Poética de la resilencia

Rafael Uzcátegui

1) Sea parte del avispero (y no del camión de cochinos): Un enjambre debilita, desde diferentes puntos, a un adversario común. En el momento de la ofensiva las avispas trabajan, junto a otras avispas, para clavar su aguijón en el punto que consideran más efectivo para neutralizar su adversario. No se detienen para criticar a las otras que han decidido atacar por otros lados, pues saben que la suma de todos los piconazos diferentes serán importantes para alcanzar el objetivo común. En cambio, todos los cerdos encerrados en un camión van al matadero, sin resistencia, por que gastan sus energías únicamente en quejarse de todo: Del encierro, de lo que hacen o dejan de hacer los otros cochinos en ese momento y hasta del propio camión.

2) Las ideas están para discutirse –a veces intensamente-, las personas para respetarse: ¿Sabía usted que Joseph Stalin fue uno de los impulsores de la estrategia de desacreditar al mensajero en vez de refutar sus argumentos? Esta peculiar práctica política ha sido incorporada progresivamente por sectores en lucha por la democracia y ha sido tan efectiva que la dictadura ha creado decenas de cuentas fantasmas en redes sociales para azuzar las peleas intestinas basadas en los adjetivos descalificativos contra las personas.

3) Ni se aísle ni dejen que lo incomuniquen: La dictadura es minoritaria y su principal estrategia es la fragmentación, la división de los contrincantes y la inoculación de la sospecha entre ellos para imposibilitar cualquier acción conjunta. El tuiteo en solitario debe complementarse con la existencia de espacios para la construcción de ciudadanía, donde nos ponemos de acuerdo con otros, que son diferentes a nosotros, para la acción colectiva.

4) Colabore, gestione y mantenga medios de información verificada y de calidad: El aliado de las dictaduras es la invisibilidad. Y como el ocultamiento en tiempos de redes sociales es casi imposible la dictadura ensucia los flujos informativos con datos falsos, para viralizar la desconfianza de las propias plataformas. Por ello es una labor “política”, en todo el sentido del término, verificar la información que divulgamos en los medios a nuestro alcance y contribuir a la construcción de narrativas de calidad con hechos y datos confiables.

5) Vigorizar la confianza a lo interno de la comunidad en resistencia la fortalece: Los movimientos sociales necesitan una identidad compartida entre sus integrantes, pero especialmente en Venezuela funcionan más y mejor las relaciones de confianza que las institucionalizadas. El sentir con los otros y sentirse cómodo trabajando con ellos se genera y multiplica de muchas maneras: Creando espacios de encuentro y confluencia, reconociendo lo positivo de los esfuerzos ajenos, haciendo balance de lo aprendido, etc.

6) Enfóquese en dar el siguiente paso de la mejor manera y no en retornar a la democracia de manera “express”: El sentimiento maximalista del todo o nada, o la inmediatez de resultados, abre camino a las frustraciones y la desesperanza. No siempre la historia es cambiada por un suceso sino por diferentes pasos y etapas que logran el objetivo deseado. Concéntrese en su siguiente actividad en resistencia y trate de realizarla lo mejor posible, para dar el siguiente paso.

7) Promover recuerdo y memoria es una forma de resistir al totalitarismo: El “hombre nuevo bolivariano” sólo es posible si olvidamos lo que fuimos alguna vez, con sus matices y diversidades. La identidad cultural construida tras años de eventos, sucesos y personajes es un antídoto contra la imposición ideológica de cualquier signo.

8) Trate de ser lo más feliz posible: Los autoritarios lo quieren resignado y deprimido. Parte de las estrategias de autocuidado es continuar realizando, pese a las circunstancias, las actividades que lo hacen sentir bien. Celebre lo que deba festejar, reúnase lo más posible con sus seres queridos, tome vacaciones o disfrute de sus actividades predilectas de cuando en cuando, aunque sea algunas horas. Necesitamos aliados en resistencia vivaces, proactivos, felices y en paz consigo mismos. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

Un rostro para la ignominia

Rafael Uzcátegui

El discurso del chavismo, repleto de lugares comunes y las muletillas de la izquierda latinoamericana, generó durante mucho tiempo expectativas entre quienes buscaban una alternativa, más humana y justa, para la humanidad. A pesar de la degradación del ejercicio de poder bolivariano y todas las evidencias sobre el empobrecimiento general de la población y la estatización de la vida cotidiana de los venezolanos, dicho espejismo no se ha evaporado del todo. Incautos, ingenios y operadores políticos de todo pelaje, con menos empuje que en los días en vida del Comandante Supremo, siguen defendiendo la gestión de Nicolás Maduro, repitiendo los desiertos de la “guerra económica” y la Constituyente.

Cada vez que hemos tenido que explicar la situación venezolana fuera de sus fronteras, tenemos que vencer los ecos de la propaganda del autoritarismo. Para neutralizar auditorios que a pesar de no vivir en el país creen estar mejor informados que tú, he recurrido a la estrategia de contar historias que, dramáticamente, hablen por sí solas. Cuando he querido neutralizar las intervenciones de quienes desean refutar que entre nosotros existe una dictadura, empiezo mi intervención relatando la historia de Juan Pedro Lares.

Juan Pedro es un adolescente de 23 años que el pasado 30 de julio, fecha de las elecciones a la Asamblea Constituyente madurista, fue detenido en su domicilio ubicado en el Municipio Campo Elías del estado Mérida. Un comando del SEBIN y la policía fueron a buscar a su padre, Omar Lares, que en ese momento ejercía el cargo de Alcalde de Ejido. La familia huye por el patio trasero, pero Juan Pedro queda atrás y es capturado por los uniformados. No había ninguna orden de aprehensión en su contra y no estaba cometiendo en ese momento delito alguno, los dos causales, que según la ley, permiten la privación de libertad. Inmediatamente fue trasladado a Caracas. Mientras su padre huía a Colombia, para evitar ser parte de los alcaldes detenidos ilegalmente, su madre Ramona comienza la peregrinación en la capital para conocer el paradero de su hijo. A pesar de haber ido varias veces a El Helicoide, las autoridades negaban que se encontrara ahí. Tanto Ramona como Juan Pedro tienen nacionalidad colombiana, por lo que fue por intermediación de la Cancillería que, semanas después, corroboraron que se encontraba en la sede del Sebin y le permitieron una primera visita, que hasta el día de hoy sólo suman 4. La detención ilegal y la negación de los derechos de cualquier preso (ser visitado por abogados y familiares de manera periódica) no son la única violación del debido proceso. La más escandalosa es que durante los 6 meses que Juan Pedro ha estado recluido en El Helicoide en ningún momento, ni en las 48 horas que dice la ley ni después, ha sido trasladado a tribunales para que un juez sea formalmente informado de los delitos que se le imputan. Repetimos: Ningún fiscal ha acusado al joven de haber cometido acto fuera de la ley, por lo que su detención constituye, nada más y nada menos, que un secuestro por parte del Estado. De esta manera el gobierno madurista, con la complicidad de los próceres de los DDHH Tarek William Saab y Alfredo Ruiz, intenta obligar a Omar Lares a entregarse. ¿Cómo se llama un gobierno que actúa de esta manera?

El relato sobre el caso Juan Pedro Lares enmudece a los, cada vez menos, altavoces internacionales del chavismo. Si el gobierno de Macri o de Piñera, por decir dos nombres, violara el debido proceso de una sola persona encarcelada por razones políticas, tendríamos a la progresía regional haciendo movilizaciones y campañas por redes sociales. Pero el caso Lares no es el único. Debemos continuar, mientras tengamos voz, relatando sus historias para continuar dibujando el rostro de la ignominia. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

Yo no olvido al año viejo

Rafael Uzcátegui

2017 es, según muchos indicadores, el peor año vivido desde que el modelo de dominación bolivariano llegó al poder. El gobierno ha aceitado la cadena de montaje de su fábrica de pobreza y exclusión, el mayor índice de inflación desde que se llevan estadísticas en el país, la privatización del derecho a la salud por la vía de los hechos y la reducción de la cantidad de alimentos consumidos, en un escenario en que el hombre, la mujer y los niños, se están convirtiendo en lobos para el hombre.

Con todo y lo anterior, empero, considero que en el 2017 ha surgido un nuevo tipo de ciudadanía en el país, cosa que pudo verse –y que hizo posible además- el ciclo de protestas que ocurrieron entre abril y julio. Si bien el chavismo logró intervenir el tejido asociativo de base que hubiera permitido mayores respuestas colectivas y cooperativas a la crisis, desde sus cotos privados los venezolanos han tenido gestos que nos han recordado que no ha desaparecido, del todo, lo mejor de nosotros. Quienes estuvimos 4 meses en la calle tuvimos el privilegio de ser testigos de innumerables gestos de desprendimiento y de solidaridad, entre los de a pié, con los que luchaban. Precisamente ha sido esa experiencia sobre el asfalto, bajo el humo de las lacrimógenas, la que ha formado políticamente a muchos venezolanos, que hoy tienen –equivocada o no, ese es otro asunto- su propia opinión sobre lo que sucede a nuestro alrededor. Para decirlo de otra manera: Atrás quedó la “masa”, en el peor sentido del término, que podía ser direccionada con un mensaje en televisión o una consigna, como por ejemplo vimos bastante en el año 2002. Hoy la gente ha tomado postura y la plantea de todas las maneras que sabe. Cualquier político que crea que un tuit o un periscope es suficiente para proponer una estrategia, obviando los espacios de deliberación físicos necesarios en cualquier cosa que usted califique como “política”, estará condenado a la soledad.

Otra cosa que agradeceré al 2017 es el fin del chantaje unitario, ese que excusaba los desafueros de la oposición y demonizaba a cualquier cosa que criticara alguna de sus contradicciones. Una cosa es la sintonía en los objetivos, de parte de un amplio espectro de posiciones políticas, y otra es la homogeneización impuesta y la autocensura “para no dar armas al enemigo”. La única manera de recuperar la democracia, disculpen que seamos tan repetitivos, es mediante un movimiento que funcione democráticamente. La falta de apoyo electoral debe entenderse, entre otras cosas, como un hartazgo de los liderazgos caciquiles inamovibles.

Por último, querido año que languideces, te agradeceré que ante la adversidad las personas y personajes hayan mostrado su verdadero rostro, su talón de aquiles. Los autoritarismos, ojalá fuera tan sencillo, no se encuentran en un solo lado. Quienes se ufanaban de ser próceres de la moral y luz revolucionaria le han dado la espalda a las mayorías que tanto decían defender y, como decía el viejo Domingo Alberto, se han apoltronado en el banquete de los privilegios del poder.

La historia es sinuosa, pero siembre seremos los barros formados por los lodos de la experiencia propia. Madurar, individual y colectivamente, es doloroso, pues nunca se aprende por vivencia ajena. 2017, gracias por hacernos crecer. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

Somos el 70

Rafael Uzcátegui

Lo que sucede en Venezuela es el perfeccionamiento de un modelo de dominación que apareció en el año 90 con Alberto Fujimori en el Perú. Personalidades carismáticas que, en un contexto de deudas sociales acumuladas e instituciones débiles, tergiversan los mecanismos de la democracia para mantenerse, irregular e indefinidamente, en el poder. Los académicos han intentado crear categorías que la expliquen, pero a falta de una mejor denominación, comprensible para el ciudadano de a pié, la ausencia de democracia se entiende como dictadura, una adecuada a los tiempos que corren.

Algunos de sus rasgos, como la cooptación del poder judicial o el control sobre el arbitro electoral se pueden conseguir en gobiernos de diferente signo ideológico (Bolivia y Honduras, por ejemplo), pero reiteramos que es el experimento venezolano donde el autoritarismo experimenta en nuevos terrenos.

Tras haberse convertido en una fábrica de pobreza, el gobierno de Nicolás Maduro sabe que su popularidad no podrá remontar la cuesta que alguna vez conquistó Hugo Chávez. Si tomamos el dato de las dos últimas elecciones, bajo la Constituyente, tenemos que la votación del bolivarianismo realmente existente se ha estancado en un porcentaje alrededor del 30%. La estrategia consecuente es, ante la imposibilidad de aumentar el caudal electoral, reducir la del resto a una cifra menor. El meollo del fraude es impedir que los electores del resto de la oferta lleguen hasta las urnas, inhabilitando candidaturas, dividiendo y enfrentando las coaliciones opositoras, erosionando la confianza en el mecanismo electoral, amenazando con represalias.

Mientras el madurismo socializa la sospecha entre sus contrarios gobierna para mantener incólume su 30%. Durante el 2018 se gobernará sólo para un tercio de la población, mientras el restante sufre los embates de la discriminación como política de Estado. El chavismo, ese movimiento que anunció revolucionar la democracia, finalmente consiguió trampearla para mantener los privilegios del poder.

El resto, para quienes somos el 70%, es poder descifrar correctamente las simulaciones y estrategias del autoritarismo para construir un movimiento democrático e inclusivo, con sus mecanismos de deliberación para canalizar las diferencias y ser lo suficientemente prefigurativos para construir una avanzada de la Venezuela que queremos.

Javier Torres, de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos del Perú, explicó durante su visita al país que la actitud de los partidos políticos cambió cuando se descubrió que el proyecto fujimorista intentaba, contra toda lógica racional política, mantenerse a largo plazo. Para quienes creyeron que era suficiente con esperar a las elecciones presidenciales de 2018 para promover un cambio en el Ejecutivo, la dictadura total constituyente ha derrumbado sus ilusiones. El año que viene nos toca pelear o doblegarnos definitivamente. Tenemos estos días de fin de año para pensarlo. Felices días en familia. @fanzinero

Javier Torres: En Venezuela hay una dictadura como la que sufrió Perú bajo el Fujimorismo

Rafael Uzcátegui, con apoyo de Daniel Klie

Javier Torres, antropólogo peruano y activista de derechos humanos, estuvo recientemente en Venezuela para reunirse con sus colegas de las organizaciones del país y compartir la experiencia de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos del Perú (CNDDH) en la resistencia contra la dictadura fujimorista. Torres es directivo de la ONG Servicios Educativos Rurales y es analista político para la revista Poder y el portal Lamula.pe. En el año 2012, cuando se inició el juicio contra Alberto Fujimori, era el Secretario Ejecutivo de la CNDDHH, desde donde se promovió una estrategia jurídica y de movilización ciudadana para lograr ponerlo bajo la justicia.

– ¿Cuáles son las principales semejanzas entre los gobiernos de Nicolás Maduro y Alberto Fujimori?

– Son muchas. Para que haya democracia en un país tiene que haber separación de poderes, prensa libre, tienes que tener elecciones libres. Hay otros elementos, pero estos son los fundamentales. Tanto en el Perú de Fujimori como en la Venezuela de Maduro no hay separación de poderes. Las leyes de excepción que se van dando, las mismas modificaciones o violaciones que estos gobernantes realizan, configura un escenario dictatorial, allí hay una clara semejanza.

Lo otro tiene que ver con un tema de libertad de expresión, que es un factor que tiene que darse bajo determinadas condiciones. El hecho que haya elecciones no garantiza que exista una democracia si el sistema electoral no cumple con los deberes mínimos que deben tener, por ejemplo los calendarios electorales. Un sistema electoral tiene que ser previsible y no debe estar sometido a los caprichos del rol ejecutivo, que es un poco que pasa en Perú y lo que uno percibe en Venezuela. Me parece que lo que tenemos aquí es una dictadura como la que sufrimos nosotros.

Lamentablemente hay sectores que no aceptan esta visión porque hay una perspectiva demasiado conservadora para calificar una situación como “dictadura”. El poder y el Estado pueden funcionar pero no necesariamente son autónomos, que exista un poder judicial no quiere decir que la ley sea igual para todos. En ese sentido hay un trato a la oposición venezolana que no responde a estándares mínimos.

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Abstención bajo dictadura

Rafael Uzcátegui

Una de las demandas del mayor movimiento de protesta no violenta ocurrido en América Latina en los últimos años, con epicentro en Venezuela, era la aprobación de un cronograma electoral. Desde que se descubrió como minoría, el madurismo optó por suspender de manera indefinida el derecho al voto, por lo menos hasta que pudiera generar condiciones para obtener resultados favorables.

La oportunidad llegó, paradójicamente, con el ciclo de protestas iniciado de abril de 2017. Cuando parecía que las movilizaciones no iban a retroceder por la represión ni tampoco se iban a agotar en el corto plazo, el madurismo decidió sacrificar su último cartucho para detenerlas: Abolir la Carta Magna de 1999 y convocar a una fraudulenta Constituyente. Y aunque el chavismo sabe que retrocederá en la cantidad de gobernaciones rojas, su control de daños estaba en anunciar las regionales inmediatamente después para poder jugar con la variable abstención. Por que el chavismo, lo decimos por la calle del medio, ya no puede sumar votos propios sino intentar restar los de sus contrarios, para reducir la brecha.

A pesar del gigantesco desfalco numérico del 30 de julio, el madurismo sabía que la oposición no podría denunciar el fraude si no quería desestimular su propia base electoral para que acudiera a regionales. Por otro lado, en los cálculos se encuentra que la impostura Constituyente iba a generar un amplio sentimiendo de frustración entre la ciudadanía, la cual se debatiría entre asistir o no a la votación ante la emergencia de una situación regida por un poder absoluto y arbitrario. Así el madurismo, usando la estrategia del Aikido, canalizaría la rabia opositora para usarla contra ella.

En democracia abstenerse es una opinión cuando no hay afinidad con los candidatos en liza. En dictadura, en cambio, no hay que desaprovechar ninguna oportunidad para expresar la opinión sobre el gobierno. Pero si el gobierno se beneficia con emparejarse a la oposición gracias a la abstención, los principales estimulantes de la no votación son hoy el silencio y la contradicciones de la clase política opositora. Hay que comunicar las razones a quienes hoy dudan, diseñando mensajes que den respuestas políticas a la insatisfacción, sin crear falsas expectativas y con una estrategia clara que hable del mediano y largo plazo. Si hay algo que pueda calificarse como antipolítica es negarse a escuchar los reclamos de un importante sector de la ciudadanía que creía en ti.

Si usted que me lee esta furioso e insatisfecho, sepa que yo también lo estoy. Pero lo que no dejaré es que la dictadura utilice este enfado en mi contra. @fanzinero   (Publicado en Tal Cual)