“Anti-imperialismo”: Entre el chingo y el sin nariz

Rafael Uzcátegui

¿Podría estar Vladimir Putin detrás de la campaña de recolección de firmas contra el llamado “decreto Obama” en Venezuela? Las razones no son conspiranoicas, sino estrictamente pragmáticas: Nuestro país es el quinto mejor comprador en el planeta de armamento ruso y el gobierno necesita mantener la línea de facturación abierta. Según el Instituto de Investigaciones de Paz de Estocolmo (SIPRI), Venezuela ha gastado entre los años 1999 y 2015 la cantidad de 5.620.000.000 de dólares en la importación de armamento, de los cuales el 71% ha sido adquirido a los “tovarishchi”.

Como demuestra el medio informativo “Russia Beyond The Headlines” (RBTH), financiado por la editorial oficial del gobierno de la Federación Rusa, Moscú ha seguido muy de cerca la transición venezolana tras el fallecimiento de Hugo Chávez, por razones eminentemente comerciales. En abril de 2015, cuando la crisis económica del país se había mostrado en su esplendor, la periodista Tatiana Rusakovah preguntaba abiertamente “¿Continuará Maduro comprando armamento ruso?: “Los problemas de la economía venezolana –afirmaba- ponen en duda la capacidad de este país latinoamericano de sufragar estas compras. Considerando que la cooperación técnica militar no es un ámbito únicamente económico, sino también político, las partes podrían acordar la apertura de una línea de crédito (como ya sucedió en vida de Hugo Chávez), o bien desarrollar un sistema más flexible para el pago de este tipo de producción”. ¿No les llama la atención la frase “sistemas de pago flexibles”?

Las facturas venezolanas de armas son tan importantes para el oso ruso que su propio ministro de la defensa, Serguei Shoigú, estuvo de este lado el mundo, en febrero de 2015 para, literalmente, cobrar las cuentas. Y no lo digo yo, sino el periodista Eugene Bai de RBTH: “Ahora que los precios del petróleo están tan bajos y la inflación oficial en Venezuela alcanza el 68% y las reservas en divisas solo son suficientes para pagar la deuda externa durante dos años, no puede haber negociaciones para establecer nuevos contratos militares con Rusia. Posiblemente uno de los objetivos de Shoigú era saber si Caracas tiene la intención de pagar las armas ya entregadas y si no puede, qué podría ofrecer a cambio”. Sistemas de pago flexibles pues.

La victoria de la oposición en la Asamblea Nacional el pasado 6-D también generó inquietud en las arcas rusas. 4 días después de la votación el analista Leonid Jomeriki afirmaba para RBTH: “Victoria de la oposición en Venezuela no amenaza contratos con Rusia”: “Si la oposición mantiene el rumbo hacia el crecimiento económico –sostenía- y el aumento del nivel de vida de la población, que sería la única opción correcta, ninguno de los sectores en los que Rusia y Venezuela mantienen relaciones comerciales y económicas se verá afectado”.

Muchos de mis amigos chavistas creían, de corazón, que sus firmas contra el decreto Obama eran una afrenta directa a lo que denominan “imperialismo”. Pero, como decía mi abuela “Si no te agarra el chingo te agarra el sin nariz”. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

 

Cambiar gasto militar por inversión social

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Rafael Uzcátegui

Cada vez que Chávez o Maduro despotricaba contra los Estados Unidos, pavoneando su alineación con países como Rusia, mis amigos anti-imperialistas tenían orgasmos múltiples. Lo que no sabían los camaritas, o no querían saber, es que la paranoia sobre la invasión de los marines, que ha tenido momentos estelares en la última década y media, tenía como una de sus fuentes de combustible lo que mis amigos de la Internacional de Resistentes a la Guerra denominan “especuladores de la industria de armamento”, o mis tíos de Ejido “perros de la guerra”.

Cada vez que los próceres bolivarianos –volvían- a declararle la guerra a Washington, estos personajes se frotaban las manos. Y no es para menos. Entre los años 1999 al 2015, según una fuente informativa alabada por el propio Eleazar Díaz Rangel –el Instituto de Investigaciones de Paz de Estocolmo-, Venezuela gastó la cifra de 5.620.000.000 de dólares, el 70% del dinero en tres tipos de armamento para repeler la invasión desde las playas de Machurucuto: Aviones de guerra, misiles y defensa antiaérea. El “big broker” ha sido Rusia, a través de su estatal de venta de armas Rosoboroneksport, quien ha facturado del total la tajada de 4.005.000.000 de dólares. Como en la película de Kubrick, cada vez que el teléfono rojo sonaba, volaban divisas hacia Moscú.

Uno de los problemas al que las autoridades le han prestado poca atención es la corrupción. La frase no es sobre Venezuela sino sobre Rusia, el texto del español Antonio Sánchez “¿De la crisis al resurgimiento? La industria militar rusa en el siglo XXI”. Continuo la cita: “Esta es una característica de la economía rusa y afecta también a la industria de la defensa. Respecto a este último ámbito, la corrupción depreda el presupuesto del área, al tiempo que potencia el aumento en los precios y reduce la calidad del armamento”. No paso a comentar lo que usted está pensando en este momento. Según este autor Venezuela es el cuarto mejor cliente de Rosoboroneksport, detrás de China, India y Argelia.

El dinero malgastado en la carrera armamentista hubiera sido de mayor utilidad en inversión social. Así por lo menos se hubiera dado la sensación que la Campaña de la Comisión para el Desarme, realizada por artistas y locutores cuyos nombres no quisiera acordarme, era un poquitico verdad. Con esa plata se hubieran entregados 112.400 apartamentos de la Misión Vivienda “full equipo”. O se hubieran construido 56 hospitales de 2 pisos con 220 camas cada uno. O se hubieran levantado 4.257 liceos bolivarianos, de esos con los que soñaba Héctor Rodríguez cuando ministro. Mis panas anti-imperialistas deberían convocar una de esas marchas que en su momento promovió Uslar Pietri.
Ver el vaso medio lleno y convertir las crisis en oportunidad. El creciente desprestigio de lo verde oliva entre nosotros abre un escenario favorable para la desmilitarización del país, del territorio, de nuestras mentes y cuerpos. Eso andamos motivando algunos y algunas. @fanzinero

Militarismo nuestro

A girls poses next to a tank after the military parade to commemorate the 20th anniversary Venezuelan President Hugo Chavez's failed coup attempt in Caracas

Rafael Uzcátegui

Un fantasma –otra vez- recorre Venezuela: El del militarismo. Según una extraña versión, la derrota que el autoritarismo sufrió el pasado 6 de diciembre debe agradecerse a la buena voluntad del Ministerio de la Defensa. Curiosa memoria. Precisamente al funcionario que encabezó la actuación de las Fuerzas Armadas y cuyo apellido, Padrino López, se utilizó para calificar la resolución que permite al conjunto del Ejército participar en la represión a las manifestaciones.
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Militarismo y extractivismo

sarayRafael Uzcátegui

En la actualidad América Latina tiene gobiernos de todo el espectro ideológico: De derecha, centro e izquierda. No obstante, todos comparten un mismo modelo de desarrollo: El “progreso” basado en una intensiva industrialización de sus países como consecuencia de profundizar la economía extractivista.

Extractivismo es una forma de organizar la economía de un país basada principalmente en 4 características: 1) Alta dependencia de la extracción intensiva de Recursos Naturales (pueden ser minerales o naturales) 2) Es realizada en grandes volúmenes (tendencia a la monoproducción / monocultivo), 3) Con muy bajo procesamiento (valor agregado, en inglés “commodities”) y 4) destinado para su venta en el exterior (exportación).

La expansión actual del extractivismo en la región ocurre independientemente de la ideología de los gobiernos nacionales, los cuales han revigorizado el papel de los Estados como reguladores de los capitales dentro de sus territorios. Entonces, junto a las compañías transnacionales los Estados nacionales son un actor importante en el estímulo del extractivismo en la región.

Algunos datos. Para el año 2013, según el ranking realizado por la revista America Economía, de las 10 empresas más grandes de América Latina 7 realizaban actividades extractivas (Petróleo, gas, minería y agroindustria) y 5 eran de propiedad estatal. Las tres primeras eran empresas energéticas estatales, en orden 1) Petrobras (Brasil), 2) Pemex (México) y 3) PDVSA (Venezuela). Para el 2011 el mayor volumen de exportación de las 500 mayores empresas de la región era para minería, un 28%, seguido por las agroindustrias en 12%, la industria automotriz en 12% y el sector petróleo-gas en 10%. Como consecuencia de la demanda de sus recursos naturales y energéticos según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en el 2012 la región mostró su porcentaje de pobreza más bajo de sus últimos 30 años, un 28,8%.

El extractivismo en Latinoamérica necesita la militarización de los territorios ricos en recursos a ser explotados por la megaminería o la agroindustria. Es fácilmente constatable la presencia física de los ejércitos para “cuidar” los negocios, declarando las industrias como de “interés nacional” y aplicando una lógica de ocupación de guerra en los espacios. Por ello es que en todos y cada uno de los países se viola el derecho a que las comunidades indígenas y campesinas sean consultadas previamente sobre estas actividades de alto impacto sobre sus tierras. La mexicana Ana Cerceña dice: “hay que entender que la militarización no es sólo poner un soldado o una base militar en algún lugar, sino convertir las políticas en políticas con visión militarista, en políticas con visión de enemigo”. Y estas políticas con visión de enemigo han traído consigo la criminalización de la protesta, que es un proceso común a casi todos los países de la región. Para que el extractivismo exista debe existir una militarización que discipline a la sociedad en su rol de maquila energética.  (Publicado en Diario 2001)

Desaprender la polarización

PolarizaciónVenezuelaRafael Uzcátegui

El pasado jueves 29 de mayo tuvimos el placer de ser invitados al taller de la organización “Mucho con poco” en la Universidad Central de Venezuela (UCV), con el fin de compartir herramientas útiles para el diálogo social, enfocadas al protagonismo de la gente frente al poder. Nuestra intervención versó alrededor de una propuesta: La desmilitarización, tanto de los territorios como de las mentes. Es de sobra conocida las consecuencias de la presencia física de los militares en los espacios: Su intervención en puestos de dirección de la arquitectura estatal, la creación de zonas de seguridad donde se han prohibido el ejercicio de derechos constitucionales, la militarización de las políticas de seguridad ciudadana y su uso para la represión de manifestaciones. La llegada de una persona de forrmación castrense a la presidencia, revigorizó una matriz que ya existía en nuestra historia. El culto al “superhombre”, militar o caudillo civil, que providencialmente y con mano firme nos guiará a la superación de nuestros problemas, esta profundamente arraigado en nuestro inconsciente colectivo, en parte como consecuencia de ese mito fundacional llamado Simón Bolívar.

La desmilitarización de las ideas, de la manera de pensar y razonar, es un proceso más complejo y que implica la voluntad de desaprender conductas que nos parecen “normales”, pero son consecuencia del chip militarizante instalado en nuestras cabezas. El ejército es un dispositivo de razonamiento que implica entender los conflictos bajo la lógica de las guerras: el exterminio simbólico y/o físico de los adversarios. Una de las consecuencias de la mirada castrense es la polarización. Por ello citamos los elementos que según la psicóloga social ucevista Mireya Lozada la caracterizan, con el fin que nos reconociéramos en ellos, para superarlos en pos de los diálogos necesarios: 1) Estrechamiento del campo perceptivo (percepción desfavorable y estereotipada del grupo opuesto que genera una visión dicotómica y excluyente “nosotros-ellos”; 2) Fuerte carga emocional por el rechazo sin matices de la persona o grupo contrario; 3) Involucramiento personal: cualquier hecho afecta al individuo; 4) Quiebre del sentido común: Intolerancia suplanta a la discusión; 5) Cohesión al interior del propio grupo y conflicto latente entre grupos opuestos; 6) Espacios de convivencia son presionados a posicionarse a favor de alguno de los dos polos de la confrontación y 7) Personas, grupos e instituciones sostienen las mismas actitudes de exclusión, rigidez o enfrentamiento presentes en la lucha política.

Para finalizar dejamos en el aire tres conclusiones: Las ideologías sólo dan respuestas parciales; Estos son tiempos de aperturas y alianzas flexibles en torno a valores compartidos y, por último, la diferencia no es un riesgo –como afirma la mentalidad militar- sino una oportunidad para mejorar lo existente. Por ello es saludable la aparición de “las oposiciones”, en plural y, en un futuro cercano, “los chavismos”. (Publicado en 2001)

Más dinero para lo militar, menos para lo social

noakRafael Uzcátegui

El análisis de la ley de presupuesto 2014, aprobada en octubre pasado por la Asamblea Nacional y ejecutado en la actualidad, nos permite visualizar las jerarquizaciones y énfasis de las políticas públicas en el año que transcurre.  Un primer dato lo constituye la lista de las diez principales instituciones que más reciben dinero en el 2014. En orden de mayor a menor son: Finanzas, Relaciones Interiores Justicia y Paz, Educación, Trabajo y Seguridad Social, Defensa, Educación Universitaria, Salud, Consejo Federal de Gobierno, Transporte Terrestre y Energía Eléctrica. Este ranking, con relación al del 2013, tuvo pocas variaciones. Trabajo pasó del 5 al 4 lugar y Educación universitaria del 7 al 6.

El total del presupuesto de gastos para el 2014 es de Bs. 552.632.553.461, significando un aumento neto de  Bs 156.225.805.274 respecto al del año pasado, cuando el total fue de Bs 396.406.748.187. Esta diferencia es diferente si calculamos la depreciación del poder adquisitivo como consecuencia de la inflación. Si le sumamos al monto del 2013 la cifra de inflación calculada por el Banco Central de Venezuela, que fue de 56%, el resultante sería Bs. 618.394.527.171, por lo que en vez de aumentar disminuyó en Bs. 65.761.973.710

A pesar que discursivamente el Ejecutivo Nacional insiste en el área social, los datos reflejan que existe más preponderancia en el sector militar que en la mayoría de las instituciones que deben garantizar estos derechos. El Ministerio de Defensa ejecuta una partida de Bs. 35.042.404.376, mientras que otras instituciones reciben un monto mucho menor. Calculemos las proporciones para este 2014: Defensa recibió 5.3 veces más dinero que el Ministerio de Alimentación; las Fuerzas Armadas recibieron 7.6 más presupuesto que el Ministerio del Ambiente; Los militares recibieron 8.6 veces más dinero que el Ministerio de Agricultura y Tierra; El despacho castrense recibió 10.7 veces más recursos que el Ministerio de Vivienda. Sin embargo, los abismos más grandes es con otras instituciones. A los militares durante el 2014 les fue asignado 20 veces más presupuesto que al Ministerio de Cultura, 22.3 veces más dinero que al Ministerio de Deportes, 43.7 veces más que el Ministerio de Juventud y 44.2 veces el presupuesto del Ministerio de la Mujer. Según la Ley de Presupuesto 2013 las Fuerzas Armadas están compuestas por 146.786 personas, mientras que según el Censo 2011 la población indígena del país está conformada por 725.128 personas. A pesar de esto, los militares para el 2014 recibieron 166.8 veces más dinero que la partida presupuestaria para los pueblos originarios.

El pasado 14 de abril, a propósito del Día Mundial de Acción contra el Gasto Militar, el experto de la ONU Alfred de Zayas opinó que “Toda democracia debe involucrar a la sociedad civil en el proceso de establecer los presupuestos y todos los sectores sociales deben ser consultados para determinar las prioridades reales de la población”. El énfasis presupuestario destinado a las Fuerzas Armadas en el país confirma el proceso de militarización entre nosotros.  (Publicado en el Diario 2001)

A desmilitarizar

14abril01Rafael Uzcátegui

El militarismo no es solamente el control y la presencia física de miembros de Fuerzas Armadas, legales o ilegales, en un territorio determinado. Militarización también se denomina a la ascendencia que su forma de pensar tiene sobre la sociedad en un momento específico de su historia. Para el movimiento antimilitarista mundial el Ejército es un dispositivo que concentra valores contrarios a la libertad y la justicia social: La autoridad incontestable, el culto a las jerarquías, la violencia como método privilegiado para la resolución de los conflictos, el machismo, la xenofobia, la uniformización del pensamiento, la homofobia…

Venezuela es un país históricamente militarista. Durante 51 años del siglo XX el país fue gobernado directamente por militares o por políticos con características caudillescas. Desde 1998 esta tendencia se incrementó. El ejercicio de la presidencia democrática del país por parte de un originario del sector castrense fue el inicio de una mayor militarización de lo público. Funcionarios militares ocuparon diferentes e importantes cargos en la pirámide estatal, mientras que paralelamente se emitían mensajes que aseguraban que el ámbito militar tenía mayor capacidad y “disciplina” para la realización de actividades administrativas. La gobernabilidad comenzó a edificarse en base a lógicas de guerra: Polarización amigo-enemigo, deshumanización y cosificación del adversario, sistematización de los discursos de odio contra los otros, estímulo de la violencia simbólica –y en ocasiones real- para neutralizar y eliminar la disidencia. Modelaje de las organizaciones populares de apoyo en base a esquemas y racionalidades militares. Incorporación de la ciudadanía a estructuras armadas. Estímulo e impunidad para el funcionamiento de grupos paramilitares. Carrera armamentista que nos ha ubicado como uno de los mayores compradores en los últimos años. Legitimación del golpe de Estado como mecanismo de acceso al poder -4F como “día de la dignidad”-.

Un reto colectivo por delante es empujar la progresiva desmilitarización de la sociedad venezolana. El primer paso es el desarme del lenguaje. Luego la disolución de milicias, cuerpos de combatientes y paramilitares; disminución del presupuesto destinado al Ministerio de Defensa y aumento de los dineros destinados a lo social; eliminación del registro militar obligatorio y cualquier otra propuesta que surja de asambleas libres y horizontales de ciudadanos. En la indignación generalizada de nuestros días ha aumentado el sentimiento de rechazo a lo militar debido a la represión de la Guardia Nacional Bolivariana. Albert Camus nos lo había advertido: “El gran acontecimiento del siglo XX ha sido el abandono, por el movimiento revolucionario, de los valores de libertad; la progresiva regresión del socialismo de libertad ante el socialismo cesáreo y militar. Desde ese instante, una esperanza se ha ido del mundo, una soledad ha comenzado para cada hombre libre”.