Simulación

Rafael Uzcátegui

Es realmente curioso que, en el momento de mayor debilidad del proyecto bolivariano en el poder, diferentes personas piensen precisamente lo contrario: Que el chavismo, o su derivación madurista, se encuentra más fuerte que nunca. La confusión, a nuestro juicio, no se encuentra únicamente motivada por las declaraciones de los altos voceros oficialistas, o los mensajes repetidos por la hegemonía comunicacional estatal. La perplejidad, en cambio, deriva de una incorrecta interpretación de la propia evolución de los deudos de Maisanta en la gestión gubernamental, así como la escasa comprensión del cisma que constituyó el 6 de diciembre de 2015.

Quienes se encuentran convencidos de la invencibilidad actual del gobierno consideran que, desde el año 1998, existe una línea de tiempo diseñada por, coloque aquí la conspiración internacional de su preferencia, que ha cumplido paso a paso sus objetivos. Siendo así, hoy nos encontraríamos en un capítulo más de una serie que comenzó con el primer triunfo de Hugo Chávez a la presidencia. Esa noción de continuidad, no obstante, ha sido reforzada por el discurso dominante opositor de todos estos años. En las diferentes citas electorales ocurridas antes de los últimos sufragios legislativos, la Coordinadora Democrática primero, la Mesa de la Unidad Democrática después, denunciaron fraude en los resultados. Pero cuando finalmente ganaron las elecciones, siendo la primera vez que una cifra cuantitativa e irrebatible reflejaba haberse convertido en la principal fuerza política del país, no comunicaron suficientemente lo que aquel caudal de sufragios significaba. La razón era simple: La falta de estatura para reconocer que, hasta ese 6 de diciembre, habían sido minoría y que cada vez que juraron, por ese puñado de cruces, que representaban a la mayoría del país, habían faltado a la verdad.

Si en vez de soberbia hubiera primado esta sinceración, a continuación, el liderazgo político hubiera anunciado al país que la estrategia insurreccional con la que había coqueteado, hasta ese día, quedaba atrás. Y que, de ahora en adelante, dado el trascendental cambio de circunstancias, el camino era abierta y claramente electoral, pues ahora sí, y no antes, contaban con los votos suficientes. Y desde ese mismo momento consensuar la promoción y defensa tanto de las elecciones regionales como del Referendo Revocatorio.

Quizás esta situación sí se comprendió, pero se prefirió el reino de las simulaciones y los cálculos: Decir que se peleaban por las elecciones pero, realmente, tener la cabeza puesta en el 2018 pues, según, el costo político de gobernar con crisis sería “muy alto”. No basta llorar sobre la leche derramada: La gente, usted y yo, ahora tenemos la palabra. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

 

¿Se impone línea del “mango bajito”?

Rafael Uzcátegui

Quienes responden a los cuestionamientos sobre cómo la MUD se ha sentado en la llamada “Mesa de diálogo” con un “Avísame cuando marches a Miraflores” están planteando un falso dilema. El tema de fondo, que ha desencadenado todos los demás, es el abandono de la estrategia del Referendo Revocatorio (RR) por una que no terminan, ni comienzan, a explicar.

Aunque nunca contó con la bendición de todos los factores que orbitan en torno a la “Unidad” el RR, por una serie de circunstancias, terminó por imponerse como el mecanismo político promovido por la oposición. El poder centrípeto del RR terminó sumando a buena parte del país, incluyendo a los sectores del chavismo “crítico”, y siendo apoyado por la comunidad internacional. Siendo el RR la maniobra con un amplio consenso, la MUD fue improvisando tácticas para presionar a que el gobierno fijara fechas para su realización. El 20 de octubre, fecha en la cual el gobierno suspendió irregularmente su proceso de activación, se convirtió en un punto de inflexión. Para impedirlo ese día el gobierno cruzó la frontera de la democracia, anunciando que no permitiría ni esa ni ninguna otra elección hasta que no pudiera obtener resultados favorables. El temor al Revocatorio era tal que al gobierno no le importó, para abortarlo, transformarse en una dictadura. Pero en vez de pelearlo hasta las últimas consecuencias la dirigencia opositora prefirió, extrañamente, cambiar de estrategia. Una cosa es que algunos líderes de la MUD nunca hayan estado convencidos de su efectiva realización. Pero otra entregar mansamente tu principal –y única- herramienta, lanzando todo tu capital político acumulado por la borda.

El primer signo fue cuando el alcalde Carlos Ocariz, el 1 de noviembre, deseó ganar retuits y seguidores anunciando al país, tras participar en la mesa de diálogo, “Solicitamos elecciones generales para el año 2017. Esa fue nuestra primera propuesta”. El país se enteró, de esta manera, que una idea que no aparece en la Constitución sustituía, en el orden de prioridades, al RR. De allí en adelante todo fue cuesta abajo en la rodada. Como ya no había premura en los plazos, que sí lo demandaba el RR, se suspendieron las convocatorias que buscaban insistir por una fecha. Y como esta genialidad se debía materializar algún día del 2017, el diálogo podía tomarse todo el tiempo que quisiera.

Todavía están por verse las consecuencias de haber abandonado el RR. El gobierno debe entrar en el libro Guiness, en el capítulo de cómo transformar lo que parecía una derrota –ser obligado a permitir la evaluación de la gestión presidencial- en una victoria: Sacarse de encima el revocatorio y, a la vez, implosionar el capital político de tu contendor minando la confianza de sus bases de apoyo y dándole la espalda al apoyo internacional. Por las evidencias conocidas hasta cuando cierro este artículo, va cabalgando la línea de quienes en la MUD opinaban que Maduro debía pagar el costo de la crisis, y esperar las elecciones nacionales de finales de 2018. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

Zach y Mann: abogados del CNE

Rafael Uzcátegui

Los venezolanos y venezolanas estamos viviendo momentos de desasosiego e incertidumbre. La cadena de acontecimientos se suceden sin parecer tener una hilación racional. Como un paciente desorientado ante una terapia de shock (que Naomi Klein describía sólo como propia de los gobiernos neoliberales), no terminamos de descifrar un acontecimiento cuando otro lo sustituye tanto en novedad como en escándalo.

No obstante, debemos escoger un hito para, a partir de él, intentar explicar la desencadenación posterior. Seleccionamos el 20 de octubre, fecha en la cual se suspendió el proceso del Referendo Revocatorio (RR), y que en la humilde opinión de este columnista el gobierno cruzó la frontera democrática para adentrarse en terrenos de la dictadura. Hay quienes opinan que ese día el gobierno activó un mecanismo leguleyo para ganar tiempo y poder llevar el RR a un terreno más favorable, hacerlo a partir del 15 de enero de 2017. Me puedo equivocar, pero sostengo que estamos ante una situación mucho más grave: El cumplimiento de las amenazas sobre la no realización de elecciones hasta que el gobierno pueda garantizar obtener resultados favorables. Y si esto es así, la dilación puede ser infinita. Usted pensará que lo mío es una exageración, pues el Consejo Nacional Electoral ya ha colocado fecha para la realización de elecciones regionales. Pues yo le respondo repitiendo las palabras recientes de Luis Lander, del Observatorio Electoral Venezolano (OEV): No existe fecha de realización de comicios para gobernadores, sino el anuncio que el CNE podría, y recalco el verbo en condicional, podría generar condiciones para celebrar los comicios a finales del primer semestre de 2017. Y si usted piensa que esto resta a mi argumentación, como el experto electoral hizo, le recuerdo que similares declaraciones realizó Tibisay a comienzos de año sobre la posibilidad que las regionales se hicieran cuando legalmente deberían: Diciembre de 2016.

No sólo se cumplieron las amenazas, sino que el CNE nos ha dicho que ha abandonado los criterios técnicos que mantuvo, por lo menos, hasta el pasado 6 de Diciembre. Ese CNE, que se tomó todo el tiempo posible para realizar el proceso de depuración, contabilización y validación de ese 1% de “manifestaciones de voluntad”, nos anunció ese 20 aciago que el procedimiento que había implementado era insuficiente, y que más valía la opinión de tribunales menores, sin competencia electoral, para suspender el derecho a evaluar la gestión de Maduro. Si John Zach y Michael Mann, los apoderados legales de los famosos sobrinos, fueran abogados del CNE podría sostener que sus directivos son tan “estúpidos”, “novatos” e “inexpertos” que cayeron en una trampa tendida por la oposición venezolana. Lo cierto es que con su escueta nota de prensa, el CNE abandona el barniz de independencia que alguna vez tuvo y se somete a los designios del poder judicial, y con ello del propio Ejecutivo. @fanzinero

Apostando al silencio

Rafael Uzcátegui

Como muchos otros, he estado siguiéndole la pista al comportamiento del archipiélago bolivariano esperando la expresión pública de sus diferencias. Como he planteado en distintos lugares el “chavismo”, aunque hay que conjugarlo en plural, nos guste o no, es una identidad política que aunque se reduzca a su mínima expresión continuará protagonizando la vida política del país. Por otro lado, como bien saben todos los que se montaron en el portaviones del zurdo de Sabaneta, el chavismo es un terreno electoral hoy en disputa. 4 millones de votos, o la mitad o un tercio de eso, es un sueño para cualquier organización política estadocéntrica. Por eso Marea Socialista, por citar la disidencia más conocida, no le habla a usted o a mí, sino a ese voto chavista descontento con la gestión de Nicolás Maduro, esperando capitalizarlo en algún momento.

Hasta el pasado 20 de octubre sostenía que cualquier proceso de transición debía incorporar a un sector del chavismo. Y si bien lo sigo pensando, mis expectativas al respecto han cambiado. Hasta ese jueves creía que una parcela del oficialismo, descontenta con la corrupción y el abuso de poder, plantearía públicamente su fidelidad al legado y, sin salir del gobierno, se identificaría como una facción nítidamente opuesta de las principales tribus rojas dominantes. Tras la suspensión de cualquier evento electoral hasta que el gobierno no pueda garantizarse resultados favorables, ante el apoyo activo o pasivo del universo rojo, la realidad me ha llevado a modificar mi posición: La gran mayoría de los chavismos se cohesionan ante la posibilidad de abandonar el poder. Y los disidentes, que los hay, son pocos. Y la mayoría ya los conocemos.

En este sentido el comportamiento de los chavismos endógenos es similar a la de sus pares internacionales. Aunque conocen el desvío, la corrupción, represión a la disidencia y la comisión de delitos de toda índole, lejos de criticar a viva voz han optado por el silencio. Las excepciones, que existen, son la confirmación de la regla. El sectarismo revolucionario no conoce de rectificaciones ni reconocimientos de no tener toda la verdad de su lado, pues hacerlo representa la implosión de todo el dogma. El madurismo, el chavismo burocratizado realmente existente, morirá con las botas puestas. Los chavistas originarios, quienes tuvieron expectativas con todo lo que significó el Socialismo del Siglo XXI, llevarán su procesión por dentro, de manera privada. Si bien no están conformes con la degradación del proyecto, siempre será mucho más fuerte su aversión a todo aquello que no se parece a ellos, que los medios estatales califican como “ultraderecha”.

Romper las falsas certezas de la prisión ideológica no es una tarea sencilla. La religión sabe que los seres humanos necesitamos esquemas simples para entender el mundo, ritos, supersticiones, una fe a la cual aferrarnos. Queda por ver si el postchavismo traerá la mayoría de edad política. No sólo para los bolivarianos, por cierto. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

Rebelión electoral

Rafael Uzcátegui

A pesar de su retórica rupturista, Hugo Chávez llegó a la primera magistratura por los votos del pueblo venezolano y con el apoyo de un sector de los poderes fácticos en aquel 1998. A partir de allí el bolivarianismo constituyó su mito fundacional sobre dos pivotes: a) Representar la voluntad de las mayorías y b) Dicha subjetividad se expresaba en los sufragios, lo cual hacía al tinglado rojo “invencible en elecciones”. Esta narrativa daba legitimidad a todas las siguientes. Esto fue así hasta el 6 de diciembre de 2015, cuando después que las curvas de votación entre chavismo y oposición casi se encontraron en la liza que convirtió en Presidente de la República a Nicolás Maduro, en la siguiente cita el universo bolivariano pasó a ser minoría electoral con dos millones de votos debajo de sus contrarios, haciendo añicos su grandielocuencia.

Lo curioso –aunque se explica por la crisis de la modernidad y su subproducto, la implosión de las ideologías- es que internacionalmente muchos movimientos de extrema izquierda, que habían promovido durante toda su trayectoria el abstencionismo insurreccional como táctica y estrategia, repetían lo de la “invencibilidad en elecciones” a la hora de expresar su apoyo al llamado Socialismo del Siglo XXI de Hugo Chávez. Sin crítica ni verificación, buena parte de la intelectualidad zurda se transformó en amplificadora de las ficciones emanadas desde Miraflores. Chavistas endógenos y gringos, al unísono, condenaron todas las estrategias extraparlamentarias que pudieran erosionar el poder de la nueva hegemonía política venezolana, orbitando una y otra vez alrededor del golpe de Estado de abril de 2002 protagonizado por el empresario Carmona Estanga. Fue así como todas las estrategias de lucha y movilización del movimiento popular latinoamericano fueron proscritas y criminalizadas en nuestro país: Desde los cierres de calle, las movilizaciones hasta el centro simbólico del poder en la capital de la nación, la existencia de sindicatos y organizaciones sociales autónomas, huelgas de trabajadores –por cualquier causa-, cacerolazos y un largo etcétera. Quienes, dentro y fuera de nuestras fronteras habían teorizado sobre las debilidades y limitaciones del sufragio y la representatividad, cuando opinaban sobre Venezuela sólo aceptaban “la soberanía popular emanadas de las elecciones”. Nobel a la coherencia.

Si cualquier cosa que no sea votar es sinónimo de golpismo, la respuesta inteligente es, como ya se viene promoviendo, la convocatoria a la “rebelión electoral”. Esta indignación asume un cariz particular en el marco de un proceso destituyente como lo es la realización de un Referendo Revocatorio. Si la primera regla del Poder es activarse como dispositivo incesante de autopreservación, el madurismo -el chavismo burocratizado realmente existente- continuará inventando cualquier cosa para impedir el único mecanismo de democracia directa presente en la Carta Magna. @fanzinero (Publicado en Tal Cual. Escrito antes del 20 de octubre)

Provea: A partir del 20-0, gobierno de Nicolás Maduro debe calificarse como una dictadura

El Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea) es una organización que durante sus 28 años de existencia ha ganado respetabilidad debido a la credibilidad de sus análisis y denuncias. Con la seriedad y responsabilidad que nos caracteriza, compartimos la siguiente toma de postura ante la opinión pública: A raíz de la suspensión ilegal del proceso de realización del Referendo Revocatorio, ratificando la ausencia de independencia de los poderes en el país, el gobierno de Nicolás Maduro debe calificarse como una dictadura. No estamos en presencia de la simple dilación del proceso, sino de la interrupción y obstaculización de cualquier proceso electoral mientras el gobierno no pueda obtener resultados favorables en las urnas. Estamos ante una dictadura incipiente que se consolidará dependiendo de la resistencia ciudadana al creciente autoritarismo.

La decisión del pasado 20 de octubre continúa profundizando la vulneración del estado de derecho que se inició el 13 de mayo de 2016 con la aprobación de un decreto de estado de excepción y emergencia económica, que fue calificado por un conjunto de organizaciones de derechos humanos del país como la ruptura del hilo constitucional. En ese momento la posibilidad de expresarse mediante el voto nos impedía calificar la situación como de “dictadura”, derecho que no existe hoy con las garantías que existieron, hasta por lo menos, el pasado 6 de diciembre de 2015. La decisión simultánea de tribunales penales suspendiendo el Revocatorio, afirmando su evidente subordinación al poder Ejecutivo, y la decisión del Consejo Nacional Electoral (CNE) de plegarse a decisiones ilegales de esos tribunales penales regionales, quienes no tienen competencia para suspender sufragios, dieron una estocada a lo que quedaba de democracia en el país. Suspensión del revocatorio que se realiza tras haberse expresado la voluntad del pueblo cumpliendo con dos de las fases del procedimiento establecido por el Consejo Nacional Electoral y aprobado la validez de las firmas, expresa que ya no existen condiciones para convocar eventos comiciales de manera ecuánime y transparente, salvo que se restituya el orden democrático.

La democracia no es un valor absoluto. La dictadura tampoco lo es. No estamos en presencia de una dictadura clásica, como la que enfrentaron en décadas anteriores las ONG de derechos humanos en países hermanos como Argentina o Chile, donde las condiciones permitían el asesinato y desaparición de centenares de personas. Estamos en presencia de regímenes dictatoriales adecuados a los nuevos tiempos, cooptando la independencia de las instituciones para darles un matiz de legitimidad legal al abuso, la arbitrariedad y la hegemonía del poder. En el actual caso venezolano sustentado en el apoyo del sector militar y en el uso del poder judicial para criminalizar y neutralizar a la disidencia. América Latina hace menos de dos décadas tuvo una experiencia similar en Perú con el fujimorazo que cercenó las libertades democráticas en ese país y que culminó gracias a la lucha de la población reclamando la restitución de la democracia.

El gobierno venezolano se ha puesto al margen de la Carta Democrática Americana y del Protocolo de Ushuaia sobre el compromiso democrático en el Mercosur. Se ha puesto en contra de los postulados democráticos establecidos en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

La gran consigna del movimiento social venezolano debe ser la defensa del derecho a evaluar la gestión del presidente Nicolás Maduro, a través del mecanismo del Referendo Revocatorio, en el plazo más corto posible, como primer paso para la recuperación de la democracia en el país. Para ello se deben articular todos los sectores teniendo la no-violencia como principio irrenunciable, rechazando las provocaciones de los entes estatales para desviarse de ese camino. No es tiempo de silencio ni de inhibiciones, sino de defender la Constitución y la democracia frente al arrebato dictatorial y autoritario. La vigencia de los derechos humanos depende de ello.

Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea)
Caracas, 23 de octubre de 2016

Ideogramas revocatorios

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Rafael Uzcátegui

01
Los partidos opositores sostuvieron que eran mayoría electoral, cuando no lo eran. Hoy, cuando la oposición sí lo es, no se comportan como tales.

02
“Ser realistas y pedir lo imposible”. Era cierto ayer en el Mayo Francés y siguen siendo verdad hoy. La petición debe seguir siendo RR en 2016 sin ningún tipo de obstáculos.

03
La mesa del RR tiene cuatro patas: El funcionario cuya gestión será evaluada; instituciones y reglas de juego claras; organizaciones políticas que formalicen la petición de activación y pueblo que participe activamente en todo el proceso.

04
Si la representatividad es el lado “derecho” del universo democrático, la gestión directa es su izquierdo. El Referendo Revocatorio es el único componente de democracia directa presente en la Constitución de 1999.

05
Quienes rechazan el RR por ser liderizado por la MUD olvidan que el proceso tiene un momento destituyente y otro constituyente.

06
Al ser una hegemonía política con fecha de expiración, el bolivarianismo gana tiempo para alcanzar mejores condiciones para negociar su condición de minoría.

07
Un RR realizado en el 2017 es casi tan bueno como uno efectuado en el 2016. Seremos testigos de una carrera intrachavista, de dos años de duración, a ver quién puede mercadearse como el “bolivarianismo bueno” –o el menos corrompido-.

08
Las condiciones anunciadas por el CNE tienen como principal objetivo reducir las posibilidades de expresiones fenoménicas de la nueva mayoría, no bolivariana.

09
Para la clase política el Revocatorio es una táctica circunstancial. Para la ciudadanía debería ser una filosofía permanente: El derecho a evaluar la gestión de los funcionarios electos a la mitad de su gestión.

10
En el objetivo de evaluar negativamente la gestión de Nicolás Maduro, mediante el RR, todas las perspectivas y lugares desde dónde actuar son importantes y necesarias.

11
Si entendemos al RR como un amplio movimiento destituyente, la MUD es sólo un vector de la red descentralizada que lo puede hacer posible.

12
Sólo en un cuartel una persona da una orden, y en segundos “la tropa” obedece. En una democracia se debate (intensa y apasionadamente)

13
Debemos llevar las interacciones simbólicas de las redes sociales digitales a los espacios físicos privatizados por el miedo. No existe democracia sin espacio público, cara a cara, de deliberación.

14
El madurismo ha perdido la capacidad de construir relatos de futuro. El “cambio”, lo “diferente” tiene la potencialidad de convertirse en los nuevos significantes de la gente. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

Ni desquite ni revancha: Democracia

Rafael Uzcátegui

En las pasadas elecciones del 6-D los candidatos del oficialismo sumaron más de 5 millones y medio de votos, una cantidad que recuerda que el proyecto bolivariano cuenta, todavía, con una importante base social de apoyo. Aunque los dislates de Maduro la reduzcan a su mínima expresión, lejos de desaparecer, esta identidad continuará protagonizando el panorama socio-político endógeno. Por otra parte la mitad de ellos, según diferentes sondeos de opinión, siguen fieles al barinés supremo, rechazando por diferentes motivos la gestión del tío político de Francisco Flores y Efraín Campo. Cualquier analista que no escriba con tinta color bilis recomendará que este segmento debe incorporarse, genuinamente, al proyecto de reconstrucción del país. Como el debate al respecto es largo y tendido, por ahora nos ocuparemos de lo inmediato: La convocatoria al Referendo Revocatorio.

Derrumbado el mito de la invencibilidad en elecciones y la representatividad de las mayorías nacionales, el último factor de cohesión del universo chavista lo representa la amenaza de la retaliación. Así lo expresan en sus intercambios: Somos malos, pero ellos son peores; Te damos poco, pero si ellos llegan a ganar tú no tendrás nada. Por ello quienes deseamos dejar atrás los errores, del presente y del pasado, debemos ser más que quienes anteponen la venganza a la justicia, proyectando al infinito la forma criolla de hacer política basada en el resentimiento. Por eso la gesticulación, el lenguaje corporal y el tono de muchos que conjugan el verbo revocatorio suena a vendetta, a cabezas de tirios y troyanos rodando por el suelo. Quienes no somos políticos debemos resignificar lo que significa el proceso revocatorio, ahuyentando demonios y en caso que alguno asome la cabeza, exorcizarlo con todas nuestras ganas.

Los venezolanos y venezolanas tenemos la posibilidad de evaluar la gestión de los funcionarios y funcionarias, electos por voto popular, mediante un mecanismo de democracia directa llamado “Referendo Revocatorio”. Su inclusión en la Carta Magna no fue un favor ni una concesión de nadie, sino un derecho conquistado por el pueblo venezolano. En tercer lugar, las autoridades deben generar las condiciones para facilitar, y no para obstaculizar, la activación del mecanismo y permitir la participación de quien lo desee, sin temor a ningún tipo de represalias. Estos son los tres mensajes claves que deberíamos emitir desde ese espacio gelatinoso llamado “sociedad civil”, es decir, todos aquellos que no somos Estado (ni queremos serlo).

Si el presidente Nicolás Maduro no puede ejercer las funciones que le fueron encomendados por el voto universal y secreto, debe ceder el paso a quienes si pueden cumplir las expectativas. Cualquier funcionario, de ahora en adelante, debería saber que sus años de gestión no significan períodos de gracia para arbitrariedades, nepotismos y abusos de toda índole. Por tanto no es desquite ni revancha, sino un poco de más democracia. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

ONG y Referendo Revocatorio

Rafael Uzcátegui

El mecanismo revocatorio incluido en la Constitución mediante referéndum, como único dispositivo de democracia directa, fue una de las novedades de la Carta Magna de 1999. Por ello su activación ha significado un aprendizaje democrático para el país. Su lógica es permitir que la ciudadanía pueda evaluar el desempeño de los cargos electos por votación popular, al cumplirse la mitad de su mandato. Si el mismo ha sido eficiente y ha cumplido las expectativas de los electores, el funcionario sería reiterado en sus funciones. En caso contrario, los electores deciden apartarlo de sus funciones para que sea sustituido por otro que pueda conseguir mejores resultados en la gestión pública. En vez de obtener un cheque en blanco por el período para el cual han sido electos, presidentes, alcaldes y gobernadores tendrían la presión de mostrar resultados positivos en el ejercicio de sus labores para poder salir airosos de la posibilidad del escrutinio de la contraloría social y ciudadana. Por ello la inclusión del mecanismo revocatorio constituyó un paso más allá de la tradicional democracia delegativa y representativa venezolana que ha sido hegemónica hasta el día de hoy.

Si un funcionario o funcionaria, seguro de sí, promueve la evaluación a su gestión a la mitad del período, y sale aprobado por la consulta popular, se relegitima. Recordar que el propio Hugo Chávez, en el año 2004, calificó la activación del mecanismo por un grupo de electores como un “Referendo Confirmatorio”. Los resultados le dieron la razón, de una manera tal que sus opositores no intentaron promover un nuevo revocatorio durante su período presidencial comprendido entre los años 2007 al 2013.

Las ONGs no somos neutrales ni pasivos ante la vulneración de derechos. Por ello nuestra participación institucional en el actual escenario revocatorio es acompañar a la ciudadanía en el ejercicio de este derecho, exigiendo a las autoridades condiciones democráticas y aceptables para su efectiva realización

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Lo único constante es el cambio

Rafael Uzcátegui

Si usted sintoniza con la opinión que la movilización del pasado 01 de septiembre fue “otra más del montón”, permítame refutarlo: Olvídese de lo que pasó entre 1999 y 2015, la concentración de ese día fue el primer acto de masas, para utilizar un término ñangara, realizado por una oposición al bolivarianismo como mayoría electoral. El adjetivo no es gratuito. Piense lo que quiera sobre lo que pasó en esos años, pero el dato cuantitativo irrefutable es que el 6 de diciembre último los candidatos del “Socialismo del Siglo XXI” sacaron, y bastante menos, sufragios que sus antagonistas. El precedente de ese día fue, como diría el Supremo, un misil al corazón del mito bolivariano: Ser la representación de la mayoría del pueblo venezolano y, dos, por ello ser invencible en elecciones. Adiós luz que te apagastes.

Lo anterior tanto es así que los voceros del oficialismo quedaron roncos en repetir que aquellos resultados eran “circunstanciales”. Sin embargo, la comparación entre las dos concentraciones de ese día reitera que la condición de minoría del Madurismo, el chavismo burocrático realmente existente, es la nueva realidad socio-política del país, una tendencia cuya brecha se agranda a medida que pasan los días.

Siendo la oposición mayoría electoral desde el pasado 6-D y recompuesta su capacidad de convocatoria, no tiene ningún sentido que repita las estrategias de cuando era minoría. En castellano: Se acabó la conspiradera, los guiños a “militares descontentos” y la ruta insurreccional. Lo que reiteró el carácter cívico de la jornada es que el camino constitucional y electoral es claro y sin atajos. Como el gobierno demuestra en los actuales momentos, es el bloque minoritario, al no contar con los sufragios suficientes que den legitimidad democrática a su propuesta, las que apuestan a la confrontación y la violencia. Si usted pensaba que las cosas permanecieron igual el 01-S es que no ha percibido que todo está cambiando en este preciso instante. ¿Recuerda los días cuando el chavismo repetía el “vamos a contarnos” como un mantra? ¿Cuál cree usted que es la razón por la cual el CNE no ha dicho “ñé” sobre las elecciones a gobernadores que deberían hacerse, llueva, truene o relampaguee, el próximo diciembre? ¿O cuál era el empeño en que los próceres locales, y sus satélites internacionales, difundieran fotografías de movilizaciones rojas de sus años mozos intentando hacerlas pasar como de 2016?

Haber acumulado el suficiente caudal electoral como para que quienes apoyan el Revocatorio sean más que los que se le oponen fue un primer paso. El segundo es construir el relato de los deseos de la –nueva- multitud. En nuestra opinión la brega por el RR debe ser una lucha por la Democracia, en mayúsculas. También por el derecho de los ciudadanos a participar y evaluar la gestión de los funcionarios electos por el voto, cuando cumplen la mitad del período, siendo el mecanismo de democracia directa con la posibilidad de revocar la ineptitud y el autoritarismo. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

Reflexiones 1-S

Escribo estas líneas a las 6 de la tarde del 01 de septiembre, y como deseabamos muchos, la jornada de movilizaciones del gobierno y la oposición transcurrió sin saldos trágicos que lamentar. Según mi estimación personal, conversada con amigos, los opositores concentraron alrededor de 400 mil personas en tres importantes calles de Caracas, mientras que los oficialistas aglutinaron unos 50 mil en la Avenida Bolívar. Repito, es mi opinión personal a esta hora. Estaré atento a quienes puedan demostrar otros números.

La jornada había despertado todo tipo de expectativas, entre los críticos al gobierno, y fantasmas entre sus adeptos, amplificados por el sistema nacional de medios. Ante los resultados, considero que nos encontramos en el siguiente momento:

1) La mayoría no oficialista no es circunstancial sino la nueva realidad del escenario político venezolano. Como demuestran los datos electorales, que son números concretos, la oposición comenzó a ser mayoría desde el 6 de diciembre pasado. La lectura bolivariana de los resultados fue que la brecha de casi dos millones de votos era “circunstancial” y producto de la llamada “guerra económica”. La movilización de hoy ratifica que se está en un proceso de construcción de nuevas mayorías, y que la hegemonía bolivariana esta progresivamente cediendo terreno. Ser mayoría nos lleva a la opción dos.

2) La oposición ratifica su ruta electoral y constitucional para quitar del poder al bolivarianismo. Nos gusten o no las elecciones (escribe alguien que hasta ahora no ha votado), son tanto una realidad como el mecanismo de legitimación del sistema democrático.  Si se es mayoría, sólo hay que esperar que la misma se ratifique en los actos comiciales, tal y como el chavismo lo hizo entre 1998 y el 2013. Por ello, los partidos opositores han abandonado las estrategias insurreccionales y extra-constitucionales, que los caracterizaron en años anteriores -cuando eran minoría-. Hoy, es el gobierno quien apela a los caminos confrontacionales, de estímulo de la violencia, alejados de la Carta Magna.

3) El día demostró  las capacidades de convocatoria de cada bando. El gobierno impidió la entrada de reporteros y negó la posibilidad de tener tomas aéreas mediante drones porque sabía que no tendría tanta convocatoria como la oposición. Sus asesores saben que los conflictos en la actual era de la información estan basados, en buena parte, en la creación y difusión de imágenes que construyan sentidos en la opinión pública. Todos sus esfuerzos intentaron disminuir, mas no prohibir cosa que es importante, la cantidad de manifestantes en contra. Luego, algunos de sus altos voceros (Cabello, Ameliach) y sus satélites internacionales (Petro, Monedero) circularon antiguas imágenes de concentraciones chavistas como si fueran de hoy, para intentar disminuir el impacto de las fotos “escuálidas”. Si bien el poder sigue estando repartido en instituciones reales, con capacidad de coerción, la clave de hoy era quien visibilizaba con mas exito su propio relato. Y esto es importante para un movimiento como el bolivariano, que lejos de toda su pirotecnia épica, tenía como eje de su modelo de dominación representar a la mayoría del pueblo venezolano y ser invencible en elecciones.

4) La jornada reiteró las limitaciones de la hegemonía comunicacional estatal bolivariana. Todo el ambiente de terror psicológico del Sistema Nacional de Medios, que efectivamente tuvo una capacidad no desdeñable dentro de sus audiencias, no impidió que una parte significativa de la población resignificara sus mensajes y los contrastara con su vivencia cotidiana.  Esto nos lleva, además al siguiente punto:

5) Asistimos a los últimos cartuchos del discurso cohesinador del “Golpismo”
Si bien con menos eficacia que en los años anteriores, montado sobre la base que los actores opositores nunca han reconocido abiertamente el error del “Carmonazo”, toda la estrategia comunicacional oficial se basó en que el 01 de septiembre se repetiría el guión del 11 de abril. Y esta ofensiva generó suficiente zozobra entre oficialistas y opositores como para enrarecer el ambiente de la jornada, motivando toda suerte de precauciones tomadas por la dirigencia opositora. Los hechos demostraron la falsedad de la matriz de opinión madurista, por lo que consideramos que ha sido la última vez que tendrá algún tipo de efecto.

Maduro no se fué, el CNE no anunció fecha ¿Nada se logró? Todo está cambiando ahora mismo. Un paso lleva a otro paso. La opción revocatoria es apoyada por un público mayor que la que se le opone, y además, está en constante crecimiento. Reiterarlo con hechos es generar mejores condiciones para presionar por condiciones justas y oportunas para su realización. Si la concentración de hoy no hubiera sido masiva, el gobierno tendría mas posibilidades de remitirlo todo a un terreno mas favorable, incluyendo la recolección del 20%. La rebelión y la necesidad de cambio son mas viralizables que la servidumbre, construir un relato compartido, una comunidad de deseos y horizontes comunes juega ahora del lado de los opositores, cuando durante mucho tiempo estuvo en la cancha del bolivarianismo.

No hay nada más cobarde que el dinero. Ante la posibilidad de reducirse a la mínima expresión, los intereses y negocios de la jerarquía oficial motivaran a un sector del bolivarianismo a la negociación y el diálogo, con miras a ser el chavismo vivo  -y coleando- en la transición. Los restos, grandes o pequeños, del electorado chavista son un terreno de representatividad en disputa. Por eso si bien el chavismo “crítico” cuestionará públicamente a la MUD y el Referendo Revocatorio, en su fuero interno les interesaba que hoy el gobierno quedara en evidencia en su minusvalía, pues eso les da mejores condiciones para mostrarse como los herederos “auténticos” frente al PSUV y tener un puesto en la disputa de la hegemonía interna del universo bolivariano.

PD: La degradación de los actuales gestores del poder se resume en el “Coño de madre” lanzado por el presidente a los líderes antagónicos

Uniforme mata participación

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Rafael Uzcátegui

En un cuartel no se debate: Se obedece. El campo en disputa actualmente en Venezuela es la posibilidad que las personas puedan incidir en las decisiones que los afectarán en sus vidas, que pueda cuestionar lo que le afecta y que su opinión sea tomada en cuenta. No es un asunto menor en un país que por su Constitución se define, precisamente, como “democracia participativa y protagónica” y que, como nunca antes, la representatividad llevada al extremo haya dado paso a la servidumbre.

La real y efectiva participación se ha convertido en un bien tan escaso como la harina de maíz precocida o el azúcar. Y no hablamos sólo de los obstáculos que se han colocado para que la gente, normal y corriente, active el único mecanismo de democracia directa presente en la híbrida Carta Magna vigente: El Referendo Revocatorio, o que el Ejecutivo pretenda que desapareciendo las elecciones regionales del debate público estas mágicamente terminen por convertirse en polvo cósmico, como gustaba decir el Supremo. Todas las políticas públicas promovidas en los últimos meses llegan al punto y aparte bajo el grito “¡Firrrr! Los gremios laborales se enteraron por Gaceta que les obligaban a un “Régimen Laboral Temporal”. A los sectores médicos, farmacéuticos, de trabajadores hospitalarios o a los pacientes tampoco les preguntan sus ideas sobre cómo superar la crisis sanitaria y de acceso a los medicamentos. En materia alimentaria, el gobierno insiste en medidas que han profundizado el desabastecimiento y la corrupción, haciendo oídos sordos a los planteamientos del sector agroalimentario no estatal y las organizaciones de derechos humanos. A golpe y porrazo, tras el trabajo de la infantería de Jorge Arreaza y los falsos aliados de la causa aborigen, los indígenas son obligados, de muchas maneras, a dar su apoyo a los proyectos de megaminería que destruirán su hábitat y su modo ancestral de vida. Como recuerda Arconada, Mosonyi y Lander (Edgardo, no Luis), cualquier atisbo de crítica desde sus propias filas tiene como destino la retaliación, la criminalización y el descrédito. Si Bertolt Brecht tuviera que ser confundido, por segunda vez, por un poema que no escribió, su primera línea declamaría “Primero vinieron a buscar a los opositores y no dije nada porque yo no era opositor”.

Los hechos nos vuelven a recordar, amargamente, que detrás de la personalización extrema del poder no hay ningún proyecto rupturista ni revolucionario, sino la aglomeración de las “soledades burocráticas sin ilusión” (Debord). Sin embargo, según la última encuesta Keller y Asociados, las Fuerzas Armadas han alcanzado un inédito 77% de desaprobación. Y como hay un universo de futuro después del bolivarianismo, tenemos la posibilidad de dejar atrás una de las taras fundacionales de la venezolanidad: El culto a las medallas y charreteras, comenzando a ponernos de acuerdo, fuera de los muros de los cuarteles físicos y mentales, sobre cómo reconstruir un país para todos y todas. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

Revocatorio y democracia directa

Rafael Uzcátegui

Durante su entrevista en el programa Humano Derecho Luis Lander, del Observatorio Electoral Venezolano, describía como una de las novedades de la Constitución de 1999 el haber incorporado mecanismos de democracia directa, como el Referendo Revocatorio. Conceptualmente se entiende por democracia directa aquella en la que el pueblo ejerce el gobierno sin intermediarios, en contraste con la democracia representativa en que la sociedad está gobernada por personas elegidas por ella y a quienes delega su gestión por un tiempo determinado.  Si bien existe una discusión interminable entre estos dos modelos acerca de las bondades y limitaciones de cada uno, lo cierto es que la Carta Magna venezolana vigente incorporó dentro de su esquema de representación este tipo de herramientas, propias de quienes han planteado con ellas la necesidad de profundizar la democracia.

Lo anterior nos lleva a una primera aseveración: Si usted desconfía de la representación propia de las democracias tradicionales y opina que la soberanía, o la capacidad de decisión sobre los asuntos que la afectan, deben residir siempre en la gente su persona debería ser un defensor acérrimo de un mecanismo de consulta popular como lo es el referendo revocatorio. También debería coincidir conmigo en que la potestad revocatoria tiene una posibilidad: Mejorar la gestión de quienes antes asumían el plazo para el que fueron electos como un período de gracia para fechorías múltiples.

Este servidor, que no ha participado hasta ahora en ningún evento electoral previo, tiene todas las intenciones de asistir al Referendo Revocatorio contra Nicolás Maduro. Uno, por ser el dispositivo más interesante de la Constitución de 1999, ahora un derecho adquirido que habrá que defender como el resto. En segundo lugar porque es el canal más democrático para solucionar la actual crisis política del país. Luego por ser el menos traumático, y que además conjura la posibilidad de una conflictividad mayor, en un país con 12 millones de armas ilegales, según Amnistía Internacional, y 16.000 homicidios al año según el gobierno.

La conformación de un amplio y masivo movimiento destituyente del poder es el sueño de cualquier ácrata. Se equivocan los que desde sus capillas sueñan con una “salida por la izquierda”, luego de 17 años de profunda intervención estatal del tejido social comunitario, autónomo y cooperativo, que ha desmantelado casi todos los vínculos horizontales que la sociedad tejió antes y después de El Caracazo. Revocar a quien hoy se muestra como soberbio y autosuficiente será la inyección de autoestima colectiva necesaria para comenzar, otra vez, nuevas formas de asociación y reunión que den frutos a mediano plazo. Si lo bolivariano fue más continuidad que ruptura, estamos a las puertas de la posibilidad de pensar una Venezuela post-petrolera y post-caudillista, sus dos males del siglo XX  @fanzinero (Publicado en Tal Cual)