Humano Derecho Radio con Luis Carlos Díaz: Infoactivismo y redes sociales

HD_05_01Transmitido el 23.08.2015 a través de nuestra plataforma madre runrun.es. El periodista Luis Carlos Díaz, miembro del Centro Gumilla e infoactivista es el invitado en esta nueva emisión de Humano Derecho.

Junto a @fanzinero y @MelanioBar, @LuisCarlos habla en clave digital de qué es internet y la evolución que ha tenido desde sus orígenes para empoderar a los ciudadanos y permitir el flujo libre de información. “Internet es una infraestructura compleja en la cual participan las empresas privadas, los Estados y los usuarios”. Sin embargo, como las redes tradicionales de comunicación también enfrenta amenazas.

Internet es un aliado en la defensa de los derechos humanos, tal como se evidenció el año pasado durante las protestas cuando las personas ante la censura de los medios tradicionales emigraron masivamente hacía las redes sociales para conocer qué ocurría.

En Venezuela, el gobierno calificó en el año 2009 a internet como un gasto suntuoso lo que ha impedido el desarrollo tecnológico de la www. Actualmente el país tiene el internet más lento de la región.

HD no está completo sin las pausas del rock: Jack of Jill con “Angel’s Fuck”, Al Carajo con “Sacate la mierda” y MOFA con “Convirtiendo Noches”.

Nodos, redes y antipoder: Los retos actuales en la defensa de los DDHH

Rafael Uzcátegui

Durante mucho tiempo la disputa de hombres y mujeres por la transformación del mundo era, básicamente, una confrontación ideológica. Lo que conocemos como modernidad fue, entre otras cosas, la creencia que poseyendo las herramientas adecuadas –el método científico- era posible conocer, comprender y pensar la realidad, para modificarla. Fue así como la aparición de las llamadas ideologías políticas –liberalismo y socialismo en todas sus variantes, principalmente- intentaron legitimarse basándose en su supuesta forma de pensar científica. Cada ideología se estructuró y proyectó a sí misma como un supuesto cuerpo lógico y coherente de pensamiento, el cual había descifrado la totalidad de la experiencia humana y contenía la mejor manera para optimizar la vida en sociedad. Como cada una era promesa de paraíso en la tierra, intentó que sus afiliados crecieran cuantitativamente lo suficiente para hegemonizar la política y, por extensión, la vida cotidiana de los seres humanos. Esta disputa protagonizó todo el siglo XX, y como sabemos, no solamente ocasionó muchos muertos, sino que las propias ideologías demostraron ser respuestas parciales, y en ocasiones contradictorias, para la complejidad de las sociedades y, por otro lado, herramientas limitadas para explicar la propia subjetividad de hombres y mujeres.
Esta pretensión omniabarcante y totalitaria –en el amplio sentido del término- de la confrontación ideológica tuvo, a nuestro entender, una primera fractura con la Declaración Internacional de los Derechos Humanos, realizada en 1948. No es casualidad que este catálogo del “deber ser” haya sido enunciado después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el Holocausto Nazi y las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki demostraban el lado irracional e inhumanos de los avances científicos. Esta declaración estableció que, independientemente de las cualidades de cada ser humano, había un conjunto de valores que eran iguales para todos, y que debían ser respetados. En el fondo, aunque la proclama no lo hizo explícito postulaba lo que todas, sin excepción, las ideologías negaban: El derecho a la alteridad, a ser diferente. Es por esta razón que en este tiempo de exigencias fragmentarias, cuando en casi todo el mundo se sospecha de quien tenga la receta salvadora para todo, la lucha por más y mejores derechos humanos es el gran telón de fondo.

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Colaboración en red

Rafael Uzcátegui

El pasado 28 de julio se realizó una multitudinaria marcha de trabajadores de Sidor en Bolívar, rechazando las amenazas contra el sindicato y la exigencia de aprobación de la nueva contratación colectiva. Quienes no estuvimos en el sitio pudimos acompañarla, minuto a minuto, gracias a la excelente cobertura que hizo la periodista Clavel Rangel a través de sus redes sociales. La difusión de fotos, comentarios y descripción de la evolución de la movilización amplificó a nuevas audiencias las exigencias laborales de los trabajadores de las empresas básicas. Además, potencialmente, puede generar el “efecto modelo” en otros trabajadores de empresas estatales que deseen realizar acciones de exigencia de sus derechos. Sin embargo, estas secuelas de la cobertura en tiempo real hubieran sido mayores si otras personas de la marcha, los propios trabajadores, hubieran informado a través de redes sociales sobre la manifestación, aumentando exponencialmente el nivel de conocimiento sobre los derechos vulnerados de los trabajadores sidoristas. Esta pertinencia de una cultura de periodismo ciudadano –activista o como lo queramos llamar- se expresó en una marcha similar realizada días antes en la ciudad de Valencia, la cual pasó bastante desapercibida ante la falta de una Clavel Rangel que informara en el sitio del desarrollo de los acontecimientos.

Se calcula que en Venezuela existen más de 6 millones de teléfonos “inteligentes”, siendo uno de los países de la región con mayor consumo de tecnología. Como lo expresa la intensidad de uso de redes como twitter y facebook, los venezolanos somos entusiastas usuarios. Y como se demostró durante las protestas de febrero y marzo en el país, las personas utilizaron sus dispositivos personales para registrar y difundir imágenes de excesos policiales y violaciones a los derechos humanos. Esto es un importante primer paso, pero hacen falta más: La coordinación, flexible y descentralizada, para la construcción de plataformas comunicacionales comunes. Para esto es necesario comprender que para potenciar la capacidad viral de los mensajes es importante establecer relaciones de cooperación con otros. Las redes como estructura de organización está modificando la propia manera de hacer política, de realizar activismo y de asumir el hecho comunicativo. Ya no se trata de un partido que tenga la ideología “correcta” o enarbole el programa con todas las soluciones, o que un periodista tenga el “tubazo” informativo. El reto en la sociedad de información es aumentar, entre todos, la masa crítica sobre temas relevantes para incidir en la toma de decisiones.

Usted tiene en sus manos una herramienta. Pero para potenciar sus posibilidades para la defensa de sus derechos debe colaborar, necesariamente, con los demás: Un tuit solitario no es suficiente. Sus movilizaciones pueden trascender a muchos más si se establecen estrategias colectivas previas para darlas a conocer. Aunque tenga el teléfono celular más caro y potente, ningún hombre –o mujer- podrá ser una isla. (Publicado en el diario 2001)

Ninja: El lado b del Mundial

copatropasRafael Uzcátegui

Por un lado el furor ocasionado por el certamen más seguido en el planeta, del otro, los daños colaterales de la organización de megaeventos deportivos. Desde hace varios años, una red de movimientos sociales por todo Brasil comenzaron a alertar sobre los millonarios gastos en la construcción de estadios, el desplazamiento de miles de personas sin reubicación, la militarización de las ciudades, el prohibitivo costo de las entradas y las ventajas corporativas otorgadas a la FIFA y sus patrocinantes. La coalición se llamó “Comité Popular de la Copa” y han venido protagonizando las manifestaciones alrededor de cada pitazo inicial de los partidos. Como una telaraña, a su alrededor se encuentra otra red de periodistas independientes y activistas de la comunicación libre, quienes han conformado la plataforma informativa “Media Ninja” que se ha convertido en un fenómeno mediático.

Ninja son las siglas en portugués que significan “Narrativas Independientes, Periodismo y Acción”. Su patrón periodístico es la transmisión de eventos “sin corte y sin censura”, en vivo desde las calles, desde dispositivos personales y teléfonos inteligentes. En pocas semanas su sitio de Facebook había superado los cien mil integrantes, mientras que su red twitter aportaba otros tantos, diez mil seguidores. Media Ninja atrae la atención de jóvenes incrédulos con el periodismo tradicional, sus intereses empresariales y la visión “objetiva” –y fría- del periodismo de toda la vida. “El tipo de compromiso, que hace que el reportero asuma el punto de vista del manifestante, es lo que constituye la riqueza del grupo”, opinó recientemente Ivana Bentes, directora de Escuela de Comunicación de la Universidad Federal de Río de Janeiro.

Un segundo elemento define al grupo: La apertura inclusiva de su modelo organizativo. Constantemente han venido realizando reuniones abiertas en donde explican su visión del periodismo: “servir como un ojo para el público y ofrecer información cada vez más calificada para defender a la democracia” según Bruno Torturra. De esta manera suman nuevos voluntarios a la red, que ha venido difundiendo en cada uno de las sedes de los partidos las manifestaciones y petitorios de la gente. Recientemente han puesto al aire su sitio web, https://ninja.oximity.com/, donde se encuentran las historias del Brasil profundo detrás del jogo bonito, la samba y las caipirinhas.

Con todo y el empuje, los Media Ninja deben sortear algunos retos. El primero es la proporción entre el voluntarismo y los saberes propios del oficio periodístico. En una entrevista realizada en vivo al prefecto de Río de Janeiro, Eduardo Paes, se constató que su excesiva confianza en la capacidad de improvisación terminó aportando informativamente poco, generando tras ello una amplia discusión en las propias redes sociales del grupo. El segundo es el tema financiero, como hacer sostenible en el tiempo un medio que quiere mezclar el activismo con el periodismo. Mientras tanto, la red seguirá creciendo en un terreno favorable, pues los movimientos sociales cariocas ya anunciaron que continuarán protestando durante las olimpíadas, que también serán en el país.  (Publicado en el diario 2001)

Infoactivismo

infoactivismoRafael Uzcátegui

El uso de la información para motivar acciones para el cambio en la sociedad, mediante la amplificación de las tecnologías de comunicación, se denomina “infoactivismo”. Cuando internet comenzó a ser popular, se acuñó el término “cyberactivista” a quienes mediante las herramientas tecnológicas promovían debates y campañas por redes sociales. No obstante, el calificativo fue objeto de burlas por quienes defendían una militancia analógica y tradicional. Tras el desarrollo y evolución de la propia red de redes, pasando de una internet estática y unidireccional a una enriquecida con la interacción y los contenidos aportados por los propios usuarios, se ha entendido mucho mejor que el uso de la tecnología no sustituye a las relaciones “cara a cara” y la necesidad humana de reunirse físicamente para tomar decisiones e iniciativas en conjunto. Por ello el uso de facebook, twitter y otras plataformas para la amplificación de temas y denuncias es un complemento, una extensión, del trabajo que los activistas deben realizar sobre el terreno.

En décadas anteriores la invisibilidad era una aliada de las violaciones a los derechos humanos y un requisito para la impunidad. Hoy es cada vez más difícil que los abusos de poder sean desconocidos para las grandes audiencias. No importa si los gobiernos censuran o compran los principales medios de comunicación o la represión selectiva o sistemática haya fomentado el temor en la ciudadanía: Basta que una foto, un video o un testimonio sea enviado una vez por internet para que tenga la posibilidad de viralizarse, es decir, ser redifundido sistemáticamente a través de los dispositivos personales de comunicación. No hay que ir muy lejos para encontrar un ejemplo: Las decenas de fotos y videos de los hechos del 12 de febrero en Caracas, pudieron determinar la responsabilidad estatal de los primeros manifestantes asesinados en la ciudad, obligando a la Fiscalía a asumir la responsabilidad gubernamental en los hechos.

Las organizaciones Tactical Technological Colective y REDDES tienen varios años trabajando a fondo el tema del infoactivismo, y han redactado un decálogo de cómo transformar información en acción: 1) Movilizar y sensibilizar a las personas para que actúen; 2) Ser testigo, documentar los hechos y remitir las imágenes e historias a organizaciones defensoras de DDHH; 3) Mostrar mediante gráficos e imágenes los mensajes, haciéndolos más amigables para los destinatarios; 4)  Enfatizar las historias personales, dando rostro a los abusos de poder; 5) Usar el humor, generando sonrisas y desmitificando a la autoridad; 6) Gestionar los contactos de posibles aliados para la causa mediante bases de datos; 7) Transformar información compleja en datos simples; 8) Utilizar la inteligencia colectiva mediante plataformas colaborativas; 9) Permitir que la gente formule preguntas y 10) Investigar y dar a conocer. Más sobre este proyecto: https://informationactivism.org

Del panfleto al hashtag, la nueva anatomía de las protestas

Las tácticas utilizadas por los estudiantes británicos durante las protestas contra el alza de las tasas universitarias fueron casi de guerrilla. Los jóvenes compartieron toda la información con mapas actualizados en tiempo real y un hilo constante sobre la situación de las fuerzas policiales, es decir los hashtags de Twitter. Las iniciativas que parecían no coordinadas, lograron su meta utilizando esta red social.

Anteriormente, cualquier movimiento subversivo requería de un panfleto, una hoja volante cuya producción se hizo más sencilla al aparecer la fotocopiadora; aunque siguió siendo una estrategia lenta para poder llegar a un mayor número de personas. Después, el teléfono celular y el “pásalo” comprobó su eficacia para dar a conocer dónde y cuándo se va a montar una protesta.

Hoy en día, los teléfonos inteligentes han resultado en una revolución, volviendo a la información accesible, fácil de compartir y de actualizar. Sam, uno de los programadores de la página de este grupo de jóvenes, comenta que “todo el mundo es un colaborador potencial en un acto masivo de uso de fuentes múltiples”, con lo que nos invita a volvernos ciudadanos activos para la denuncia de las injusticias que suceden a nuestro alrededor.

Paso dos: organización de la protesta

Tradicionalmente cualquier protesta requería un liderazgo claro, un catalizador que encarnara las inquietudes de quienes estaban dispuestos a salir a manifestarse. Alguien a quien seguir, un personaje carismático capaz de movilizar, casi siempre un buen orador.

Los ejemplos en la historia son numerosos.

En las protestas del siglo XXI, los líderes continúan jugando un papel preponderante, pero, como demostraron esta semana los estudiantes en Londres, lo que mejor funciona es el trabajo en red, el “networking”.

Uno de los participantes en las protestas, el estudiante Aaron Peters, apunta en su cuenta de Twitter que el uso de las redes sociales es capaz de crear eventos impredecibles para sorprender a las fuerzas del orden.

En las protestas antiglobalización de 2001, hubo un intento de convocar movimientos con el “pásalo”, pero fracasó. Según Peters, con las posibilidades que dan los teléfonos inteligentes, las cosas han cambiado.

Paso tres: los titulares

En los viejos tiempos, era el cronista, un periodista el que le ponía un titular a la protesta para que a la mañana siguiente los ciudadanos se enteraran de lo que pasó, con los testimonios de los actores más relevantes, siempre la policía y los políticos.

Los ideólogos de una marcha casi siempre terminan indignados cuando todo un día de marchas se ve reducido en un diario a una foto de una manifestante bonita con un cartel ingenioso.

En 1999, el lanzamiento del medio de comunicación alternativo Indymedia cambió las cosas. Pero ahora, Indymedia también se ha visto eclipsado por los teléfonos inteligentes y herramientas como Flicker o la popularidad de algunos blogs.

De hecho, los estudiantes que mantienen ocupada la University College de Londres tienen su propio sitio en internet. “Todo el mundo es un colaborador potencial en un acto masivo de uso de fuentes múltiples”, dice Sam, uno de los programadores de la página.

Con todo, parece que asistimos al nacimiento de una nueva forma de salir a la calle a protestar, ¿es la revolución del teléfono inteligente conectado a internet?

Fuente: BBC