Simulación

Rafael Uzcátegui

Es realmente curioso que, en el momento de mayor debilidad del proyecto bolivariano en el poder, diferentes personas piensen precisamente lo contrario: Que el chavismo, o su derivación madurista, se encuentra más fuerte que nunca. La confusión, a nuestro juicio, no se encuentra únicamente motivada por las declaraciones de los altos voceros oficialistas, o los mensajes repetidos por la hegemonía comunicacional estatal. La perplejidad, en cambio, deriva de una incorrecta interpretación de la propia evolución de los deudos de Maisanta en la gestión gubernamental, así como la escasa comprensión del cisma que constituyó el 6 de diciembre de 2015.

Quienes se encuentran convencidos de la invencibilidad actual del gobierno consideran que, desde el año 1998, existe una línea de tiempo diseñada por, coloque aquí la conspiración internacional de su preferencia, que ha cumplido paso a paso sus objetivos. Siendo así, hoy nos encontraríamos en un capítulo más de una serie que comenzó con el primer triunfo de Hugo Chávez a la presidencia. Esa noción de continuidad, no obstante, ha sido reforzada por el discurso dominante opositor de todos estos años. En las diferentes citas electorales ocurridas antes de los últimos sufragios legislativos, la Coordinadora Democrática primero, la Mesa de la Unidad Democrática después, denunciaron fraude en los resultados. Pero cuando finalmente ganaron las elecciones, siendo la primera vez que una cifra cuantitativa e irrebatible reflejaba haberse convertido en la principal fuerza política del país, no comunicaron suficientemente lo que aquel caudal de sufragios significaba. La razón era simple: La falta de estatura para reconocer que, hasta ese 6 de diciembre, habían sido minoría y que cada vez que juraron, por ese puñado de cruces, que representaban a la mayoría del país, habían faltado a la verdad.

Si en vez de soberbia hubiera primado esta sinceración, a continuación, el liderazgo político hubiera anunciado al país que la estrategia insurreccional con la que había coqueteado, hasta ese día, quedaba atrás. Y que, de ahora en adelante, dado el trascendental cambio de circunstancias, el camino era abierta y claramente electoral, pues ahora sí, y no antes, contaban con los votos suficientes. Y desde ese mismo momento consensuar la promoción y defensa tanto de las elecciones regionales como del Referendo Revocatorio.

Quizás esta situación sí se comprendió, pero se prefirió el reino de las simulaciones y los cálculos: Decir que se peleaban por las elecciones pero, realmente, tener la cabeza puesta en el 2018 pues, según, el costo político de gobernar con crisis sería “muy alto”. No basta llorar sobre la leche derramada: La gente, usted y yo, ahora tenemos la palabra. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

 

¿Se impone línea del “mango bajito”?

Rafael Uzcátegui

Quienes responden a los cuestionamientos sobre cómo la MUD se ha sentado en la llamada “Mesa de diálogo” con un “Avísame cuando marches a Miraflores” están planteando un falso dilema. El tema de fondo, que ha desencadenado todos los demás, es el abandono de la estrategia del Referendo Revocatorio (RR) por una que no terminan, ni comienzan, a explicar.

Aunque nunca contó con la bendición de todos los factores que orbitan en torno a la “Unidad” el RR, por una serie de circunstancias, terminó por imponerse como el mecanismo político promovido por la oposición. El poder centrípeto del RR terminó sumando a buena parte del país, incluyendo a los sectores del chavismo “crítico”, y siendo apoyado por la comunidad internacional. Siendo el RR la maniobra con un amplio consenso, la MUD fue improvisando tácticas para presionar a que el gobierno fijara fechas para su realización. El 20 de octubre, fecha en la cual el gobierno suspendió irregularmente su proceso de activación, se convirtió en un punto de inflexión. Para impedirlo ese día el gobierno cruzó la frontera de la democracia, anunciando que no permitiría ni esa ni ninguna otra elección hasta que no pudiera obtener resultados favorables. El temor al Revocatorio era tal que al gobierno no le importó, para abortarlo, transformarse en una dictadura. Pero en vez de pelearlo hasta las últimas consecuencias la dirigencia opositora prefirió, extrañamente, cambiar de estrategia. Una cosa es que algunos líderes de la MUD nunca hayan estado convencidos de su efectiva realización. Pero otra entregar mansamente tu principal –y única- herramienta, lanzando todo tu capital político acumulado por la borda.

El primer signo fue cuando el alcalde Carlos Ocariz, el 1 de noviembre, deseó ganar retuits y seguidores anunciando al país, tras participar en la mesa de diálogo, “Solicitamos elecciones generales para el año 2017. Esa fue nuestra primera propuesta”. El país se enteró, de esta manera, que una idea que no aparece en la Constitución sustituía, en el orden de prioridades, al RR. De allí en adelante todo fue cuesta abajo en la rodada. Como ya no había premura en los plazos, que sí lo demandaba el RR, se suspendieron las convocatorias que buscaban insistir por una fecha. Y como esta genialidad se debía materializar algún día del 2017, el diálogo podía tomarse todo el tiempo que quisiera.

Todavía están por verse las consecuencias de haber abandonado el RR. El gobierno debe entrar en el libro Guiness, en el capítulo de cómo transformar lo que parecía una derrota –ser obligado a permitir la evaluación de la gestión presidencial- en una victoria: Sacarse de encima el revocatorio y, a la vez, implosionar el capital político de tu contendor minando la confianza de sus bases de apoyo y dándole la espalda al apoyo internacional. Por las evidencias conocidas hasta cuando cierro este artículo, va cabalgando la línea de quienes en la MUD opinaban que Maduro debía pagar el costo de la crisis, y esperar las elecciones nacionales de finales de 2018. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

Zach y Mann: abogados del CNE

Rafael Uzcátegui

Los venezolanos y venezolanas estamos viviendo momentos de desasosiego e incertidumbre. La cadena de acontecimientos se suceden sin parecer tener una hilación racional. Como un paciente desorientado ante una terapia de shock (que Naomi Klein describía sólo como propia de los gobiernos neoliberales), no terminamos de descifrar un acontecimiento cuando otro lo sustituye tanto en novedad como en escándalo.

No obstante, debemos escoger un hito para, a partir de él, intentar explicar la desencadenación posterior. Seleccionamos el 20 de octubre, fecha en la cual se suspendió el proceso del Referendo Revocatorio (RR), y que en la humilde opinión de este columnista el gobierno cruzó la frontera democrática para adentrarse en terrenos de la dictadura. Hay quienes opinan que ese día el gobierno activó un mecanismo leguleyo para ganar tiempo y poder llevar el RR a un terreno más favorable, hacerlo a partir del 15 de enero de 2017. Me puedo equivocar, pero sostengo que estamos ante una situación mucho más grave: El cumplimiento de las amenazas sobre la no realización de elecciones hasta que el gobierno pueda garantizar obtener resultados favorables. Y si esto es así, la dilación puede ser infinita. Usted pensará que lo mío es una exageración, pues el Consejo Nacional Electoral ya ha colocado fecha para la realización de elecciones regionales. Pues yo le respondo repitiendo las palabras recientes de Luis Lander, del Observatorio Electoral Venezolano (OEV): No existe fecha de realización de comicios para gobernadores, sino el anuncio que el CNE podría, y recalco el verbo en condicional, podría generar condiciones para celebrar los comicios a finales del primer semestre de 2017. Y si usted piensa que esto resta a mi argumentación, como el experto electoral hizo, le recuerdo que similares declaraciones realizó Tibisay a comienzos de año sobre la posibilidad que las regionales se hicieran cuando legalmente deberían: Diciembre de 2016.

No sólo se cumplieron las amenazas, sino que el CNE nos ha dicho que ha abandonado los criterios técnicos que mantuvo, por lo menos, hasta el pasado 6 de Diciembre. Ese CNE, que se tomó todo el tiempo posible para realizar el proceso de depuración, contabilización y validación de ese 1% de “manifestaciones de voluntad”, nos anunció ese 20 aciago que el procedimiento que había implementado era insuficiente, y que más valía la opinión de tribunales menores, sin competencia electoral, para suspender el derecho a evaluar la gestión de Maduro. Si John Zach y Michael Mann, los apoderados legales de los famosos sobrinos, fueran abogados del CNE podría sostener que sus directivos son tan “estúpidos”, “novatos” e “inexpertos” que cayeron en una trampa tendida por la oposición venezolana. Lo cierto es que con su escueta nota de prensa, el CNE abandona el barniz de independencia que alguna vez tuvo y se somete a los designios del poder judicial, y con ello del propio Ejecutivo. @fanzinero

Apostando al silencio

Rafael Uzcátegui

Como muchos otros, he estado siguiéndole la pista al comportamiento del archipiélago bolivariano esperando la expresión pública de sus diferencias. Como he planteado en distintos lugares el “chavismo”, aunque hay que conjugarlo en plural, nos guste o no, es una identidad política que aunque se reduzca a su mínima expresión continuará protagonizando la vida política del país. Por otro lado, como bien saben todos los que se montaron en el portaviones del zurdo de Sabaneta, el chavismo es un terreno electoral hoy en disputa. 4 millones de votos, o la mitad o un tercio de eso, es un sueño para cualquier organización política estadocéntrica. Por eso Marea Socialista, por citar la disidencia más conocida, no le habla a usted o a mí, sino a ese voto chavista descontento con la gestión de Nicolás Maduro, esperando capitalizarlo en algún momento.

Hasta el pasado 20 de octubre sostenía que cualquier proceso de transición debía incorporar a un sector del chavismo. Y si bien lo sigo pensando, mis expectativas al respecto han cambiado. Hasta ese jueves creía que una parcela del oficialismo, descontenta con la corrupción y el abuso de poder, plantearía públicamente su fidelidad al legado y, sin salir del gobierno, se identificaría como una facción nítidamente opuesta de las principales tribus rojas dominantes. Tras la suspensión de cualquier evento electoral hasta que el gobierno no pueda garantizarse resultados favorables, ante el apoyo activo o pasivo del universo rojo, la realidad me ha llevado a modificar mi posición: La gran mayoría de los chavismos se cohesionan ante la posibilidad de abandonar el poder. Y los disidentes, que los hay, son pocos. Y la mayoría ya los conocemos.

En este sentido el comportamiento de los chavismos endógenos es similar a la de sus pares internacionales. Aunque conocen el desvío, la corrupción, represión a la disidencia y la comisión de delitos de toda índole, lejos de criticar a viva voz han optado por el silencio. Las excepciones, que existen, son la confirmación de la regla. El sectarismo revolucionario no conoce de rectificaciones ni reconocimientos de no tener toda la verdad de su lado, pues hacerlo representa la implosión de todo el dogma. El madurismo, el chavismo burocratizado realmente existente, morirá con las botas puestas. Los chavistas originarios, quienes tuvieron expectativas con todo lo que significó el Socialismo del Siglo XXI, llevarán su procesión por dentro, de manera privada. Si bien no están conformes con la degradación del proyecto, siempre será mucho más fuerte su aversión a todo aquello que no se parece a ellos, que los medios estatales califican como “ultraderecha”.

Romper las falsas certezas de la prisión ideológica no es una tarea sencilla. La religión sabe que los seres humanos necesitamos esquemas simples para entender el mundo, ritos, supersticiones, una fe a la cual aferrarnos. Queda por ver si el postchavismo traerá la mayoría de edad política. No sólo para los bolivarianos, por cierto. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

Rebelión electoral

Rafael Uzcátegui

A pesar de su retórica rupturista, Hugo Chávez llegó a la primera magistratura por los votos del pueblo venezolano y con el apoyo de un sector de los poderes fácticos en aquel 1998. A partir de allí el bolivarianismo constituyó su mito fundacional sobre dos pivotes: a) Representar la voluntad de las mayorías y b) Dicha subjetividad se expresaba en los sufragios, lo cual hacía al tinglado rojo “invencible en elecciones”. Esta narrativa daba legitimidad a todas las siguientes. Esto fue así hasta el 6 de diciembre de 2015, cuando después que las curvas de votación entre chavismo y oposición casi se encontraron en la liza que convirtió en Presidente de la República a Nicolás Maduro, en la siguiente cita el universo bolivariano pasó a ser minoría electoral con dos millones de votos debajo de sus contrarios, haciendo añicos su grandielocuencia.

Lo curioso –aunque se explica por la crisis de la modernidad y su subproducto, la implosión de las ideologías- es que internacionalmente muchos movimientos de extrema izquierda, que habían promovido durante toda su trayectoria el abstencionismo insurreccional como táctica y estrategia, repetían lo de la “invencibilidad en elecciones” a la hora de expresar su apoyo al llamado Socialismo del Siglo XXI de Hugo Chávez. Sin crítica ni verificación, buena parte de la intelectualidad zurda se transformó en amplificadora de las ficciones emanadas desde Miraflores. Chavistas endógenos y gringos, al unísono, condenaron todas las estrategias extraparlamentarias que pudieran erosionar el poder de la nueva hegemonía política venezolana, orbitando una y otra vez alrededor del golpe de Estado de abril de 2002 protagonizado por el empresario Carmona Estanga. Fue así como todas las estrategias de lucha y movilización del movimiento popular latinoamericano fueron proscritas y criminalizadas en nuestro país: Desde los cierres de calle, las movilizaciones hasta el centro simbólico del poder en la capital de la nación, la existencia de sindicatos y organizaciones sociales autónomas, huelgas de trabajadores –por cualquier causa-, cacerolazos y un largo etcétera. Quienes, dentro y fuera de nuestras fronteras habían teorizado sobre las debilidades y limitaciones del sufragio y la representatividad, cuando opinaban sobre Venezuela sólo aceptaban “la soberanía popular emanadas de las elecciones”. Nobel a la coherencia.

Si cualquier cosa que no sea votar es sinónimo de golpismo, la respuesta inteligente es, como ya se viene promoviendo, la convocatoria a la “rebelión electoral”. Esta indignación asume un cariz particular en el marco de un proceso destituyente como lo es la realización de un Referendo Revocatorio. Si la primera regla del Poder es activarse como dispositivo incesante de autopreservación, el madurismo -el chavismo burocratizado realmente existente- continuará inventando cualquier cosa para impedir el único mecanismo de democracia directa presente en la Carta Magna. @fanzinero (Publicado en Tal Cual. Escrito antes del 20 de octubre)

Provea: A partir del 20-0, gobierno de Nicolás Maduro debe calificarse como una dictadura

El Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea) es una organización que durante sus 28 años de existencia ha ganado respetabilidad debido a la credibilidad de sus análisis y denuncias. Con la seriedad y responsabilidad que nos caracteriza, compartimos la siguiente toma de postura ante la opinión pública: A raíz de la suspensión ilegal del proceso de realización del Referendo Revocatorio, ratificando la ausencia de independencia de los poderes en el país, el gobierno de Nicolás Maduro debe calificarse como una dictadura. No estamos en presencia de la simple dilación del proceso, sino de la interrupción y obstaculización de cualquier proceso electoral mientras el gobierno no pueda obtener resultados favorables en las urnas. Estamos ante una dictadura incipiente que se consolidará dependiendo de la resistencia ciudadana al creciente autoritarismo.

La decisión del pasado 20 de octubre continúa profundizando la vulneración del estado de derecho que se inició el 13 de mayo de 2016 con la aprobación de un decreto de estado de excepción y emergencia económica, que fue calificado por un conjunto de organizaciones de derechos humanos del país como la ruptura del hilo constitucional. En ese momento la posibilidad de expresarse mediante el voto nos impedía calificar la situación como de “dictadura”, derecho que no existe hoy con las garantías que existieron, hasta por lo menos, el pasado 6 de diciembre de 2015. La decisión simultánea de tribunales penales suspendiendo el Revocatorio, afirmando su evidente subordinación al poder Ejecutivo, y la decisión del Consejo Nacional Electoral (CNE) de plegarse a decisiones ilegales de esos tribunales penales regionales, quienes no tienen competencia para suspender sufragios, dieron una estocada a lo que quedaba de democracia en el país. Suspensión del revocatorio que se realiza tras haberse expresado la voluntad del pueblo cumpliendo con dos de las fases del procedimiento establecido por el Consejo Nacional Electoral y aprobado la validez de las firmas, expresa que ya no existen condiciones para convocar eventos comiciales de manera ecuánime y transparente, salvo que se restituya el orden democrático.

La democracia no es un valor absoluto. La dictadura tampoco lo es. No estamos en presencia de una dictadura clásica, como la que enfrentaron en décadas anteriores las ONG de derechos humanos en países hermanos como Argentina o Chile, donde las condiciones permitían el asesinato y desaparición de centenares de personas. Estamos en presencia de regímenes dictatoriales adecuados a los nuevos tiempos, cooptando la independencia de las instituciones para darles un matiz de legitimidad legal al abuso, la arbitrariedad y la hegemonía del poder. En el actual caso venezolano sustentado en el apoyo del sector militar y en el uso del poder judicial para criminalizar y neutralizar a la disidencia. América Latina hace menos de dos décadas tuvo una experiencia similar en Perú con el fujimorazo que cercenó las libertades democráticas en ese país y que culminó gracias a la lucha de la población reclamando la restitución de la democracia.

El gobierno venezolano se ha puesto al margen de la Carta Democrática Americana y del Protocolo de Ushuaia sobre el compromiso democrático en el Mercosur. Se ha puesto en contra de los postulados democráticos establecidos en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

La gran consigna del movimiento social venezolano debe ser la defensa del derecho a evaluar la gestión del presidente Nicolás Maduro, a través del mecanismo del Referendo Revocatorio, en el plazo más corto posible, como primer paso para la recuperación de la democracia en el país. Para ello se deben articular todos los sectores teniendo la no-violencia como principio irrenunciable, rechazando las provocaciones de los entes estatales para desviarse de ese camino. No es tiempo de silencio ni de inhibiciones, sino de defender la Constitución y la democracia frente al arrebato dictatorial y autoritario. La vigencia de los derechos humanos depende de ello.

Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea)
Caracas, 23 de octubre de 2016