ONG y Referendo Revocatorio

Rafael Uzcátegui

El mecanismo revocatorio incluido en la Constitución mediante referéndum, como único dispositivo de democracia directa, fue una de las novedades de la Carta Magna de 1999. Por ello su activación ha significado un aprendizaje democrático para el país. Su lógica es permitir que la ciudadanía pueda evaluar el desempeño de los cargos electos por votación popular, al cumplirse la mitad de su mandato. Si el mismo ha sido eficiente y ha cumplido las expectativas de los electores, el funcionario sería reiterado en sus funciones. En caso contrario, los electores deciden apartarlo de sus funciones para que sea sustituido por otro que pueda conseguir mejores resultados en la gestión pública. En vez de obtener un cheque en blanco por el período para el cual han sido electos, presidentes, alcaldes y gobernadores tendrían la presión de mostrar resultados positivos en el ejercicio de sus labores para poder salir airosos de la posibilidad del escrutinio de la contraloría social y ciudadana. Por ello la inclusión del mecanismo revocatorio constituyó un paso más allá de la tradicional democracia delegativa y representativa venezolana que ha sido hegemónica hasta el día de hoy.

Si un funcionario o funcionaria, seguro de sí, promueve la evaluación a su gestión a la mitad del período, y sale aprobado por la consulta popular, se relegitima. Recordar que el propio Hugo Chávez, en el año 2004, calificó la activación del mecanismo por un grupo de electores como un “Referendo Confirmatorio”. Los resultados le dieron la razón, de una manera tal que sus opositores no intentaron promover un nuevo revocatorio durante su período presidencial comprendido entre los años 2007 al 2013.

Las ONGs no somos neutrales ni pasivos ante la vulneración de derechos. Por ello nuestra participación institucional en el actual escenario revocatorio es acompañar a la ciudadanía en el ejercicio de este derecho, exigiendo a las autoridades condiciones democráticas y aceptables para su efectiva realización

Seguir leyendo “ONG y Referendo Revocatorio”

A desmilitarizar

14abril01Rafael Uzcátegui

El militarismo no es solamente el control y la presencia física de miembros de Fuerzas Armadas, legales o ilegales, en un territorio determinado. Militarización también se denomina a la ascendencia que su forma de pensar tiene sobre la sociedad en un momento específico de su historia. Para el movimiento antimilitarista mundial el Ejército es un dispositivo que concentra valores contrarios a la libertad y la justicia social: La autoridad incontestable, el culto a las jerarquías, la violencia como método privilegiado para la resolución de los conflictos, el machismo, la xenofobia, la uniformización del pensamiento, la homofobia…

Venezuela es un país históricamente militarista. Durante 51 años del siglo XX el país fue gobernado directamente por militares o por políticos con características caudillescas. Desde 1998 esta tendencia se incrementó. El ejercicio de la presidencia democrática del país por parte de un originario del sector castrense fue el inicio de una mayor militarización de lo público. Funcionarios militares ocuparon diferentes e importantes cargos en la pirámide estatal, mientras que paralelamente se emitían mensajes que aseguraban que el ámbito militar tenía mayor capacidad y “disciplina” para la realización de actividades administrativas. La gobernabilidad comenzó a edificarse en base a lógicas de guerra: Polarización amigo-enemigo, deshumanización y cosificación del adversario, sistematización de los discursos de odio contra los otros, estímulo de la violencia simbólica –y en ocasiones real- para neutralizar y eliminar la disidencia. Modelaje de las organizaciones populares de apoyo en base a esquemas y racionalidades militares. Incorporación de la ciudadanía a estructuras armadas. Estímulo e impunidad para el funcionamiento de grupos paramilitares. Carrera armamentista que nos ha ubicado como uno de los mayores compradores en los últimos años. Legitimación del golpe de Estado como mecanismo de acceso al poder -4F como “día de la dignidad”-.

Un reto colectivo por delante es empujar la progresiva desmilitarización de la sociedad venezolana. El primer paso es el desarme del lenguaje. Luego la disolución de milicias, cuerpos de combatientes y paramilitares; disminución del presupuesto destinado al Ministerio de Defensa y aumento de los dineros destinados a lo social; eliminación del registro militar obligatorio y cualquier otra propuesta que surja de asambleas libres y horizontales de ciudadanos. En la indignación generalizada de nuestros días ha aumentado el sentimiento de rechazo a lo militar debido a la represión de la Guardia Nacional Bolivariana. Albert Camus nos lo había advertido: “El gran acontecimiento del siglo XX ha sido el abandono, por el movimiento revolucionario, de los valores de libertad; la progresiva regresión del socialismo de libertad ante el socialismo cesáreo y militar. Desde ese instante, una esperanza se ha ido del mundo, una soledad ha comenzado para cada hombre libre”. 

Estado y paramilitarismo

paras

 

Rafael Uzcátegui

 

Los acontecimientos recientes han añadido un explosivo elemento a la confrontación política polarizada en los últimos años: la actuación de grupos paramilitares para disolver manifestaciones. Si bien, como hemos registrado en nuestro Informe Anual sobre la Situación de los Derechos Humanos, en años anteriores se había registrado su intervención para enfrentar protestas de trabajadores del sector salud y de la economía informal, estas actuaciones habían sido puntuales y minoritarias. Hoy, la evidencia de su despliegue en varias ciudades del país y en diferentes momentos, podría inaugurar una tendencia que sugeriría el despliegue de una política de Estado violatoria a los derechos humanos.

 

En América Latina se ha discutido mucho sobre si las consecuencias de la actuación de los grupos paramilitares deben ser calificadas como “delitos” o como “violaciones a los derechos humanos”. Al ser actuaciones de particulares, cuya relación con las autoridades no siempre es clara y evidente, la opinión mayoritaria es considerarlos como delincuentes, como actores no gubernamentales. Sin embargo sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, interpretando los contenidos de los pactos y acuerdos internacionales en la materia y suscritos por los Estados, han dibujado su responsabilidad ante la actuación de grupos paramilitares en su territorio. Las dos más claras se ubican en sentencias contra Colombia.

 

En la primera, en el Caso 19 Comerciantes vs. Colombia del 05.07.04: “A pesar que Colombia alega que no tenía la política de incentivar la constitución de tales grupos delincuenciales, ello no libera al Estado de la responsabilidad por la interpretación que durante años se le dio al marco legal que amparó a tales grupos “paramilitares”, por el uso desproporcionado dado al armamento que les entregó y por no adoptar las medidas necesarias para prohibir, prevenir y castigar adecuadamente las referidas actividades delincuenciales, aunado a que las propias autoridades militares (…) incentivaron al grupo de “autodefensa” que tenía control en dicha zona a desarrollar una actitud ofensiva ante los guerrilleros (…) pues se consideraba que los comerciantes brindaban colaboración a los grupos guerrilleros”.

 

En la segunda, en el Caso de la “Masacre de Mapiripan” vs Colombia, se establece:  “Puesto que los actos cometidos por los paramilitares contra las víctimas del presente caso no pueden ser caracterizados como meros hechos entre particulares, por estar vinculados con conductas activas y omisivas de funcionarios estatales, la atribución de responsabilidad al Estado por dichos actos radica en el incumplimiento de sus obligaciones convencionales de asegurar la efectividad de los derechos humanos en dichas relaciones inter-individuales”.

 

Provea ha sido enfática en rechazar los hechos de violencia, independientemente de su origen, exigiendo al gobierno el respeto al derecho constitucional a la protesta pacífica. En su comunicado sobre los hechos, además, agregó que el Estado es responsable de la violación a los derechos humanos cuando no es capaz de controlar la actuación de grupos paramilitares que actúan al margen de la ley. Hay evidencias de la tolerancia y estímulo gubernamental al accionar de estas organizaciones. Durante la noche del 12.02.14 un comando integrado por paramilitares y funcionarios que de identificaron como miembros del SEBIN, secuestraron durante algunas horas al Coordinador de Medios de Provea. Tras golpearlo, amenazarlo de muerte y despojarlo de sus pertenencias, lo interrogaron acerca de la naturaleza de su trabajo como defensor de derechos humanos. Al liberarlo le dijeron que si denunciaba iban a “ir por sus familiares”. Durante su cautiverio, escuchó conversaciones que ratifican niveles de coordinación con funcionarios gubernamentales.

Si lo anterior no fuera suficiente, un reportaje de investigación del diario de mayor circulación nacional publicó, el domingo 16 de febrero, un reportaje donde se demuestra tanto la participación activa de grupos irregulares armados en la represión a manifestantes como la procedencia de los disparos que quitaron la vida a Juan Montoya, miembro de importancia de una de las organizaciones armadas, lo cual implosiona la versión oficial sobre los hechos. Sin ningún tipo de investigación, de manera alegre e irresponsable, inmediatamente se culpó de los muertos a los manifestantes, lo cual fue secundado por la Fiscal General Luisa Ortega Díaz, minando por enésima vez su credibilidad. El texto impreso se acompaña de un excelente trabajo multimedia que debe ser consultado por todos los interesados en la verdad. Las evidencias difundidas recientemente, por respeto a sí misma, deben motivar que la Fiscal ponga su cargo a la orden, pues su presencia en el Ministerio Público es garantía de impunidad.

El presidente Maduro tiene la palabra. No hay “Plan de Paz y Convivencia” posible que no pase por políticas definidas hacia estas organizaciones irregulares. Los sectores progobierno también tienen responsabilidad en este debate. Estamos a tiempo de detener un fenómeno, el paramilitarismo, que en otros países de América Latina ha dejado una cosecha oscura para los derechos humanos y heridas que tardan mucho tiempo en cicatrizarse.

Las diferencias de abril

rafael uzcateguiRafael Uzcátegui

A raíz de los recientes acontecimientos, el presidente Nicolás Maduro ha asegurado que se encontraría en marcha un “golpe de Estado” que estaría repitiendo “el guión de abril de 2002. Si bien en un país de realismo mágico-voluntarista como Venezuela nada es imposible, si creemos que las condiciones de este 2014 son tan diferentes que harían casi imposible la realización de una interrupción del hilo constitucional, por lo menos en los términos que fuimos testigos 12 años atrás. En primer lugar el liderazgo frágil de Maduro contrasta con la ascendencia que tenía Hugo Chávez en sus seguidores. Ante la ausencia de la figura sobre la que giraba el quehacer en el 2002, hoy tanto el gobierno como la oposición experimentan crisis de representatividad y disputas entre las tendencias enfrentadas por el predominio político a lo interno de cada uno de los bandos.

En segundo lugar, si algo ha sido efectivo el gobierno después de aquel episodio es en la depuración de los cuadros medios y altos de las Fuerzas Armadas, con lo que ha logrado cohesionar y fortalecer el apoyo castrense al proyecto bolivariano. Comparativamente, es abrumadoramente menor la incidencia que los partidos opositores puedan tener sobre los uniformados. En tercer lugar, la correlación entre medios de línea editorial pro-gobierno y opositores, que en aquel episodio era parejo con inclinación a la disidencia, hoy es distinto.

El Estado ha logrado eficacia en su proyecto de hegemonía comunicacional, controlando el espacio televisivo, neutralizando a sectores de radio y arrinconando a los medios impresos, único espacio donde no es preponderante, vía control del acceso a divisas para la importación de insumos. Cuarto término, cuando en el 2002 hubo uso de armas de fuego desde ambos bandos, hoy los disparos son adjudicables a un sector, el estatal, que además del uso de los cuerpos represivos hoy ha incorporado la actuación de grupos parapoliciales para la dispersión y contención de los manifestantes. Si bien hubo un nivel de participación de estos actores en los hechos que derivaron en el “Carmonazo”, su actuación hoy es mucho más estructurada y evidente, con diferentes niveles de participación y menos capacidad de control por parte de la autoridad central del Ejecutivo. La victimización del gobierno tras abril de 2002 le ha sido efectiva como estrategia comunicacional a lo interno y externo del país para criminalizar la disidencia. ¿Continuará siendo efectivo? @fanzinero

El vértigo del vacío

eleccionesRafael Uzcátegui

Si usted revisa los votos emitidos  en las elecciones presidenciales, entre 1998 y 2013, podrá constatar las curvas de crecimiento de los dos principales bandos políticos en pugna. El dato electoral, es cierto, no constituye toda la realidad, pero es un hecho que no puede soslayarse en cualquier análisis sobre la dinámica sociopolítica de cualquier país. La tendencia oficialista tuvo su mayor apogeo entre los años 2000 y 2006, lo cual coincide con el período de lanzamiento de las políticas sociales denominadas sociales. De allí al 2012 continuó el crecimiento, hasta llegar al tope de alrededor de ocho millones de sufragios para el candidato Hugo Chávez, con un margen sólido de diferencia de millón y medio de votos de su principal contendor. El mejor momento electoral del oficialismo, con un candidato casi ausente y la promesa de implementar una radicalización de su proyecto en base al estatismo comunal, dio paso al vértigo del vacío: La súbita ausencia del líder de un proyecto edificado en base al culto a la personalidad. Las interrogantes orbitaban en torno a cuánto “proceso” y cuánta “revolución bolivariana” serían posibles en su ausencia. Por ello, el resultado de las primeras elecciones presidenciales sin Chávez ofrecerían varias lecturas. Una de ellas tenía que ver con el margen que separaría al vencedor del ganador. Los resultados hasta ahora conocidos reflejan, en contraposición al 7 de octubre, el peor momento electoral del movimiento bolivariano, el cual apenas en 6 meses perdió todo el capital electoral que un Hugo Chávez había acumulado entre el 2006 y 2012, y cuyos guarismos sugieren que la opción no bolivariana sería la primera opción de triunfo en una próxima cita electoral de envergadura nacional. Uno podría preguntarse si todo el escándalo de los últimos días y la estrategia del llamado comando “antigolpe”, que incluye fantasmagóricos ruidos de sables, ficticios actos de vandalismo contra centros de salud y adjudicación de razones políticas a muertos por la peste  de nuestra violencia cotidiana, no tiene otro fin que darle largas a una discusión insoslayable aguas adentro en el movimiento bolivariano: La erosión del liderazgo de Nicolás Maduro, la pérdida de apoyo en los sectores populares, hasta octubre el sólido bastión del bolivarianismo y, por último, el comienzo del fin de la hegemonía política del chavismo en la sociedad venezolana. El único “golpe” posible a ser escuchado estos días sería el estrepitoso sonido de la caída. El trasvase electoral sugiere que eso que conocimos como “chavismo” sólo es posible bajo la conducción personal y omnipresente de Hugo Chávez.  Los tiempos son propicios para pensar y promover la necesidad de nuevos liderazgos colectivos, así como la recuperación de la autonomía beligerante de los movimientos sociales. @fanzinero

Venezuela, “un socialisme pétrolier”

Entretien, par Jean-Baptiste Mouttet| 31 mai 2012
http://www.regards.fr/monde/venezuela-un-socialisme-petrolier

Le président socialiste Hugo Chavez divise autant qu’il rassemble. Dans Venezuela : Révolution ou spectacle, l’anarchiste Rafael Uzcátegui tente d’analyser la révolution bolivarienne sans tomber dans les travers caricaturaux des deux camps.

Regards.fr : Vous qualifiez la révolution de “spectacle”. Qu’est-ce que cela signifie ?

Rafael Uzcátegui: Il y a eu tant de situations inexplicables que seule la qualification de “spectacle” donne une cohérence. Comment expliquer qu’un pays qui tient un discours sur la souveraineté alimentaire importe toujours plus de nourriture ? Qu’un gouvernement qui a un discours sur la souveraineté énergétique ralentisse le processus de nationalisation du pétrole démarré en 1975 ? En 2004, se sont créées au Venezuela des entreprises mixtes pour exploiter les gisements pétroliers alors qu’auparavant les sociétés étrangères étaient simplement sollicitées en fonction des besoins. C’est un discours en décalage avec la réalité de la population. J’ai donc emprunté ce concept de ” spectacle” à Guy Debord. À la relation réelle entre les personnes s’est substituée une relation entre images.

– Regards.fr : Vous écrivez que la présidence de Hugo Chávez n’est pas une rupture mais une continuation dans l’histoire du Venezuela. Ce n’est donc pas une révolution ?
– Rafael Uzcátegui:
Hugo Chávez cherche à démontrer que les avancées sociales participent d’un phénomène nouveau. Or de 1958 à 1981, les Vénézuéliens bénéficiaient déjà de politiques sociales. À partir de 1958, le Venezuela a mis en place un réseau d’hôpitaux gratuits. Avant la mission Robinson (programme social de lutte contre l’analphabétisme, ndlr), une politique similaire s’était développée au début des années 1980 avec le plan Acude. Hugo Chávez a pu réduire quasiment à zéro le taux d’analphabétisme car il a aussi bénéficié des efforts réalisés dans le passé.

– Regards.fr : Vous critiquez la politique menée par le président socialiste mais il y a tout de même eu des avancées…
– Rafael Uzcátegui:
Il y a eu des avancées, oui. Mais il faut se demander si cela est suffisant et si cette politique s’est attaquée aux causes structurelles de la pauvreté. Par exemple, grâce à la mission Barrio Adentro (soins médicaux dispensés gratuitement à la population, ndlr) 18 000 médecins cubains sont venus au Venezuela. Cela a amélioré l’attention portée aux problèmes de santé primaire des Vénézuéliens. Mais le réseau hospitalier, lui, est toujours déficient. Hugo Chávez a d’ailleurs soigné sa propre maladie en dehors du Venezuela. Il y a eu un âge d’or des missions entre 2005 et 2009 grâce à l’augmentation du prix du pétrole. C’est un socialisme pétrolier qui a permis la création d’un réseau de commerces d’alimentation à des prix régulés, l’augmentation du nombre de personne insérées dans le système éducatif et l’amélioration des droits sociaux. Mais il n’y a pas de continuité. Certaines missions ralentissent et même disparaissent aujourd’hui. La moitié des médecins cubains sont retournés à Cuba et n’ont pas été remplacés par des médecins Vénézuéliens. Des dispensaires ont fermé. Il y a peu d’espaces publics, les grandes places sont désormais des centres commerciaux, l’offre culturelle s’est réduite… À gauche, nous croyons que la violence est liée à la situation de pauvreté, au manque d’opportunité ou à des phénomènes d’exclusion. Or, même si cette situation de violence existait avant Hugo Chávez, elle a augmenté. Selon les chiffres officiels, il y aurait entre 16 000 et 19 000 homicides par an. Cette violence a eu des répercussions sur la qualité de vie des Vénézuéliens.

– Regards.fr : De nombreux mouvements sociaux appuient pourtant la révolution bolivarienne ?
– Rafael Uzcátegui : Après le Caracazo (émeutes qui causèrent la mort de 300 à 3 000 personnes selon les estimations après que le pays ait mis en place les revendications du FMI en 1989, ndlr) il y eut des mouvements étudiants, écologistes ou de défense des droits de l’homme. Le gouvernement socialiste en a créé de nouveaux et les plus anciens se sont divisés ou ont disparu. Dans ces nouveaux mouvements, il y a la croyance en ce concept de « processus ». Nous serions dans une période de transition qui amènerait au « socialisme bolivarien ». Les membres de ces mouvements hypothèquent leurs propres revendications pour un futur incertain. Toutes leurs identités : féministes, écologistes etc., passent après la principale qui est d’être chaviste. Il n’est donc pas possible d’introduire de nouveaux débats sans que cela ne soit perçu comme “suspect”. Les mouvements sociaux ont subordonné leurs revendications à l’agenda politique. Lors de la journée nationale des femmes, les revendications de la manifestation à Caracas portaient davantage sur la santé du président que sur la légalisation de l’avortement.

– Regards.fr : Les conditions de travail se sont-elles améliorées ?
– Rafael Uzcátegui : Avec Provea, nous nous sommes aperçus qu’il y a de plus en plus de flexibilisation du travail via le recours à des emplois à durée déterminée. C’est notamment le cas dans les coopératives, qui sont très nombreuses mais souvent dépendantes de l’État. Ces personnes ne sont pas soumises aux mêmes droits du travail. La moitié des employés des ministères sont précaires. Les grèves sont criminalisées. Des syndicalistes sont emprisonnés en attendant d’être jugés pour avoir organisé une grève, une marche, bloqué une route, etc. Avant Hugo Chávez, les augmentations salariales étaient discutées chaque année par le gouvernement, les entreprises privées et les syndicats. Aujourd’hui, cette décision est prise unilatéralement par le gouvernement.

– Regards.fr : Vous écrivez que le capitalisme est “un cadavre en parfaite santé” au Venezuela…
– Rafael Uzcátegui : Nous ne sommes pas en présence d’un véritable processus révolutionnaire. La rente pétrolière a créé une culture de l’argent facile, de la consommation. Les Sandinistes au Nicaragua vivaient de manière modeste en accord avec leurs idéaux. Les grandes figures du chavisme, les hauts fonctionnaires Vénézuéliens n’utilisent pas les missions sociales, ils préfèrent sortir du pays pour se faire soigner, et mettent leurs enfants dans des écoles privées. La “bolibourgeoisie” vit une réalité totalement différente de celle qu’elle promeut. La culture des Vénézuéliens n’a pas beaucoup changé.

– Regards.fr : Dans votre ouvrage vous critiquez les intellectuels de gauche qui ont parfois une vision tronquée du Venezuela. Vous nommez notamment Noam Chomsky. Comment expliquez-vous qu’ Hugo Chávez suscite tant d’admiration ?
– Rafael Uzcátegui:
L’admiration pour Hugo Chávez est une conséquence de la crise mondiale de la gauche. Il y a une sorte de confort de la part de certains intellectuels à ne pas voir les contradictions de leurs thèses. Avoir une vision critique sans faire partie de l’opposition, et construire des alternatives est une position qui condamne à la solitude, ce que peu de personnes sont prêtes à expérimenter.

En savoir plus…

Rafael Uzcátegui est un militant libertaire vénézuélien, et responsable du service enquête de Provea, une organisation de défense des droits de l’homme.

Il est l’auteur de Venezuela : Révolution ou spectacle ? éd. Les Amis de Spartacus, 272p., 14€.