Venezuela: Un peor escenario

Rafael Uzcátegui (*)
Especial para Tal Cual

Es prematuro decidir si se participa o no en unas próximas e hipotéticas elecciones parlamentarias. Pero hay que estar absolutamente claro que, en el caso que no se haga, estaremos en una posición más precaria que la actual para alcanzar la posibilidad de una transición a la democracia.

Mientras escribo estas líneas semanales para Tal Cual, venezolanos en todas partes del país llevan más de 20 horas en colas, intentando abastecerse de gasolina para sus vehículos, luego de los anuncios realizados por Nicolás Maduro sobre la distribución del combustible iraní. En diferentes ciudades, pero también ya en Caracas, hay interrupciones recurrentes y no programadas del servicio de agua y electricidad. Bajo confinamiento, aproximadamente 11 millones de venezolanos se quedaron sin su principal fuente de entretenimiento: Directv. El aumento de la curva de contagio de casos sugiere que estamos entrando en la fase de transmisión comunitaria del Coronavirus, que según las proyecciones de la Academia de Ciencias pudiera tener un pico de entre 2.000 a 4.000 casos al día a partir de este mes de junio. Amplias franjas de la población no cuentan con ingresos suficientes para poner lo mínimo indispensable en la mesa de sus hogares, por lo que están obligados a desafiar la cuarentena para intentar percibir algún dinero adicional. La crisis de servicios básicos: agua, electricidad, gas doméstico entre otros, ocasiona que no se puedan cumplir las normas elementales de higiene y seguridad bajo pandemia. Por otra parte, el estado de alarma se utiliza para aumentar los mecanismos de control sobre los venezolanos, incrementando la censura y la persecución, acabando con los resquicios de libertad que quedaban. Mientras el resto del mundo celebrará el dejar atrás la pandemia, en Venezuela seguiremos lidiando con la ausencia de democracia, el aumento de la pobreza y el reinicio de la peor crisis migratoria de la región en las últimas décadas.

El idioma castellano parece limitado en los adjetivos que pudieran describir, en una sola palabra, la profundidad y extensión del daño antropológicos a los venezolanos. Pero si este escenario de por sí es dantesco, todavía pudiera ser mucho peor. Y para darles un ejemplo próximo y concreto, lo invito a imaginarse una Venezuela en la que el gobierno de facto controle la mayoría de la Asamblea Nacional. No la Constituyente ni el parapeto de Luis Parra, sino la legítima Asamblea Nacional que en diciembre de 2015 fue ganada por la oposición con más de dos millones de votos sobre el chavismo.

Seguramente usted, como muchos otros venezolanos, se estremece cuando escucha hablar de elecciones. Luego que Nicolás Maduro consiguió una fórmula para ganarlas siendo minoría, como ocurrió en mayo de 2018, se ha erosionado la capacidad institucional del sufragio para expresar la opinión soberana de la población. Y por otro lado, quizás se contó entre las personas que cultivó expectativas, que luego se fueron desinflando progresivamente, sobre la posibilidad que el poder legislativo sirviera de contención a la deriva dictatorial del gobierno. Estas dos dimensiones no pueden obviarse de cualquier estrategia para defender el bastión institucional que significa hoy la Asamblea Nacional para el proceso de transición a la democracia. Pero reconociendo estos desafíos también hay que reconocer que el amplio respaldo internacional que posee Juan Guaidó, como presidente interino, deriva precisamente de su rol como presidente del hemiciclo parlamentario. Sin ese piso institucional ese apoyo se reducirá significativamente. Y los partidos políticos democráticos quedarán en una situación mucho más precaria que la de ahora.
Un segundo elemento a considerar es el político-simbólico. Tras unas elecciones amañadas, Maduro obtiene más votos sobre los candidatos no oficialistas que le permita asegurarle al mundo que la mayoría alcanzada por el cambio democrático, en diciembre de 2015, fue perecedera y circunstancial. Se evaporaría así nuestro principal dato cuantitativo -tan necesarios como los apelativos principistas y morales- para argumentar que el deseo de cambio en Venezuela es masivo y extendido. Con una Asamblea Nacional a su favor la dictadura se fortalecerá, aprobando leyes a su favor, como la de la explotación intensiva del Arco Minero del Orinoco, por citar solo un caso.

Mantener la mayoría de la Asamblea Nacional no significará mantener inequívocamente el escenario actual. Haciendo una lectura en positivo la posibilidad para que el campo democrático exprese una opinión sobre la propia conducción de la oposición y si su liderazgo, tal y como está expresado el día de hoy, necesita preservarse o modificarse, continuar o corregir el rumbo.
En este momento no tengo respuestas ni propuestas de como debiera defenderse el bastión institucional democrático de la Asamblea Nacional. Lo que si estoy seguro que controlada la pandemia, realmente, el centro de la disputa política será el control del hemiciclo parlamentario, que con alta probabilidad pasará por la convocatoria a un proceso electoral, en condiciones que estarían por definirse. Estas circunstancias están por definirse, y habrá que luchar intensamente por tener algunas condiciones democráticas para la participación ciudadana. Por ahora pongamos todas las cartas sobre la mesa -no debajo de ella- para saber que nos estamos jugando, para que cualquier decisión sea tomada con absoluto conocimiento de causas y consecuencias.

(*) Sociólogo y Coordinador General de Provea

Por una transición con principios

Rafael Uzcátegui

Los últimos hechos ocurridos en Venezuela parecen congelar la posibilidad de un cambio político negociado a corto plazo. Sin embargo, la desesperación por lograr el cese de la usurpación no puede hipotecar los principios éticos y morales que, con mucha dificultad, se han ido incorporando en la narrativa de la ofensiva democrática en el país.

En la teoría sobre la acción colectiva, que intenta explicar por qué la gente se moviliza para exigir cambios en su entorno, se ha concluido que los agravios e injusticias sociales no son suficientes, por sí mismos, para iniciar una protesta masiva. Siguiendo la reflexión de Salvador Martí y Puig, académico de la Universidad de Girona en España sobre los movimientos sociales, para que se genere un movimiento por el cambio debe existir una conciencia de la situación, por un lado, y un discurso que interprete y comunique la relación de esa realidad injusta con las políticas emanadas por el poder de turno. Además de lo pedagógico, el discurso debe justificar, dignificar y animar a la acción colectiva. De esta manera tiene la capacidad de sacar el descontento individual del ámbito privado, donde se padece como consecuencia de una humillación, elevándolo a la dimensión pública como parte de un rechazo grupal al abuso, con lo que su expresión abierta se dignifica desde el “nosotros”. Al identificar un blanco para los agravios, el discurso también comunica las reivindicaciones y fomenta símbolos capaces de movilizar a la gente.

Snow y Benford han señalado que un movimiento social es un actor político colectivo, creador de significados con el objetivo de desafiar los discursos sociales dominantes y exponer una forma alternativa de definir e interpretar la realidad. Por ello, tan importante es la acción política concreta como la elaboración de una narrativa que lo acompañe, la legitime y la refuerce. Este discurso crea una visión compartida para todos los que confluyen en el movimiento, utilizando elementos ya existentes en la sociedad (referentes culturales y episodios históricos), así como valores y principios que antagonizan con lo negativo que representa el poder de turno.

Para Gamson y Meyer “el discurso de los movimientos sociales debe incidir sobre tres aspectos que son esenciales para la acción colectiva: la injusticia, la identidad y la eficacia. El primero permite definir a ciertas condiciones sociales como problemáticas; el segundo persigue construir una identidad, un sentido de pertenencia entre los miembros del movimiento, un “nosotros” y un “ellos” sobre los que recae la responsabilidad por las condiciones adversas que se pretenden modificar; y finalmente, también es preciso que los integrantes y simpatizantes asuman que sus acciones pueden ser eficaces para conseguir los objetivos propuestos”. Estos dos autores identifican dos tipos de discurso: La retórica del cambio y la retórica reactiva. Esta última hace hincapié en los temas de riesgo (se pierde mas de lo que se gana), la conformidad (no existe oportunidad para el cambio) y los efectos perjudiciales (la actuación para el cambio no haría sino empeorar las cosas). En cambio, la retórica del cambio resalta los temas de urgencia (la inactividad es más arriesgada que la acción), la actividad (necesidad de aprovechar la apertura de oportunidades del momento) y la posibilidad (las nuevas oportunidades contrarrestan los posibles efectos perversos).

Construyendo el sentido al movimiento

Lo anterior nos ayuda a explicar el papel de las narrativas en el conflicto venezolano. En su mejor momento el chavismo fue un movimiento social no sólo porque tenía un líder carismático como Hugo Chávez, sino porque supo construir discursivamente un imaginario que mantenía movilizados y cohesionados a sus seguidores. Si recordamos, este discurso tenía una promesa de futuro, el “socialismo del siglo XXI”, cuya definición era tan ambigua que permitía ser completado con los propios deseos y expectativas de sus seguidores. Siguiendo la lógica populista de la controversia y la separación, definió perfectamente un “ellos” y “nosotros”. Además, utilizó diferentes referentes culturales (Mr Danger, Florentino y el Diablo por citar sólo dos) que ratificaban permanentemente el sentido del movimiento y transmitían a un público amplio los valores que enarbolaban y un fuerte sentido de pertenencia a la identidad “chavista”. La evaporación del chavismo como “movimiento” fue consecuencia de la desaparición física de Hugo Chávez, por un lado, la emergencia de la crisis económica que erosionó las políticas sociales que materializaban el supuesto interés en el bienestar del pueblo así como por los reveses electorales, corrupción y represión que disminuyeron sus bases de apoyo internacional. Hoy los mitos, rituales, símbolos y la promesa de futuro del chavismo han desaparecido, por lo que Nicolás Maduro no tiene la posibilidad de movilizar a amplios sectores de la sociedad por si mismo, por la sencilla razón que no representa un movimiento, sino que encabeza un gobierno basado en la represión y el temor.

En contraste, durante muchos años la oposición tuvo como principal argumento narrativo el rechazo a todo lo que representaba el chavismo. La principal debilidad de su cuerpo discursivo es que la oposición no sustituyó el vacío dejado por el bolivarianismo con su propia promesa de futuro en la que amplias mayorías del país se sintieran identificadas. Salvo el uso del tricolor, fueron las protestas de los años 2014 y 2017 que estimularon que el ciudadano común aportara el contenido faltante al movimiento de rescate por la democracia, generando símbolos, canciones, íconos y, lamentablemente, mártires. Todos los factores comenzaron a confluir para que los esfuerzos de rescate de la institucionalidad democrática se transformaran en un movimiento. Uno que comenzó a levantar principios morales (la no discriminación, la inclusión, igualdad de oportunidades, la libertad) que daban sentido a su acción.

Como bien lo sabe el chavismo, estos principios no son estáticos y deben ratificarse permanentemente, no sólo con hechos sino también con las palabras. Lo peor que le puede pasar al movimiento democrático que se opone a la dictadura de Nicolás Maduro es que, en el plano del discurso -que como vimos es fuente permanente de legitimación, adhesión y movilización- su antagónico comience a disputarle la propiedad de los valores éticos que le dieron origen. Podemos ser ineficaces en el logro de nuestros objetivos, pero abandonar el terreno de los principios por abrazar un pragmatismo cortoplacista es, sencillamente, suicida.

El liderazgo opositor perdió una oportunidad cuando decidió boicotear la propuesta de una tregua humanitaria y sumarse a la ofensiva lanzada por el Departamento de Justicia en Estados Unidos. El mensaje de fondo de la propuesta era que, en medio de la emergencia sanitaria, el bienestar de la gente estaba por encima de cualquier otra consideración. Juan Guaidó optó por hablar de la lucha contra el narcotráfico. Lo que interpretó un importante sector de la población es que la oposición usaba al Coronavirus como una herramienta para alcanzar lo que por su propia estrategia no había logrado. Y Maduro quedó como el adalid del interés por la gente, como recuerda cada vez que puede: “Estaba dispuesto a firmar un acuerdo humanitario y la oposición no”.

De los episodios recientes el retroceso más grave en la narrativa basada en los principios lo constituye la declaración dada por JJ Rendón, en ese momento parte del “Comité de Estrategia del gobierno interino”, al Washington Post a raíz de los hechos de Macuto: “Guaidó estaba diciendo que todas las opciones estaban sobre la mesa y debajo de la mesa.  Estábamos cumpliendo ese propósito”. En lo que es un acuerdo para reducir los daños, junto a Sergio Vergara renuncia a su cargo sin explicar con claridad su vinculación con el oscuro ex boina verde norteamericano Jordan Goudreau. La respuesta del presidente de la Asamblea Nacional aumenta el desconcierto: “Agradezco y reconozco el compromiso que han demostrado con Venezuela, así como el paso que dan en el marco de la lucha que estamos librando por la Libertad y la Democracia”. Ninguna amenaza de Maduro puede dinamitar el actual movimiento democrático como el respaldo a la estrategia de jugar con cartas debajo de la mesa.

Con o sin Guaidó el esfuerzo por transitar de la dictadura a la democracia debe tener dentro de sus baluartes más preciados el apego a principios morales y éticos que sean precisamente lo contrario a lo que representa un gobierno que ha expulsado de manera forzosa a más de 4 millones de venezolanos, asesinado a más de 300 personas en manifestaciones y condena a la miseria y al ostracismo al resto. En 1998 la opción de dejar atrás a los adecos y los copeyanos, de cualquier manera, es lo que precisamente nos trajo hasta acá.

En lo personal prefiero una derrota -que siempre será circunstancial- con principios que una victoria sin ellos.

(*) Sociólogo y Coordinador General de Provea

 

Venezuela: The Card Game Under the Table

Rafael Uzcátegui

The incident of the failed incursion raises Juan Guaidó’s crisis of representation, due to his insistence that “all options are on the table.” To overcome this, he must mend his authority by regaining the confidenceof and connection to all democratic sectors of the country.

The Venezuelan conflict has reached such a level of severity that it threatens to definitively erode the figure of Juan Guaidó after the initial links found between advisors in his inner circle with the American ex-Green Beret Jordan Goudreau, who led a failed insurrection on the coast of the country.

Guaidó’s political survival depends not only on his capacity to rebuild what was already a fragile alliance of political parties to promote a transition to democracy, but also on his ties to the country’s civil society, which today is debating whether or not to distance itself from the man designated “Interim President” by the National Assembly.

For several years the Venezuelan people have lost their capacity to be surprised. Because of this, on May 3, when it became clear that the government of Nicolás Maduro had intercepted a boat of individuals who attempted to initiate an insurrectional campaign against the Miraflores presidential palace, the first reactions on social media were of skepticism.

Under the state of emergency, which has imposed a quarantine on the entire country since February 13, the news has not stopped coming: a judicial decision by the United States to offer millions of dollars in reward money for information that leads to the capture of Nicolás Maduro and his inner circle; the declassification of images of UFOs by the Pentagon; the return of thousands of Venezuelan migrants; the scarcity of gasoline across the entire country; the conflict between Miraflores and the most important national producers of food, and a multi-day clash between criminal groups for control of the largest neighborhood in Eastern Caracas.
Seguir leyendo “Venezuela: The Card Game Under the Table”

Eficacia y legitimidad en el asalto a la Asamblea Nacional

Rafael Uzcátegui (*)

Los recientes hechos ocurridos alrededor de la Asamblea Nacional pueden leerse como parte de los ataques del gobierno de Nicolás Maduro contra los actores sociales independientes del país, bajo la estrategia que César Rodríguez y Krizna Gómez describieron en su texto “Encarar el desafio populista” (https://www.dejusticia.org/wp-content/uploads/2018/04/Encarar-el-desaf%C3%ADo-populista-WEB.pdf): el socavamiento de dos de sus pilares de actuación fundamentales: Su eficacia y legitimidad.

Estos dos investigadores han documentado los ataques contra los defensores de derechos humanos en diferentes partes del mundo bajo gobiernos y movimientos populistas, encontrando patrones similares para países como Estados Unidos, Hungría, Rusia, Filipinas, India y Venezuela, que no pudieran agruparse bajo la –cada vez más caduca- perspectiva izquierda versus derecha: “los gobiernos populistas han estado aprendiendo entre sí –afirman- hasta el punto que se han realizado ataques iguales en países de distintas regiones”.

Efectivamente, un actor político o social basa sus actuaciones en el logro de objetivos, la eficacia, y la valoración del resto de los actores y sus bases de apoyo, la legitimidad. En el caso de la Asamblea Nacional conformada mayoritariamente por la oposición, en la erosión de estos dos aspectos se pudieran resumir los ataques que comenzaron el propio mes de diciembre de 2015, hasta el cénit del pasado 5 de enero de 2020. Y esto ha sido así por el poderosos mensaje que se transmitió aquel diciembre: por primera vez de manera indiscutible, los antagonistas al bolivarianismo se transformaron, con dos millones de votos de margen, en mayoría electoral y social del país. El 11 de diciembre Venezuela experimentó la sensación que era cuestión de tiempo, mediante los mecanismos de participación político-electoral que seguían, de promover un cambio en el país. Esto alentó a Nicolás Maduro al abandono de la simulación democrática y transformar a su gobierno en una dictadura del siglo XXI. Revertir lo que había pasado, a toda costa, no sólo tenía el componente simbólico y político del ejercicio del poder de manera omnímoda. Como está previsto en la Constitución, aprobada por el propio Hugo Chávez en 1999, cualquier contrato con un tercero debe contar con la aprobación de la mayoría parlamentaria. La profundización de la emergencia humanitaria compleja y las sanciones individuales y financieras contra Venezuela resintieron la imposibilidad de conseguir nuevos financiamientos debido a este veto.

El primer gran ataque contra la eficacia de la Asamblea Nacional fue la calificación de “en desacato” por parte del controlado Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), a pesar de las gestiones formales de los diputados, relativas a los parlamentarios de Amazonas, para dejar de ser calificados de esa manera. Luego vino el ahogo presupuestario, los constantes asedios de fuerzas del chavismo –tanto los grupos de civiles armados como de fuerzas policiales y militares- a los días de sesiones, la neutralización de los parlamentarios más carismáticos mediante la persecución y el exilio, el bloqueo informativo por parte de la hegemonía comunicacional estatal. las reiteradas decisiones adversas sobre su actuación, el hecho legislativo propiamente dicho, por parte del TSJ y, finalmente, la creación irregular de un órgano paralelo, la Asamblea Nacional Constituyente, sacrificando con ella el último valor simbólico positivo que le quedaba al chavismo: La Carta Magna de 1999. Paralelamente se desplegaron los frentes de ataque a su legitimidad, tanto como poder institucional independiente como a sus integrantes. La primera fue el retiro en masa de los parlamentarios oficialistas, dando contenido a la versión que sólo representaba a un sector del país y cuyas líneas de actuación eran decididas en otro lado del mundo. Seguidamente por una paciente generación de condiciones para que diputados, con o sin resistencia, se incorporaran a la fabulosa maquinaria de corrupción y enriquecimiento súbito creado por el chavismo realmente existente, para luego ser debidamente ventilado en la opinión pública. También debemos incluir los esfuerzos oficiales en agrandar las contradicciones internas de la oposición, que han incluido la utilización de bots para sobrerepresentar matrices de opinión en redes sociales.

Este escenario contó con un ingrediente adicional luego de la fraudulenta elección presidencial de mayo de 2018 y la transformación de Nicolás Maduro, el 10 de enero de 2019, en un presidente de facto. Juan Guaidó logró recomponer la crisis de representatividad –aunque fuera circunstancialmente- de los sectores opositores, tanto a nivel internacional como local. El apoyo de una cincuentena de países y las multitudinarias movilizaciones simultáneas en más de 25 lugares de Venezuela durante enero y febrero de 2019, focalizaron los esfuerzos en dinamitar la eficacia y la legitimidad del propio Guaidó. Otra discusión es que tanto sumaron sus propios errores e improvisaciones para materializar el anunciado “cese de la usurpación”, lo cierto es que su figura no sólo unificó durante los primeros meses del año pasado a la mayoría de las bases democráticas del país sino que también personalizaron los ataques del autoritarismo.

Al intentar cuestionar su figura como presidente de la Asamblea Nacional –que genera más apoyos internacionales e institucionales que la de “presidente encargado”, aunque una sea consecuencia de la otra-, Maduro intenta implosionar su legitimidad. Al imponer una junta directiva sin él, que simule ser de oposición y sea cercana a los deseos de Miraflores, su eficacia. Por otra parte, siguiendo el razonamiento en términos de eficacia y legitimidad, los autoritarios pueden pagar un alto costo político a cortísimo plazo matizado luego por la liberación de presos políticos y, especialmente, por decisiones que anuncien la realización de elecciones parlamentarias, en un momento en que ha aumentado la desconfianza ciudadana en la posibilidad de una solución institucional a la crisis venezolana.

La existencia de tres Asambleas Nacionales, contando la Constituyente, ha variado el escenario sociopolítico en momentos de gran incertidumbre, donde la única certeza es el agravamiento de la crisis económica y la salida forzada de los venezolanos que no puedan participar en el naciente espectro dolarizado del país. A todos los gremios nos tocará pensar como ser más eficaces y legítimos en estas circunstancias, especialmente al liderazgo político, donde las decisiones y estrategias sean consecuencia del mayor de los consensos y consultas posible. Cómo enfrentar a una dictadura ha sido un aprendizaje de todos, y aunque todavía estemos encontrando el camino para ser más eficaces, la ausencia de victorias parciales o totales no harán mella de nuestra legitimidad, todo lo contrario.

Un comentario final con una alegoría histórica. ¿Tenía sentido, en julio del año 2000 en el Perú bajo dictadura, dedicar los mismos esfuerzos para cuestionar la figura de Alejandro Toledo y la de Alberto Fujimori? ¿Era eficaz -para quien deseaba regresar a la democracia- el atacar la convocatoria de la movilización de los “Cuatro Suyos” ese mes, liderizada por quien luego sería presidente del Perú, debido a que no se tenía la identidad política “toledista”? En ese contexto, de autoritarismo extremo, graves violaciones a los derechos humanos y ausencia de instituciones al servicio de la ciudadanía, ¿era pertinente en ese preciso momento –aunque una bola de cristal nos revelara el destino del economista y político peruano- la consigna “Ni Fujimori ni Toledo”?

(*) Coordinador General de Provea

Provea contabiliza 69 manifestaciones contra Maduro este #12Feb


Luego de corroborar la información, y constatar que las imágenes no correspondían a otro lugar y fecha, Provea puede asegurar que se realizaron 69 movilizaciones contra Nicolás Maduro este 12 de febrero, lo cual reitera, una vez más, el mayoritario rechazo a su gestión y el deseo popular de volver a la democracia, vida con dignidad, justicia social y libertad.

Los lugares donde se registró la indignación de la multitud fueron:

Acarigua
Altagracia de Orituco
Anaco
Barcelona
Barinas
Barinitas
Barquisimeto
Barrancas
Boconó
Cabimas
Cagua
Calabozo
Capacho
Caracas
Caripe
Carora
Carupano
Ciudad Bolívar
Ciudad Ojeda
Coro
Cumaná
Ejido
El Tigre
El Tocuyo
El Vigia
Guanare
Guasdualito
La Grita
La Victoria
Lagunillas
Los Teques
Maiquetia
Maracaibo
Maracay
Maturín
Merida
Mucuchies
Nueva Bolivia
Ocumare del Tuy
Porlamar
Puerto Ayacucho
Puerto Cabello
Puerto La Cruz
Puerto Ordáz
Punto Fijo
Quibor
Rio Caribe
Rubio
San Antonio del Táchira
San Carlos
San Cristóbal
San Felipe
San Fernando
Santa Barbara
Santa Cruz de Mora
Sierra Imataca
Socopó
Tinaquillo
Tovar
Tovar
Trujillo
Tucupita
Turmero
Upata
Ureña
Valencia
Valera
Valle de la Pascua
Yaritagua

Respuestas para Jungle World sobre la situación venezolana. 06.02.19

Rafael Uzcátegui

Como van a ser traducidas para una nota en la revista alemana Jungle Word, y dediqué un par de horas a responderlas, comparto mis reacciones al cuestionario por si genera más elementos para la conversación sobre lo que pasa ahora en Venezuela

1) Uno tiene la impresión de que Maduro ya ha sido derrotado ¿Esto es así?

R: Nicolás Maduro es un gobernante que aunque está muy debilitado, por la falta de apoyo popular y el aislamiento internacional, sigue ejerciendo el poder real, sustentado en las Fuerzas Armadas y el partido gobernante. El madurismo, lo que hoy gobierna en nombre del chavismo, ha cometido diferentes errores que lo ha llevado a esta situación. El primero fue en el propio inicio de su mandato, en el año 2013, cuando luego de ser electo por un pequeño margen, menos del 2% de diferencia respecto a su contendor de oposición, eligió no promover un gobierno de consensos, como lo sugería la lógica política, sino uno de abierta confrontación. Este primer error tuvo luego un alto costo, además, porque en ese momento estaba emergiendo una crisis económica como consecuencia de la disminución de los ingresos del Estado por la baja de los precios del petróleo en el mercado internacional, algo que algunos analistas llamaron “el fin de la década de los commodities”. El gobierno negó reiteradamente que Venezuela se encontrara en una crisis, lo que generó el peor resultado electoral para el bolivarianismo, cuando en las elecciones para la Asamblea Nacional, en diciembre de 2015, la coalición oficial se ubicó dos millones de votos por debajo de la opositora. Transformado en minoría social y electoral, Maduro continuó actuando de espaldas a la lógica política, no sólo insistiendo en un estilo confrontativo para gobernar, sino también el tomar la decisión de acabar con la precaria institucionalización democrática que quedaba. En marzo de 2016 aprobó una norma, el decreto de estado de excepción y emergencia económica, que pasó a colocarse por encima de la Carta Magna. Meses después, en octubre, decidió suspender irregularmente los procesos electorales pendientes, buscando una fórmula para ganar elecciones siendo minoría. En abril de 2017 ocurre una importante fractura en la coalición gobernante, cuando la Fiscal General Luisa Ortega Díaz denuncia la interrupción del hilo constitucional, dando inicio a una serie de protestas masivas en todo el país que duraron 4 meses, que fueron silenciadas a sangre y fuego con asesinato de 150 manifestantes y la detención de miles de personas. Su acierto en ese momento fue haber propiciado el desprestigio del liderazgo opositor, siendo 2018 un año de protestas sociales, por el creciente agravamiento de la crisis, pero no de movilizaciones políticas. El malestar no sólo continuaba, sino que continúa creciendo, incorporando a sectores que antiguamente apoyaban al gobierno. Es por ello que las protestas de 2019 han sido liderizadas por los sectores populares. Hoy nos encontramos en un momento terminal del modelo de dominación bolivariano. La pregunta que nos hacemos un sector mayoritario de la población es, precisamente, si durará horas, días o semanas. Pero hoy parece improbable retroceder a la situación en la que estábamos recién a comienzos de año.

2) Especialmente en Europa, Guaidó es visto como derechista ¿Hay alguna evidencia de esto?

– No la hay. Formalmente Juan Guaidó pertenece a un partido, Voluntad Popular que se identifica a sí mismo como de “centroizquierda” y forma parte de la Internacional Socialista. Si hay que etiquetarlo, lo que más se parece es a un socialdemócrata. El chavismo ha realizado una campaña comunicacional muy efectiva para mostrar a todos sus críticos como “derechistas” y “pro-imperialistas”, financiados directamente por la CIA y la Casa Blanca. A los defensores de derechos humanos, como en mi caso, no sólo nos describe como derechistas sino también como parte de una conspiración internacional contra el socialismo encabezado por George Soros, debido a que Open Society Fundation es uno de los cooperantes históricos de la ONG en la que trabajo, Provea. Es muy curioso, porque Soros es considerado en el resto del mundo como un progresista, pero según el chavismo estaría detrás de todos los ataques históricos contra la lucha de los pueblos y el socialismo. Uno de los mecanismos efectivos de propaganda ha sido la televisora internacional Telesur. La verdad es que la oposición es tan diversa como el país y muchos, como mi persona, rechazamos identificarnos como “antichavistas”, pues nuestros deseos y aspiraciones superan ampliamente esa denominación. El actual conflicto venezolano ha dejado de ser ideológico, izquierda contra derecha, para transformarse en uno en donde se encuentran enfrentados dos modelos de gobernabilidad: La dictadura y la democracia. Además, debo agregar que a la lucha por la recuperación de la democracia hoy se encuentran incorporados diferentes sectores que se continúan llamando a sí mismos “chavistas”. También, desde hace rato, dejó de ser una “lucha de clases”, pues como lo reflejan las 35 personas que fueron asesinadas en las protestas de la semana del 21 al 26 de enero de 2019, pues todas provenían de los sectores populares, los barrios rechazan también, abiertamente, a Nicolás Maduro.

3) ¿Guaidó tiene el apoyo y confianza de la población?

– Antes de responder debo advertir que en Venezuela existe una hegemonía comunicacional y el gobierno ejerce un fuerte control sobre lo que se informa a través de la televisión y radio. Los periódicos impresos casi han desaparecido, y salvo el diario 2001, los que continúan circulando son de línea editorial oficialista. Los venezolanos deben hacer un gran esfuerzo para mantenerse informados, básicamente a través de internet y redes sociales. No obstante, a pesar de la censura, se han realizado dos jornadas nacionales de protesta a favor del regreso de la democracia y en apoyo a la presidencia de la Asamblea Nacional, que Guaidó preside, como único poder legítimo hoy en el país. El 23 de enero se realizaron, según los registros de Provea, 60 protestas simultáneas en todo el país, todas masivas. El 2 de febrero fueron la mitad, 30 manifestaciones, pero igualmente multitudinarias. Juan Guaidó ha levantado la esperanza de la población en un futuro posible, luego que en el 2018 se experimentara una crisis de representatividad en los sectores democráticos. El ambiente en la calle es de mucha expectativa.

4) ¿De qué depende su éxito?

– En mi opinión el principal es representar una cara nueva en la conducción política del proceso de transición a la democracia. Y las evidencias parecen sugerir que no sólo es un rostro diferente, sino también una manera distinta de hacer política. No tener un pasado que pudiera cuestionarse, sino todo lo contrario. Es tan mestizo como lo era Hugo Chávez y de origen humilde, sobreviviente de la tragedia de Vargas y con abuelos, ambos, con carrera militar, uno de los mecanismos de ascenso social instalados por la Venezuela petrolera del siglo XX. Tiene una manera diferente de expresarse en público, lo que ha gustado por diferenciarse de los estilos clásicos de la política del país, hoy bajo cuestionamiento. Forma parte de una generación de líderes políticos que fueron muy golpeados por la derrota en la rebelión popular del año 2017 y que hoy parecen actuar, a pesar de sus diferentes pertenencias políticas, de manera coordinada. Como ningún otro político de oposición, tiene hoy la posibilidad de comunicarse y sintonizar con amplios sectores de la población, en un carisma que algunos recuerdan como similar al que Hugo Chávez tuvo en algún momento.

4) ¿Juega la iglesia un papel en el conflicto?

– Advierto que no soy religioso, pero reconozco el importante papel que la Iglesia puede desempeñar en América Latina en los procesos de transformación política para el disfrute de las grandes mayorías. Crecientemente la Iglesia ha asumido un mayor protagonismo, y ahora mismo se encuentra en un proceso de revisión de su papel de acompañamiento de los sectores populares, luego que el chavismo debilitó todo el tejido asociativo de base en el país, que también afecto el propio rol social de la iglesia. Desde Provea hemos insistido en que la Iglesia debe ser parte del proceso de renovación de los liderazgos en el país, y ya vienen trabajando en esa dirección. Un ejemplo fue que oficialmente se les permitió a los religiosos participar como tales en las manifestaciones a favor de la democracia, lo que simbólicamente es muy poderoso.

5) Desde la inauguración de Maduro la situación de los derechos humanos ha empeorado. ¿Cuáles son los principales cambios?

– Dos fundamentales. Maduro se ha convertido en una gran fábrica de pobreza y exclusión, lo que ha obligado que más de 3 millones de venezolanos, según las cifras más conservadoras, hayan sido obligados a salir del país en pocos años para poder aspirar a tener un futuro. Venezuela experimenta hoy una emergencia humanitaria compleja, generada no por una guerra o un desastre natural, sino por razones políticas que han puesto al límite las condiciones de vida de la población. Esta emergencia es expresa en un limitado acceso de la población a los alimentos y una aguda escasez de medicinas. Para citar una sola cifra, según el Observatorio Venezolano de la Salud 64% de los venezolanos habrían perdido 11 kilos de peso entre los años 2016 y 2017, debido a la disminución en la cantidad de alimentos ingeridos. Recordar que tenemos una de las inflaciones más altas del planeta, estimada para el 2018 en más de 1.000.000% y proyectada para este 2019 en más de 10 millones, lo que hace que cualquier salario devengado por los trabajadores sea absolutamente insuficiente para satisfacer las necesidades básicas. Maduro ha negado esta crisis, argumentando que los problemas son ocasionados por una supuesta “Guerra económica” del universo contra su mandato. Por otro lado, tenemos la propia situación de ausencia de democracia, que su gobierno se haya transformado en una dictadura similar a la de Alberto Fujimori en el Perú de la década de los 90. La impunidad es estructural y no hay ningún tipo de contrapeso o control para los funcionarios, lo que ha generado una gigantesca cadena de corrupción en el sector estatal. Maduro se ha convertido en un ejemplo como la ausencia de democracia genera pobreza y violación sistemática de los derechos humanos.

6) ¿Qué papel juega el FAES, fundado en 2017, en esto?

– Las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) es una consecuencia del proceso de militarización de la seguridad ciudadana impulsado por Nicolás Maduro desde el propio inicio de su mandato. En el año 2015 se realizaron los llamados “Operativos de Liberación del Pueblo” (OLP), que bajo ese peculiar nombre significó una masiva política de criminalización de los sectores pobres en el país y la sistemática violación de sus derechos humanos. El FAES ha sido creado para actuar contra el terrorismo y el secuestro, por lo que su entrenamiento es para realizar operativos de alta letalidad. Esto es contrario al uso progresivo y diferenciado de la fuerza que debería caracterizar cualquier labor de seguridad ciudadana. Luego de la crisis generada a lo interno de la policía política, el Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN) luego del asesinato del concejal Fernando Alban, en octubre de 2018, y la deserción del 30% de los funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana por la propia crisis económica de los funcionarios de bajo rango, el FAES ha venido desempeñando el liderazgo en la represión en el país. Según cifras de Provea serían los responsables de ajusticiamiento de 205 personas entre enero y diciembre de 2018. El principal objetivo de la actuación del FAES es destruir la capacidad de organización autónoma en los sectores populares y propagar el terror, para que no se desborde en manifestaciones el actual descontento generalizado contra el gobierno.

7) ¿Por qué hay más choques con la policía y las fuerzas de seguridad en las zonas más pobres de Caracas?

– Los sectores populares de Venezuela venían expresando su descontento por las consecuencias de la crisis económica, que incluye la propia crisis de servicios básicos como la luz, el agua, el gas doméstico y el transporte público. Según cifras del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social durante el año 2018 se registraron 12.715 protestas, equivalentes a 35 diarias en todo el país. El 89% de las protestas fueron por demandas sociales, mientras que el 11% fue por exigencias políticas. En mi opinión en diciembre de 2018 la paciencia de los sectores populares llegó a un límite, cuando fueron literalmente robados por el gobierno cuando pagaron por un pernil, una pieza del cerdo que constituye un plato típico de las fiestas venezolanas de fin de año, que nunca recibieron. En diciembre ocurrieron en diferentes partes del país protestas por el incumplimiento de esta promesa, donde se confrontaba a los cuerpos policiales. Como no es ninguna sorpresa, son los sectores más pobres del país los más afectados por la crisis y quienes durante 2017 y 2018 también fueron parte de la migración forzada venezolana, separando familias en una situación desconocida para un país como Venezuela. En 2019 los sectores populares han liderizado las protestas populares contra el gobierno. Según el perfil de las personas asesinadas, las protestas en los barrios han privilegiado dos estrategias: El cierre de calle, que es una protesta pacífica, y el saqueo, que también es una protesta, pero de naturaleza violenta.

8) Están los grupos paramilitares como los colectivos involucrados en esos ataques?

– Sí. Es un patrón de actuación que comenzó en las protestas del año 2014, se desarrolló ampliamente en las manifestaciones del año 2017 y está siendo utilizado en los actuales momentos. Estos paramilitares representan el principal organismo de control territorial en los sectores populares, por lo que es doblemente heroico el hecho que las personas se hayan atrevido a desafiarlos y protestar en las propias comunidades. Esto explica, entre otras razones, el que las protestas en las zonas populares se realicen en horario nocturno, como mecanismo de protección frente a la actuación de estos grupos de civiles armados, que actúan en coordinación con las fuerzas policiales.

9) ¿Qué tipo de represión usa el gobierno contra las protestas y manifestaciones de calle?

– Además de las estrategias descritas en las respuestas anteriores, alentadas por la absoluta impunidad para los violadores de derechos humanos, hay un perverso mecanismo adicional: El control por hambre. El gobierno vende una serie de alimentos a precio bajo, con el nombre “Comité Local de Abastecimiento y Producción” (CLAP) que para muchas personas es la base de su alimentación, pues los salarios que reciben por su trabajo son insuficientes para comprar los alimentos disponibles en el mercado. Nicolás Maduro ha generado así una estatización de la vida cotidiana de la población. El CLAP es distribuido por personas que son parte del gobierno, y como no hay alimentos a bajo precio disponibles para toda la población, estas personas deben decidir quiénes serán los beneficiados por este programa.  Esto se ha convertido en una gigantesca política estatal de discriminación por razones políticas, pues las personas que participan en una manifestación contra el gobierno, o hacen críticas a través de los pocos medios de comunicación disponibles, son excluidas de este beneficio. Agregar que el CLAP no es ni permanente ni suficiente. Los alimentos entregados para una familia no satisfacen debidamente las necesidades alimenticias durante un mes. Y no hay ninguna garantía que las familias van a recibir los alimentos todos los meses, sino esporádicamente si tienen suerte: Un mes sí, y luego uno o dos meses no. Yo he sido testigo como las personas que distribuyen el CLAP en mi comunidad utilizaron la base de datos de entrega de estos alimentos para señalar tanto a la policía como a los paramilitares cuáles eran los vecinos que estaban participando en las manifestaciones, lo que denuncié formalmente a mediados del año 2017. Este ha sido un mecanismo importante y efectivo de control.

10) ¿Sería posible que las protestas se durmieran de nuevo?

– En este momento en que respondo a tus preguntas, todo es posible en Venezuela. En el año 2017, cuando miles de personas en todo el país protestábamos todos los días en la calle, parecía que estábamos cerca del final de la dictadura, pero finamente el gobierno se impuso mediante la Asamblea Nacional Constituyente. El 2018 fue el año de la desmovilización política, aunque la protesta por razones sociales se mantuvo. Si el actual impulso por lograr una transición a la democracia en Venezuela se detuviera, es muy probable por otro lado que las razones de fondo de la crisis se mantuvieran y que tarde o temprano emergiera un nuevo ciclo de protestas. Afortunadamente hombres y mujeres son, por naturaleza, inconformes y rebeldes. La única manera en que el gobierno pudiera asegurar que dormirá permanentemente la protesta es que nos asesinen, encarcelen o exilien forzadamente a todos y cada uno de quienes hoy adversamos a la dictadura. Y esto, en tiempos de globalización, tiene un alto costo político que Maduro o ningún otro gobernante autoritario de occidente está en capacidad de pagar.

Respuesta para un cuestionario Sloveno

Comparto las respuestas para una entrevista reciente, solicitada por un medio de comunicación de Slovenia, por si sirve para la comprensión. 

– ¿Cómo describirías lo que está sucediendo actualmente en Venezuela?
– Como la lucha de un pueblo contra un gobierno dictatorial, un tipo de autoritarismo diferente al de las dictaduras tradicionales latinoamericanas y cuyo referente anterior fue el gobierno de Alberto Fujimori en Perú. Nicolás Maduro es un gobernante con un rechazo popular mayoritario, como se demostró en las manifestaciones multitudinarias realizadas el pasado 23 de enero en 60 ciudades del país, y muchas más en otros países por parte de los venezolanos que han sido forzados a emigrar.

El deterioro de las condiciones de vida ha motivado que sean los sectores populares quienes hoy encabezan las movilizaciones contra Nicolás Maduro. Luego del fraude electoral de mayo de 2018, y la usurpación de la presidencia a partir del pasado 10 de enero, la Asamblea Nacional, como único poder con legitimidad de origen, ha tomado una decisión política para restaurar la propia Constitución a corto plazo y convocar a elecciones libres en el plazo más breve posible, una ruta para transitar del autoritarismo a la democracia. El gobierno ha respondido con la represión. En este momento 35 personas han sido asesinadas en el contexto de manifestaciones, mientras que 850 personas han sido detenidas, todo en el lapso de una semana.

Los Estados Unidos están intentando promover una salida de fuerza, estimulando que sean los militares venezolanos quienes quiten a Maduro de la presidencia. Por otra parte la Asamblea Nacional está más cerca, hoy, de la estrategia promovida por la Unión Europea, la cual ha sido resumida en tres pasos: 1) Cese de la usurpación; 2) Gobierno de transición y 3) Realización de elecciones. Otros actores internacionales son el Grupo de Lima, por un lado, y México y Uruguay por otro, quienes han realizado una propuesta para la realización de un diálogo entre las partes.

Dentro de Venezuela la polarización que existía en días de Hugo Chávez, chavistas contra antichavistas, no existe. El conflicto ha dejado de ser ideológico para transformarse en el choque entre dos tipos de gobierno, democracia contra dictadura. Hoy son parte de la lucha por el regreso de la democracia sectores que se identifican a sí mismos como “chavistas disidentes”. Algunos de ellos están acordando estrategias con los partidos opositores tradicionales, por ejemplo dentro del espacio “Frente Amplio”.

 

Por último, el gran telón de fondo es una situación de pobreza que condena a la exclusión y el hambre a un sector mayoritario de la población.

– Usted ha advertido que el régimen actual no ha fortalecido realmente a las comunidades y movimientos venezolanos (laborales, ambientales, sociales). ¿Qué les está sucediendo actualmente?

– Los movimientos sociales, como eran conocidos en Venezuela en la década de los 80 y 90, hoy se encuentran debilitados y divididos. Durante los primeros años de Hugo Chávez abandonaron sus agendas particulares de reivindicaciones para asumir la movilización electoral en apoyo o rechazo al chavismo. El gobierno destinó muchos recursos para transformar a los antiguos activistas en funcionarios burocráticos de gobierno, abandonando un auténtico trabajo comunitario. También fueron debilitándose por la lucha por la supervivencia, debido a la situación de alta inflación (más de un millón por ciento en el 2018) y retroceso de la capacidad adquisitiva de los salarios. Finalmente, el tejido asociativo casi desapareció cuando muchos activistas tuvieron que salir, de manera forzada, del país para sumarse a la migración venezolana en el exterior.

Hoy sobreviven algunas redes y movimientos sociales, con muchas dificultades y con sus capacidades de actuación disminuidas. Muchos están sumados a la lucha por el regreso de la democracia. En las condiciones actuales es imposible cualquier proyecto de autonomía individual o colectiva, así que tenemos que volver a un punto, la democracia, donde los proyectos alternativos y las diferentes identidades políticas tengan posibilidades materiales y sociales para desarrollarse.

 

– Leemos mucho sobre miles de refugiados que escapan de Venezuela: ¿quién permanece en Venezuela y cómo vive / sobrevive la gente?

– Hay diferentes cifras sobre la cantidad de personas que se han ido de Venezuela, pero oscila entre los 3 y 5 millones, según los organismos internacionales. Hemos tenidos varias oleadas de migrantes. La primera fue de empresarios, luego de personas de clase media. Luego los siguieron los perseguidos políticos, para sumarse los sectores populares y, finalmente, los propios chavistas. En Venezuela quedan las personas que no se pueden o no se quieren ir. Las clases sociales, como las conocíamos, se han venido difuminando. Ahora la sociedad se divide entre quienes reciben dólares del exterior, por remesas, y quienes no los reciben. Una persona de un sector popular que reciba 50 ó 100 dolares en un barrio vive hoy mejor que alguien de clase media que gana en bolívares por su salario. Las personas dedican mucho esfuerzo cada día por encontrar alimentos y medicinas en el mercado negro. O conseguir alimentos a precios controlados distribuidos por el gobierno.

 

– ¿Quién se está beneficiando de la confrontación actual entre los poderes políticos (Maduro y Guaido)?

– Cada vez que Maduro declara “la guerra al imperialismo”, suenan las monedas en los bolsillos de algún traficantes de armas. A partir del año 2016 la naturaleza del conflicto cambió, así que ya no estamos siendo testigos de una confrontación Chavismo contra Antichavismo, sino entre quienes queremos vivir en libertad contra quienes desean mantener una dictadura. Es ingenuo pensar que no hay intereses económicos en juego, la participación de los Estados Unidos, Rusia, China o la Unión Europea. Pero salir del gobierno de Nicolás Maduro es una condición para quienes queremos sobrevivir dentro de Venezuela y plantear en algún futuro algún proyecto alternativo, o alguna alternativa social libertaria.

 

– Usted ha advertido sobre un modelo de desarrollo y agotamiento de recursos naturales que ha continuado bajo Chávez y Maduro, lo que permite políticas populistas y una gobernanza antidemocrática en crecimiento. ¿Cómo puede ser cambiado?

– Algo bueno de la crisis profundizada por el chavismo ha sido que ha quedado en evidencia el agotamiento del modelo extractivista de desarrollo, perjudicando a comunidades indígenas, campesinas, así como al propio medio ambiente. El modelo populista no está muerto, pero si herido gravemente. Lamentablemente no existe una discusión amplia en el país, debido a la propia situación política, de cómo debería ser la Venezuela post-extractivista. A corto plazo el Estado debe mantener medidas de mitigación del impacto, en los sectores populares, de cualquier política económica que desee corregir la situación del país y detener tanto la inflación como el retroceso de los salarios.

 

– ¿Qué debe pasar para que algo bueno pueda venir a partir de la situación actual?

– Desde el momento en que el modelo de dominación bolivariano dejó de ser popular, de contar con la mayoría social y electoral del país, soy optimista sobre la posibilidad de un cambio. Hoy los sectores populares que anteriormente estaban controlados por el oficialismo se han rebelado. Las personas han recuperado las ganas de participar. Incluso los antiguos aliados de Nicolás Maduro lo han abandonado. La salida del poder de Nicolás Maduro será apenas el inicio de la reconstrucción del país, y de regresar a un escenario donde la acción autónoma de los movimientos sociales pueda ser posible. Donde podamos recuperar el espacio público y desarrollar, libremente, actividades culturales. Los problemas no desaparecerán mágicamente, de hecho aparecerán algunos nuevos, pero la salida del poder de Nicolás Maduro será algo tan bueno que nos permitirá a todos, incluso a los propios chavistas, un nuevo comienzo como país.

El rechazo popular a la dictadura fuera de Caracas, en imágenes

Las multitudinarias manifestaciones ocurridas en alrededor de 60 puntos diferentes del país demostraron el masivo repudio a la dictadura de Nicolás Maduro. Los reportes noticiosos han hecho énfasis en Caracas. Queremos rescatar imágenes de la épica fuera de Caracas, cuando la gente perdió el miedo y la desesperanza para expresar su deseo de un cambio

merida230119

Mérida
@promedehum

rubio230119.jpeg

Rubio

mucuchies

Mucuchíes
@leoperiodista

acarigua

Acarigua
@marhidalgo29

guanare

Guanare
@ensintoniatigre

cagua.jpeg

Cagua

maracay

Maracay

sancristobal

San Cristóbal

valera

Valera

duaca

Duaca

barquisiumeto04

Barquisimeto

fabricioojedaanzoategui

Distribuidor Fabricio Ojeda, Anzoátegui

nuevaesparta

Porlamar

ptoordaz02

Puerto Ordaz

valencia230119

Valencia

sanfelipe230119

San Felipe

vargas_230119

Vargas

carora

Carora

maracaibo2

Maracaibo

cabimas

Cabimas
@andieaguilera

lagunillas

Lagunillas
@ronyjmm

cojedes

Cojedes
@VenteCojedes

cumana

Cumana
@lismarypoca

ejido

Provea: Venezuela debe avanzar a la solución democrática del conflicto garantizando el protagonismo soberano del pueblo

Logo-Provea(Caracas, 24 de enero de 2019). El 23 de enero de 2019 el pueblo venezolano se manifestó masivamente en rechazo a la dictadura de Nicolás Maduro. En más de 60 ciudades del país, y muchas otras a nivel internacional, ocurrió una amplia participación atendiendo el llamado, realizado el pasado 12 de enero por la directiva de la Asamblea Nacional, a expresar el descontento en esta fecha emblemática de la historia venezolana. Previo a las movilizaciones se realizaron cabildos abiertos, en distintos estados, también con multitudinaria asistencia.

En contraste, el gobierno de facto convocó a una movilización que contó con una modesta participación de simpatizantes, e igualmente llamó a realizar una vigilia nocturna frente al Palacio de Miraflores “para defender a Maduro”, sin que la población atendiera el llamado. Una situación que contrasta cuando eran convocadas por el presidente Hugo Chávez.

Destaca en la movilización del 23 de enero la amplia participación de habitantes de las zonas populares, los mismos que protagonizaron las protestas por servicios públicos y mejoras en sus comunidades durante el año 2018. En el caso de Caracas han sido las comunidades populares quienes han protagonizado las protestas nocturnas, desde el día 21 de enero, de rechazo a Maduro en zonas anteriormente identificadas como bastiones del chavismo.

Ante el fraude en las elecciones presidenciales y la posterior usurpación de la primera magistratura, la Asamblea Nacional como único poder legítimo ha venido trazando una ruta orientada a rechazar al gobierno de facto, lograr una transición, restituir la plena vigencia de la Constitución y convocar a elecciones. Consideramos que toda solución a la situación compleja y critica del país pasa por garantizar la participación del pueblo en unas elecciones libres, trasparentes e inclusivas en el plazo más corto posible.

Ratificamos la importancia de continuar articulando las fuerzas democráticas para avanzar en el rescate de la democracia. El 23 de enero se inició una ruta que debe garantizar elecciones democráticas con nuevos integrantes del Consejo Nacional Electoral para que exista un árbitro que brinde confianza, tiempo suficiente para su preparación, garantía de participación de todos los partidos políticos que tengan la voluntad de participar sin ningún tipo de discriminación, así como observación internacional calificada.

Condenamos el uso excesivo de la fuerza por parte del gobierno de facto contra las personas que expresan su descontento. Denunciamos que se repiten los mismos patrones del año 2017: El uso desproporcionado de la fuerza, con alto nivel de letalidad contra la población civil. La dictadura ha instituido el accionar de la Fuerza de Acciones Especiales (Faes) de la Policía Nacional, un grupo comando que tiene graves antecedentes de realización de ejecuciones policiales y que no ha sido entrenado para el control del orden público.

Hasta las 2 de la tarde de este jueves 24 de enero más de 26 personas han sido asesinadas en las protestas del día 22 y 23 de enero, en su gran mayoría víctimas de escasos recursos. Las arremetidas contra las zonas populares han sido acompañadas también con allanamientos sin orden judicial, ataque a viviendas, detenciones arbitrarias y maltrato a los detenidos.

Los asesinatos perpetrados por las fuerzas policiales y militares o por colectivos paramilitares al servicio del gobierno, amplían el expediente que cursa en la Corte Penal Internacional en fase de Examen Preliminar, reiterando que son responsables de crímenes de lesa humanidad tanto quienes ejecutan las órdenes como la cadena de mando. Lamentablemente tanto el Ministerio Público como la Defensoría del Pueblo en la actualidad garantizan impunidad para los victimarios.

Exhortamos a la comunidad internacional a seguir monitoreando y apoyando la lucha que libra el pueblo venezolano por el rescate de la democracia. Las iniciativas que se emprendan deben estar enmarcadas en el ámbito del derecho internacional y orientadas a una solución pacífica y soberana para transitar del autoritarismo a la plena vigencia del estado de derecho.

Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos