Infografías informe “Venezuela 2014, protestas y DDHH”

Conocimiento que no se difunde es conocimiento que no existe. Tras el informe de 9 organizaciones de derechos humanos venezolanas sobre las protestas recientes en el país, alguinos de sus resultados principales se han convertido en infografías para una mayor difusión. Si deseas descargar el archivo .zip con las 6 infografías en castellano AQUI. Si deseas descargar el archivo .zip con las 6 infografías en inglés AQUI

 

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La responsabilidad del Presidente

maduro bailando con ciliaColumna de Provea en Correo del Caroní redactada por Rafael Uzcátegui

El pasado 04.02.14 un grupo de estudiantes de la Universidad Nacional Experimental del Táchira (UNET) realizaron una protesta contra la inseguridad y en rechazo al presunto abuso sexual contra una compañera de estudios. San Cristóbal formaba parte de ese sector de Venezuela que, exceptuando a Caracas, había aguantado varios años de constantes interrupciones de servicios básicos (agua y electricidad), desabastecimiento crónico de alimentos y productos de consumo masivo, dificultades para el acceso a la gasolina y, según datos del propio Banco Central de Venezuela (BCV), la segunda inflación citadina más alta del país, de 60,5%. El malestar llegó a su punto de ebullición cuando en esa manifestación la Guardia Nacional Bolivariana reprime la protesta y detiene a 6 estudiantes. En un suelo regado de pólvora, esa fue la chispa que generó la protesta generalizada. Otras universidades del interior manifestaron su indignación, lo que sumó más universitarios a la lista de privados de libertad. En respuesta, 16 estados del país realizaron movilizaciones multitudinarias exigiendo la libertad de los detenidos y fin a la represión. Al movimiento estudiantil se sumó un sector de la oposición partidista que, mediante una estrategia denominada “La salida”, promovía la renuncia del presidente. Hasta las 2 de la tarde aquella se había desarrollada en completa normalidad y de manera pacífica. Al final del día 3 personas habían sido asesinadas en Caracas en el contexto de manifestaciones.

La reacción del primer mandatario, del Sistema Nacional de Medios Públicos y de la propia Fiscal de la República fue, sin ningún tipo de elementos de prueba, señalar que la responsabilidad en las víctimas recaía en los propios manifestantes. Decenas de fotografías y videos demostraron que los disparos habían sido realizados por funcionarios policiales y parapoliciales. Aquella actuación institucional despertó la indignación en todo el país. Decenas de ciudades grandes y pequeñas realizaban, día tras día, sus propias protestas. La única respuesta que obtuvieron fue la represión, primero de la Guardia Nacional Bolivariana. Después de grupos paramilitares que enfrentaban a los manifestantes, disparaban a los edificios y destruían autos e inmuebles. El presidente Nicolás Maduro felicitaba públicamente la actuación de los uniformados y estimulaba la participación de civiles armados contra las protestas, primero con los “Comandos Populares Contra el Golpe”, después con “Candelita que se prenda, candelita que se apaga” y seguidamente, con una serie de discursos en donde ratificaba el llamado al pueblo a enfrentar al propio pueblo. Tras noche de terror e indefensión en diferentes urbanizaciones del país, aparecieron las “guarimbas”, barricadas y trampas para paramilitares, que comenzaron rápidamente a sumar nuevas víctimas. La Defensoría del Pueblo negaba la violación a los derechos humanos y la mayoría de los voceros del alto gobierno adjudicaban la violencia a la protesta.

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Venezuela: Deshumanización y represión

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Chico de 15 años reprimido en protestas en Valera

Rafael Uzcátegui

A pesar que, al momento de escribir estas notas, no existe ningún pronunciamiento de militar activo o retirado pidiendo interrumpir el hilo constitucional, el gobierno del presidente Maduro insiste en la versión de enfrentar un “Golpe de Estado”, que según sus analistas, “repite el guión el 11 de abril de 2002”. Quienes no tenemos responsabilidades de gobierno podemos tener más o menos elementos para diagnosticar correctamente un fenómeno, pero la precisión realizada por el Ejecutivo esta teniendo consecuencias lamentables para la vigencia de los derechos humanos en el país.

 

Como han descrito correctamente psicólogas sociales como Mireya Lozada, las consecuencias de la polarización política en la sociedad venezolana han sido un estrechamiento del campo perceptivo (binomio “nosotros-ellos”); Fuerte carga emocional (aceptación y rechazo sin matices);  Involucramiento personal (cualquier hecho afecta a la persona) y el quiebre del sentido común (posiciones rígidas e intolerantes suplantan  la discusión, el diálogo o debate de posiciones diversas). En el caso del Ejecutivo, quien posee una mayor carga de responsabilidad, se ha desplegado a partir de la polarización del conflicto, una estrategia de criminalización de la disidencia. El primer paso de esta operación, es la deshumanización de su antagonista.

 

La deshumanización es un proceso mediante el cual un ser humano llega a percibir a otro como “no humano” lo cual permite que pueda eliminarlo o agredirlo sin las inhibiciones morales que en condiciones normales impiden los actos de violencia entre iguales. En consecuencia, las agresiones contra seres “no vivos” o despojados de su humanidad son percibidos como normales, inevitables, merecidas y justificadas, obteniendo incluso sus victimarios reconocimiento social por su acción. La deshumanización es promovida por diferentes medios, uno de ellos el lingüístico: Uso de palabras despectivas, convenientemente resignificadas, para definir a víctimas y exponerlas como merecedoras de agresión. Por medio de esta estrategia los voceros estatales no refutan los mensajes cuestionadores provenientes de los actores sociales con argumentos o datos, sino que permanentemente descalifican al mensajero con epítetos deshumanizadores: tarifados, apátridas, derechistas, imperialistas o escuálidos, entre otros. Al transformar “personas” en “cosas”, perjudiciales y negativas, el Estado promueve su eliminación simbólica o física.

 

Parafraseando a Castoriadis, cuando el Ejecutivo señala que alguien es “golpista’, esto no significa ni que lo es ni que el gobierno piensa que lo es. Simplemente expresa que la orden ha sido dada, a todos los concernidos, para tratar al individuo en cuestión según el código de tratamiento aplicable a los “golpistas”. Por ello mientras el gobierno continúe afirmando que enfrenta un “Golpe”, está garantizando impunidad en las reacciones de sus seguidores. Por ello el diálogo y reconocimiento del otro son necesarios para detener la violencia.

Coherencia y derechos humanos

Columna de Provea en Correo del Caroní redactada por Rafael Uzcátegui

Recientemente se han aprobado dos marcos jurídicos que formalmente aumentan las garantías para el respeto de los derechos humanos en Venezuela. Se trata, en primer lugar, de la “Ley especial para prevenir y sancionar la tortura y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes”. En segundo término de la “Ley de Control de Armas, Municiones y Desarme”. Como Provea ha reconocido en los últimos años, el Ejecutivo Nacional ha venido promoviendo una serie de normativas progresivas en materia de derechos humanos, las cuales sintonizan con los estándares internacionales en la materia. La propia Constitución de 1999, ampliamente garantista en materia de derechos sociales, contó con la activa participación de miembros de las organizaciones de derechos humanos, en calidad de asambleístas, quienes aportaron toda la experticia acumulada en la materia. Sin embargo, como también hemos apuntado, el reto ha sido convertir estas normativas en realidad. Y esta situación no escapa a los dos articulados recientes.

Si bien hay que esperar el texto definitivo de la llamada Ley contra la Tortura a ser publicada en la Gaceta Oficial, la propuesta pública tipificaba correctamente lo que significaba “tortura”, “trato cruel” y “trato inhumano y degradante”. La propuesta apuntaba que tortura era “Actos por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia”. Por su parte define que “trato cruel” es: “Actos bajo los cuales se agreda o maltrate intencionalmente a una persona, sometida o no a privación de libertad, con la finalidad de castigar o quebrantar la resistencia física o moral de ésta, generando sufrimiento o daño físico”. Por último establece que “trato inhumano o degradante” es “actos bajo los cuales se agreda psicológicamente a otra persona, sometida o no a privación de libertad, ocasionándole temor, angustia, humillación; realice un grave ataque contra su dignidad, con la finalidad de castigar o quebrantar su voluntad o resistencia moral”. Para los delitos de tortura se tipificaba penas de 13 a 23 años, para el delito de trato cruel 13 a 23 años. Los funcionarios que encubran estas situaciones pueden ser penalizados con penas de 8 a 12 años de prisión. Los falsos informes médicos, que intenten negar la realización de torturas o tratos crueles, penas de 4 a 6 años de prisión. La debida y correcta aplicación de esta legislación parece poner límites a la actuación irregular de los cuerpos de seguridad en materia de derecho a la integridad personal.

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La insondable levedad de la solidaridad

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El señor de la derecha es Gonzalo Pino. El del medio, su hijo Ricardo. El de la izquierda es reportero gráfico y se llama Hector Azuaje. Los tres son de Barquisimeto. Protagonizan una de esas historias mínimas que merecen ser contadas antes de pasar al olvido. Y desde hace días buscaba el tiempo para escribirla en este blog. Ahora, lo haré.

Una comisión del Foro por la Vida, la coalición de organizaciones de derechos humanos de Venezuela, visitó Barquisimeto para corroborar las denuncias sobre agresiones a manifestantes por parte de la Guardia Nacional Bolivariana y de tratos inhumanos, crueles y degradantes a quienes resultaron detenidos por esos días. Durante dos días pudimos conversar con diferentes personas, escuchando lo que tenían que decir sobre lo que pasó en la ciudad los días 15 y 16 de abril. El sentimiento que más se repitió ante nuestros oídos fue de indignación.

Al final de una de estas tardes barquisimetanas de crepúsculos un grupo de los afectados nos esperaba para darnos su testimonio. Adolescentes, personas mayores, periodistas, parte del grupo de 74 manifestantes detenidos, 40 manifestantes heridos y 11 comunicadores sociales heridos durante aquellos dos días, que algunos aseguran que fue la represión más descarnizada atestiguada por la ciudad en mucho tiempo.

Hector Azuaje, el reportero gráfico de la Prensa de Lara, se incorporó tarde a la reunión. Estuvimos acompañándolo un rato en la sede del Ministerio Público, a donde había llevado la denuncia sobre los disparos de perdigones que le habían realizado a su cámara fotográfica mientras cubría las protestas, quedando inservible. Como daño colateral, recibió varios impactos en su cuerpo. Nosotros nos adelantamos, pasándole un mensaje para que se acercara apenas se desocupara. Al llegar a la mesa donde entrevistábamos al joven cuyo rostro fue desfigurado por la Guardia Nacional, Ehisler Vásquez, se acercó al lugar donde se encontraba sentado Gonzalo:

– ¡Maestro! ¿Cómo se encuentra?
– ¿Quién eres tú?
– Yo soy quien lo recogió del piso cuando le dispararon en el pecho, ¿se acuerda?
– ¡Muchacho, no sabes cuanto te he buscado para darte las gracias!

La escena fue interrumpida por un sonoro abrazo. Los demás eramos espectadores de esos pequeños momentos en que los seres humanos nos ganamos a pulso el adjetivo. Gonzalo había recibido un disparo  a quemarropa desde metro y medio de distancia, después que los guardias habían disparado contra su hijo, que se encontraba a su lado. Gonzalo estaba angustiado no tanto por los balines de plomo de perdigones que tenía incrustados en el pecho (y que, como se ve en la foto, aún le supuran las heridas), sino por los gases lacrimógenos que comenzaban a expandirse a su alrededor y que especialmente afectan a quienes tienen un infarto a cuestas, como él. Al caer, el reportero gráfico se involucra en una escena en donde se supone sólo debería ser vouyerista a sueldo, recoge al sexagenario del piso y lo lleva a rastras fuera de peligro, donde otras manos igual de anónimas y solidarias ofrecen un auto para llevarlo a un hospital cercano.

Gente que se expone a sí misma para ayudar a quienes se encuentran en peligro e indefensas en un momento determinado. Gente que sin conocer al prójimo, hace suyas sus dolencias para ofrecer una mano tendida en apoyo. Gente que me hace recordar que, a pesar de todo lo malo, hay destellos de luz en los hombres y mujeres sencillos.

Ya conté la historia. Me alegro por ello.

Los no-prejuicios de Fidel

Como quien nunca ha roto un plato, recientemente Fidel Castro ha asumido, por primera vez de manera abierta, que habían ocurrido, vamos a decirlo elegantemente, “algunas injusticias con los homosexuales en Cuba”. Los izquierdistas autoritarios del mundo entero -desde Vanessa Davies hasta Olvier Stone- babeaban ante lo que consideraban un acto de contrición del barbudo después de su pretendida “resurrección”, y la Agencia Venezolana de Noticias, ni corta ni perezosa, difundia la noticia en el país para reiterar la benignidad del padrecito Fidel. Citemos in extenso:

“Al ser consultado sobre la homofobia al inicio del proceso revolucionario en 1959, que marginó a muchos homosexuales, el dirigente reconoció que “fueron momentos de una gran injusticia”.

“Estoy tratando de delimitar mi responsabilidad en todo eso porque, desde luego, personalmente, yo no tengo ese tipo de prejuicios”, indicó.

Para el líder cubano, esta postura de represión contra la homosexualidad se fue produciendo como una reacción espontánea en las filas revolucionarias, que venía de las tradiciones.

Fidel reconoció que el máximo responsable de esta situación fue él mismo y señaló que “en esos momentos no me podía ocupar de ese asunto”, ya que se encontraba ocupado en diferentes temas como la Crisis de Octubre y sorteando los planes para asesinarlo que impulsaba la Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA).

Al tema de la homosexualidad, “nosotros no lo supimos valorar” debido a los “sabotajes sistemáticos, ataques armados” que se sucedían todo el tiempo en esa década del 60.

Teníamos tantos y tan terribles problemas, problemas de vida o muerte, que no le prestamos suficiente atención”, aseveró.

“Escapar a la CIA, que compraba tantos traidores, a veces entre la misma gente de uno, no era cosa sencilla; pero en fin, de todas maneras, si hay que asumir responsabilidad, asumo la mía. Yo no voy a echarle la culpa a otros”, enfatizó el líder revolucionario.” (Agencia Venezolana de Noticias, http://www.avn.info.ve/node/14696)

Este mismo Fidel, que afirma “no tener ese tipo de prejuicios”, fue el que en los momentos álgidos de la revolución cubana explayaba ante un auditorio cautivo sus pensamientos al respecto. Un ejemplo es el que se puede leer de su discurso del 13 de marzo de 1963, aun disponible en el sitio web oficial http://www.cuba.cu. Veamos:

“Porque, señores, no se olviden de esto, sobre todo ustedes, jóvenes; no se olviden de esto, ténganlo siempre presente:  que al igual que la Revolución une lo mejor, lo más firme, lo más entusiasta, lo más valioso; la contrarrevolución aglutina a lo peor, desde el burgués hasta el mariguanero, desde el esbirro hasta el ratero, desde el dueño de central hasta el vago profesional, el vicioso; y todo ese elemento se junta para dar batalla a la ley, y a la Revolución, a la sociedad, para vivir de vagos, para estorbar.  Todo, lo peor, se junta.  No lo olviden nunca, no lo olviden nunca.

Entonces, mucha de esa gente están en esos sitios:  en los billares, en las esquinas, en los bares; quedan muchas cosas.  Pero hay que estudiarlas, hay que estudiarlas.  Lo importante es el principio, el principio de que no podemos permitirles aspirar a vagos.

(DEL PUBLICO LE DICEN:  “¡Los flojos de pierna, Fidel!”, “¡los homosexuales!”)

¡Un momento!  Es que ustedes no me han dejado completar la idea (RISAS y APLAUSOS).  Muchos de esos pepillos vagos, hijos de burgueses, andan por ahí con unos pantaloncitos demasiado estrechos (RISAS); algunos de ellos con una guitarrita en actitudes “elvispreslianas”, y que han llevado su libertinaje a extremos de querer ir a algunos sitios de concurrencia pública a organizar sus shows feminoides por la libre.

Que no confundan la serenidad de la Revolución y la ecuanimidad de la Revolución con debilidades de la Revolución.  Porque nuestra sociedad no puede darles cabida a esas degeneraciones (APLAUSOS).  La sociedad socialista no puede permitir ese tipo de degeneraciones.

¿Jovencitos aspirantes a eso?  ¡No!  “Arbol que creció torcido…”, ya el remedio no es tan fácil.  No voy a decir que vayamos a aplicar medidas drásticas contra esos árboles torcidos, pero jovencitos aspirantes, ¡no!

Hay unas cuantas teorías, yo no soy científico, no soy un técnico en esa materia (RISAS), pero sí observé siempre una cosa:  que el campo no daba ese subproducto.  Siempre observé eso, y siempre lo tengo muy presente.

Estoy seguro de que independientemente de cualquier teoría y de las investigaciones de la medicina, entiendo que hay mucho de ambiente, mucho de ambiente y de reblandecimiento en ese problema.  Pero todos son parientes:  el lumpencito, el vago, el elvispresliano, el “pitusa” (RISAS)”. (Cuba.cu, http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1963/esp/f130363e.html)

No me imagino que hubiera dicho -y hecho- si fuera un poquito más prejuiciado. Preguntenle al poeta Ricardo Reinaldo Arenas.