11 de abril 2002: Enfoque en Taquicardia

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En 2002 yo todavía era un estudiante de Sociología de la UCV. Allí, un grupo de alumnos creamos una cooperativa estudiantil que, entre otras cosas, tenía su revista llamada Telúrico. De esa hicimos dos ediciones especiales extraordinarias, con la participación de profesores y estudiantes. Una sobre el 11 de Septiembre y otra, sobre el 11 de Abril aquel. En esta, participé con una crónica sobre cómo había vivido esos días, que reproduzco a continuación. La ilustración es del genial Juan Rodríguez, que apareció en aquella publicación. 

Rafael Uzcátegui

I

Jueves de sol radiante y calor caribe. La credencial de periodista baila sobre el pecho; la grabadora, guarecida en el bolso, aún no saludaba la mañana. Las estaciones se sucedían por la ventana ahumada del vagón: Bellas Artes, Colegio de Ingenieros, Plaza Venezuela… El ambiente recordaba el preludio de cualquier Caracas-Magallanes: fiesta en los rostros, insignias, gorras, pancartas caseras sobre papel bond. Una señora morena comenta que desde su casa, ubicada en Catia, había escuchado una tormenta nocturna de cacerolas. Antes de terminar la frase sube su voz para incorporarse al canto que en boca de la mayoría, se apodera de los pocos espacios vacantes del vagón: ¡See vaa, se va, se va, se vaaa!. El pito de llegada a Altamira desborda el río de personas intentando ganar la calle. Como peces muertos, nos dejamos llevar por la corriente y la cámara de fotos comienza a pestañear. En las orejas los comentarios se acumulan: “Es ridículo volver a Chuao, hoy tenemos que ir hasta Miraflores como en Argentina”. Ella, la reportera gráfica, y yo nos miramos. Sin hablar decimos: el día será largo.

II

Sorteamos la multitud para acercarnos a la tarima. Ella logra saltar la barrera y desde la tarima, toma fotos de quienes arengan a la multitud: Kico, Pedro Estanga, Tamayo Molina. “No pasa nada, no pasa nada”: algunos remedaban irónicamente a José Vicente. El único volante de la concentración –firmado por la Junta Patriótica Militar- proponía un grupo cívico-militar de transición. Los militantes de los partidos habían dejado sus estandartes en casa. Dos elementos se repetían en las manos: el tricolor y las pancartas, que iban de lo risible –“Chávez, por fin se te paró el palito”- hasta las que pedían explícitamente un golpe de estado –“Militares ya el pueblo se pronunció ¿qué están esperando?”-. Mientras la bravuconería verbal del presidente le había restado incondicionales, los convocados a Chuao se multiplicaron por generación instantánea. Los cercanos al entarimado pedían a gritos ir a Miraflores. Al rato Carmona Estanga, micrófono en mano, recibe una tarjeta de presentación. En su dorso estaba escrita la ruta a seguir para Miraflores. Con el pulso temblando la lee torpemente. La masa se mueve y el bullicio corea: “sí pasaremos, sí pasaremos”.

III

En el taxi el chofer nos dice que el gobierno convoca una concentración en Miraflores. El tubo de escape vomita un oscuro adiós al caudal humano que comienza a rociar la autopista. Seis mil bolívares nos cuesta llegar cerca y rápido a Miraflores. Celulares aullantes y dedos, nerviosos, transcribiendo mensajes de texto. Con la vista atenta en el camino el conductor comenta solemne: “Yo que se los digo, hoy hay un muerto”. El frenazo final es detrás de la casa de gobierno. Frente a Miraflores la tarima es testigo de un par de cuadras de boinas rojas, pero nada más. Atónitos, comenzamos a preguntar el sitio de la concentración. ¿Plaza Bolívar?, ¿Alcaldía de Bernal?. “No, es aquí” nos responden. La logística es mínima y precaria. Un troskista nos dice que hasta última hora el gobierno mantuvo la desmovilización como estrategia para simular normalidad. Muchos envuelven palos de madera en afiches con dibujos de Carlos Andrés y Pedro Carmona haciendo de marionetas. Otros se pintan una señal roja en el rostro, “para saber a quién darle”. La credencial y la cámara atraen miradas inquisitorias. Los amigos dudan la posibilidad de que los de Chuao se acerquen al centro. El improvisado sonido saluda el arribo de los buhoneros de Sabana Grande. Se comenta que la gente de Catia, Petare, Antímano y el 23 estaban por llegar. Chávez comienza otra cadena presidencial, y una mujer con megáfono en mano, repite sus palabras ante quienes nos agolpamos a su alrededor. Una columna de Guardias Nacionales cruza en formación rumbo a la Baralt. La multitud se aparta aliviada y los aplaude. Siempre había estado frente a la represión y ese día no sería la excepción. Levantando el carnet del periódico como salvoconducto, caminamos hacia la marcha opositora con la intención de andar con ellos las últimas cuadras.

IV

Pronto tropezamos con los primeros heridos. Cerca del Capitolio la policía (¿metropolitana?, ¿de Bernal?,) había disparado contra partidarios del gobierno. Cruzamos la línea de fuego y al costado de Plaza Caracas quienes venían de Chuao discutían a gritos, con restos de lacrimógena en el rostro, el porqué tenían que devolverse sobre sus pasos. Los frentes de batalla rodeaban la Baralt. Tratamos de tomar un atajo hacia la estación de Metro El Silencio, pero el sonido de disparos nos pegan una pared en la espalda. Múltiples manos señalan un edificio, una ventana. Policías de camuflaje azul se agolpan en la puerta. Unos entran. Otros quedan afuera y nos piden agua para mitigar la espera. Esposado, el francotirador sale rodeado de policías y manifestantes que lo insultan y le lanzan golpes. Frente al Fermín Toro, en la boca de la estación del Metro, hay una batalla campal. Avanzo junto a una veintena de jóvenes armados con piedras. La Guardia responde con perdigones y disparos. Me apertrecho detrás de dos. Uno le dice al otro “espera que dispare, espera que dispare”, y cuando salen a responder piedra contra bala, yo hago lo propio con el gatillo del obturador. Las lacrimógenas silban sobre nosotros y, precipitadamente, volvemos a la retaguardia saltando la neblina tóxica. Ella me espera y al verme, corremos mientras intento toser mis órganos. Alguien nos da vinagre y con la cara aún ardiendo, cruzamos de nuevo la Baralt. Detrás nuestro un tipo cae al piso: ha sido herido de bala en el pie. Ya se hablaba de diez muertos y decenas de heridos. ¿La gente agolpada en Miraflores sabía lo que estaba pasando?

V

Tengo la rabia atragantada en el cuello. Subimos hasta la concentración chavista para “cubrirla” como reporteros pero con la íntima sentencia de no conversar con nadie. En la avenida XX, los partidarios al gobierno aún rodeaban la tarima. Ahora hay hasta un carrito de cotufas. Quizás estaba antes, pero el detalle me encrispa los puños. Diviso a una amiga que trabaja en derechos humanos. Le abalanzo mis 64 kilos de preguntas. Sus respuestas terriblemente parcializadas. Atropellando la lengua le digo que una revolución que necesite ser defendida con bala y lacrimógena nunca sería mi revolución. Los ojos me palpitan, miro con la taquicardia. Enrumbamos los pasos a Capitolio y alguien grita “quitenle la cámara, quítenle la cámara”. La Baralt, El Silencio, El Calvario. En la plaza algunos niños aprovechan la confusión para bañarse en la fuente. La tragedia ha pasado por allí y ha dejado cauchos humeantes. Nos dicen que el grueso de manifestantes se han devuelto, pero que algunos intentarán llegar a Miraflores. Al fondo una cuadrilla de la policía. A lo lejos, dicen, se agrupan los chavistas para marchar hasta acá. Una transmisión de radio se amplifica por un parlante. Todos nos agrupamos alrededor y oímos la declaración de un militar anunciando que desconoce la autoridad del gobierno. Ella me mira y pregunta si nos vamos a casa. Le respondo que sí, que con los militares definiendo la partida ya no teníamos nada que hacer allí.

Trump y Chávez como síntomas

Rafael Uzcátegui

En Venezuela se califica como “antipolítica” a quienes han señalado, desde diferentes ángulos, el agotamiento de los partidos políticos en el país. Los críticos de esta “antipolítica” señalaban a la institucionalidad democrática estadounidense como ejemplo del deber ser del estado de derecho y la protección de los derechos individuales. Sin embargo, desde el arribo a la presidencia del país de Donald Trump, estas certezas han quedado sin asidero.

Que la política contemporánea esté siendo protagonizada por personajes ajenos a la política misma es un síntoma que, con diferentes expresiones, nos revela la presencia de una tendencia: la crisis de la modernidad.

La Revolución Industrial inauguró el reinado del pensamiento científico en todo el mundo. Atrás quedaba un orden de las cosas delineado por el pensamiento religioso. La racionalidad administrativa estimuló la creación de los Estados-nación como modelo de dominación territorial. La Biblia, el texto que explicaba el pasado, y profetizaba el futuro, fue sustituido por los escritos fundacionales de las diferentes ideologías, ese universo conceptual coherente en sí mismo, que si era aplicado a la vida de hombres, mujeres y niños aseguraría la felicidad humana. De manera similar a la religión, cada una de las ideologías fue promovida por una iglesia diferente, los partidos políticos, en la búsqueda de una feligresía en cantidad tal que les permitiera imponer hegemónicamente el credo.

Sin embargo, ni la ciencia ni las ideologías cumplieron sus promesas. Incluso crearon monstruos más perversos que los que decían combatir. Los campos de concentración nazis, los gulags soviéticos y la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki inauguraron la necesidad de superar los límites de la modernidad, una época calificada como posmoderna.

El eclipse de las ideologías es el reconocimiento de las limitaciones y finitud del pensamiento de los seres humanos, en un mundo en permanente cambio. Al descubrirse las ideologías como explicaciones imperfectas de la realidad, también sus portavoces, los partidos políticos, dejaron de tener el protagonismo de antaño. Es por eso que la era de los grandes programas de los partidos políticos ha quedado atrás. Nos guste o no, como la generación del 28 no habrá nunca más.

Hay un vínculo entre Hugo Chávez y Donald Trump, mucho más profundo que los lugares comunes. Y no estamos sugiriendo que los partidos políticos en ambos países desaparecerán, sino que como organizaciones doctrinarias han perdido centralidad como motores de cambio. Lo que algunos califican como “antipolítica” es el signo de nuestros tiempos: La política, en mayúsculas, está siendo protagonizada cada día más por actores no tradicionales. @fanzinero   (Publicado en Tal Cual)

Venezuela: 16 claves para entender la situación

Rafael Uzcátegui

 

01

Cualquier mirada o análisis sobre Venezuela debe tomar en cuenta la naturaleza de su principal actividad económica desde el año 1914: La extracción y exportación de recursos minerales, especialmente petróleo, al mercado internacional. Actualmente el país posee las mayores reservas de hidrocarburos y gas de América Latina y la compañía estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) es la cuarta empresa energética en importancia a nivel mundial y la primera en la región latinoamericana.

 

02

El petróleo no solamente ha sido el sustento de la economía venezolana sino que ha modelado las formas de hacer política y de relaciones entre la gente en su territorio. La existencia de un recurso bajo tierra, que sin esfuerzo ni valor agregado proporciona amplios beneficios a la nación, ha creado una cultura de dependencia de la renta petrolera cuyas consecuencias negativas ha motivado a intelectuales del país a calificar este recurso como “el excremento del diablo”. Desde 1945 todos los proyectos de gobernabilidad dentro del país se han basado en la apropiación y uso de sus ganancias.

 

03

Desde 1936, cuando el escritor Arturo Uslar Pietri ideó la frase “sembrar el petróleo”, ha existido un intenso debate sobre la utilización de las ganancias de la exportación de petróleo como motor del modelo de desarrollo y progreso para la nación, así como en la ejecución de políticas redistributivas de la renta petrolera entre las mayorías. Los extremos de este debate son el propio Uslar Pietri, de un lado, y Juan Pablo Pérez Alfonso, del otro. El primero sostenía la conveniencia de mantener y ampliar las relaciones con el capital extranjero para utilizar las ganancias en una labor de modernización acelerada del país, en base a un esquema de beneficios mutuos. Por su parte, Pérez Alfonso desde 1945 promovía el control del Estado nacional del proceso para que Venezuela concurriera de manera directa e independiente al mercado internacional prescindiendo de los intermediarios.

 

04

Salvo el período que va desde 1994 a 1998, conocido como el de la “apertura petrolera” antes y después en Venezuela ha existido un amplio consenso sobre la necesidad y el valor geoestratégico del control del Estado de la industria energética del país. En 1975 se estatizó la actividad petrolera mediante un decreto de nacionalización, creando la estatal PDVSA. A partir de 1995 las compañías transnacionales vuelven para ejecutar los llamados convenios operativos, realizando actividades de outsourcing para PDVSA. Desde marzo del año 2006 estos convenios migraron a la figura de “empresas mixtas”, con el que empresas como Repsol, Chevron y ENI se hacen socias del Estado venezolano, por contratos de duración entre 20 y 40 años, conservando este la mayoría accionaria.

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Reflexionando sobre la ingobernabilidad

asambleamed02Rafael Uzcátegui

 

El pasado viernes 28 de marzo tuvimos la oportunidad de reflexionar, junto al profesor Erik del Búfalo en la Organización Nelson Garrido, sobre el significado actual de las protestas en el país. Allí afirmamos que actualmente los venezolanos padecen un malestar generalizado que se expresa de diferentes formas, incluyendo a los sectores de base afectos al gobierno. El primer hito de ese descontento lo ubicamos en la desaparición física de Hugo Chávez, quien copó como nadie el panorama político venezolano desde 1999, haciendo orbitar en torno a su figura todo el proyecto bolivariano y opositor. La ausencia de la figura carismática dejó huérfanas las propuestas de ambos bandos, lo que generó una crisis de representatividad en ambos sectores. Del lado opositor la estrategia exclusivamente electoral y los mensajes contradictorios en torno a ella –un día habían sido víctimas de un “fraude” y al siguiente convocan a elecciones; la fallida estrategia plebiscitaria de diciembre 2013- catalizaron la ruptura de las bases con sus dirigencias. Del lado bolivariano el incoherente manejo comunicacional de la enfermedad de Chávez, la falta de un estilo propio para gobernar de Maduro, el retroceso estatal en la otorgación de subsidios y, especialmente, la aplicación de medidas económicas paulatinas para el enfrentamiento de la crisis de liquidez han ocasionado que, como sui generis respuesta a la movilización estudiantil en todo el país, las bases electorales de apoyo al gobierno se encuentren en la absoluta pasividad, lo cual contrasta con los días en que repletaban avenidas ante cada llamado del zurdo de Sabaneta.

 

Una observación atenta del proceso de movilización desplegado en 16 estados del país, con la participación de por lo menos 800.000 personas diferentes, constata la diversidad de estrategias desplegadas: Marchas, concentraciones, rezos colectivos, pancartazos, vigilias, cadenas humanas, músicos en la calle, intervenciones urbanas, asambleas y clases magistrales, entre otras. Aseguramos que no llegan al 5% quienes se han involucrado en las llamadas “guarimbas”, lo que desmiente la versión oficial acerca de la generalización de la protesta violenta. Ratificamos la existencia de dos dinámicas, la de Caracas y la del resto del país, esta última con mayor participación popular debido a la persistente situación de escasez y falta de servicios básicos. Las convocatorias han sido descentralizadas y han superado, ampliamente, a los propios partidos opositores. Un reto pendiente es entender al estudiante universitario movilizado hoy, cuya buena parte de su vida (15 años), ha sido bajo un gobierno que ha monopolizado todos los referentes de izquierda internacional, altamente conectado a dispositivos tecnológicos y cuya vida cotidiana le niega hasta las propias actividades que definen a la juventud en el resto del mundo, como el disfrute del espacio público. @fanzinero (Publicado en Tal Cual, 31.03.14)

Exclusión y cambio social

rafael uzcateguiRafael Uzcátegui

Hugo Chávez será recordado como el último líder que reiteró el fracaso de la tradicional toma del poder estatal para imponer desde allí una nueva hegemonía, una estrategia que caracterizó las revoluciones típicas de modernidad. El advenimiento de la llamada era industrial, con el paso de los conglomerados rurales a urbanos, trajo aparejado la popularización del llamado “método científico” para aprehender la realidad. De esta manera la ciencia reemplazó a las religiones como bitácora de explicación del mundo, contraponiendo la razón a la superstición. La ciencia se erigió, de esta manera, como el cuerpo de ideas que explicaban todo sobre el mundo y que proponían un camino para la evolución y el progreso para la humanidad. Basados en esta secularización del viejo sentimiento religioso, comenzaron a edificarse diferentes doctrinas revolucionarias en un contexto signado por el positivismo, en donde la creencia en que el único conocimiento auténtico era el científico, paradójicamente se convirtió en una razón de fe. El marxismo y su método del materialismo dialéctico, principalmente, empezaron a predicarse como “la” ciencia que aseguraría el bienestar y la felicidad de hombres y mujeres. A quienes disentían de ella se trataron, literalmente, como herejes. Tras la táctica de la acumulación de fuerzas y posterior toma del poder estatal, los revolucionarios desarrollaron su vocación totalitaria al tratar de imponer, a sangre y fuego, su “ciencia” en la mente y cuerpo de los habitantes de los territorios bajo su control. Rusia, China, Vietnam, Cuba, Camboya fueron los fenómenos concretos de las profecías de George Orwell. Nunca estuvo mejor dicho que el camino al infierno estaba empedrado de buenas intenciones. A pesar que de las propias filas revolucionarias surgieron las mejores disidencias a estos modelos, como lo demostró el entusiasmo mundial suscitado por la figura de Hugo Chávez, los “revolucionarios” del mundo continuaban jerarquizando la igualdad sobre la libertad, mirando hacia otro lado ante las denuncias de sistemáticos procesos de exclusión por razones políticas.

Entender lo anterior no significa abandonar los deseos de hacer del mundo un sitio mejor, ni abandonar el espíritu de solidaridad con los excluidos. Por el contrario es entender que cualquier proceso de cambio, de la profundidad que sea, deberá lidiar con una característica innata de los seres humanos: La diversidad de pensamiento, su capacidad de libre albedrío. Como sucedió con las experiencias anteriores, el chavismo intentó en vano uniformizar a todos los venezolanos, y quienes nos mantuvimos refractarios fuimos sometidos a una intensa campaña de exclusión y eliminación simbólica, que no se convirtió en real debido al alto costo político de transmitir imágenes de represión abierta en tiempos globalizados. @fanzinero

4 preguntas sobre Hugo Chávez

pzabolivarEl periodista Eduardo Sklarz, como parte de los insumos para un texto sobre Venezuela, me hace estas preguntas por email. El artículo que publicó se encuentra en http://infosurhoy.com/cocoon/saii/xhtml/en_GB/features/saii/features/main/2013/03/06/feature-04

1) Qué hechos considera fundamentales en la trayectoria política de Chávez?

R) Su irrupción militar en el golpe de Estado de febrero de 1992 y el haber asumido la responsabilidad en los hechos ante las cámaras de televisión; El haber realizado una correcta lectura del momento político en 1998, abandonado la estrategia insurreccional para participar en la contienda electoral en un momento viable para un outsider de la política; la propuesta de reformar la Constitución mediante un proceso constituyente en 1999; su actuación durante el golpe de Estado de 2002; el anuncio de las políticas sociales, misiones, en 2004; el desarrollo de la política internacional entre 2005 y 2008; su segunda reelección presidencial.

2) Cuáles factores explican su impresionante construcción de poder?

R) Además de su carisma, el haber reactualizado con habilidad las principales matrices sociopolíticas de la cultura venezolana del siglo XIX

3) Cómo caracterizaría al chavismo?

R) Un movimiento nacional-populista de izquierda sintonizado con la globalización económica

4) Qué legado Chávez le deja a Venezuela?

R) 4 cosas: El mito de redención de los pobres a través del reparto de la renta petrolera; Una religiosidad popular con características políticas en torno a su persona; La devastación de la autonomía de los movimientos sociales venezolanos; el vacío de significado del discurso de izquierda

La salud de Chávez en 4 razones

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El sábado 8 de diciembre, a las 9 y media de la noche, el presidente venezolano Hugo Chávez realizaba otra de sus acostumbradas cadenas presidenciales (alocuciones televisadas de obligatoria difusión por todos los medios de comunicación públicos y privados), después de pasar algunos días en Cuba en tratamiento médico por su enfermedad. Durante su intervención, su discurso tomó un giro que cayó como una bomba en las redes sociales del país: “es absolutamente necesario, es absolutamente imprescindible someterme a una nueva intervención quirúrgica. Y eso debe ocurrir en los próximos días (…) si se presentara alguna circunstancia sobrevenida, así dice la Constitución, que a mí me inhabilite, óigaseme bien, para continuar al frente de la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela, bien sea para terminar, en los pocos días que quedan (…) Y sobre todo para asumir el nuevo período para el cual fui electo por ustedes, por la gran mayoría de ustedes, si algo ocurriera, repito, que me inhabilitara de alguna manera, Nicolás Maduro no sólo en esa situación debe concluir, como manda la Constitución, el período; sino que mi opinión firme (…) es que  en ese escenario que obligaría a convocar como manda la Constitución de nuevo a elecciones presidenciales ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela”.

Las palabras de Hugo Chávez eran trascendentales por varias razones: 1) Por primera vez reconocía la gravedad de su enfermedad –cáncer-, y la posibilidad que por razones de salud deba retirarse de la vida política; 2) Designaba a Nicolas Maduro como su sucesor en su movimiento, acabando con las pugnas internas sobre el tema; 3) Ordenaba que en caso de cualquier imprevisto que significara la ausencia indefinida del presidente se aplicara el procedimiento establecido en la Constitución; por último, el anuncio se realizaba una semana antes de las elecciones a gobernadores.

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