmi de la banda Los Dolares:

:: Porno Para Ricardo: Punk cubano llamando a las cosas por su nombre

¿Es posible hacer del punk una amenaza de nuevo? Difícil, si dentro del propio movimiento son pocas las cosas que se tienen claras. Después de 30 años, algunas de las fórmulas estéticas y musicales han envejecido, y lo que es peor, han sido institucionalizadas y normalizadas por el status quo. Y cómo si esto fuera poca cosa, algunos, desde “el punk”, llevan agua al molino de candidaturas presidenciales, organizaciones autoritarias y nacionalismos de diversa índole. Dentro de toda esta confusión, la más lamentable son aquellos que desde una presunta postura antisistema y antiautoritaria, han venido alabando a dictaduras como la de Fidel Castro. 

El contrasentido es múltiple si recordamos que el rock, como manifestación cultural, durante mucho tiempo fue literalmente prohibida en Cuba por ser, según la vanguardia del Partido Comunista Cubano (PCC), una “expresión del imperialismo” típica de la “pequeña burguesía”. Dicha revelación celestial fue, durante las décadas de los 70´s y los 80´s repetida por la izquierda más dogmática de América Latina. En Ecuador, por ejemplo, el trovador Jaime Guevara recordaba como en la Universidad los intentos de hacer conciertos de rock durante los 80´s eran saboteados por bandas armadas maoístas y stalinistas. En segundo lugar, por la estatización de la vida cotidiana de los cubanos, negadora de múltiples libertades justificadas por la impostura de un férreo capitalismo de Estado. En tercer lugar, por la represión y prohibición de las corrientes más heterodoxas y revolucionarias de la familia socialista –las cuales se emparentaron con el punk en el resto del planeta-, en cuya primera línea se encuentran las ideas libertarias, como bien se encuentra relatado en el libro “El anarquismo en Cuba” de Frank Fernández. 


Si lo anterior no son argumentos de peso tenemos la propia represión que existe sobre los punks en Cuba. En el enclave del Caribe se da la paradoja que se le abren las puertas a los “punk-rockers” del Primer Mundo (Reincidentes, Boikot por nombrar sólo dos ejemplos), mientras los punks locales están condenados al ostracismo. Pero al igual que sus pares en todo el planeta, algunos adolescentes han seguido empeñados en utilizar la música para expresar su indignación y su repulsa a la opresión, y si bien el movimiento punk cubano es pequeño y clandestino, existe y resiste. Es difícil hacer una cronología exhaustiva del fenómeno, pero sus primeras expresiones datan de los años posteriores a la caída del Muro de Berlín, y por ende, de la tutoría soviética. Se dice que en 1991 aparece la primera banda, bajo el nombre de Rotura. Un año después Detenidos, quienes fueron registrados en algunos fanzines latinoamericanos de la época y, bajo la mano de Fermín Muguruza, internacionalizados como “Garage H”. En 1994, otra bajo el nombre de Escoria, y así. Las bandas le cantaban a tópicos puntuales, como los excesos policiales o la segregación para entrar a sitios turísticos. Pero no es sino años después que una se atreve apuntar sus dardos al propio gobierno y al Estado comunista. Por ello, es es quizás Porno Para Ricardo, la banda más osada y conocida de la contracultura punketa isleña. 

 
Nacidos como banda en 1998, hasta el 2008 han grabado y editado 5 producciones: “Pol tu culpa” (2001), “Rock para las masas cárnicas” (2002), “Porno Para Ricardo” (2003), “Soy Porno, soy Popular” (2006) y “A mi no me gusta la política, pero yo le gusto a ella compañero” (2006), no sin diferentes contratiempos y peripecias, como el hecho de tener que grabar la música en unos lados y las voces por otro, pues pocos estudios se animan a plasmar las irreverentes letras de la banda por el temor a represalias. Musicalmente ejecutan un buen punk vieja escuela, muy mezclado con otros estilos roqueros, incluso con cierto virtuosismo. Sus letras destilan crítica directa: “Todo el arte que se produce en este país –declaró Gorki, el vocalista- está, de alguna manera, enmascarado en un doble sentido, y yo ya me cansé de esas letras poéticas llenas de insinuaciones indirectas. Ya llegó la hora de llamar a las cosas por su verdadero nombre”. Pero también en sus temas hay espacio para el ácido humor negro acerca de la situación de los cubanos y cubanas, o simplemente, para la irreverencia provocadora llena de referencias sexuales. De hecho, su logotipo es una adaptación de la hoz y el martillo como una vulva y un pene. 

 

Si bien existen otras bandas punks dentro de la incipiente escena rockera cubana, ninguna llega a los niveles de los PPR. Su tema “Comandante” circula de mano en mano, clandestinamente, en casetes entre jóvenes en La Habana, pero debido a su postura son nulos los conciertos en la que la podrían tocar. Incluso, no sin la picardía característica de la cubanía, han dicho que intentan grabar lo más posible para que no se les olviden los temas “por falta de práctica”. Además del permanente hostigamiento y citaciones a la comandancia policial Gorki Aguila, voz de la banda, estuvo dos años en la cárcel Kilo 5 en un montaje por tráfico de estupefacientes. 

 

Frente a esas críticas sosas que los acusan de soñar con “el paraíso norteamericano”, y para dejar evidente su distancia con ese exilio cubano tan propagandeado por algunos medios de comunicación, los PPR han dejado las cosas suficientemente claras, en un manifiesto difundido en su sitio en internet: “No recibimos fondos de ninguna organización política, ni se los damos tampoco; No pertenecemos ni representamos ningún partido político de Cuba o de fuera de Cuba y por tanto no autorizamos el uso de nuestra música, o de la letra de nuestras canciones en forma ni medio alguno por parte de ninguna organización política como medios de campaña política ni de recaudación de fondos; Todas las canciones, letras, música, imágenes, entrevistas, sitio web y audiovisuales producidos por Porno Para Ricardo son de propiedad intelectual exclusiva de la banda y todos los derechos están reservados para uso único por parte nuestra; Este material no se ha hecho para ser utilizado con propósitos políticos por nadie, mucho menos sin la expresa autorización por escrito por parte de Porno Para Ricardo”.

 

Gracias a los adelantos en la tecnología y, especialmente, a una red de afinidades que han ido construyendo en el exterior con el paso del tiempo, los PPR cuentan con un sitio web (www.pornopararicardo.com), diversos videos en you tube, descargas de algunos de sus discos en blogs –uno de ellos en http://www.nodo50.org/ellibertario- y su testimonio en un documental de próxima aparición llamado “Cuba Rebelión”. 

 

En 10 años de andadura, los PPR han devuelto al adjetivo punk la rebeldía e inconformismo de sus inicios. Es un misterio, por otra parte, que hayan tenido tan poco eco y solidaridad en el denominado movimiento “anarcopunk”, el cual con su silencio repite el triste capítulo de aislamiento vivido por los anarquistas cubanos exiliados de la isla durante finales de los 60’s, 70’s y 80’s. Porque, si en algún lugar de América latina es peligroso ser punk, tanto como lo es ser anarquista, es precisamente en Cuba.