Lo mejor de nosotros

Rafael Uzcátegui

Tras 18 años de polarización, e intervención del tejido social por parte del proyecto bolivariano, se ha generado lo que el sociólogo larense Nelson Freitez califica como “daño antropológico” a la sociedad venezolana, cuyas reales dimensiones estamos lejos de comprender en toda su dimensión. Si un trabajo político, en el sentido amplio del término, es detectar donde hay signos del renacimiento de lo mejor de la idiosincrasia criolla, uno de los eventos donde la misma se expresa es en las protestas que actualmente ocurren en nuestro país.

Como contrapeso de los lamentables saldos represivos conocidos, en la rebelión popular se está construyendo un sujeto colectivo que comparte el liderazgo de las convocatorias con los diputados de la Asamblea Nacional, imprimiéndole intensidad y dinamismo. A lo interno, para quien haya participado en alguna, se puede apreciar una masa crítica con importantes niveles de auto-organización y auto-convocatoria, como lo reflejan los diferentes roles que asumen sobre el terreno los manifestantes. No obstante, lo que queremos resaltar es la viralización de actitudes de solidaridad y desprendimiento que, como modelos de conducta, pueden significar uno de los saldos positivos del actual desborde de la indignación.

El ejemplo del joven músico Wuilly Arteaga es el ejemplo más reciente, pero no el único. Como fue noticia, su violín fue destrozado por un Guardia Nacional Bolivariano cuya rabia contra el instrumento reflejaba su propia frustración por lo que otros eran diferente a él. Los ofrecimientos abundaron, y no pasaron dos días antes que Arteaga tuviera en sus manos otro violín, donado por alguien que se estremeció por la injusticia y deseaba que las melodías de Arteaga siguieran increpando la autoridad. Grandes y pequeños gestos, anónimos en su mayoría, se han repetido desde el 1 de abril. Desde personas que han pagado intervenciones médicas a manifestantes que no conocían heridos por los perdigones, doctores que han atendido a protestantes olvidando sus honorarios , donaciones de insumos médicos a equipos de primeros auxilios, visitas a muchachos presos, alimentación a personas que participan en movilizaciones por aquellos que por diferentes razones no pueden estar en las convocatorias, traslados de afectados por la represión, tarjetas telefónicas gratuitas, asistencia jurídica y psicológica de costo cero, por enumerar algunas, son las acciones que han reconstruido un sentido de comunidad, estar juntos y protección desinteresada mutua que creíamos extraviada por largo tiempo. Si usted enfoca lo suficiente en las protestas, descubrirá la acción callada de decenas de héroes sin rostro que están conjurando lo mejor de nosotros. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

Los dos demonios

Rafael Uzcátegui

Luego de nueve meses de trabajo el 20 de septiembre de 1984 la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) entregó en Argentina su informe sobre las desapariciones ocurridas durante la dictadura. Esta investigación pasó también a conocerse como “Informe Sábato”, pues el escritor encabezó la comisión que hizo la entrega formal al presidente Raúl Alfonsín. El autor de “El Túnel” también fue responsable del prólogo de aquel libro de 490 páginas, un texto tan comentado como los resultados, pues para muchos conceptualizó la llamada “teoría de los dos demonios”: “Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países”, comenzaba aquella introducción. “A los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido”. Muchos lo entendieron como el equiparamiento de las dos fuerzas en conflicto, con lo que la izquierda regional pegó el grito en el cielo. El prólogo de Sábato fue tan polémico que fue retirado de la reimpresión del libro hecha en el 2016.

Esta discusión es importante porque un sector de la izquierda venezolana, agrupadas bajo la denominación “chavismo crítico”, han resucitado la teoría de los dos demonios para describir el actual conflicto en el país. Según, hay dos bandos armados en pugna, que estarían generando las bajas conocidas, y desde la dirigencia política opositora, “con manos manchadas de sangre”, se estarían enviando jóvenes al matadero. Lo curioso es que la teoría que fue despreciada para Argentina (sus críticos despellejaron vivo a Ernesto Sábato, y siguen después de muerto) tiene bastante resonancia hoy en quienes la rechazaron en su momento. Quienes comulgan en secreto con la calificación gubernamental sobre que las protestas venezolanas son “terroristas”, públicamente condenan las violencias, en plural, nivelando las supuestas agresiones de los manifestantes con el abuso de poder estatal.

Lo que desnuda esta “argumentación” de estos izquierdistas es su profundo sectarismo, pues la única indignación de las multitudes para ellos legítima es la que sea protagonizada por personas idénticas a ellos mismos. La Fiscal ha reconocido que la mayoría de las protestas han sido pacíficas. Y que los hechos de violencia, para el movimiento de masas en desarrollo, han sido puntuales y minoritarios. Hay tantas barricadas, molotovs, capuchas y piedras como hubo en el movimiento estudiantil chileno del 2011, donde por cierto sólo hubo un muchacho asesinado. Y nadie se atreve a calificar aquello, como lo hacen los chavismos -desde el dictatorial hasta el “crítico”-, como de ”insurgencia armada”, dando argumentos para el uso de justicia militar contra los detenidos. @fanzinero

Venezuela: aikido y derechos humanos

El actual conflicto venezolano resulta similar al aikido, el arte marcial en el que para vencer se utiliza en su contra la fuerza del oponente. En octubre de 2016, cuando se había logrado el consenso de multitudes y la comunidad internacional para la realización de un referéndum revocatorio para dirimir la crisis, voceros de la oposición asistieron, improvisadamente, a una mesa de diálogo de la cual se levantaron con la idea de «elecciones generales adelantadas». El gobierno se benefició del error táctico de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y logró así dinamitar la confianza de sus bases de apoyo, mientras se generalizaba el sentimiento de desilusión. Meses después, para castigar a una Asamblea Nacional que aprobaba una declaración de apoyo a la aplicación de la Carta Democrática Interamericana, el gobierno formalizó el proceso de sustitución de sus competencias en dos sentencias emitidas por la Sala Constitucional del máximo tribunal del país. Aunque la neutralización del Parlamento se realizaba por la vía de los hechos desde un año antes, con escaso costo político para Miraflores, su registro formal generó una ola de rechazo que incluyó a la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz. Los partidos políticos opositores lograron recomponer la confianza, en esta oportunidad, por un traspié del chavismo, en una ola de protestas que continúa hasta el momento de escribir esta columna.

El gobierno bolivariano se ha debilitado en 2017 más como consecuencia de su soberbia ciega que por resultado de la agenda política opositora. En el plano internacional, una torpe diplomacia encabezada por Delcy Rodríguez le ha restado apoyos que hasta hace poco se debatían entre la ambigüedad y la cautela. Uruguay ha sido el caso más llamativo. A comienzos de abril, Nicolás Maduro acusó al canciller de ese país de acordar con Estados Unidos los ataques contra Venezuela, una sugerencia inaguantable para un presidente salido de las filas de la izquierda. «Si [Maduro] no rectifica, está diciendo que no tiene pruebas, y si no tiene pruebas, lo que dijo es una mentira», expresó el presidente Tabaré Vázquez. El cambio de postura de Uruguay sobre Venezuela no solo sumó al proceso de activación de la Carta Democrática, sino que despejó la ruta para iniciar acciones diplomáticas similares en el Mercosur, donde las decisiones, según los estatutos, se toman por consenso. La credibilidad del jefe de Estado caraqueño se erosiona tras cada declaración llena de fantasía. El 19 de abril, ante una concentración en apoyo a su gestión, calculó la asistencia en «tres millones de personas», en una avenida de Caracas que, repleta –lo que no ocurría ese día–, tenía capacidad para albergar no más de 200.000 personas. En 2017, las debilidades comunicacionales del gobierno parecen tener como origen la misma causa que se había diagnosticado para la oposición a finales de 2016: la ausencia de olfato para captar correctamente la realidad.

Rupturas

No obstante, la actual ola de protestas no es una simple extensión de los ciclos de movilización antichavistas de años anteriores. Luego de la peor derrota del bolivarianismo en el poder, en las elecciones parlamentarias de finales de 2015, con casi dos millones de votos por debajo de sus oponentes, el chavismo tomó la decisión de crear un modelo de gobernabilidad aún más autoritario ante la pérdida del apoyo popular. Su piedra fundacional fue la sustitución de la Constitución por una legalidad que le confería al presidente poderes absolutos, bajo el nombre «Decreto de Estado de Excepción y Emergencia Económica». Seguidamente el árbitro electoral del país, el Consejo Nacional Electoral, suspendió irregularmente la realización de un referéndum revocatorio contra el presidente y detuvo de manera indefinida las elecciones que debían realizarse en diciembre de 2016 para las 24 gobernaciones regionales. Progresivamente, fue quitando competencias a la Asamblea Nacional, a través del Tribunal Supremo de Justicia, hasta que la legitimación del proceso vía sentencias generó el descontento público de la fiscal general de la República, quien las calificó como la «ruptura del hilo constitucional» y abrió así la caja de Pandora. La aparición de fracturas dentro del bloque oficialista ha sido aprovechada por la oposición: una de las consignas más populares es las movilizaciones es «Lo dijo la fiscal, ustedes son golpistas». Y como si fuera poco, todo esto sucede teniendo como gran telón de fondo una de las peores crisis económicas que recuerden los venezolanos, con una inflación superior a 600%, escasez de alimentos y medicinas y evaporación del poder adquisitivo de los salarios, lo que genera –según las propias cifras oficiales– un porcentaje de personas en situación de pobreza mayor que la existente cuando Hugo Chávez fue elegido presidente por primera vez. Según los propios datos del gobierno, cuya rigurosidad ha sido puesta en cuestión, casi la mitad de los venezolanos se encontrarían en situación de exclusión.

Continuidades

La ola de protestas ha sido respondida por las autoridades recordando los peores patrones de abuso de poder de ciclos de movilización anteriores. Además de prohibir que las movilizaciones lleguen al centro de Caracas –sede de los poderes públicos–, se evidencia un uso desproporcionado de gases tóxicos prohibidos por la Constitución, disparos de perdigones a corta distancia, uso de armas de fuego, detenciones arbitrarias, torturas y malos tratos a detenidos, robo a manifestantes por parte de funcionarios policiales y militares, así como la violación del debido proceso para, cuando se cerraba este texto, más de 1.200 personas detenidas en todo el país por protestar, en cifras del Foro Penal Venezolano. Según los datos de Provea, 20 personas han perdido la vida en contexto de manifestaciones. Para aumentar la crispación, diputados del Partido Socialista Unido de Venezuela como Diosdado Cabello y Pedro Carreño han mostrado en televisión un folleto en el que aparecen nombres, fotografías y direcciones de líderes políticos y sociales de oposición, que según afirman habría sido distribuido a militantes del oficialismo. «El pueblo sabe dónde tiene que ir», declararon ante las cámaras.

Paramilitares “de izquierda”

La situación continúa deteriorándose tras la decisión de Maduro de activar el llamado “Plan Zamora”, una estrategia militar de ocupación del territorio que incorpora, explícitamente, la actuación de grupos de civiles armados. Se trata de lo que desde el chavismo se denomina «colectivos» y que las organizaciones de derechos humanos han definido, lisa y llanamente, como «paramilitares». Durante el primer día de actuación del Plan Zamora, el 19 de abril, en 22 de los estados donde ocurrieron movilizaciones se documentó la actuación de «colectivos» en 16 de las regiones. Los videos los muestran desplazándose en motocicletas, con el rostro cubierto con capuchas y disparando armas de fuego.

La actuación de los «colectivos», en un contexto de violencia e inseguridad ciudadana que ubica a Venezuela dentro de los países más peligrosos de la región, puede agravar su ya delicada situación en derechos humanos. La noche del 20 de abril, ocho zonas de Caracas, incluyendo algunas que eran consideradas hasta hace poco como «territorios del chavismo», protagonizaron batallas contra las autoridades, que incluyeron saqueos a establecimientos comerciales.

La crisis podría tener su salida menos traumática si Maduro y su entorno permitieran la realización de elecciones. En el aikido en que se ha convertido esta situación haría falta un elemento: la desvinculación pública de la intelectualidad izquierdista internacional que durante mucho tiempo apostó por el proyecto bolivariano. Algunos han dado el primer paso (Noam Chomsky, Raúl Zibechi, Edgardo Lander, Clifton Ross), pero muchos de quienes saben que las cosas no van bien por el país caribeño han optado por el silencio. ¿Permitirán que el peso simbólico de su opinión sea utilizado por quienes buscan llevar a Venezuela a un momento diferente de su historia? (Publicado en Nueva Sociedad)

Movimientismo en contraste

Rafael Uzcátegui

Manuel Castells, en “Redes de indignación y esperanza”, ha postulado que los movimientos sociales actuales, articulados y vinculados en red, tienen capacidad de reflexionar y aprender sobre su propia experiencia. Para aportar en este sentido, comparto un esquema sobre las que considero las principales diferencias entre las protestas del año 2014 y las que se están desarrollando en este mismo momento en el país. Enlisto primero las características de las anteriores y, seguidamente, su contraste actual (Algunas características podrían cambiar tras el 19 de abril).

2014
– Se realizaron en democracia restringida
– Fueron criminalizadas por todas las instituciones estatales
– Sin centro
– Protestas de importancia en todo el país (18 estados)
– Diversidad en las estrategias de movilización
– Consigna central “Maduro vete ya”
– Escasa atención de la comunidad internacional
– Expectativa en diálogo como mecanismo de mediación
– Sus referentes fueron protestas internacionales
– Partidos políticos de oposición divididos frente al fenómeno
– Chavismo era mayoría electoral
– Protagonizada por clase media y algunos sectores populares
– Emergencia de crisis económica
– Forma de comunicación resaltante: Tuits con fotografías

Diferencias20142017

2017
– Se realizan en dictadura
– Fiscalía desentona con línea oficial
– Relativo liderazgo de la Asamblea Nacional
– Protestas en 9 estados, con protagonismo de Caracas
– Algunas estrategias de movilización, énfasis marchas y concentraciones
– Consigna central “Elecciones ya”
– Alta atención de la comunidad internacional
– Ocurren tras fallido mecanismo de diálogo
– Aprendizaje acumulado de protestas locales anteriores
– Partidos políticos de oposición unidos frente al fenómeno
– Chavismo es minoría electoral
– Protagonizada tanto por clase media como por sectores populares
– Profundización de crisis económica
– Forma de comunicación resaltante: Videos y mensajes de voz por Whatsapp

@fanzinero

Infografías informe “Venezuela 2014, protestas y DDHH”

Conocimiento que no se difunde es conocimiento que no existe. Tras el informe de 9 organizaciones de derechos humanos venezolanas sobre las protestas recientes en el país, alguinos de sus resultados principales se han convertido en infografías para una mayor difusión. Si deseas descargar el archivo .zip con las 6 infografías en castellano AQUI. Si deseas descargar el archivo .zip con las 6 infografías en inglés AQUI

 

infografia_prot

Los logros de la protesta

hulktachira

Columna de Provea para el Correo del Caroní redactada por Rafael Uzcátegui

En los últimos días los niveles de conflictividad en el país han descendido respecto a la situación de los meses febrero, marzo y abril. En parte, la sociedad se ha dado una tregua observando la evolución del Mundial de Fútbol que actualmente se desarrolla en Brasil. No obstante, en diferentes ámbitos algunos sectores han reflexionado sobre las manifestaciones en el primer semestre. Algunos análisis son pesimistas: Luego de 42 personas asesinadas, sostienen, nada ha cambiado. El Ejecutivo Nacional, complementan, ha hecho oídos sordos a las peticiones ciudadanas: Los problemas de inseguridad, desabastecimiento e inflación continúan sin resolverse.

En cambio, nuestra mirada de derechos hace énfasis en la parte medio llena del vaso. Creemos que el ejercicio del derecho a la manifestación siempre deja saldos positivos, y las recientes movilizaciones realizadas en el país no son una excepción. En nuestra humilde opinión, enlistamos algunos logros:

1) La defensa del propio derecho a la manifestación pacífica: A pesar de las amenazas estatales, que han incluido beligerantes declaraciones en contra por parte del propio presidente Maduro y una sentencia inconstitucional sobre la necesidad de un “permiso” por parte del Tribunal Supremo de Justicia, la gente no se ha dejado intimidar y ha continuado ejerciendo en la calle su derecho a la manifestación pacífica. De manera intuitiva entienden que “derecho que no se ejerce es derecho que se pierde”.

2) Las protestas han revelado los déficits democráticos del gobierno: La intolerancia con la cual el Ejecutivo ha enfrentado las manifestaciones, la criminalización de las mismas desde su inicio bajo la hipótesis del “golpe suave” y el incumplimiento de los propios manuales de actuación policial han revelado la ausencia de una cultura democrática para el mantenimiento del orden público en el contexto de manifestaciones.

3) Las movilizaciones han aumentado el interés internacional sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela: La envergadura de las protestas y la represión desmedida en su contra ha puesto el interés internacional sobre nuestro país y han generado preguntas sobre la vocación democrática del nuevo presidente en funciones. Como un dato, desde el año 1994 Amnistía Internacional no realiza un informe especial sobre nuestro país, fecha en que alertaron sobre los abusos de poder alrededor de “El Caracazo”. Su informe reciente “Los DDHH en riesgo en medio de protestas” ha colocado la mirada global sobre nuestro país.

4) La dinámica movimientista ha estimulado la aparición de nuevos activistas en derechos humanos: Como respuesta a los abusos de poder, familiares y amigos de las víctimas han conformado sobre la marcha iniciativas para la denuncia y la defensa de los derechos humanos en el país, lo cual constituye una potencial generación de relevo al trabajo de las organizaciones históricas o con mayor trayectoria en el país. Mientras más defensores de derechos humanos más exigencias para su vigencia, con lo cual sale ganando la totalidad de la sociedad venezolana. Este saldo organizativo incipiente también es ubicable en otros sectores de la población.

5) El bloqueo informativo ha catalizado la irrupción de los infociudadanos: El uso intensivo y extensivo de los dispositivos personales para el registro y visibilización de los abusos de poder, el uso de las redes sociales para la denuncia y exigencia ha obligado a que las autoridades hayan tenido que asumir la responsabilidad estatal en algunos casos de las violaciones. A diferencia de años anteriores, cuando una parte de la población delegó en los medios de comunicación el trabajo informativo e incluso de convocatoria al ejercicio de derechos civiles y políticos, ahora los ciudadanos se han hecho responsables del proceso comunicativo, generando redes informales de corroboración de información y potenciando la capacidad de autoregulación de las redes para la denuncia de falsas noticias.

6) Las protestas han permitido la irrupción de tendencias democratizadoras dentro de la propia base de apoyo al oficialismo: Muchas personas identificadas con el proyecto bolivariano han dado razón al fondo de las protestas y han rechazado la represión a diferentes niveles. Las movilizaciones han ocasionado fisuras en la opinión monolítica del sector oficialista y han influido en la aparición de tendencias y debates, lo cual indirectamente permite la progresiva democratización del propio sector de sustento al gobierno, en un espectro donde crece la incredulidad frente al aparataje de propaganda estatal.

7)  Las manifestaciones han aumentado la velocidad de la despolarización desde abajo: Las protestas han sacudido a la totalidad de la población, por lo que algunos sectores comienzan a encontrarse, y reconocerse, en sus problemáticas comunes. La crisis de los liderazgos polarizados ha permitido el crecimiento de un espacio de irrupción de diferentes identidades políticas, que comienzan a dialogar entre sí erosionando el maniqueísmo inmovilizador que ha caracterizado la sociedad venezolana en los últimos tiempos.

8) Las protestas han desnudado la falta de independencia de la Defensora y la Defensoría del Pueblo