Estrategia

Rafael Uzcátegui

Tras el anuncio de una fraudulenta Constituyente, el movimiento de indignación en la calle debe continuar respondiendo estratégicamente al autoritarismo. La realización de protestas mayoritariamente pacíficas, como fue reconocido por la Fiscal, evidenció dos importantes mensajes: Que la violencia tiene como origen el Estado y, dos, que el rechazo a la gestión de gobierno es mayoritario e incluye a todos los sectores de la población.

Los aciertos comunicacionales deben continuar. Cuando se estructura un mensaje, que incluye imágenes, se desea construir un significado y con ello generar una reacción prevista de antemano. Si bien hay que mantener un discurso destinado a la gente que ya se encuentra movilizada, una narrativa estratégica debe emitir también señales para quien, por las razones que sea, no se ha unido a las multitudes en movimiento.

Si entendemos que el chavismo como identidad política no va a desaparecer y que un sector -llámelo democrático, crítico o como guste- deberá incorporarse al proyecto de país futuro que está creciendo en este mismo momento, coincidiremos en que deben tenderse puentes para ganarlos a una transición. Y los primeros vínculos son discursivos. Lo táctico, en esta dirección, puede ir en dos niveles: Una retórica para inhibir y otra para sumar. La primera para aquellos destinatarios refractarios a establecer cualquier alianza con factores que no sean como ellos, pero que podrían dejar de apoyar públicamente a la dictadura, lo que es de por sí una ganancia. El segundo para quienes puedan sumarse al rechazo abierto, activo y explícito a la dictadura, aunque esto no implique incorporarse a la Mesa de la Unidad Democrática.

No estamos hablando sobre demagogia, ni de afirmar cosas en las que no se cree. El mejor ejemplo está en la defensa de la Constitución de 1999, como viene haciendo un amplio sector de la indignación. Enfatizar este aspecto y machacar que, como lo dice la propia Carta Magna, una Constituyente tiene como objetivo abolir la que existe y redactar un nuevo texto constitucional, tiene la virtud de agrandar la brecha entre quienes son fieles a Hugo Chávez y entre quienes son defensores de Nicolás Maduro. Usar a nuestro favor toda la campaña publicitaria, efectiva además, que el zurdo de Sabaneta realizó durante su primer mandato para mercadearla como la “mejor del mundo”. Y esto lo recuerda bien la gente que no le cree a ninguno de los columnistas de Tal Cual, por lo que es un “activo” semántico que está jugando contra el madurismo en los actuales minutos. Quedará en nosotros llevarlo hasta el máximo de sus posibilidades para abrir el camino para el retorno de la democracia. No es tiempo de bilis, sino de estrategias que produzcan nuevas consecuencias. @fanzinero

Elefante en la cristalería (digital)

Rafael Uzcátegui

En tiempos de redes sociales, los conflictos se basan en la creación y difusión de imágenes, que construyan o refuercen el sentido de los mensajes, bien sea por la conservación del status quo, bien sea por el cambio social. Venezuela hoy es territorio de la confrontación de dos grandes relatos: 1) Un gobierno preocupado por los más pobres asediado por acciones terroristas de una oligarquía de privilegiados y 2) Un pueblo enfrentado a un gobierno autoritario, hoy transformado en una dictadura. Al momento de cerrar esta columna la narrativa que se estaba imponiendo, y holgadamente, era la segunda.

Por su propia concepción, el gobierno bolivariano se creó como un gran aparataje burocrático que dependía, orgánica y comunicacionalmente, de un centro. Durante mucho tiempo este esquema fue eficaz, se contaba con un orador carismático -Hugo Chávez- y abundantes recursos para aceitar redes clientelares estatales. Su ausencia dejó al “Proceso” sin su mejor y único comunicador, por lo que hoy prospera el desconcierto en sus filas. Maduro es un pésimo orador. Los esfuerzos estatales para posicionarse en redes sociales tienen patas cortas. No es un problema de recursos sino de la libertad necesaria, a lo interno de su comunidad, para generar libre interacción. Como un elefante en una cristalería, los mensajes de su nodo central -Maduro-, lo que hacen es consolidar precisamente los valores del movimiento que se le opone.

Las multitudes en movimiento de indignación, a pesar de ciertos episodios puntuales, sigue siendo una acción colectiva masiva enmarcada en la no violencia. Las estrategias de protesta privilegiadas (marchas y concentraciones) han transmitido, de manera fidedigna, el carácter masivo del rechazo a la gestión de Nicolás Maduro, fortaleciendo el significado “somos mayoría”. El chavismo, a duras penas, logró una concentración en Caracas mientras el resto del país se movilizaba en su contra, falseando escandalosamente la cifra de su congregación: 3 millones para una avenida que no alberga 200 mil manifestantes. Cuando está llena, y ese 19 de abril rojo no era el caso.

Quien es mayoría y quien minoría ha sido ratificado por las imágenes. El resto de la pugna simbólica es del lado de quién está la violencia. Las fotos y videos de la señora y el hombre desnudo enfrentados, en su soledad a la tanqueta de la represión, han dado la vuelta al mundo. Su eficacia comunicacional ha sido tal que ha obligado a la dictadura a replantearse su estrategia de confrontación frontal, Plan Zamora mediante. Cada día que pasa nuevos fotogramas indelebles suman a la lucha por la democracia. Esto ha sido, precisamente, una de las virtudes de la estrategia pacífica asumida por quienes se resisten tanto a la dictadura como a abandonar la calle. @fanzinero (Tal Cual)

Maduro no tiene quien le escriba

Rafael Uzcátegui

Lo que alguna vez describimos como “El efecto Chomsky”, la seguidilla de intelectuales de izquierda que habían depositado su fe en el bolivarianismo y hoy expresan a viva voz recelos y distancias, continúa. Nuestro último bateador es el venezolano Edgardo Lander, cuyas expectativas parecen haberse disipado como lo refleja una reciente entrevista para el diario uruguayo “La Diaria”, titulado “Sociólogo venezolano cuestiona la solidaridad incondicional de la izquierda latinoamericana con el chavismo”. Parece otra vida aquella en la que nuestro científico social organizaba el Foro Social Mundial en Caracas desde la misma sala de prensa de la Cancillería.

“Soy de la opinión -expresa Lander- de que la mayoría de los problemas con los que nos encontramos hoy son problemas que venían acumulándose con Chávez. Los análisis de parte de la izquierda venezolana que reivindican la época de Chávez como la época de gloria, en la que todo funcionaba bien y de repente aparece Maduro como un incompetente o un traidor, son explicaciones demasiado maniqueas y que no permiten desentrañar cuáles son las lógicas más estructurales que llevan a la crisis actual”. Más adelante agrega: “Durante el gobierno de Maduro ha habido un incremento de la militarización, quizá porque Maduro no viene del mundo militar, entonces para garantizar el apoyo de las Fuerzas Armadas tiene que incorporar a más integrantes de las Fuerzas Armadas y darles más privilegios”.

Ante la pregunta sobre la participación en tiempos de socialismo del siglo XXI, responde: “El proceso estuvo atravesado desde el principio por una contradicción muy seria, que es la contradicción entre entender la organización de base como procesos de autogestión y de autonomía, de construcción de tejido social de abajo hacia arriba, y el hecho de que la mayor parte de estas organizaciones fueron producto de políticas públicas, de promoción desde arriba, desde el Estado (…) estas organizaciones ya empiezan a ser pensadas en términos de instrumentos dirigidos desde arriba, y empieza a consolidarse una cultura estalinista en relación a la organización popular”.

Sobre la democracia el sociólogo apunta: “El gobierno tenía hegemonía de todos los poderes públicos hasta que perdió aparatosamente las elecciones en diciembre de 2015. Y a partir de allí empezó a responder en términos crecientemente autoritarios (…) Estamos muy lejos de algo que pueda llamarse práctica democrática. En ese contexto, las respuestas que se dan son cada vez más violentas (…) la reacción del gobierno, ya incapacitado de hacer otra cosa, es la represión de las manifestaciones, los presos políticos. Se utilizan todos los instrumentos del poder en función de preservarse en el poder”. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

Los muertos del hambre

Rafael Uzcategui

Al momento de escribir esta columna, Provea tiene en su base de datos 20 casos, con nombre y apellido, de personas que han fallecido por ingerir yuca amarga. Según la investigadora Susana Raffalli estas muertes esconden tres dramas. El primero es que, debido al hambre, a pesar de conocer el riesgo las personas no procesan bien la yuca para sacarles el veneno. El segundo drama es que la yuca dulce, usualmente la que llevamos a la mesa, también tiene cianuro pero en menos cantidad. Pero, si se cosecha antes de tiempo, “verde” por la desesperación ante el apetito, también puede ser letal. El tercer drama es que sea el que sea el nivel de cianuro, de cualquier de los dos tipos de yuca, la letalidad aumenta por mil en personas desnutridas, especialmente por desnutrición proteica.

Nada simboliza más la grave situación que padecemos en Venezuela que, para no hablar solamente de los fallecidos, las decenas de casos de personas envenenadas por comer esta variedad del tubérculo. La cadena de malas noticias han terminado por hacernos indiferentes ante las situaciones concretas. De la veintena de casos quiero recordar el de Kevin Lara Lugo, el adolescente que falleció el día de su cumpleaños número 16, una muerte que por sus características ocupó las páginas del New York Times en diciembre del 2016.

La madre y el padrastro de Kevin habían quedado sin trabajo, debido a la falta de materias primas en cada una de las empresas en las que laboraban. Tras acabarse la temporada de mangos, su único alimento en medio de la crisis, la situación de la familia comenzó a ser desesperada. Para el natalicio habían pedido a un vecino, que celebraría por esos días su nacimiento, una rebanada del pastel. Sin embargo, el día antes, como relató su madre, los Lara tenían tres días sin comer. Caminaron 45 minutos hasta un campo abandonado donde les habían dicho que había yuca amarga. Al salir con lo cosechado, fueron abordados por cuatro hombres armados que les robaron sus celulares. También volvieron a casa caminando.

Conocían los riesgos pero cocinaron la yuca para comerla, no lo suficiente como apunta Raffalli. A las horas la familia enfermó.  Como no contaban con auto propio, esperaron una hora hasta que un vecino pudo llevar a Kevin a un centro asistencial. Allí comenzó la segunda parte de la novela de horror: La falta de insumos hospitalarios y la ausencia de médicos para tratar a los pacientes. Tras horas sin atención, les pidieron comprar solución intravenosa, y como no tenían el dinero tuvieron que esperar hasta que otro paciente se las donara alguna. A las 4.45 de la madrugada de su cumpleaños, Kevin había perdido sus signos vitales. @fanzinero (Publicado por Tal Cual)

Simulación

Rafael Uzcátegui

Es realmente curioso que, en el momento de mayor debilidad del proyecto bolivariano en el poder, diferentes personas piensen precisamente lo contrario: Que el chavismo, o su derivación madurista, se encuentra más fuerte que nunca. La confusión, a nuestro juicio, no se encuentra únicamente motivada por las declaraciones de los altos voceros oficialistas, o los mensajes repetidos por la hegemonía comunicacional estatal. La perplejidad, en cambio, deriva de una incorrecta interpretación de la propia evolución de los deudos de Maisanta en la gestión gubernamental, así como la escasa comprensión del cisma que constituyó el 6 de diciembre de 2015.

Quienes se encuentran convencidos de la invencibilidad actual del gobierno consideran que, desde el año 1998, existe una línea de tiempo diseñada por, coloque aquí la conspiración internacional de su preferencia, que ha cumplido paso a paso sus objetivos. Siendo así, hoy nos encontraríamos en un capítulo más de una serie que comenzó con el primer triunfo de Hugo Chávez a la presidencia. Esa noción de continuidad, no obstante, ha sido reforzada por el discurso dominante opositor de todos estos años. En las diferentes citas electorales ocurridas antes de los últimos sufragios legislativos, la Coordinadora Democrática primero, la Mesa de la Unidad Democrática después, denunciaron fraude en los resultados. Pero cuando finalmente ganaron las elecciones, siendo la primera vez que una cifra cuantitativa e irrebatible reflejaba haberse convertido en la principal fuerza política del país, no comunicaron suficientemente lo que aquel caudal de sufragios significaba. La razón era simple: La falta de estatura para reconocer que, hasta ese 6 de diciembre, habían sido minoría y que cada vez que juraron, por ese puñado de cruces, que representaban a la mayoría del país, habían faltado a la verdad.

Si en vez de soberbia hubiera primado esta sinceración, a continuación, el liderazgo político hubiera anunciado al país que la estrategia insurreccional con la que había coqueteado, hasta ese día, quedaba atrás. Y que, de ahora en adelante, dado el trascendental cambio de circunstancias, el camino era abierta y claramente electoral, pues ahora sí, y no antes, contaban con los votos suficientes. Y desde ese mismo momento consensuar la promoción y defensa tanto de las elecciones regionales como del Referendo Revocatorio.

Quizás esta situación sí se comprendió, pero se prefirió el reino de las simulaciones y los cálculos: Decir que se peleaban por las elecciones pero, realmente, tener la cabeza puesta en el 2018 pues, según, el costo político de gobernar con crisis sería “muy alto”. No basta llorar sobre la leche derramada: La gente, usted y yo, ahora tenemos la palabra. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

 

Trump y Chávez como síntomas

Rafael Uzcátegui

En Venezuela se califica como “antipolítica” a quienes han señalado, desde diferentes ángulos, el agotamiento de los partidos políticos en el país. Los críticos de esta “antipolítica” señalaban a la institucionalidad democrática estadounidense como ejemplo del deber ser del estado de derecho y la protección de los derechos individuales. Sin embargo, desde el arribo a la presidencia del país de Donald Trump, estas certezas han quedado sin asidero.

Que la política contemporánea esté siendo protagonizada por personajes ajenos a la política misma es un síntoma que, con diferentes expresiones, nos revela la presencia de una tendencia: la crisis de la modernidad.

La Revolución Industrial inauguró el reinado del pensamiento científico en todo el mundo. Atrás quedaba un orden de las cosas delineado por el pensamiento religioso. La racionalidad administrativa estimuló la creación de los Estados-nación como modelo de dominación territorial. La Biblia, el texto que explicaba el pasado, y profetizaba el futuro, fue sustituido por los escritos fundacionales de las diferentes ideologías, ese universo conceptual coherente en sí mismo, que si era aplicado a la vida de hombres, mujeres y niños aseguraría la felicidad humana. De manera similar a la religión, cada una de las ideologías fue promovida por una iglesia diferente, los partidos políticos, en la búsqueda de una feligresía en cantidad tal que les permitiera imponer hegemónicamente el credo.

Sin embargo, ni la ciencia ni las ideologías cumplieron sus promesas. Incluso crearon monstruos más perversos que los que decían combatir. Los campos de concentración nazis, los gulags soviéticos y la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki inauguraron la necesidad de superar los límites de la modernidad, una época calificada como posmoderna.

El eclipse de las ideologías es el reconocimiento de las limitaciones y finitud del pensamiento de los seres humanos, en un mundo en permanente cambio. Al descubrirse las ideologías como explicaciones imperfectas de la realidad, también sus portavoces, los partidos políticos, dejaron de tener el protagonismo de antaño. Es por eso que la era de los grandes programas de los partidos políticos ha quedado atrás. Nos guste o no, como la generación del 28 no habrá nunca más.

Hay un vínculo entre Hugo Chávez y Donald Trump, mucho más profundo que los lugares comunes. Y no estamos sugiriendo que los partidos políticos en ambos países desaparecerán, sino que como organizaciones doctrinarias han perdido centralidad como motores de cambio. Lo que algunos califican como “antipolítica” es el signo de nuestros tiempos: La política, en mayúsculas, está siendo protagonizada cada día más por actores no tradicionales. @fanzinero   (Publicado en Tal Cual)

Amnesia Colectiva

Rafael Uzcátegui

A comienzos del 2017, junto con personas que conocieron en su momento a Angel Cappelletti, comenzamos un sitio web para colocar en internet un repositorio de su vasta obra, tanto de investigación histórica y pedagogía filosófica como de divulgación del ideario anarquista. Precisamente las dos pasiones que hicieron conocido a este argentino durante su estancia en Venezuela, entre las décadas de 1970 y 1990, que incluyeron clases en la Universidad de los Andes y la Universidad Central de Venezuela. Para nuestra sorpresa, la mayoría de los textos que poseíamos tras la investigación hemerográfica, era publicados en línea por primera vez. Aquello nos reiteró la ingente cantidad de información que podría desaparecer perdida en los baúles del mundo analógico. No pensemos en las obras más reconocidas, Doña Bárbara de Rómulo Gallegos por ejemplo, sino en la cantidad de creaciones escritas, sonoras y audiovisuales que cimentaron nuestro patrimonio colectivo y que hoy se encuentran inaccesibles y desaparecidas.

Esta preocupación no tiene solo una vena cultural, sino también es pertinente desde un punto de vista político. De manera improvisada y poco rigurosa, pero con muchos recursos, el bolivarianismo ha intentado re-escribir de la historia del país, como parte de su proyecto de dominación. Como ha coincidido con los años de su masificación, la gran mayoría de su discurso se encuentra disponible en internet. Caso contrario de todos los materiales producidos antes de su arribo al poder, que pudieran desmentir y conjurar su mitomanía.

En otras partes de América Latina, menos afectados por los modos de la renta petrolera, la memoria de los pueblos ha ido, progresivamente, digitalizándose para garantizar su preservación. En Venezuela tenemos todo por hacer. Y como ha ocurrido en esos países, depende menos de las instituciones que de un entramado de personas que suben sus propios archivos a la red de redes, para que sean de dominio público.

La primera resistencia contra el autoritarismo es la cultural. Sólo reflexionando, con honestidad, sobre el país que fuimos podemos construir un porvenir luminoso. Pero para eso tenemos que contar con todos los elementos para hacer un juicio sincero, ampliando nuestras mejores tradiciones y sacando las lecciones de nuestro pasado. El chavismo no pudo construir nada realmente nuevo, por ello exigía dinamitar todo lo que estuviera por encima de él para poder tener la capacidad de “socializar” su mediocridad. Internet nos ofrece un espacio privilegiado para democratizar y compartir información, que conjure la amnesia colectiva inoculada por una dictadura adaptada a los nuevos tiempos. @fanzinero  (Publicado en Tal Cual)